• Haiku: Cien mil luciérnagas

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• Haiku: Cien mil luciérnagas

Cien mil luciérnagas
iluminan la noche;
cri-cri del grillo.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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• (Csi124) – Cuando escribo (7): La magia de la imaginación.

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• (Csi124) – Cuando escribo (7): La magia de la imaginación.

A veces comienzo a escribir un cuento sin saber cómo va a continuar; sin ser consciente de lo que va a suceder en el siguiente párrafo, y lo cierto es que eso me da una libertad, verdaderamente gratificadora, difícil de explicar; es como montar en una barca, en un pequeño río, y comprobar que éste va aumentando de caudal y fuerza torrencial, hasta desembocar en un inmenso mar repleto de misterios y aventuras; o como iniciar una ruta de senderismo que crees conocer y notar que se bifurca por caminos desconocidos, incluso prohibidos, que te llevan a escalar cimas tan altas que sientes que hasta el oxígeno te falta: Es la magia de la imaginación, que no puedes controlar, o mejor dicho, que no quieres controlar.

P.D.:
Y es que escribo para crear mundos que no conozco, aunque existen en mí; simplemente están inexplorados y por eso escribo: para poder explorarlos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi123) – Espérame.

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• (Csi123) – Espérame.

Érase una vez, un escultor que vivía en un frondoso bosque. De joven había sido muy famoso y algunas de sus obras aún se exhibían en los museos más prestigiosos. Sin embargo se cansó de la fama, que sólo pudo darle dinero y renombre, pero no amor verdadero y paz. Por eso, hace ya algunos años, decidió apartarse del mundo; destruyó todas sus esculturas que tenía en su taller y se fue: nadie supo a donde. Vagó por distintos países hasta que encontró una aldea donde no era conocido, compró una pequeña casa situada en un apartado bosque y allí vive desde entonces. Una vez al mes, aproximadamente, baja a la aldea y, con el dinero que consigue al vender algunas de sus nuevas esculturas, compra comida y aquello que necesita para vivir, que no es mucho. Le gusta su nueva vida: el silencio del amanecer, el canto de las aves, el sonido del viento entre las ramas de los árboles, el romper del agua del río en las rocas y el cielo estrellado en las noches sin luna. Por el día se dedica a esculpir la madera de los viejos troncos de árboles caídos que encuentra en el bosque; por la noche lee libros junto a la chimenea o escribe cuentos e, incluso, algún poema. Ya no esculpe obras abstractas ni estatuas psicodélicas, tan de moda en las grandes ciudades; ya no. Ahora pasea por el bosque con su cuaderno de dibujo y sus lápices, se sienta en un tronco y observa, observa la naturaleza, y pinta lo que ve: aquel pájaro en su nido; esa ardilla que sube corriendo por el árbol; ese magnífico ciervo que camina sereno y bebe agua del río; y mira al cielo y sonríe feliz cuando contempla el vuelo majestuoso de un águila. El escultor dibuja en su cuaderno y respira hondo, complacido, y después, en casa, escoge el tronco más adecuado y traduce los bocetos en delicadas esculturas.
Se podría decir que su casa es una obra de arte, pero no por ella misma, sino por lo que contiene: todos sus rincones están ocupados por bellas esculturas que parecieran estar vivas: en la entrada, un ciervo reposando tras la carrera, parece dar la bienvenida; en un rincón del salón, sobre una mesa de roble, un águila expande sus alas con intención de iniciar el vuelo; junto a la cocina, un enorme oso pardo, en posición amenazadora, parece proteger la despensa…, y así toda la casa. Sin embargo, su obra maestra reposa en una estantería, entre libros. Nada parece indicar su importancia, pero el significado que tiene para el escultor trasciende la propia materia y el virtuosismo de la escultura sólo es un tenue reflejo de la realidad: sucedió una mañana de primavera, soleada y cálida, en un recoleto rincón del bosque profundo. El escultor intentaba dibujar, en su cuaderno, el efímero movimiento de un cervatillo y entonces la vio; aún duda si fue un sueño o fue real. Tras unos árboles apareció una muchacha, bella y delicada como el brillo de un rayo de sol. Durante unos instantes el escultor sintió la mirada de la joven como si una flecha hubiera atravesado su corazón. Ambos se miraron inmóviles: ella asustada, él anonadado. El tiempo pareció detenerse. Finalmente el trino agudo de unos pájaros sacó al escultor de su estado semi-hipnotizado. Rápidamente fue consciente de la fugacidad del instante que estaba viviendo e intentó dibujar a la muchacha. Sin embargo no estaba preparado para lo que iba a ver: ella huyó volando. De su espalda surgieron unas alas semitransparentes que reflejaban…, no, reflejar no es la palabra…, que absorbían la luz del sol y la elevaron unos palmos del suelo. Entonces voló y con unos poderosos aleteos desapareció tras unos arbustos. El escultor volvió a quedarse paralizado, intentando comprender lo que había sucedido, y durante algunos minutos llenó su cuaderno de cientos de bocetos, todos ellos de ella.
Durante los siguientes días no pudo pensar en otra cosa; todos los bocetos le parecían incompletos. Sabía lo que había visto, aunque no podía creerlo, y tenía en su mente su imagen: cuando cerraba los ojos la volvía a ver, tan claramente como aquél día, sin embargo todo lo que dibujaba, todo lo que esculpía, cuando intentaba traducir esa imagen mental, le resultaban imperfectos. Finalmente lo consiguió: era, sin duda, su obra maestra; tardó más de tres meses en hacerlo, pero lo logró.
Desde entonces, el escultor vuelve a ese mismo rincón del bosque, todos los días, esperando volver a verla, esperando que la perfección salga a su encuentro, y por las noches, mientras lee junto a la chimenea, eleva la mirada hacia la estantería y contempla su escultura: un hada, bella y etérea, iniciando el vuelo, mientras le mira como diciendo: Espérame.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi122) – Consejo literario.

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• (Csi122) – Consejo literario.

Consejos de fantasma (2):

Una noche lluviosa de invierno, mientras veía un programa de televisión, se asomó el fantasma por el espejo, y me soltó con una irónica sonrisa:
– ¿Qué, otra vez viendo eso? ¡No me extraña que aún no hayáis evolucionado!
– Pero si sólo es un programa de entretenimiento –le respondí, sin apartar la vista de la tele.
– ¿Así cómo quieres llegar a ser sabio?… ¡Hazme caso, y lee más!… En mis más de 300 años de fantasma, nunca he tenido la necesidad de sentarme delante de una de esas cajas tontas, y, como puedes ver, hemos mejorado mucho más que los vivos –me respondió, mientras hacía un movimiento elegante con las manos.
– Oye, ¿todos los fantasmas sois tan raros como tú? –le intenté cortar, sin conseguirlo.
– …¡Y no somos raros!… ¿No se te ha ocurrido pensar que los raros podríais ser vosotros? – me respondió haciéndose el ofendido. Y sin decir nada más, le vi alejarse dentro del espejo.
Lo cierto es que tenía razón, así que apagué la tele y me levanté a la librería para elegir un libro. Y cuando me disponía a volver a sentarme para leerlo, oí al fantasma que decía, desde lo profundo del espejo:
– ¡Más te vale que sea un buen libro, porque si no estamos en lo mismo!
Me dieron ganas de tirarle el libro. Sonreí y tras pensarlo dos veces desistí de hacerlo: primero porque no estaba a tiro, y segundo, y principal, porque era un fantasma, con lo que el libro sólo le hubiera atravesado sin darle.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi121) – Donde no hay no se puede sacar.

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• (Csi121) – Donde no hay no se puede sacar.

Consejos de fantasma (1):

Una mañana de enero, temprano, mientras me acicalaba frente al espejo, se me apareció el fantasma y, muy serio, me dijo:
– No pierdas el tiempo en eso, de donde no hay no se puede sacar.
Y, dándose la vuelta, se fue caminando hacia la cocina, en la casa donde vive, dentro del espejo.
– ¡Muy gracioso! – le grité.
Y durante unos segundos, aunque no pude verle ya, le seguía oyendo reír.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi120) – Hasta el infinito.

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• (Csi120) – Hasta el infinito.

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, en un lejano país, hubo una persona que logró enviar un biodispositivo para explorar el espacio profundo. No sabemos los detalles exactos del viaje; sólo tenemos un viejo manuscrito y estas enigmáticas palabras:
“La gravedad ya no es un obstáculo; todo queda compensado aplicando un campo de antimateria En’Onauck de séptimo nivel, transpolarizado por un Athëru de doble hélice bioproporcional a la cuarta potencia de la matriz de Danmös.”
El manuscrito no está firmado, pero finaliza con las siguientes palabras; se desconoce el significado de su extraño diseño ascendente:
“En una noche clara, de luna llena, verifiqué los parámetros, comencé la cuenta atrás y activé el núcleo de energía Nysëm. La bionave tembló, y como un portentoso rayo solar subió hasta el infinito.”
Nunca hubiéramos sabido de él si no hubiera sido porque hace tres días recibimos un mensaje encriptado, procedente del sistema de la estrella Namiy, tras la nebulosa Enthny, junto a una copia del viejo manuscrito. El texto del mensaje es:
“Exploración completada. Hallada vida inteligente. Coordenadas: 1765695-837327-28376-7635285. Espero tu llegada, padre.”

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi119) – Retazos (9).

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• (Csi119) – Retazos (9).

 • En la Tierra no, seguro.

Sentado, mirando a través del cristal de la ventana, con el horizonte al fondo, pensé que estaba soñando, pero no, no soñaba, estaba despierto. Y sin embargo no reconocía el paisaje. Donde yo nací sólo había un Sol en el cielo, y ahí veía yo dos. No sé donde estaba, pero en la Tierra no, seguro.

• Regañina:

-¿Kiyoshi, cuántas veces te he dicho que no estés fuera de casa a estas horas de la noche?
-¡Pero, mamá, sólo estábamos jugando Dino y yo!
-¡Con el frío que hace!… anda, vamos dentro.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi118) – Haiku (6).

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HAIKU (6): Diecisiete haikus:
67. Sobre el puente andan dos mujeres rezando; al santuario van.
68. Mar de niebla gris, desde lo alto del monte observo el Fuji.
69. Leyendo sin más recostada en el suelo; mirada firme.
70. El aire puro, susurrando bajo el sol la vida canta.
71. En la tempestad, camino del santuario va el penitente.
72. Dos visitantes en el estanque verde; vida en erupción.
73. Elegante va saliendo del santuario; usa paraguas.
74. Temprano salen del santuario nevado; tronco torcido.
75. Dos mujeres van bajo el sauce nevado; cruzan el puente.
76. Un feliz año nuevo os deseo a vosotros; un año genial.
77. Ella en kimono azul, blanco y rojo; mirada sin fin.
78. Mirar turbado. El árbol de la Vida que nos cautiva.
79. Gotas de agua caen del cielo infinito; mojan el alma.
80. Baño privado en el acantilado; frondoso bosque.
81. Bajo la lluvia alguien espera solo; luces de noche.
82. Madre con hijo; maternidad de María icono de paz.
83. Los Reyes Magos son guiados por la estrella; adoran a Dios.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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