• (Csi133) – Nosotros.

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• (Csi133) – Nosotros.

Cuentan que, en lo más profundo del bosque, un ciervo bebía en el lago justo en el instante en que un meteorito cayó del cielo. Al contacto del extraño metal, el agua brilló con especial intensidad; transcurridos unos pocos minutos, del agua emergió una joven de profundos ojos azules, de aspecto felino. Después, desapareció en el bosque. Me preguntarás por qué te cuento esto; pues porque esa joven era mi abuela. ¿Por qué vino? Bueno, eso es otra historia, aunque por ahora no es relevante; lo esencial es que ya conoces la respuesta a la pregunta de si estáis solos en el universo. El resto no depende de nosotros.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi132) – Haiku (8).

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• (Csi132) – Haiku (8).

HAIKU (8a): Quince haikus:
90. Ciervos bebiendo en un bosque con niebla; con hojas rojas.
91. A orillas del mar un padre con su hijo; horizonte azul.
92. Una historia:
      Bajo la lluvia dos mujeres hablando; alguien cruza el río.
      Aunque chaparrea, dos paraguas ocultan un chisme rural.
      Hablan rápido, cotillean sin sentido; vilipendiando.
      Algún día sabrán el daño que producen. Será muy tarde.
      Porque la injuria va dirigida hacia quien no tiene culpa.
      La del paraguas de color amarillo, no intuye nada.
93. Arena fina; un matrimonio charla con luna llena.
94. Se camufla el mal acechando en la nieve; cerca del río.
95. Pescando con red mil peces de colores; de madrugada.
96. Hasta en Navidad el pequeño roedor, tiene un regalo.
97. Niebla matinal; tres ciervos sobre el río en un puente gris.
98. El dragón surge husmeando las alturas, del monte Fuji.
99. Capilla blanca en un bosque nevado; dos damas miran.

HAIKU (8b): Veintiún haikus:
100. Mirando un árbol, el abuelo a su nieto le enseña a vivir.
101. Pez solitario buscando su camino; entre dos aguas.
102. Ratón curioso; encuentra una atalaya donde subirse.
103. Dama elegante, con una horquilla fina se peina sola.
104. La joven mira a través de la valla; cuida del niño.
105. El niño otea sobre el Puente del tambor; el agua brilla.
106. Invierno blanco; santuario sobre el agua y espacio sacro.
107. Con fulgor cálido una mujer se baña; lluvia nocturna.
108. A lo lejos va un hombre solitario; noche de lluvia.
109. Bajo la lluvia una mujer camina; balcón florido.
110. La nieve blanca dificulta caminar; bajo el paraguas.
111. Bajo un paraguas, dos mujeres imploran en el santuario.
112. Cuida su casa con esfuerzo y tesón; el monte observa.
113. La mujer sola contempla el jardín en flor; piensa en sí misma.
114. Los niños miran, el elefante come; la vida sigue.
115. En la ribera las muchachas se bañan; las aves vuelan.
116. Dos maikos miran y una poda la rama; el cerezo en flor.
117. Al pie del árbol descansa la familia; el pueblo duerme.
118. Con bruma de sol regresa el barco lleno; velas izadas.
119. Los pescadores remendando las redes; tarde soleada.
120. En primavera el árbol sobre el río; la gente ríe.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi131) – Dentro del ascensor.

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• (Csi131) – Dentro del ascensor.

• Tres momentos:

1.- Un agujero negro

Tras una interesante y algo inquietante investigación he llegado a la conclusión de que en mi ascensor hay un agujero negro. ¡De verdad! He comprobado que es más grande por dentro que por fuera: el pasado jueves metimos una ballena en él, ¡una ballena entera! Lo están investigando los de la NASA.

2.- Espectro

Permitidme que os cuente lo que me sucedió dentro del ascensor; puede que no lo creáis, pero os aseguro que fue verdad: Un día, mientras subía en uno, me miré al espejo y, de repente, vi aparecer a mi espalda a alguien espectral, como un muerto viviente, aterrador. Me sobresalté y me di la vuelta, pero en el ascensor no había nadie más que yo. Volví a mirarme en el espejo y ahí seguía, tras de mí, observándome con esa mirada atroz. Entonces me dijo con voz de ultratumba: Sal del ascensor. En ese instante las puertas se abrieron y, como impulsado por un resorte, salí del ascensor, pálido de miedo. Decidí irme de allí y bajé las escaleras corriendo: ocho pisos. Cuando llegué al portal le pregunté al portero si le pasaba algo al ascensor; no le conté la verdad de lo que había visto para que no pensara que estaba loco. El hombre me respondió que hacía casi tres meses que ese ascensor no funcionaba, tras el grave accidente donde murió aplastado un joven; por lo visto el ascensor cayó a plomo desde el piso noveno; aún se estaban investigando las causas, por eso estaba cerrado al público. Os aseguro que me quedé aturdido y desconcertado; me marché, intentando comprender lo que había sucedido. Y lo peor de todo es que esa no ha sido la única vez que he visto fantasmas; algún día os contaré una historia que os dejarán los pelos blancos de espanto.

3.- Estaba yo solo.

Una mañana fui a realizar una entrevista de trabajo, confiando en que me seleccionaran; al finalizar la entrevista fui hacia el ascensor, había cinco personas esperando; la puerta se abrió y entramos todos; empezamos a bajar. Todo iba normal, en silencio, pero cuando llegamos al piso tercero la luz de apagó y nos quedamos completamente a oscuras; sin embargo el ascensor siguió bajando, todos permanecimos en silencio; yo estaba tranquilo. Al llegar a la planta baja se abrieron las puertas justo en el mismo momento en que volvía la luz, sin embargo yo me quedé paralizado de miedo: no había nadie más que yo en el ascensor, las otras cinco personas habían desaparecido. Tan cierto como os lo digo; estaba yo solo. Desde entonces, siempre llevo en el bolsillo una linterna, por si tengo que entrar en un ascensor. Y por cierto, no me seleccionaron para el trabajo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi130) – Cuando escribo (8): ¿Qué es un escritor sino un mago?

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• (Csi130) – Cuando escribo (8): ¿Qué es un escritor sino un mago?

¿Qué es un escritor sino un mago?…, ¿o quizás un dragón de tres cabezas? ¿Quién sino un mago puede crear mundos con sólo un lápiz; fantasías inimaginables con la fuerza de una realidad tangible; relatos con sabor a carne y sangre que ponen la piel de gallina, el alma en vilo? ¿Quién sino alguien con alma de dragón puede, con sólo unas palabras, reconvertir el ortodoxo reino de la poesía y, al mismo tiempo, construir un paisaje de cuento de hadas haciendo uso de esos mismos mimbres? Alguien me dijo una vez que escribir es entrar en un laberinto con una sola entrada e infinidad de salidas: siempre se entra a través de una hoja en blanco; una vez dentro todo depende de la imaginación, la experiencia y la sensibilidad del escritor.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi129) – Avatar.

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• (Csi129) – Avatar.

• Dos momentos:

1.- Las montañas Aleluya.

Jake volvió de la exploración que, junto a la doctora Grace y el doctor Norm, realizaron en las montañas Aleluya a bordo del helicóptero pilotado por la soldado Trudy. Se sentó frente al videolog, lo activó y comenzó a relatar lo que había vivido:
«Es increíble, ni siquiera he ido al comedor a comer algo; he venido directamente aquí antes de que se difuminen mis sensaciones, no quiero que se me olviden los detalles. Las montañas Aleluya son impresionantes, nunca he visto nada igual, ¡y con ese tamaño!…, realmente increíbles: Montañas levitando a cientos de metros sobre la superficie de Pandora, ¡asombroso!…, y todo gracias a ese mineral… el inobtainium, o como se llame. Sus posibilidades son fascinantes… Ayer me lo intentó explicar uno de los geofísicos del laboratorio, ¿cómo dijo?… ah sí…, la gravedad ya no es un obstáculo, todo queda compensado, como si aplicáramos un campo de antimateria… Emey’o de clase Ther’ver… creo que lo llamó…, transpolarizado por un gradiente Athëru de triple hélice geoproporcional… a la quinta potencia de la matriz de Danmös, o algo parecido, me dijo…, pero infinitamente más barato, ¡claro!, esto lo digo yo. Aunque lo realmente extraordinario es que yo esté metido en todo esto, ¡yo!, que de ciencia no sé nada… increíble… ¡Si me vieran mis antiguos compañeros!… Bueno, ya me veis aquí…, haciendo ciencia.»

2.- Toruk Makto.

Cuenta una antigua leyenda Na´vi que un joven, llamado Ueny, fue expulsado del clan Omaticaya, acusado de cobardía, por no impedir que un grupo de ladrones del clan rival Ykäle robaran hojas del Árbol de las almas durante su turno de guardia, prohibiéndole que regresara hasta que no demostrara su valía. Durante muchos soles no se supo del joven Ueny, pero un día, un sobrecogedor sonido llegó a la aldea desde la más alta de las montañas Aleluya. De repente un inmenso Toruk descendió del cielo agitando poderosamente sus alas: sobre su lomo Ueny apareció desafiante; ya no era el joven cobarde de antaño, se había convertido en un valiente guerrero; en sus manos, Ueny traía las hojas del Árbol de las almas que habían sido robadas. Fue el primer Toruk Makto, y desde entonces Ueny fue considerado el más valiente del clan y nombrado guerrero supremo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi128) – Me ha emocionado oírle cantar.

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• (Csi128) – Me ha emocionado oírle cantar.

Al finalizar la misa, me quedo en el banco, rezando, mientras la gente sale de la iglesia; estoy sentado al borde del pasillo central. La mujer mayor que está sentada delante de mí se levanta despacio, sale al pasillo y cuando llega a donde estoy yo se detiene, se acerca a mí, y con una sonrisa me dice, mientras con una mano me aprieta cariñosamente el brazo: «Me ha emocionado oírle cantar». Yo la miro, la devuelvo la sonrisa y, sin saber muy bien qué decir, la respondo: «Muchas gracias». Sin decir nada más la mujer continúa andando y sale de la iglesia. Yo me quedo un rato más, intentando comprender lo que acaba de ocurrir; hago memoria: Es cierto que he estado cantando en los cantos de misa; y reconozco que ha habido poca gente que cantara, es posible que por vergüenza o por falta de ganas; supongo que, dado que la mujer estaba cerca de mí y, aunque yo no he cantado con voz muy alta, me ha debido escuchar, y es posible también que, como yo, eche de menos que la gente cante más en misa: al fin y al cabo es una celebración. En todo caso, es la primera vez que me ocurre algo así, y, debo reconocer, me ha gustado mucho el detalle de la señora; le doy gracias a Dios.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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• (Csi127) – Viviendo.

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• (Csi127) – Viviendo.

Camino a casa, en el metro, sentado en un rincón del vagón, leyendo un cuento de Chejov, pensando qué haré para cenar; una lágrima rueda por mi mejilla. Llego a mi parada, me bajo del vagón y camino hasta la salida; subo las escaleras y salgo a la calle. Camino diez minutos hasta la puerta del portal de mi casa, abro la puerta con la llave. Llamo al ascensor y subo a mi piso. Abro la puerta de casa. Me quito el abrigo y lo cuelgo en una percha. Voy a mi habitación, me quito la ropa de salir y me pongo la de casa: una camiseta blanca de manga corta y unos pantalones de chándal. No veo mis zapatillas; las busco y las encuentro dentro del armario empotrado, ¿Cuándo las he puesto ahí? Me las pongo y voy al cuarto de baño. Hago pis y me lavo las manos. Voy a la cocina y abro la nevera: aún me queda un poco de lombarda de ayer; en el congelador tengo unos filetes de pollo. Lo saco y lo pongo encima de la mesa. Pongo la cazuela con la lombarda encima del fogón y enciendo el fuego. Busco una sartén, lo pongo encima del otro fogón, echo un poco de aceite de oliva en la sartén y enciendo el fuego: Lo pongo bajo para que no se queme la comida. Mientras se calienta todo voy al salón y enciendo la televisión. Hago zapping durante cinco minutos y no veo nada que me guste. Vuelvo a la cocina y apago el fuego. Abro un armario y saco una bandeja. Coloco encima un plato con la lombarda y dos filetes de pollo y un vaso de agua y un trozo de pan. De postre una manzana. Vuelvo al salón con la bandeja. Me apetece ver una película, así que conecto el disco duro externo a la televisión, donde tengo mis películas. Conecto el menú y busco algo interesante. Encuentro «Un hombre tranquilo» y doy al play. He visto esa película infinitas veces, pero nunca me canso de verla: me gusta. Termino de comer y me levanto del sofá; no apago la tele. Me voy a la cocina, mientras sigo escuchando la película: me la sé tan de memoria que no necesito verla para verla en mi mente. Lavo los platos y los pongo a secar. Guardo la bandeja en el armario. Vuelvo al salón y me vuelvo a sentar en el sofá: solo me quedan unos 45 minutos para que termine la peli, así que me quedo hasta el final. Cuando termina, me levanto del sofá con una sonrisa de oreja a oreja: me encanta esta película. Apago la luz del salón y me voy otra vez al cuarto de baño: me lavo los dientes y vuelvo a hacer pis. Apago la luz y me voy a mi habitación. Me quito la ropa de casa y me pongo el pijama. Se me ha olvidado el vaso de agua para la noche, así que vuelvo a la cocina, cojo un vaso y lo lleno de agua; vuelvo a mi cuarto. Pongo el vaso de agua en la mesilla, me quito las zapatillas y me meto en la cama. Apago la luz; pienso: por hoy ya está bien, mañana será otro día. Buenas noches; rezo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
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