• (Csi172) – La ley del bosque.

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• (Csi172) – La ley del bosque.

Alicia se despertó mucho antes de que sonara el despertador; aún era de noche. Hacía tres meses que sus padres adoptivos la habían acogido en su casa y la habían matriculado en el colegio. Pocos meses antes había sido rescatada del bosque, donde, según parecía, había vivido los últimos años. No tenía familia conocida, ni se sabía cómo había llegado a vivir en tales condiciones. Desde el principio destacó en clase, pero no por sus conocimientos en las distintas asignaturas –en eso era como el resto de sus compañeros–, no, sino por su comportamiento y aptitudes extraescolares. Cuando llegó no sabía leer bien, e incluso hablaba con dificultad, pero aprendió muy rápido. No obstante, tenía una excelente memoria, una muy desarrollada visión espacial y una muy buena forma física para su edad; sin embargo le costaba integrarse con el resto de compañeros de clase. Durante el recreo se quedaba aparte, sentada en la repisa de alguna ventana, mirando a las altas montañas que rodeaban la cuidad; en ocasiones se ponía a silbar o a aullar como un lobo, y a lo lejos se oía cómo parecían responderle los animales del bosque. Sus compañeros tampoco jugaban con ella, la mayoría de ellos casi la tenían miedo, sobre todo cuando les miraba con esa mirada suya tan especial, como de lobo. Algunos niños se burlaban de ella: para ellos era «la que habla con los animales», «la rara», «la medio-animal». Al principio Alicia soportaba las burlas, hasta que un día se hartó: un grupo de niños se burlaron de ella llamándola «animal salvaje» y, tirándola al suelo, la pegaron. Alicia no dijo nada y se fue a casa; no lloró, pero esa noche tomó una decisión: no permitiría que nadie se volviese a burlar de ella, ni mucho menos que la volvieran a pegar. Así que, en plena noche salió de casa, sin hacer ruido, para que no se despertaran sus padres, y se dirigió al bosque, donde había vivído los últimos ocho años; donde había sido cuidada y alimentada por su familia: los lobos y osos; donde había jugado con sus hermanos los animales; donde había aprendido todo lo que sabía; y donde, sobre todo, se había comportado siempre conforme a la Ley del Bosque: «La familia es lo más importante; siempre hay que ayudar a la familia». Con unos leves gruñidos y un aullido profundo llamó a su familia. Les contó lo que le había pasado en el colegio y les pidió ayuda. A la mañana siguiente, acompañada de papá oso, de mamá loba y de su buen amigo, el pequeño Cardenal rojo, un pájaro con el que solía jugar, llegó cerca del colegio. Se ocultaron en un rincón, para que no fueran vistos por la gente, y esperaron. Cuando Alicia vio llegar al grupo de chicos que la habían pegado, señalándoles con el dedo, pidió a su familia que les dieran un escarmiento. La Ley del Bosque debe cumplirse, les dijo. Papá oso y mamá loba se lanzaron corriendo hacia el grupo de chicos y, llegando muy cerca de ellos, les sorprendieron, gruñéndoles con fiereza, y mostrándoles sus grandes colmillos; pero, obedeciendo la petición de Alicia, no les hicieron daño; sin embargo el susto fue mayúsculo para los chicos, que salieron corriendo, llorando. Después de esto, los animales huyeron al bosque. Se cuenta que, por la noche, se oyen extraños aullidos en el bosque, como si un nuevo tipo de lobo lo habitara. Hay quien dice que es Alicia, que ahora es la líder de la manada, pero nadie tiene pruebas de ello, ya que nadie en la ciudad la ha vuelto a ver.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• Colonia con DDT Cruz Verde – P173

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• Postales de Otros Tiempos nº173:Postal (173)

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• (Csi171) – Retazos (15).

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• (Csi171) – Retazos (15).

1.

La hormiga y el pájaro.

La hormiga le dijo al pájaro:
―¡Qué afortunado eres, tú, que desde el cielo contemplas la tierra!
Y el pájaro le dijo a la hormiga:
―¡Qué afortunado eres, tú, que desde la tierra contemplas el cielo!
Los dos estaban tristes y envidiaban al otro, sin comprender lo afortunados que eran ambos.

2.

Nunca le pidas un favor al demonio.

Nunca le pidas un favor al demonio; recuerda que él también cobra por sus servicios, y que sus tarifas son excesivamente exigentes; tanto que no querrás pagárselo y, al final, te robará el alma, que es lo único que le interesa de ti.

Cuentos sin importancia 171-2-Nunca le pidas

3.

Un cuento.

Recuerdo que mi madre me contó un cuento, que había escrito de joven, sobre una chica que escribía un cuento sobre una mujer que escribía un cuento sobre un padre que escribía un cuento sobre una madre que contaba un cuento a su hijo; y ese hijo era yo.

Cuentos sin importancia 171-3-Recuerdo que mi madre

4.

Mi inspiración.

Me sigue siendo laborioso crear con ella sentada en las teclas de mi máquina de escribir, pero sin su intangible presencia allí, sin su sonrisa cómplice, sin su mirada, sin su aliento inspirador, no soy capaz de componer nada ni tan siquiera ligeramente aceptable.

Cuentos sin importancia 171-4-Mi inspiración

5.

Una conferencia.

Asistí a una conferencia sobre ondas gravitatorias, pronunciada por un famoso astrofísico. Desde el principio, su elocuencia me cautivó, y no precisamente porque comprendiera realmente todos los detalles técnicos de su soliloquio, sino porque sus palabras conectaron con mi subconsciente de tal modo que me trasportaron, como en una insondable epifanía, a otro lugar, a otro universo infinitamente mejor que éste.

Cuentos sin importancia 171-5-Asistí a una conferencia

6.

El águila y el lobo.

Un águila volaba majestuosa, poderosa, observando el valle en busca de comida, y al ver un gran lobo gris se dijo:
―¡Qué afortunado es el lobo gris…, veloz, enérgico, valeroso!, que vive en manada, entre la foresta, que posee una excelente visión y un agudo olfato, que domina el valle y conoce todos sus recoletos más escondidos…, y qué mísero soy yo incapaz de realizar todas esas proezas, que carezco de todo ese poder.
Y así seguía, alabando las cualidades del lobo, mientras menosprecia las suyas propias.
Mientras tanto, el lobo gris observaba al águila, y se decía:
―¡Qué afortunado es el águila…, veloz, enérgico, valeroso!, que domina los cielos con su poderoso vuelo y su aguda visión, capaz de ejecutar las acrobacias más espectaculares, su belleza salvaje, su porte majestuoso…, y qué mísero soy yo incapaz de realizar todas esas proezas, que carezco de todo ese poder.
Y así seguía, alabando las cualidades del águila, mientras menospreciaba las suyas propias.
Y así vivían ambos: envidiosos, amargados, tristes, sin comprender que los dos estaban equivocados. Porque eran incapaces de reconocer sus propias cualidades; porque ambos desconocían que las mismas cualidades que cada uno de ellos menospreciaba en sí mismos, eran las que el otro alababa en él.

Cuentos sin importancia 171-6-El águila y el lobo

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• (Csi170) – El primer paso.

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• (Csi170) – El primer paso.

El despegue del propulsor estelar Otsuka, desde la nueva Estación Espacial Internacional, se llevó a cabo con precisión matemática el 7 de abril. Era la primera nave que disponía de una matriz de gravitones, y capaz, por tanto, de alcanzar velocidades supralumínicas. Dos meses y veinte días después, se produjo la tan deseada revelación –casi se podría calificar de epifanía– al llegar al planeta Terien, en la constelación de Orión, y ratificar que realmente sus parámetros de habitabilidad alcanzaban los mismos niveles de excelencia que habían sido medidos por todos los análisis preliminares realizados desde los satélites y observatorios terrestres. Cuando se supo en la Tierra, la elocuencia de los expertos, alabando el fascinante acontecimiento, y las altas expectativas científicas, de cara a futuros descubrimientos de otros planetas habitables, inundaron los noticiarios y se convirtió, evidentemente, en el único tema de conversación en las tertulias de café de todo el mundo. Como dijo un destacado científico: «Hemos dado el primer paso; ahora comienza realmente la exploración espacial».

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi169) – Eruannë.

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• (Csi169) – Eruannë.

Llevaba toda mi vida soñando con una lluvia como aquella. Cuando empezaron a caer las primeras gotas de agua levanté la cara y abrí la boca para saborearlas: Me supieron a gloria. De donde éramos toda mi familia, hacía mucho que no podía llover de esa manera. De hecho, mi padre me había contado, durante nuestro éxodo y en más de una ocasión: «Mira, Eruannë, hace mucho tiempo, mucho antes de que naciera el tatarabuelo del bisabuelo Manwë, sí que llovía donde vivíamos, pero, por una despótica y nefasta gestión por parte del Alto Gobierno, la situación se fue degradando hasta que llegó a un estado crítico insostenible. Por eso, cuando tú aún eras muy pequeña, algunas familias, logramos huir de allí y emprendimos este viaje.» El caso es que el agua llegó a escasear tanto que se alzó una rebelión contra la jerarquía política que gobernaba nuestro planeta, o, mejor dicho, que estaba destruyéndolo. Afortunadamente, algunas familias, entre ellas la mía, logramos hacernos con una nave espacial y escapamos de nuestro hogar, con destino a… lo desconocido. Unos diez años terrestres después, cuando detectamos la Tierra, no podíamos creernos la suerte que habíamos tenido: un planeta azul, inundado de agua potable y plenamente habitable: un paraíso. Durante el resto del viaje estuvimos analizando qué hacer al llegar. Finalmente decidimos que no era conveniente que los humanos conocieran nuestra existencia, y dado que nuestro aspecto físico es casi igual al humano –nuestras diferencias se localizan más en lo psíquico– deberíamos pasar desapercibidos; por nuestra seguridad, principalmente. Por ello nos hicimos pasar por familias humanas y nos asentamos en un pequeño y apartado pueblo que estaba en ruinas y deshabitado, que rehabilitamos, y, desde entonces, vivimos felices disfrutando de la lluvia. Sólo deseo que los humanos no caigan en los mismos errores que nuestros gobernantes, y cuiden bien de su… de nuestro… precioso planeta azul. No hemos vuelto a tener noticias de nuestro planeta de origen.

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Cuentos sin importancia 169-Eruannë

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• (Csi168) – Hannah.

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• (Csi168) – Hannah.

Nadie se daba cuenta hasta que era demasiado tarde; y así debía de ser. Anochecía en el parque, y la niebla impedía ver nada que estuviese a más de unos metros de distancia, lo cual no impedía que algunos pocos valientes hiciesen deporte junto al lago. Por eso la joven venía aquí una vez a la semana; era su lugar preferido para comer. Solía acechar tras unos arbustos y esperaba que pasase algún corredor solo. Cuando veía venir a alguien un escalofrío de ansia recorría su cuerpo que, aunque menudo, ocultaba potencia arcana; entonces atacaba. Mientras le inmovilizaba con fuerza, un feroz mordisco con sus afilados colmillos era suficiente. Era su instante preferido; el sabor a sangre en su boca siempre la excitaba. Después arrastraba el cadáver hasta su coche, que lo tenía aparcado muy cerca, y regresaba a casa. Con un ejemplar tenía suficiente hasta la próxima semana –cazar siempre era arriesgado, y más que nunca en la actualidad; no como en siglos pasados– y tampoco era cuestión de arriesgarse a ser detenida: por eso cazaba sólo un espécimen cada vez, y nunca en la misma ciudad donde vivía. El resto de la semana pasaba desapercibida entre sus vecinos, trabajando como maestra de escuela. Sus alumnos la querían y apreciaban: no era como el resto de profesoras del colegio, decían; Hannah no, ella era guay. Hacía pocos meses que había llegado a la ciudad, y con su currículum le había sido fácil encontrar trabajo. Sin embargo, no permanecería muchos años allí, y eso que la ciudad le gustaba; pero no podía arriesgarse a que algún vecino se diese cuenta de que no envejecía; por eso se mudaba a otro sitio cada ocho o diez años: era la única desventaja de ser vampira.

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• (Csi167) – Auroras boreales.

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• (Csi167) – Auroras boreales.

Según increíbles leyendas aún sin confirmar, de las que todo el mundo ha oído hablar alguna vez, la Tierra está hueca. Lo que nadie sabe es que el centro de la Tierra también está habitado. Los habitantes del centro de la Tierra llegaron procedentes del espacio profundo huyendo de peligros inimaginables, buscando un lugar seguro donde vivir. Por aquel entonces, la Tierra era un planeta casi deshabitado, con excelentes parámetros de habitabilidad y sin vida inteligente, salvo, quizá, algunos primates poco evolucionados que los visitantes no consideraron peligrosos. Con su avanzada tecnología, se hicieron un hueco dentro del planeta y lo transformaron en un hábitat apropiado para sus necesidades sensobiológicas. Desde entonces nunca se habían sentido amenazados, salvo, tal vez, cuando algunos humanos lanzaron estrafalarias ideas, como ese Jules Verne y su novela, o algunos otros frikis, que estuvieron a punto de desvelar su secreto; afortunadamente fueron telepersuadidos por los propios seres centroterráqueos –aunque nadie llegó nunca a ser consciente de ello– y no llegaron a contar nada importante, o, al menos, nadie les tomó en serio. Sin embargo, desde hace unos años, su idílica existencia está empezando a peligrar. Esos primates, que a priori consideraban inofensivos, se están convirtiendo en un verdadero quebradero de cabeza. Por eso, periódicamente, los seres del centro de la Tierra transmiten mensajes de petición de ayuda, mediante señales electromagnéticas geosíncronas, a los extraterrestres del espacio exterior, para que vengan y les ayuden a protegerse de los humanos. Porque ellos, por sí solos ya no pueden hacerlo; porque los habitantes del centro de la Tierra ya no son individuos aislados, ahora forman una unidad con el planeta y no podrían vivir sin él; durante todos estos millones de años han evolucionado, como los humanos, salvo que ellos evolucionaron de forma diferente, muy diferente: ahora ellos son el planeta, y temen que si los humanos siguen maltratando a la Tierra como hasta ahora, acabarán por destruirla, y por tanto ellos morirán. Los humanos conocen dichas señales pero las consideran simples efectos naturales: las denominan auroras boreales.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Cuentos sin importancia 167-Auroras boreales

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• (Csi166) – Retazos (14).

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• (Csi166) – Retazos (14).

1.

De pequeño, cada noche, mi hermano mayor me contaba historias asombrosas; pero nunca me contaba el final. Decía, por ejemplo: “…y para escapar de las hordas Höonlt, que me perseguían desde que les robé el talismán Kinäardsul, construí un portal de teletransportación y viajé a mundos espectaculares, mundos nunca antes explorados, más allá de lo posible. En ellos contemplé antílopes de piel azul y tigres escupefuego…”. Asombrado, le pedía que me contara más, pero él me respondía: “Mañana, que ya es tarde”. Y cerrando el libro de cuentos, me arropaba, me daba un beso y me decía: “Duerme bien, sueña con algo bonito, buenas noches”. Todas las noches me dormía soñando con mundos increíbles…, y con unas tremendas ganas de aprender a leer.

Cuentos sin importancia 166-1-De pequeño, cada noche

2.

En un rincón perdido del bosque se dice que habita un monstruo; pero no es tal, son habladurías de gente asustadiza que desconoce la verdad.

Cuentos sin importancia 166-2-En un rincón perdido

3.

En ocasiones, una idea atraviesa mi mente, como atraviesa el espacio una estrella fugaz; tras su paso, sólo queda un reguero de diminutas huellas estelares, fragmentos dispersos de algo inconmensurable y maravilloso: esos fragmentos son lo único que logro alcanzar, y con ellos garabateo mis cuentos; por eso mis pequeños relatos guardan en su interior el germen de algo mayor.

Cuentos sin importancia 166-3-En ocasiones, una idea

4.

De reloj en reloj.

Siempre se había sentido fuera de lugar; de alguna manera siempre supo que la época en la que había nacido no era la suya, que él no encajaba ahí; por eso el joven construyó su máquina del tiempo: para saltar de reloj en reloj, buscando alcanzar su hogar, con la incontenible certeza de que en alguno de ellos encontraría su auténtico yo.

Cuentos sin importancia 166-4-De reloj en reloj

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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