285. Fin de año.

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285. Fin de año.

El visitante aparcó su vehículo a las afueras de la ciudad para evitar ser detectado y se encaminó al centro urbano donde los nativos del lugar abarrotaban las calles adornadas con serpentinas y demás desconcertantes artilugios, mientras la gente realizaba brindis con extraños líquidos burbujeantes, se deseaban con ilusión amor y paz y comían unos delicados frutos dulces que llamaban uvas, con la esperanza puesta en que el año nuevo que comenzaba fuera mejor que el que terminaba. El visitante, no obstante, se preguntaba por qué, en lugar de confiar su futuro a la mera suerte de esos rituales no del todo eficaces –dados los desastrosos resultados evidenciados al estudiar su historia pasada–, los nativos del lugar no hacían un esfuerzo real y se comportaban con hechos fehacientes y evidentes de forma que consiguieran realmente lo que con tanto interés deseaban. Y es que el extraterrestre comprendió que nunca llegaría a entender a los humanos, con ese –se dijo– increíble potencial que poseían y su nula capacidad, sin embargo, para llevarlo a buen término. Así que, tras completar su detallado «Estudio sobre la humanidad y su posible acceso a formar parte de la Confederación de Especies Inteligentes de la Galaxia», el técnico alienígena despegó su vehículo interestelar y volvió a su planeta, con la esperanza, no obstante, de que, en la próxima inspección, dentro de algunos siglos, los humanos hubieran alcanzado un nivel de adecuación galáctico aceptable.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 595 – 599

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Haiku 595 – 599

[595]

Surge la oruga
entre frutas maduras;
el sol calienta.

Surge la oruga entre frutas maduras; el sol calienta.

[596]

Mueve las alas
sin esfuerzo aparente;
la mariposa.

Mueve las alas sin esfuerzo aparente; la mariposa.

[597]

Recias las ramas
en busca de sol y agua;
como raíces.

Recias las ramas en busca de sol y agua; como raíces.

[598]

Subo a la cima
y todo está nevado;
menos el valle.

Subo a la cima y todo está nevado; menos el valle.

[599]

No sé por qué
el sol de invierno luce
más en verano.

No sé por qué el sol de invierno luce más en verano.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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284. Juguetes olvidados.

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284. Juguetes olvidados.

Los viajeros del tiempo controlan la historia; van dejando por ahí –por donde la fluctuación temporal alcanza cimas críticas sin previo aviso–, sensores calibrantes regulatorios con los que ajustan de forma indetectable el gradiente de eventos equidistantes; pero lo hacen disimuladamente para que no nos demos cuenta, pues de lo contrario no sería posible la compaginación de sucesos. Por ello diseñaron sus sensores con apariencia de viejos juguetes olvidados. Así que ya sabes, la próxima vez que encuentres en algún rincón perdido de tu casa un juguete del que no tienes ningún recuerdo, ten la seguridad que se trata de uno de sus artefactos temporales. Y, por favor, no lo rompas; vuélvelo a colocar donde lo encontraste y olvídate de él: la historia te lo agradecerá. ¿Qué quién soy yo?… pues soy el tú del futuro, y mejor que no sepas nada más por tu bien… y el de la humanidad.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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283. Un rayo de luna.

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283. Un rayo de luna.

Un cuento de hadas te contaría mas desconozco el final, así que sólo te diré que cuentan en los escritos arcanos que, en una ocasión, un rayo de luna bajó a la tierra en busca de aquel joven que todas las noches le cantaba al cielo serenatas incandescentes; y la enamorada centella, convertida en bella mujer, le buscó por todo el valle hasta que dio con él y… y aquí me detengo, muy a mi pesar; sólo puedo añadir una pista sobre su final: la leyenda refiere que el cielo se inundó de estrellas fulgurantes, una por cada uno de los besos que se regalaron los jóvenes amantes.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 590 – 594

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Haiku 590 – 594

[590]

Se ve la luz
que cruza la ventana
y llega al suelo.

Se ve la luz que cruza la ventana y llega al suelo.

[591]

Copos de nieve
en la rama desnuda;
pero no caen.

Copos de nieve en la rama desnuda; pero no caen.

[592]

Sobre mis manos
caen rayos del sol;
aunque sin verlos.

Sobre mis manos caen rayos del sol; aunque sin verlos.

[593]

Un rastro de huellas
en la senda de nieve;
hasta la cima.

Un rastro de huellas en la senda de nieve; hasta la cima.

[594]

Abro las manos
y se llenan de pétalos;
llueven despacio.

Abro las manos y se llenan de pétalos; llueven despacio.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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282. Pisadas entre la niebla.

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282. Pisadas entre la niebla.

Vivo en un pequeño pueblo, casi escondido entre las altas montañas boscosas, y en invierno, cuando la nieve nos cubre con su espeso manto blanco y la niebla nos oculta haciéndonos invisibles, en ocasiones escucho insólitos sonidos entre los árboles –pisadas en la nieve, árboles que crujen…– pero inusitadamente profundos aunque irrealmente sutiles, como si fueran los pasos de un gigante que recorriera el valle de puntillas en busca de frutos silvestres. «Los gigantes no existen», me explicó mi madre cuando se lo dije, pero algo me dice que se equivoca porque –y, por favor, no se lo digáis a ella, que no quiero que se asuste–, una noche les dejé, sobre la repisa de la ventana de mi cuarto, una manzana y una naranja y, a la mañana siguiente, ya no estaban allí, pero, en su lugar, habían colocado una rama de un árbol, bueno, una rama entera no, sólo un trozo, pero fue suficiente para mí: entendí que fue su forma de presentarse; como si me dijeran: «Gracias por la fruta; y tranquilo, no somos malos.» Desde entonces, los días de niebla densa y nieve observo desde la ventana con la esperanza de verles, pues seguro que hay más de uno por ahí fuera.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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281. Un rayo de luz.

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281. Un rayo de luz.

Cuentan que un día, no se sabe exactamente cuándo, un rayo de luz se escapó del sol en busca de aventuras. Atravesó el frío espacio y alcanzó el aire cálido de un pequeño planeta azul. Contento de llegar a tan precioso lugar corrió divertido entre las nubes blancas, jugando al escondite con los pájaros y creando arcoíris de bellos colores. Y al llegar a tierra, cansado de viajar por el cielo, buscó un refugio donde vivir el resto de sus días, y, tras buscar por diversos lugares, finalmente encontró un lugar increíble. «¡Aquí viviré!», se dijo contento, y en un arbolito se acomodó. Desde entonces, en lo más profundo del bosque, vive en el pequeño árbol –aunque ahora, tras todos estos años, ya no es tan pequeño, sino que ha crecido y ya es un gigante centenario, alto y frondoso–, y todos los días, mientras escucha feliz los trinos de los pájaros que anidan en las ramas y contempla las laboriosas hormigas que suben y bajan por el tronco, recorre incansable desde las raíces a la copa del árbol dándole energía y vigor. Y todas las mañanas, al alba, el rayo de luz se asoma por cada una de las hojas del hermoso árbol y contempla el sol que amanece fulgurante por el horizonte, y, por unos instantes, el árbol reluce con miles de luces, como si fuera un árbol de Navidad.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 585 – 589

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Haiku 585 – 589

[585]

Roto el silencio
por el rumor del mar;
la madrugada.

Roto el silencio por el rumor del mar; la madrugada.

[586]

El leve rastro
de una fila de hormigas
sobre la arena.

El leve rastro de una fila de hormigas sobre la arena.

[587]

En la amapola
se oculta la luciérnaga
al amanecer.

En la amapola se oculta la luciérnaga al amanecer.

[588]

Un vaso de agua
sobre la estantería;
junto a los libros.

Un vaso de agua sobre la estantería; junto a los libros.

[589]

Sobre la rama
el halcón aletea,
aunque no vuela.

Sobre la rama el halcón aletea, aunque no vuela.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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280. El dragón y el ratón.

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280. El dragón y el ratón.

Cuenta la leyenda que, en tierras lejanas, un dragón se quedó huérfano y vagaba por ahí en busca de un hogar, y que sólo un diminuto ratón le ofreció su amistad. «¿No me temes?», intrigado le preguntó el gigante escupefuego. «No, ¿por qué debería temerte?», le respondió el ratoncito. «Todos me temen», replicó el dragón. «Eso es porque no te conocen», le dijo el ratón subido en la punta de su gran hocico. Y desde aquel día el dragón protegió al ratón de los lobos y ogros y éste vivió en un confortable rincón de la gruta del gigante alado, y ambos fueron buenos amigos por el resto de sus vidas –aunque hay que decir que el pequeño ratoncito murió mucho antes que el gigante escupefuego, pero no viene a cuento detenernos ahora en eso, pues, al fin y al cabo, es ley de vida–, y, en el silencio de la noche, dicen que se podían oír lejanos rugidos, que la gente de las aldeas cercanas tomaban erróneamente por peligrosos augurios, pues eran debidos a que el pequeño ratoncito era un excelente cuentacuentos y contaba todo tipo de relatos al dragón, y éste rugía feliz –tanto que en alguna ocasión casi incendia su propia gruta con el fuego que expulsaba con sus risotadas–, pues finalmente había encontrado un hogar.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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279. Un fugaz encuentro.

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279. Un fugaz encuentro.

En un rincón de la playa, entre rocas, al abrigo de una pequeña cueva submarina, al amanecer de un luminoso día, mientras paseaba con la esperanza de que la inspiración me regalara una caricia que me ayudara con mi, por el momento, atascada novela, una joven de dulce rostro llamó mi atención agitando su mano. Me metí en el agua, y, a pesar de la humedad reinante en el ambiente, entré en la cueva; me acerqué a ella y comprobé, atónito, que era una sirena. Sin embargo, antes de poder entablar ninguna conversación con ella, se zambulló y desapareció entre las profundidades del mar. Pensé que todo había sido un sueño, una ilusión, pero el suceso, irreal o no, me sirvió para, al menos, escribir un pequeño cuento de hadas, o en este caso de sirenas, que regalé a mi hija el día de su décimo cumpleaños.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 580 – 584

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Haiku 580 – 584

[580]

Cazan estrellas
los niños por la noche;
¿o son luciérnagas?

Cazan estrellas los niños por la noche; ¿o son luciérnagas?

[581]

Fin del verano;
una brisa otoñal
se lo llevó.

Fin del verano; una brisa otoñal se lo llevó.

[582]

Sobre la flor
se posa una luciérnaga;
iluminaria.

Sobre la flor se posa una luciérnaga; iluminaria.

[583]

El caracol
sube por el vallado;
mira su sombra.

El caracol sube por el vallado; mira su sombra.

[584]

En el silencio
de la fría mañana;
junto a la lumbre.

En el silencio de la fría mañana; junto a la lumbre.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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278. Declaración de quebrantoperjuicial.

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278. Declaración de quebrantoperjuicial.

Ayer, 24 de noviembre del presente, adquirí un armatoste grandilocuente: un hiperboloide astromático con el que, según el vendedor de la tienducha que me lo mercanchifló –de forma casi indecorosa, debo aclarar en mi defensa–, se podía arrumblar un mostrenco de cordillera transalpina y trastabillarlo en una fruslería microdeslumbrante capaz de obnubilar al más pintado del vecindario; pero, desdichadamente, se me escachifurció sin darme por enterado cuando, mientras atravesaba un inicuo callejón, un indigno corpúsculo proveniente del infinito espacio-temporal se precipitó, de forma desvergonzada –he de declararlo sin tapujos–, sobre mi apolínea figura, con tan mala fortuna que dio a estrellarse en todo el cogollo medular de mi antes mencionado, y nunca suficientemente valorado, impoluto artefacto; en vista de lo cual reclamo la correspondiente indemnización plusvalidada de acuerdo a la normativa regulatoria y habida cuenta del perjuicio sufrido y de la pérdida subsiguiente acontecida en dicho accidentado suceso.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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277. La persecución.

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277. La persecución.

Es de noche. En un lejano valle, entre altas montañas, en algún lugar ilocalizable, escapo corriendo con un tesoro y un ogro me persigue aunque parece que consigo escabullirme volando a lomos de una luciérnaga gigante que he logrado capturar no sé cómo. Volamos veloz pero no alcanzo a despegarme del ogro que corre tras de mí con intención de comerme, supongo. El ogro cada vez está más cerca, y más cerca. Alarga la mano y casi me agarra. No tengo más remedio que saltar de la luciérnaga y comienzo a caer desde el cielo. La caída se me hace eterna. El golpe con el suelo me despierta. Menos mal que la almohada ha amortiguado el golpe. Y es que la víspera cené algo que no me sentó bien, o quizá fue el pastel de zanahorias que tomé de postre, no podría decirlo con seguridad. El caso es que tuve una pesadilla algo rara.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 575 – 579

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Haiku 575 – 579

[575]

Frágil libélula;
resiste a la tormenta
como una flor.

Frágil libélula; resiste a la tormenta como una flor.

[576]

La huella en la arena
de la mano de un niño;
aunque ya no está.

La huella en la arena de la mano de un niño; aunque ya no está.

[577]

Sigo las huellas
de quien va caminando;
aunque sin rumbo.

Sigo las huellas de quien va caminando; aunque sin rumbo.

[578]

Aunque es de noche
el bosque se ilumina;
con las luciérnagas.

Aunque es de noche el bosque se ilumina; con las luciérnagas.

[579]

¿Ves las luciérnagas
brillar entre las flores?
¡Son como estrellas!

¿Ves las luciérnagas brillar entre las flores? ¡Son como estrellas!

Luis J. Goróstegui
#haiku

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276. Déjà vu.

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276. Déjà vu.

Me acaba de pasar: En ocasiones, muy de tarde en tarde, cuando escribo algún relato, preferentemente de ciencia ficción, resulta que, una vez terminado, cuando lo releo para revisarlo, compruebo que el texto no es el mismo que escribí inicialmente, y siento que lo que estoy leyendo ya lo leí otra vez, como un déjà vu* que estuviera reviviendo. Y lo curioso es que el texto que estoy leyendo se parece al mío pero no es realmente el mío. Es más, el relato es mejor que el que he escrito yo; sólo por pequeños detalles, pero que hacen que sea de mejor calidad, desde el punto de vista argumental y de estilo. Lo releo y compruebo que sé que es el mío, pero también sé que es distinto al que escribí originalmente, pero no puedo determinar en qué es distinto. Entonces me sucede que me siento mal, mareado, como si tuviera un bajón de la tensión. Entonces voy al baño y me refresco la cara. Cuando me encuentro mejor, vuelvo a leer el relato y éste vuelve a ser el que escribí originalmente. Es como si hubiera cambiado; aunque no puedo reconocer las partes del texto que antes había identificado como nuevas, como mejores. Es como si el relato no hubiera cambiado y siempre hubiera sido el mismo, pero sé que ha cambiado respecto al anterior, aunque no puedo identificar exactamente en qué. Escribo esto para que quede constancia. ¿Me estaré volviendo loco, o es que alguien quiere decirme algo desde otra dimensión?


[* Déjà vu: Es el fenómeno de tener la fuerte sensación de que un evento o experiencia que se vive en la actualidad se ha experimentado en el pasado.]

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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275. Evolución circular.

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275. Evolución circular.

―En ocasiones se afirma que los extraterrestres están más evolucionados que nosotros –comenzó a explicar el profesor a sus alumnos–, y se da por hecho que, por tanto, son mejores que nosotros… ¿Alguno podría decirme por qué se llega a esa conclusión?
―Porque se equipara evolución con progreso –respondió una chica de la tercera fila–; principalmente porque equiparamos progreso con avances tecnológicos y olvidamos los avances éticos y morales.
―¿Qué es, por tanto, evolución? –preguntó el profesor.
―A mí se me ocurre –dijo un chico de la segunda fila– que la evolución es como esa onda que se forma en el agua cuando tiramos una piedra: avanza en todas direcciones. Veréis, lo mismo sucede con nosotros: nuestra evolución es circular; lo cual implica que no todo será realmente progreso, sino que también existirá el peligro de que nuestros actos provoquen destrucción e incluso regresión. Sin embargo, no todo está perdido, sólo necesitamos desechar nuestros actos destructivos e impulsar nuestros actos realmente positivos.
―¿Dónde estará, entonces, el problema? –preguntó de nuevo el profesor.
Los alumnos permanecieron en silencio, mirándose los unos a los otros.
―El problema, entonces –dijo el profesor–, estará en saber diferenciarlos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 570 – 574

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Haiku 570 – 574

[570]

Corto el bambú
una tarde estival;
sin hacer ruido.

Corto el bambú una tarde estival; sin hacer ruido.

[571]

El perro mira
cómo corre el ratón;
pero no ladra.

El perro mira cómo corre el ratón; pero no ladra.

[572]

Una hoja sólo
de ese árbol frondoso
cae en verano.

Una hoja sólo de ese árbol frondoso cae en verano.

[573]

El colibrí
aletea incesante
y no se mueve.

El colibrí aletea incesante y no se mueve.

[574]

Una pisada
de un elefante solo;
entre las flores.

Una pisada de un elefante solo; entre las flores.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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274. La fuga.

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274. La fuga.

En una vieja caja de madera, con los bordes desgastados y la cerradura rota, dentro de un baúl con ropa vieja de otros tiempos aún por venir, encontré, una luminosa mañana de verano, un pequeño papel arrugado, y en él se podían ver aún unos garabatos casi borrados –pero todavía legibles– por el paso del tiempo. Los leí despacio, ajustando la respiración a la cadencia de las letras, y el conjuro se ejecutó: disminuí de tamaño hasta ser capaz de pasar corriendo por debajo de la puerta. Lancé un silbido y una abeja acudió a mi llamada. Me subí a ella –sí, fui capaz de cabalgar sobre una abeja–, y salí volando por la ventana. Me fugué. Y, por cierto, puede que volar sobre un dragón sea impresionante, pero te aseguro que soportar la velocidad punta de una abeja te deja sin respiración, literalmente.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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273. Hazañas de juventud.

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273. Hazañas de juventud.

―¿De dónde viene, don Miguel?
―Del manicomio.
―¿Cómo?… ¿ha estado ingresado?
―No, qué va. He estado visitando a un viejo amigo; escuchando las aventuras de su vida.
―¿Y eso?
―Le conocí hace tiempo, cuando era joven. Ahora ya es viejo y ha perdido la cordura; pero aún recuerda sus hazañas de juventud… o las que él se imagina que fueron, porque su cabeza… ya no es lo que era, ¿sabe? Además me sirve para inspirarme; para mi nueva novela.
―¿Y de qué trata, si puede saberse?
―De las aventuras de un viejo loco.
―Pues eso no tiene pinta de que interese a mucha gente; no es por desanimarle, don Miguel, pero dudo que nadie la lea.
―Ya veremos, viejo amigo…, ya veremos…, algo se me ocurrirá –le contestó Cervantes.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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Haiku 565 – 569

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• Haiku 565 – 569

[565]

En primavera
la araña caza insectos;
en el visillo.

En primavera la araña caza insectos; en el visillo.

[566]

La mosca queda
apresada en la red;
¿no está la araña?

La mosca queda apresada en la red; ¿no está la araña?

[567]

Leche y miel llevo
y en las alforjas flores;
¿por qué?… ¡quién sabe!

Leche y miel llevo y en las alforjas flores; ¿por qué?… ¡quién sabe!

[568]

En orden tengo
mi colección de nueces;
mas me falta una.

En orden tengo mi colección de nueces; mas me falta una.

[569]

El ratón caza
la mariposa al vuelo;
el gato observa.

El ratón caza la mariposa al vuelo; el gato observa.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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