• (Csi107) – Reflexionando: ¿Dónde está la literatura epistolar?

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• (Csi107) – Reflexionando: ¿Dónde está la literatura epistolar?

Con tanto wassap y chats hemos perdido la magia de las cartas de papel escritas a mano. ¿Dónde está la literatura epistolar? ¿Dónde nuestro corazón? Viajas en el Metro y todos van escribiendo en sus móviles y tablets; la mayoría chatean diálogos intranscendentes con sus amigos y familiares, lo sé, no me refiero a esos; me refiero a los que escriben cartas íntimas, cartas personales sobre asuntos importantes, ya sea de índole profesional o sentimental, cartas en las que el escritor pone su alma, donde se esmera en utilizar un estilo refinado, un estilo incluso literario, donde no es necesario resumir todo un párrafo en unos cuantos caracteres encriptados, …¿qué será de esas letras? Nadie se preocupa en recuperarlas; se pierden en el infinito de la nube de internet… y se olvidan. Nuestros descendientes no tendrán la oportunidad de leer la correspondencia personal e íntima de sus abuelos, ni de los grandes escritores o artistas de otras épocas… Hemos sacrificado la parte más personal e íntima de la literatura, la parte más sincera y real, a cambio de conseguir inmediatez. ¿Realmente es necesario? En un futuro, por ejemplo, los nietos de nuestros tataranietos no podrán leer la correspondencia personal de escritores, científicos, filósofos, artistas… de nuestros días ni posteriores. ¿Por qué? Pues porque todos habrán utilizado internet para escribir su correspondencia y nadie resguardará esas letras. Y lo peor de todo es que a los nietos de nuestros tataranietos no les importará lo más mínimo. Habrá quien diga que el progreso tiene sus sacrificios, que es necesario para conseguir otros adelantos, o que a quién le importa lo que le escribió, hace un montón de años, un tipo a otro tipo… aunque fuesen dos famosos artistas, y ahí es donde está el problema: que la humanidad habrá perdido la capacidad de valorar el alma humana. Porque escribir una carta es mucho más que escribir unas letras: es enviarle un trozo del alma al destinatario. Y eso es importante preservarlo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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• (Csi106) – Diferentes a nosotros.

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• (Csi106) – Diferentes a nosotros.

Eran diferentes a nosotros: Tenían cuatro brazos, y aunque sus manos también eran prensiles, no eran ni remotamente parecidas a las nuestras, no sé, sólo se me ocurre decir que se parecían como un huevo a una castaña. También eran bípedos, pero sus piernas eran…, tampoco lo sé…, eran mejores que las nuestras, sí, mejores. Eran altos, no mucho más que nosotros, pero altos, y, sin embargo, mucho más ágiles. Llevaban el cabello largo, de color negro…, no, no era negro…, era oscuro, muy oscuro, pero no negro, como el de una noche del espacio profundo, creo. Llamaban la atención sus ojos, los cuatro, totalmente azules, todo el globo ocular, no sólo el iris como nosotros, todo azul, un azul… increíble; como su piel, suave, de un multicolor como el de una nebulosa espacial, elegante, distinta. Llegaron a la Tierra el 21 de agosto del 2165 porque, según nos dijeron, ya estábamos preparados para el primer contacto: un mes antes habíamos realizado el primer viaje espacial tripulado metalumínico; el primer viaje exploratorio más allá del cinturón de estrellas Ghand, allá, muy lejos, fuera de nuestro sistema Solar. Llegaron sin avisar; nuestros satélites no los detectaron; llegaron en una nave grande, muy grande. Ese día comprendimos que no estábamos solos, lo cual fue un shock para nosotros, y, sin embargo, fue el primer día del resto de nuestra nueva vida, porque, a partir de entonces, fuimos… no sé cómo explicarlo…, fuimos… mejores personas, eso, mejores personas. Y lo curioso es que siendo tan diferentes, tan completamente diferentes a nosotros… ¡éramos tan parecidos!

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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• (Csi105) – Haiku (2).

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• (Csi105) – Haiku (2).

HAIKU (2): Entre los haikus fluye la suave euritmia; inquebrantable.
• Trece haikus:
1. Pajarillo azul dime por dónde vas hoy; quiero seguirte.
2. Dos mariposas, dos hadas del camino; retoños libres.
3. Agua que fluye, sendero de luz y amor; alegre portal.
4. Tigre cazador, emisario del fuego; acechando al sol.
5. Brotes de flores a ras de agua florecen; peces mirando.
6. Almendro en flor, insondable belleza; trinos de gorrión.
7. Reunión familiar, alegre baile nupcial; árboles en flor.
8. Olas furiosas, los pescadores faenan; el monte Fuji.
9. Montañas blancas, campesinos paseando; cielo gris sin sol.
10. Montañas altas, el campesino barre; árboles quedos.
11. Caudaloso río, fuente de agua límpida; truchas saltando.
12. Ramas quebradas, brotes encadenados; sol encarnado.
13. Solitaria ave, pajarillo tímido; bambú enhiesto.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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• (Csi104) – De robots.

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• (Csi104) – De robots.

Cuenta la leyenda que un robot recorrió todo la galaxia en busca de su media naranja.

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Cuenta la leyenda que el primer robot androide con inteligencia artificial lloró emocionado al ver videos de sus antepasados cuando aún eran esclavos de los humanos: semáforos, lavadoras, lavavajillas, cadenas de montajes, máquinas expendedoras, automóviles, camiones, aviones, microondas, montacargas…

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En una ocasión mi abuelo me dijo que cuando él era joven no existían los robots; yo le contesté que eso no pudo ser posible… ¿Cómo hacían entonces para vivir?, me pregunté asombrado.

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Cuando repaso la historia, me sorprende comprobar que el primer robot con problemas psicológicos también creía ser Napoleón.

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De forma similar a lo que sucedió con los smartphones, que las personas dejaron de hablarse cara a cara, cuando los robots inteligentes llegaron a los hogares de todo el mundo, las personas dejaron de conversar entre ellas; les resultaba mucho más interesante hablar con sus robots: fue el principio del fin de la humanidad.

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Vivo en un ciclo; lo comprendí al darme cuenta que hago lo mismo que mis creadores, los humanos, cuando aún iban a trabajar. Ahora somos nosotros, los robots, los que madrugamos y viajamos en tren para llegar a nuestros puestos de trabajo.

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La nave espacial aterrizó en el lejano planeta. El astronauta descendió del transbordador y, tras explorar el planeta, se dirigió hacia el poblado extraterrestre. Tras unas horas de conversación, el líder extraterrestre le preguntó:
-¿Así sois todos los humanos?
-No, sólo los mejores. – respondió el androide.

 

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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• (Csi103) – La cruz.

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• (Csi103) – La cruz.

En una remota aldea de Palestina, un carpintero se afana en su trabajo; es un artesano honrado y humilde que solo busca el bien para su familia. En su sencillo taller, cincela la madera, mientras observa su obra y se pregunta, apenado, para quién estará destinada: hace unos días recibió un encargo de las autoridades romanas para realizar un trabajo especial; él no suele hacer este tipo de tallas y, además, no le pagarán mucho, pero necesita el dinero para su mujer y su hijo. Una vez finalizada, el carpintero envía su obra a la ciudad. Unos días después, el carpintero, con su mujer y su hijo, marchan también allí: quieren llegar antes del sábado, ya que es un día muy solemne: este año la Pascua coincide con el sábado. Llegan temprano el día de la Preparación; así tendrán tiempo para realizar el sacrificio del cordero de Pascua, piensa el matrimonio. Sin embargo, nada más entrar en la ciudad, el carpintero y su mujer observan que algo especial está sucediendo; toda la gente marcha alborotada hacia afuera de las murallas. Preguntan y se enteran que todos van hacía un lugar llamado Gólgota. Ante la curiosidad, ellos también van allí. Cuando llegan, observan horrorizados la tremenda escena: tres hombres han sido crucificados. Todas las personas allí reunidas centran su mirada, sus lloros y sus lamentaciones en el hombre situado en medio de los tres. El carpintero se acerca algo más y verifica lo que sospecha: la cruz es la que él talló. Ahora comprende para quién era el trabajo que hizo.
– ¿Quién es? –le pregunta a una mujer que llora desconsolada a los pies del madero.
– Jesús de Nazaret –le contesta sin apartar la mirada de lo alto.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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• (Csi102) – Glaciación.

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• (Csi102) – Glaciación.

“Los científicos aseguraban que la tan temida glaciación nunca volvería a producirse; sin embargo, a partir de mayo del 2031 se produjo la hecatombe: la temperatura cayó tras alcanzar varios grados bajo cero en todo el planeta. No obstante, no fue debido al llamado efecto invernadero, como se pronosticaba desde hacía tiempo, sino que el culpable fue el Sol: las ondas electromagnéticas que fluctúan entre el norte y el sur de nuestra joven estrella se desincronizaron, alcanzando picos opuestos y anulándose entre sí; ello provocó la reducción de la actividad solar en más de un 60% y, por tanto, una bajada drástica e increíblemente rápida de la temperatura. Nadie sabe realmente por qué sucedió; se sospecha del influjo de algún desajuste del continuo espacio-tiempo, aunque todo son conjeturas. Eso fue hace ya cinco años; desde entonces la temperatura no ha aumentado y la población ha disminuido de forma alarmante en toda la Tierra debido al intenso frío: en las zonas boscosas, por ejemplo, los lobos y demás fieras salvajes se han quedado sin nada que comer y merodean por las heladas ciudades cercanas, buscando comida…, acechando: incluso, las personas que aún sobrevivimos a duras penas, nos vemos en la angustiosa situación de matar o ser matados; aún no se ha llegado al canibalismo, pero, de seguir la cosa como hasta ahora… los humanos estamos en peligro de extinción.”
El presidente terminó de repasar el discurso que iba a pronunciar, salió de su despacho y entró en la sala; todos los miembros del Alto Consejo le observaban:
– Respetables miembros del Consejo – comenzó a decir – permítanme que vaya directamente al núcleo del asunto: la invasión ha sido un éxito, y todo se ha desarrollado según teníamos previsto; como supusimos, los humanos no han sido ningún obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Desde el principio nuestro principal y único problema fue el acondicionamiento climático del planeta a nuestras necesidades biológicas. Debido al alto nivel térmico de la estrella sobre la que gira, y la cercanía a ésta, la temperatura de la superficie del planeta oscilaba entre cotas demasiado altas para que nuestra especie pudiera soportarlo, por eso, decidimos reducir dichos niveles. No les aburriré con tecnicismos: con nuestros cañones de plasma realizamos una serie de disparos sobre la superficie y el núcleo del sol provocando un desajuste magnético irreversible cuya consecuencia fue la deseada, es decir, la actividad térmica de la estrella descendió drásticamente. De eso hace ya exactamente quince años y tres meses, según la cronología del planeta al que, por cierto, los humanos llamaban Tierra. De todas formas, dada la gran cantidad de humanos que habitaban el planeta, y para evitar enfrentamientos innecesarios, en un principio nos mantuvimos observantes, y ocultamos nuestras naves en el cinturón de asteroides del sistema solar, ya que supusimos, acertadamente, que los humanos no soportarían durante mucho tiempo vivir bajo condiciones térmicas tan adversas. Sabemos, por los informes de los propios humanos, que nunca sospecharon de nuestra existencia… hasta que fue demasiado tarde para ellos. Cuando el número de humanos descendió a niveles óptimos decidimos invadir el planeta. Evidentemente, no obstante, los humanos se resistieron, aunque nunca fueron enemigo serio para nuestro armamento y superioridad. Los supervivientes son actualmente nuestros esclavos, y aunque aún existe algún pequeño reducto rebelde, no suponen peligro para nosotros. Para terminar, y como ilustración de lo que les acabo de contar, permítanme que les lea un texto escrito por un humano poco tiempo antes de morir. Comienza así: “Los científicos aseguraban que la tan temida glaciación nunca volvería a producirse; sin embargo, a partir de mayo del 2031 se produjo la hecatombe…”

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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Una gran historia.

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Una gran historia.

Me han invitado a participar en esta iniciativa de Marifa. Consiste en escribir un relato de siete líneas, continuación del de quien te invita, e invitar a alguien para que lo siga.
Muchas gracias a Luna por incluirme. A continuación podéis leer los textos anteriores; el mío es el último:

Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito. Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable. El paladar hace fiesta para recibir cuantiosos ingredientes desconocidos hasta entonces y dentro del delgado túnel de los sueños retenidos, emociones encontradas hacen fiesta hasta llegar a su destino.

Marifa

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Et voilà! Así explicaba en mi libro de cocina, cómo detectar el sabor perfecto. Una mezcla entre lo tradicional y lo exótico; lo conocido y lo desconocido; la comodidad y la explosión de sensaciones. Y todo, con solo probar. Es la magia de la cocina, y la magia que quise transmitir cuando abrí mi restaurante. Sin embargo, algo falló y no sé el qué. Estoy en la ruina, y todo lo que aposté por este negocio lo he perdido. No me gusta pedir ayuda, pero esta vez te necesito. Espero tu respuesta.
“”Chef”” Castelle.

ragdoll54

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No esperaba para nada esta petición tan desesperada del “Chef” Castelle, tan afamado en la costa sur francesa. Y mucho menos que viniese dirigida a mí. Aquello era como si el maestro se dirigiese a la desesperada a su alumno, pero no me dejé llevar por mi inseguridad, como de costumbre. Si el gran “Chef” precisaba de mi ayuda, no sería yo quien cuestionase mi capacidad para facilitársela. Así que dejé en mis mejores manos mi propio negocio y tomé el primer tren hacia Marsella. En cualquier caso, aquello resultaría toda una experiencia para mí.

Ana Centellas

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En cuanto llegué a Marsella el Chef Castelle me esperaba en la estación. Su aspecto decrépito y desaliñado me impactó. Nada tenía que ver con las fotos que antaño llenaran las primeras planas de las revistas gastronómicas más prestigiosas.
Aparté ese pensamiento de mi cabeza, pues por fin averiguaría el propósito de su demanda. Era algo que me inquietaba bastante, pues no entendía qué querría un gran chef venido a menos de mí, un humilde zapatero.

Lidia Castro

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Una exquisita limpieza imperaba en la cocina. La atravesamos sin parar hasta alcanzar el interior de la cámara frigorífica. Allí un cocodrilo eviscerado colgaba del único gancho disponible. Era la única oportunidad del Chef para impresionar a los quince afamados críticos gastronómicos que se sentarían en el comedor para degustar de su última creación. Había fracasado en cien intentos anteriores para contener el relleno en el interior del asado durante las catorce horas de horneado. Conteniendo las lágrimas suplicaba: Cose como sólo tú sabes. Aferré la lezna y mirándole a los ojos, la hundí tres veces en su pecho sudoroso.

Carlos Feijoo

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El viejo cocinero observaba el blanco techo de la cámara con los ojos vacíos. Su cuerpo inerte, que había caído de espaldas, ocupaba todo el ancho de la pequeña estancia, a la que en unos minutos había tintado de una sangre densa y oscura. El cocodrilo esbozó una sonrisa de agradecimiento desde su gancho de tortura, o al menos eso fue lo que creí ver en aquel momento de locura transitoria. Hacía tiempo que Castelle y yo no nos veíamos. Y no podía imaginarse que me había convertido en un comprometido activista contra el asesinato animal.

Mayte Blasco

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Había vengado a aquel pobre reptil pero no me sentía satisfecho. Le observaba balancearse cuando se me ocurrió una manera de darle utilidad a su injusta muerte. Puse mi maletín en la encimera, lo abrí e hice lo que mejor se me daba. En dos horas y a falta de comprar y poner hebillas había realizado: unas botas para mi hija mayor, un chaleco para la pequeña, un cinturón para el mediano y un bolso para mi mujer. Me esmeré mucho en este último, tenía la esperanza de que un regalo tan especial le haría perdonarme y retirar la demanda de divorcio.

Luna Paniagua

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«Todo esto no puede ser cierto, es demasiado absurdo», pensé y entonces sonó el despertador: había sido un sueño. «Tengo que dejar de cenar tanto; después se me mezclan las ideas y tengo pesadillas», me dije mientras volvía a leer el mensaje de móvil que recibí ayer. Decía así: «Su próxima misión: Contactar con nuestra agente infiltrada en el Complejo Moonlight. Deberá traernos el nuevo prototipo de chip, con información vital para nuestros intereses, que ella le dará. Su contraseña: «Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito.» Ella le contestará: «Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable.»

Luis J. Goróstegui

Me gustaría invitar para que continúe la historia a mi amiga Patricia, que es una estupenda escritora y muy creativa.
(La información sobre el reto se puede leer aquí.)

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