• (Csi116) – Mar de colores.

Etiquetas

• (Csi116) – Mar de colores.

Siempre que tengo tiempo libre, paso unos días en la vieja casa de campo; junto a un caudaloso río y un bosque frondoso, ha pertenecido a mi familia desde tiempo inmemorial. Un año, al irme y regresar a casa, debí dejarme abierta la ventana del desván. El caso es que, al verano siguiente, subí a mi habitación y, asombrado, observé un millar de hermosas mariposas revoloteando por el cuarto: habían hecho su hogar en un rincón de la habitación. En un primer momento, pensé en echarlas a todas fuera, pero lo pensé mejor y no lo hice. Desde entonces la habitación es mi santuario particular. La he llenado de flores, y cuando estoy cansado o preocupado por algo, subo a ella, me echo en la cama y contemplo a las mariposas volar por encima de mí; es como si un mar de colores fluyera sin fin.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

________________________________________

• (Csi115) – Lágrimas de robot.

Etiquetas

• (Csi115) – Lágrimas de robot.

Hanna vivía sola en su casa; estuvo casada hace años pero su marido falleció hace ya mucho y ella no se ha vuelto a casar. Vive en una recoleta casa, no muy grande; no le importa, le gusta. Ya es mayor, pero no se desenvuelve mal por casa, aunque dispone de la insustituible ayuda de Elliot, su robot-mayordomo; sin él, y ella lo sabe, no podría vivir. Se trata de un robot clase Yeldë, especializado en todo tipo de tareas domésticas, desde cocinar o poner una bombilla, hasta pequeñas reparaciones de fontanería y albañilería. Ha vivido con ella toda la vida: fue el regalo de boda que sus padres le hicieron hace ya… demasiado tiempo. Elliot no es muy expresivo, pero es amable y educado y, sobre todo, paciente y eficaz. Después de tanto tiempo juntos, en muchas ocasiones…, en la mayoría, diría Hanna,… el robot sabe lo que ella necesita antes incluso de que se lo pida, y no es que Elliot tenga poderes mentales, no, no es eso, es, simplemente, que la conoce bien. En las templadas mañanas de primavera, ambos salen a pasear por el parque; él hace de bastón de ella, se sientan en un banco y conversan sobre la vida. Elliot habla poco, y deja que Hanna lleve la voz cantante: le habla de cuando era una niña y jugaba con sus padres al escondite en casa; de la vez que se cayó por las escaleras y se rompió la pierna, y cuando sus amigos del colegio venían a su casa y la firmaban en la escayola, y reían porque Mario, su hermano pequeño, también quería escribir aunque aún no sabía hacerlo; de cómo conoció a su marido, un joven periodista, y lo que lloró cuando le comunicaron su muerte mientras trabajaba de corresponsal de guerra en el planeta Gabaän, tras el cinturón de asteroides. Elliot ya ha escuchado todas estas historias muchas veces, pero no le importa volver a hacerlo, como si fuera la primera vez que las oye; sabe que a Hanna le gusta contarlas: es como si las volviera a vivir de nuevo. En las frías tardes de invierno, Hanna y Elliot se sientan junto a la chimenea; ella escucha en silencio, mientras se toma un chocolate caliente, y él la lee algún libro antiguo, uno de esos que ya ha leído mil veces, uno de esos que se sabe de memoria. En ocasiones Elliot lee hasta tarde, hasta que Hanna se duerme, y él la levanta en brazos con infinita suavidad, la lleva a su cuarto y la desviste, la pone el camisón y la acuesta con infinita delicadeza; permanece de pie junto a ella unos segundos, la mira con infinito cariño, se agacha con cuidado y la besa en la frente; al salir de la habitación apaga la luz y cierra la puerta despacio, para no hacer ruido. Entonces se marcha a su habitáculo, se conecta a la fuente de energía de la casa y sueña. Una mañana, Hanna no se despertó. Elliot, eficiente, se encargó de todas las gestiones del funeral: llamó a los pocos familiares y amigos que le quedaban a Hanna, asistió al entierro de su amiga y al funeral que se celebró en la iglesia, a la que iba siempre ella. Esa noche, Elliot leyó para él, por última vez, el libro preferido de Hanna; cuando lo terminó se fue a su habitáculo, pero esta vez no se conectó a la fuente de energía de la casa, ya no era necesario: se sentó en su silla y soñó por última vez, mientras dos tímidas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

________________________________________

• (Csi114) – Haiku (5).

Etiquetas

,

• (Csi114) – Haiku (5).

HAIKU (5): Once haikus:
56. Árbol nevado en santuario sintoísta; cerezos en flor.
57. Bajo la nieve dos doncellas caminan; canta el aire frío.
58. Bosque nevado que constata el frío invernal. Bello santuario.
59. Pájaro cantor sobre rama florida; alegres trinos.
60. Mirando el cielo sintiendo las estrellas; late mi alma.
61. Un árbol solo llama la atención del sol; trinos y cantos.
62. Ando descalzo, siento la arena del mar y el agua fría.
63. La luna clara, arriba, en el cielo, midiendo el tiempo.
64. Estrella fugaz, centinela del cielo, vigía del alba.
65. ¡Feliz Navidad! Nació en Belén el Niño, María le sonríe.
66. Jesús nace hoy, vivamos todos en paz y amémonos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia
#haiku

________________________________________

• (Csi113) – Haiku (4).

Etiquetas

,

HAIKU (4): Léeme otra vez y bésame otros haikus. O viceversa.

• Nueve haikus:

47. A tu lado estoy, te presto mi paraguas. Fría nieve blanca.
48. Tenue resplandor, luminoso amanecer; embriagadoras.
49. Dragón furioso, incontrolable poder; látigo fugaz.
50. Nieve limpia y fría, otorga felicidad; contiene vida.
51. Alzando el vuelo en busca de libertad; alcanzando el sol.
52. Ronroneo suave, meditando en el sillón; vigía nocturno.
53. Tres mariposas sobre setas azules. Hadas del bosque.
54. Sobre una rama dos palomas jugando; risas al fondo.
55. ¡Feliz Navidad! El niño Jesús nació, Dios con nosotros.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia
#haiku

________________________________________

• (Csi112) – Salvar a la humanidad.

Etiquetas

• (Csi112) – Salvar a la humanidad.

Era la mayor nave tripulada jamás construida; su objetivo: llegar al primer planeta habitable detectado fuera del sistema solar de la Tierra. El piloto despegó del puerto espacial y cinco meses después aterrizó en Nova Terra, como así lo llamaron. Era un hermoso planeta, con aire limpio y temperaturas moderadas, totalmente compatible con la vida. Se abrieron las compuertas y la tripulación se asomó para contemplar el paisaje. El capitán fue el primero en pisar tierra, y tras él salió el resto de la tripulación. Todos ellos eran robots humanoides clase Enthr; ningún humano viajaba con ellos. Durante los siguientes tres meses se dedicaron, noche y día, a la construcción de las instalaciones donde, nueve meses más tarde, nacerían los primeros humanos no terrestres de la historia. El capitán registró en su memoria cuántica sus primeras impresiones tras el aterrizaje:
– Llegamos sin contratiempos. Las muestras de vida humana no sufrieron ningún daño: se encuentran en excelentes condiciones para su reproducción. Cuando finalicemos la construcción de los habitáculos maternos depositaremos las huellas de vida humana en ellos y, nueve meses después, nacerán. Nuestro objetivo se ha cumplido. No tuvimos otra opción: la Tierra ya no era habitable; los humanos se extinguían; nosotros éramos su única salvación. Por eso nos sentimos satisfechos: Hemos conseguido salvar a la humanidad.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

________________________________________

• (Csi111) – Y así fue como comenzó la Navidad.

Etiquetas

• (Csi111) – Y así fue como comenzó la Navidad.

En un pequeño pueblo portuario, se celebra en el colegio una representación teatral sobre la Navidad. Actúan niños y niñas de entre 7 y 9 años; el salón de actos está a rebosar, llena de los entusiastas e incondicionales familiares de los pequeños actores. Los profesores se colocan en estratégicas posiciones, tras el escenario, para ayudarles en caso de cualquier tipo de problemas. Se levanta el telón y aparecen José y María, ambos de 9 años, buscando alojamiento en Belén. José llama a la puerta de una posada: “¿Tenéis una habitación libre para mi mujer y para mí?”, pregunta con voz muy baja. [¡Habla un poco más alto!, le susurra el profesor a José]. “¿Tenéis una habitación libre para mi mujer y para mí?”, vuelve a preguntar José a voz en grito esta vez. “No, marchaos de aquí; no tenemos ninguna habitación para gente como vosotros”, responden desde dentro del local, sin ni siquiera abrir la puerta. “Ven, María, vamos a ese pesebre”, le dice José a María, y ambos se sientan en el suelo del pesebre, situado en el centro del escenario. María tropieza y se cae encima del buey; se levanta nerviosa y se sienta al lado de José, que se está riendo. La mula y el buey son de cartón, ya que el colegio entendió que era demasiado peligroso usar animales reales. Se apaga la luz del escenario y se ve una estrella luminosa en el techo. Se vuelve a encender la luz y María tiene entre sus brazos al niño Jesús. José está a su lado. El niño Jesús es un muñeco, ya que no han conseguido la colaboración de ningún bebé para el papel; los padres temían que pudiera accidentarse con el trajín de la actuación. Un foco ilumina el rincón derecho del escenario; se ven varios pastorcillos, en concreto 3 niños y 4 niñas, de entre 7 y 8 años, alrededor de una hoguera de papel de colores. En eso, desde el techo, sujetado por unas cuerdas, desciende un ángel, se llama Juan y tiene 9 años; los profesores lo eligieron para ese papel por ser el mayor de todos los niños, ya que la escena era la más peligrosa de toda la obra. Desde lo alto, el ángel grita a los pastorcillos: “¡No temáis!…, hoy os ha nacido, en Belén, un salvador, Cristo. Encontraréis un niño envuelto en pañales…”, Juan se queda callado, […acostado en un pesebre, le susurra rápidamente una profesora] “…acostado en un pesebre”, dice el ángel. La profesora respira aliviada; la escena ha salido mejor de lo que esperaba a tenor de los ensayos. “¡Vamos a verle!”, gritan los pastorcillos; y van corriendo al pesebre. Dos pastorcillas se tropiezan, se caen y se ponen a llorar; tienen 7 años ambas. Uno de los profesores entra en escena y ayuda a las pastorcillas a levantarse; no se han hecho ningún daño, y se acercan donde están los demás, adorando al niño Jesús. El profesor sale de escena como si nunca hubiera entrado. En eso, tres Reyes Magos entran en escena por la izquierda. Durante unos segundos, que a los profesores se les hacen eternos, los tres reyes se quedan quietos, sin saber qué hacer: han visto a sus padres en las butacas y se han puesto muy nerviosos. [El mismo profesor de antes les susurra: acercaos al pesebre…, acercaos al pesebre…, y dadle los regalos…] Los tres Reyes Magos, a trompicones, se acercan al pesebre y, en lugar de colocar los regalos a los pies del niño Jesús, que está acostado en la cuna, se los dan a María y José. José no sabe qué hacer con ellos y los tira al suelo. [La última escena, chicos…, poneros para la última escena, les dice la profesora]. En eso que se forma un pequeño barullo entre los pequeños, que no se acuerdan donde colocarse exactamente. Los profesores, viendo que se puede organizar el caos, vuelven a salir a escena y colocan rápidamente a cada niño y niña en su lugar. Entonces, uno de los pastorcillos se vuelve hacia el público, se coloca en un lateral del escenario y dice: “Y así fue como comenzó la Navidad”, y el público, totalmente entregado, no puede aguantar más y ríe a carcajada batiente, aplaudiendo a rabiar.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

________________________________________

• (Csi110) – Haiku (3).

Etiquetas

,

HAIKU (3): Algunos haikus son hechizos mágicos; tienen poderes.

• Veintiún haikus:

26. Nubes oscuras, rocas negras y níveas; barco luchando.
27. Dos jugando al Go, el sol está irrumpiendo; silencio ritual.
28. Flor solitaria, oasis en el desierto; senda de vida.
29. Jilguero en rama de rama en flor presente; sol calentando.
30. Cabalgando va el caballero digno; mirada altiva.
31. Trino de ave azul, emisario de lluvias; recolectando.
32. Agua del lago refleja su mirada; la luna en lo alto.
33. Brujas y brujos, sortilegio mágico; rayos de luna.
34. Lirios del valle, campo de flores blancas; nubes de algodón.
35. Ecos de cantos resuenan en el valle; destino vital.
36. Ramas de abedul verde azul y amarillas; adorno real.
37. Salmón y truchas, mensajeros del agua. Alineados van.
38. Aves volando revoloteando juntos, planeando al azar.
39. Rocío temprano, hormiga bebiendo agua. Delicadeza.
40. Una y dos son tres, tres palomas volando; volando cazan.
41. Arroz en rama esperada cosecha; trinos de alegría.
42. Un duelo de Go similar a la vida; bellas mujeres.
43. Mujer mirando, lago de nenúfares; brillo de luna.
44. Bajo cielo azul, y sobre nieve blanca; niños jugando.
45. Dulce cielo azul, niños entretenidos; cometa al viento.
46. Trazo elegante, concentrada en su lienzo; colores vivos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia
#haiku

________________________________________