267. Grandullón.

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267. Grandullón.

Trabajo como exterminadora de minas rastreantes, aquellas que se usaron en las guerras Chror. Recorro los terrenos desolados con mi detector sísmico y, cuando detecto una, aviso al equipo desactivador. Tiene sus riesgos, pero es un buen trabajo, no me puedo quejar; también tiene sus ventajas. Veréis, a veces, entre los restos de antiguas naves de guerra, recupero piezas de algún generador de hologramas tridimensionales o de un propulsor matricial que luego utilizo para reparar mi aerodeslizador. Un día, en los bosques prohibidos, encontré un viejo robot cuasihumanoide. Estaba en malas condiciones, pero, con algunas reparaciones, aún podía valer, así que me lo llevé a casa. Era un clase Nmath y, en sus días en activo, fue un robot apisonadora. Soy una manitas en robótica, así que en pocos días conseguí reactivarlo de nuevo. De eso hace ya algunas semanas, y, desde entonces, es mi ayudante en las tareas exterminadoras; y lo curioso es que, no sé realmente cómo, Grandullón, como le llamo, ha establecido un lazo de… digamos amistad conmigo, y debo reconocer que yo con él. Supongo que sus «Tres Leyes» tienen algo que ver en ello; algún desajuste cuántico hace que su comportamiento sea más… humano de lo corriente en un robot de su clase. Lo que sí es cierto es que, con él a mi lado, mi trabajo se ha hecho menos peligroso.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


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• Haiku 550 – 554

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• Haiku 550 – 554

[550]

El aleteo,
mientras liba en la flor,
de un colibrí.

El aleteo, mientras liba en la flor, de un colibrí.

[551]

En una charca
sin que nadie le vea;
salta la rana.

En una charca sin que nadie le vea; salta la rana.

[552]

Sin hacer ruido
se camufla la boa;
no la ve el mono.

Sin hacer ruido se camufla la boa; no la ve el mono.

[553]

Se escucha el roce
al deslizarse el gato
bajo la manta.

Se escucha el roce al deslizarse el gato bajo la manta.

[554]

Nace el becerro
con dolores de parto;
pero no muge.

Nace el becerro con dolores de parto; pero no muge.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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266. Origami.

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266. Origami.

El colibrí sobrevuela el jardín, inquieto, divertido, como diciendo: «¡estoy aquí, mírame!». Cuando mi hermano pequeño y yo volvimos de ver el espectáculo de magia mi hermano se quedó en el jardín mientras yo entraba en casa. A los pocos minutos, cuando entró corriendo gritando: «¡mira, mira, un colibrí…, y vuela!», no creí que fuera para tanto. Salí y, al verle, me quedé boquiabierto, porque sí, sí lo era, era para tanto y mucho más: porque el colibrí era uno de los que el mago había hecho salir de su chistera. En aquél momento pensé que era un buen truco, pero truco al fin y al cabo, pero no, no era sólo un buen truco, porque el colibrí que estaba viendo ahora… era un origami.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


265. Desesperación.

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265. Desesperación.

Alborada en el bosque, y en la lúgubre mansión la joven llora lágrimas de angustia. En la habitación se oye una carcajada, sólo una, como si la locura hubiera hecho allí su morada y en el armario descansa la ropa de un niño. La joven balbucea, acaricia una pequeña camisa blanca, intenta consolarse: «no fue culpa mía, ya le advertí que tuviera cuidado», se dice, pero todo es inútil: su pequeño yace muerto en el lago, ahogado.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


• Haiku 545 – 549

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Haiku 545 – 549

[545]

Sobre mi dedo
se posa indiferente
la mariposa.

Sobre mi dedo se posa indiferente la mariposa.

[546]

El gato acecha
en verano en silencio;
¡pobre ratón!

El gato acecha en verano en silencio; ¡pobre ratón!

[547]

¿Ves ese gato
cómo observa al grillo?
Se lo comió.

¿Ves ese gato cómo observa al grillo? Se lo comió.

[548]

El gato brinca
desde la rama en flor
sobre un ratón.

El gato brinca desde la rama en flor sobre un ratón.

[549]

Caen los pétalos
en el agua del lago
como un mosaico.

Caen los pétalos en el agua del lago como un mosaico.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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264. Un regalo especial.

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264. Un regalo especial.

Nunca he sido realmente consciente de vivir en medio del inmenso universo. Sí, ya sé que resulta chocante, pero es así: sé que estoy vivo, y sé que vivo en mi casa, en una bonita ciudad, y sé que más allá hay más ciudades que forman mi país, y más allá hay otros países que forman mi planeta –algunos de ellos los he visitado–, y más allá hay otros planetas; pero esto último –el que haya otros planetas, me refiero– lo sé en teoría porque nunca los he visto en persona. Sí, miro al cielo y veo estrella, pero no es lo mismo. Bueno, hasta ayer; ayer vi otros planetas. Ayer cumplí la mayoría de edad, y, como regalo de cumpleaños, les pedí a mis padres un regalo especial: les pedí un viaje por el espacio. Sí, ayer emprendí un crucero estelar. Subí a una nave espacial hiperlumínica y recorrí media galaxia. Vi planetas, circunvalé estrellas, atravesé nebulosas, y fue entonces cuando fui realmente consciente de dónde vivo. Fue entonces cuando mi corazón saltó de emoción y mis entrañas se convulsionaron; cuando mis ojos vieron cosas increíbles y mi mente las asimiló; cuando la emoción me hizo llorar de alegría y la piel se me puso de gallina. Ayer supe… realmente supe quién soy…, quiénes somos, y lo afortunados que somos. Ayer le di gracias a Dios por la vida.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


263. Besos clandestinos.

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263. Besos clandestinos.

Una noche de otoño, con el suelo alfombrado con las hojas recién caídas de los árboles, una pareja de jóvenes buscan en el cementerio un lugar recoleto y apartado donde dar rienda suelta a sus deseos de amor. Habían pensado en todo, incluso habían desconectado su teléfono móvil, y así no ser interrumpidos en esos delicados momentos donde los besos descubren íntimos recodos de suave piel. Mas en eso, asomando la cabeza desde la lápida contigua a la que los jóvenes, en pleno desenfreno, usan de fría cama, un muerto, con profunda voz cavernosa, les sobresalta y con un tono escalofriante y colmado de odio les grita: «¡Demonios, iros a otra parte a hacer eso, desvergonzados; ya ni muerto puede estar uno tranquilo!». Y es que los inexpertos amantes no habían tenido en cuenta un pequeño detalle, pues, como todo el mundo sabe, no es aconsejable molestar a las ánimas cuando éstas duermen la mona tras la resaca de Halloween.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


Haiku 540 – 544

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Haiku 540 – 544

[540]

Noche sin luna
en el cielo estrellado;
la Vía Láctea.

Noche sin luna en el cielo estrellado; la Vía Láctea.

[541]

Sube que sube
el ratón por el árbol;
no ve la cobra.

Sube que sube el ratón por el árbol; no ve la cobra.

[542]

Una ola va
otra ola va después;
¿nunca concluye?

Una ola va otra ola va después; ¿nunca concluye?

[543]

El aire no huele
a lluvia de verano;
¡mira, perseidas!

El aire no huele a lluvia de verano; ¡mira, perseidas!

[544]

Llueven estrellas
o eso a mí me parece;
¿de dónde vienen?

Llueven estrellas o eso a mí me parece; ¿de dónde vienen?

Luis J. Goróstegui
#haiku


263. Besos clandestinos.

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263. Besos clandestinos.

Una noche de otoño, con el suelo alfombrado con las hojas recién caídas de los árboles, una pareja de jóvenes buscan en el cementerio un lugar recoleto y apartado donde dar rienda suelta a sus deseos de amor. Habían pensado en todo, incluso habían desconectado su teléfono móvil, y así no ser interrumpidos en esos delicados momentos donde los besos descubren íntimos recodos de suave piel. Mas en eso, asomando la cabeza desde la lápida contigua a la que los jóvenes, en pleno desenfreno, usan de fría cama, un muerto, con profunda voz cavernosa, les sobresalta y con un tono escalofriante y colmado de odio les grita: «¡Demonios, iros a otra parte a hacer eso, desvergonzados; ya ni muerto puede estar uno tranquilo!». Y es que los inexpertos amantes no habían tenido en cuenta un pequeño detalle, pues, como todo el mundo sabe, no es aconsejable molestar a las ánimas cuando éstas duermen la mona tras la resaca de Halloween.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


Csi 261 – 262

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261. Visita familiar.

El pasado día de los difuntos fui al cementerio a visitar a mis abuelos. Les estuve contando cómo me va en la vida y, sin ser realmente consciente de mis palabras, les dije que podían visitarme cuando quisieran. No sé muy bien por qué se lo dije; supongo que me dejé llevar por la emoción. Lo curioso, sin embargo, es que unos días después se presentaron en casa. Desde entonces no hay manera de que vuelvan a sus tumbas; dicen que como en casa no hay nada. Estoy por decírselo a mis bisabuelos a ver si ellos les convencen; aunque dudo, no sea que el remedio sea peor que la enfermedad y ellos también quieran quedarse en mi casa.

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262. Lógica vs. locura.

La fría lógica del mundo en el que vivía me aburría, por eso, atraído por la lógica sinsentido de aquél mundo que descubrí tras el espejo, viajé por sus confines con la ilusión de quien comete a sabiendas una falta protocolaria. Sin embargo, tras algún encuentro inesperado con aquellos curiosos seres cuasidementes, comprendí que lo que yo consideraba fría lógica era, no obstante, nuestra protección ante la locura incontrolada de unas mentes desquiciadas. Por eso regresé a casa y rompí el espejo, no fuera que esos locos nos invadieran y provocaran el caos y la anarquía en nuestro imperfecto aunque, después de todo, humano mundo en el que vivimos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


Haiku 535 – 539

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Haiku 535 – 539

[535]

¿Qué mar es ése
inundado de flores?;
por donde vagar.

¿Qué mar es ése inundado de flores?; por donde vagar.

[536]

Tiene dos alas
–mira el mono a la abeja–;
¡y cómo pica!

Tiene dos alas –mira el mono a la abeja–; ¡y cómo pica!

[537]

Con tanto frío
me abrigo con las mantas;
aunque no basta.

Con tanto frío me abrigo con las mantas; aunque no basta.

[538]

Mira, la oruga
asciende por la rama;
pasito a paso.

Mira, la oruga asciende por la rama; pasito a paso.

[539]

Tras tres berreos
el ciervo huye del fuego;
no se oye más.

Tras tres berreos el ciervo huye del fuego; no se oye más.

Luis J. Goróstegui
#haiku


260. Una vida fuera de lo común.

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260. Una vida fuera de lo común.

Lo cierto es que su vida había sido interesante, realmente fuera de lo común, y, sin embargo, al principio nadie hubiera apostado un céntimo por él. Pues, aunque pueda parecer increíble, incluso mentira, todo comenzó cuando sólo era un solitario vigilante de cosechas; mas, por esas cosas mágicas de la vida, y tras conseguir un cerebro nuevo en Oz, alcanzó el puesto de magnate agropecuario en los terrenos de su antiguo dueño, un viejo y misterioso granjero; allí almacenó una pequeña fortuna y a lo largo de su larga y fructífera vida llegó a ser desde músico sinfónico, a famoso actor teatral y cinematográfico, pasando por incomprendido cantante new-age, hasta llegar a ser piloto espacial de un propulsor transdinámico e incluso minero en un asteroide magnético en la nebulosa de Orión. Era como si algún brujo le hubiera dado vida con un arcano conjuro mágico. Sin embargo, ahora que ya es viejo, muy viejo, en pleno siglo XXX, cansado de una vida tan ajetreada –como si sus poderes se estuvieran agotando–, desea volver a sus orígenes, en los mismos terrenos de su antiguo dueño –el que le creó, el que le confirió sus poderes, al que consideró siempre como su padre–, a ser lo que fue en el principio, y por eso ha vuelto a su antigua casa, y se pasa el día observando sus campos, escuchando los trinos de los pájaros y el murmullo del agua del río, intentando evitar que las aves se coman la cosecha. Estaba, no obstante, orgulloso de lo que había conseguido a lo largo de su vida; y es que, en el fondo, no estaba nada mal para ser un simple espantapájaros.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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259. ¿Estamos solos?

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259. ¿Estamos solos?

Algunos dicen que existen los extraterrestres inteligentes, y lo argumentan afirmando que el universo es demasiado grande y existen demasiadas estrellas y demasiados planetas para que sólo estemos nosotros; que, desde el punto de vista de las probabilidades, deben existir otras civilizaciones en algún lugar del universo, y que si no hemos contactado aún con ellas es porque el universo es inconcebiblemente grande. Y es posible que así sea, no digo que no; incluso me gustaría que así fuera: poder contactar con otros seres inteligentes –siempre que sean pacíficos, claro–, entablar relaciones y ampliar nuestros conocimientos y evolucionar gracias a la interacción con otros seres inteligentes.
También existe la otra teoría, según la cual, dado que la vida inteligente es algo increíblemente complicada, y, por tanto, algo increíblemente valioso e increíblemente difícil de que exista, incluso probabilísticamente hablando, sólo se ha dado una vez en el universo: en nosotros; y necesita de unas condiciones de habitabilidad extremadamente potentes y a la vez delicadas, y por ello es por lo que es, no solo necesario, sino imprescindible, la existencia de este enorme universo en el que vivimos. Porque, según esta segunda teoría, el universo no es demasiado grande, sino que tiene el tamaño justo y en él se dan las condiciones indispensables para que podamos haber existido; sin ellas no existiríamos. Por ello esta teoría afirma que no existen más seres inteligentes que nosotros los humanos, y que somos nosotros los encargados de colonizar el universo, de forma que seamos el origen de todas las futuras civilizaciones que, en un futuro muy lejano, lo habiten.
¿Cuál de estas dos teorías es la verdadera?… No lo sé, nadie lo sabe. Sólo el futuro nos lo dirá (bueno, se lo dirá a nuestros descendientes… si no es que nos autoextinguimos antes, claro).

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia


• Haiku 530 – 534

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• Haiku 530 – 534

[530]

¿Qué hace ruido?
Quizá rocas que caen;
o mariposas.

¿Qué hace ruido? Quizá rocas que caen; o mariposas.

[531]

Vuelvo a respirar
cuando tras la tormenta
se hace el silencio.

Vuelvo a respirar cuando tras la tormenta se hace el silencio.

[532]

Busca la hormiga
comida en la despensa;
migas de pan.

Busca la hormiga comida en la despensa: migas de pan.

[533]

Vuela el murciélago
en total oscuridad;
y no tropieza.

Vuela el murciélago en total oscuridad; y no tropieza.

[534]

Un árbol cae
sin hojas en sus ramas;
le llegó su hora.

Un árbol cae sin hojas en sus ramas; le llegó su hora.

Luis J. Goróstegui
#haiku


258. Una visita inesperada.

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258. Una visita inesperada.

Una mañana de verano una nave espacial aterrizó sin previo aviso en una plaza céntrica de la ciudad, cerca de una hermosa fuente de agua del siglo XVII. El piloto, un alienígena de más de dos metros de altura, cuatro brazos, piel azul y ojos felinos, dejó el motor al ralentí y se bajó de la nave. En la plaza había vecinos del lugar y algunos turistas –japoneses casi todos– que se quedaron boquiabiertos al verle. El piloto se dirigió directamente hacia la fuente, y, sin mediar palabra con nadie, sumergió la cabeza en el agua, bebió largo y tendido de uno de los grifos y llenó lo que parecía una cantimplora. Se le veía agotado del viaje. Mientras se secaba la cara se acercó a una señora que llevaba unas bolsas con la compra de la comida; ésta, asustada, las soltó y salió corriendo. El piloto husmeó en ellas y, al comprobar que el pan estaba recién hecho y olía bien, se comió una barra de un bocado. Mientras recobraba las fuerzas, el visitante se puso a pasear por la plaza, curioseando, al tiempo que los vecinos le observaban a cierta distancia sin atreverse a decirle nada. Al cabo de un rato el alienígena volvió a su nave, activó los motores –que sin embargo no hicieron más ruido que un sutil ronroneo–, y despegó como si levitara. La nave llegó a las nubes con insólita rapidez y desapareció. La gente permaneció unos minutos más mirando al cielo asombrada, intentando comprender lo que acababan de ver pero, pasados los primeros momentos de perplejidad, volvieron a sus quehaceres cotidianos. Y es que los humanos nos acostumbramos enseguida a cualquier novedad, por sorprendente que ésta sea, aunque ésta sea la visita inesperada de un extraterrestre a la Tierra.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Cuentos sin importancia 258-Una visita inesperada

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257. La criatura.

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257. La criatura.

En un recoleto rincón del parque, tras una frondosa y arbolada colina, al anochecer de una tarde de verano, el terreno comenzó a removerse y de él surgió una criatura monstruosa. El ser camufló su cuerpo con la apariencia de los arbustos y árboles de la zona, dispuso sus garras –que simulaban grandes rocas de granito pulido– y abrió sus… mandíbulas –por llamarlo de alguna forma comprensible–, con sus terribles colmillos, a la espera de que llegara algo que llevarse a la boca. No tuvo que esperar mucho y unas horas después ya se había asimilado a tres turistas, a dos perros grandes y sus correspondientes dueños, a un jinete a caballo que paseaba entre los árboles…, y a su caballo también, claro, y a un puñado de palomas que volaban por allí, como postre. Tras el banquete, el ser permaneció durante la noche haciendo… digamos la digestión, aunque no era exactamente eso; el caso es que, cuando el sol asomaba por el horizonte, y con sus estómagos llenos, porque el monstruo tiene varios, decidió volver a enterrarse hasta la próxima vez. Y es que el ser vive bajo tierra desde tiempos inmemoriales, cuando llegó al planeta en un meteorito procedente del espacio profundo. Ahora el ser ya es adulto y por eso no necesita comer mucho para mantener activa su biología, así que con unos cuantos centenares de kilos de carne tiene suficiente hasta la próxima vez, dentro de unos cincuenta años aproximadamente. Sin embargo cuando aterrizó en la tierra aún era joven y tras su largo viaje llegó… digamos desnutrido, por lo que necesitó asimilar mucho alimento para recuperarse; menos mal que por aquel entonces el planeta estaba repleto de grandes animales: la criatura tardó casi tres meses en asimilar a todos los dinosaurios del planeta.

Cuentos sin importancia 257-La criatura

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• Haiku 525 – 529

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• Haiku 525 – 529

[525]

Suena profundo
como el rumor del mar;
la caracola.

Suena profundo como el rumor del mar; la caracola.

[526]

Sólo al mirarlo
un árbol es un árbol;
si no es un bosque.

Sólo al mirarlo un árbol es un árbol; si no es un bosque.

[527]

Hojas que caen
por la lluvia torrencial;
sin hacer ruido.

Hojas que caen por la lluvia torrencial; sin hacer ruido.

[528]

Entre las flores
vuelan las mariposas
al son del viento.

Entre las flores vuelan las mariposas al son del viento.

[529]

Con tantas flores
pasan las mariposas
inadvertidas.

Con tantas flores pasan las mariposas inadvertidas.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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Csi 255 – 256

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255. Lindo gatito.

Hace unos meses, en el parque, cerca del circo ambulante que nos visita todos los veranos, vi a un muchacho con un cajón repleto de preciosos gatitos recién nacidos. Me dijo que su gata había tenido una camada y que no podía cuidar de todos los cachorritos; por eso los vendía muy baratos. Les eché un vistazo y uno de ellos me llamó la atención. Era algo mayor que los demás y tenía una espectacular mirada. Hoy he tenido que entregarlo al zoo para que se hagan cargo de él; se ha hecho demasiado grande para tenerlo en casa, incluso en el jardín. Me han asegurado que podré visitarlo cuando quiera; y es que, al parecer, el cachorro, pocos días después de nacer, había logrado escaparse del circo y se había mezclado con los gatitos que vendía el muchacho, sin que éste se diera cuenta: resulta que me compré un lindo gatito que se ha convertido en un hermoso tigre de bengala.

Cuentos sin importancia 255-Lindo gatito

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256. Haciéndome sitio.

Llevo unos días sintiendo extraños presentimientos, oyendo insólitos sonidos, como si los vecinos estuviesen jugando a los bolos…, o haciendo una fiesta…, algo así. Lo curioso es que no tengo vecinos, vivo solo en un chalet en medio del campo. Ya no tengo familia; nunca me ha gustado el barullo de la ciudad, y ahora, a mi avanzada edad, sólo espero la hora de mi viaje hacia ese lugar en el que viviré feliz por siempre. Soy creyente, por eso, cuando empecé a tener esas sensaciones, me dije: «es la hora», y comencé a prepararme, a dejarlo todo terminado, y ahora espero tranquilo, como el que espera el último tren; y es que escucho esos sonidos y me gusta pensar que alguien del otro mundo está haciendo obras, como si estuviese haciéndome sitio en su casa.

Cuentos sin importancia 256-Haciéndome sitio

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Csi 253 – 254

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253. El colibrí.

Hace unos días me encontré, mientras paseaba por el bosque, un diminuto huevo de colibrí. Busqué su nido pero no lo encontré, así que decidí llevármelo a casa con intención de cuidarlo, a ver si era capaz de incubarlo. Afortunadamente nació sin complicaciones. Desde entonces vive conmigo en casa, y vuela libre de flor en flor en el pequeño jardín; nunca se va, creo que considera mi casa como la suya. Lo curioso es que cada vez que alguien llama a la puerta, el colibrí revolotea alrededor de mi cabeza como diciéndome: «¡Alguien llama, alguien llama, corre, abre, que seguro que es algo para mí!» Y es que en una ocasión, mi hermano vino a casa con un precioso tiesto de hermosas flores para el colibrí, y desde entonces el pajarito piensa que, siempre que alguien llama a la puerta, es que le traen un nuevo regalo.

cuentos-sin-importancia-253-el-colibrc3ad

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254. Mi gato.

Es un gozo verle comer; toda una fiesta para los ojos. Ha aprendido que el pescado aliñado con un poco de limón y una pizca de sal está más sabroso. Os puedo asegurar que verle sazonando su comida es todo un espectáculo; se da verdadera maña. Y es que cada vez estoy más convencido de que mi gato tiene genes de extraterrestre, si no, no me lo explico.

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©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• Haiku 520 – 524

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• Haiku 520 – 524

[520]

Al amanecer
la brisa mece la hierba;
firme el rocío.

Al amanecer la brisa mece la hierba; firme el rocío.

[521]

Pasa el invierno
y la nieve se funde;
en los tejados.

Pasa el invierno y la nieve se funde; en los tejados.

[522]

Tras la tormenta
el bosque parece otro;
todo en silencio.

Tras la tormenta el bosque parece otro; todo en silencio.

[523]

Mira el océano:
ya le falta una gota;
ya no lo es hoy.

Mira el océano: ya le falta una gota; ya no lo es hoy.

[524]

¿Es primavera?
La nieve blanca cuida
del brote verde.

¿Es primavera? La nieve blanca cuida del brote verde.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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