• Haiku 490 – 494

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• Haiku 490 – 494

[490]

Lluvia torrencial
en la cima del monte;
busco un refugio.

Lluvia torrencial en la cima del monte; busco un refugio.

[491]

Refulge el sol
entre las hojas verdes;
cantan los cucos.

Refulge el sol entre las hojas verdes; cantan los cucos.

[492]

Vuela la abeja
y en una flor se oculta;
bajo la lluvia.

Vuela la abeja y en una flor se oculta; bajo la lluvia.

[493]

El pajarito
deja huellas en la nieve;
canta y aletea.

El pajarito deja huellas en la nieve; canta y aletea.

[494]

Los crisantemos
en un rincón; aroma
a ropa limpia.

Los crisantemos en un rincón; aroma a ropa limpia.

 

Luis J. Goróstegui
#haiku

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CSI 233 – 234

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233. Alzhéimer.

En el tiempo perdido, en el invierno arcano tras el valle del infinito, mientras saboreo aquel café que sólo el abuelo sabe preparar, a la temperatura justa y con esas hierbas desconocidas para la ciencia que encontró en uno de sus extraños viajes más allá del horizonte, le sujeto las manos a mi abuela con cariño y le cuento recuerdos suyos que ya ha olvidado, borrados por su alzhéimer, mientras ella me sonríe sin saber ya quién soy yo.

Cuentos sin importancia 233-Alzhéimer

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234. Comienza el día.

Caminar sobre el musgo, mojado por el rocío, un frío amanecer; levantar el rostro, abrir los brazos y recibir los cálidos rayos del primer sol de la mañana; ceder el paso a un caracol que regresa al hogar tras una noche intensa; detenerme a escuchar el trino lejano de un pájaro que agita las alas y entra en calor; y, ya en casa, ese aroma a café recién hecho y pan caliente del desayuno que estimula las tripas y alegra el corazón: comienza el día.

Cuentos sin importancia 234-Comienza el día

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

 

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232. El vestigio.

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232. El vestigio.

«Cuenta la leyenda que con este artilugio, en el pasado remoto, antes de la gran devastación, los humanos viajaban al espacio; pero sabed que todo eso es mentira, pura propaganda malintencionada, pues la exploración espacial es sólo una superstición sin sentido, promovida por locos insensatos; y es más, es una ofensa a la razón, porque, como todos sabéis, el espacio siempre ha sido inhabitable, incapaz de albergar ningún planeta con vida salvo el nuestro.» –explicó el gurú a sus alumnos mientras visitaban las ruinas de «el vestigio», como se conocía a los restos oxidados del transbordador espacial, último indicio de un pasado –negado por los últimos humanos supervivientes de la gran explosión– más esperanzador; anterior a que se olvidara todo conocimiento, toda sabiduría; antes de la gran guerra, cuando los humanos aún tenía futuro; antes de que la humanidad regresara a la edad de piedra.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 232-El vestigio

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• Haiku 485 – 489

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• Haiku 485 – 489

[485]

El silencioso
vuelo de una semilla;
alcanza el bosque.

El silencioso vuelo de una semilla; alcanza el bosque.

[486]

Copos de nieve
inundan la vaguada;
como una nube.

Copos de nieve inundan la vaguada; como una nube.

[487]

El sol inunda
la frondosa floresta;
brillan los peces.

El sol inunda la frondosa floresta; brillan los peces.

[488]

Sobre el rocío
las luciérnagas vuelan;
en noche clara.

Sobre el rocío las luciérnagas vuelan; en noche clara.

[489]

Suena la flauta
en el monte nevado;
retumba el eco.

Suena la flauta en el monte nevado; retumba el eco.

 

Luis J. Goróstegui
#haiku

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231. El asesino del ajedrez.

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231. El asesino del ajedrez.

Se le conocía como el asesino del ajedrez, ya que siempre firmaba sus crímenes dejando una pieza de ajedrez dentro de la boca de sus víctimas. Dada su peligrosidad no se escatimaron esfuerzos para capturarle, aunque el precio fue alto, y yo, como jefe del departamento de homicidios, estuve en todo momento atento al más mínimo indicio que pudiera conducirnos a su captura, de manera que fuese capaz de anticipar mis movimientos a los suyos. Afortunadamente el asesino se confió de su superioridad y conseguimos localizarle en un motel de las afueras. Tras estudiar la jugada, comenzamos con un posicionamiento en pinza a doble banda alrededor del sospechoso. En cuanto el sujeto advirtió nuestros movimientos efectuó un enroque con el que casi nos dio esquinazo, menos mal que mi equipo consiguió acorralarle junto a la torre y que los peones de la fábrica cercana nos echaran una inestimable ayuda. Finalmente, y tras un intercambio de arriesgados ataques y defensas, pudimos detenerle, no sin antes tener que lamentar la pérdida de tres peones y un agente a caballo; fue lo que se dice un jaque mate sangriento.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 231-El asesino del ajedrez

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CSI 227 – 230

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227. Un tallo segado

Un tallo segado de bambú cae
y tras él tres samuráis degollados
con un corte limpio de katana,
manchando de sangre la nieve pura;
el ronin los ajustició
para restablecer el honor de su señor.

Cuentos sin importancia 227-Un tallo segado

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228. La nevera llena.

Organizó una cena en casa con sus amigos; tras los postres todos la felicitaron y alabaron el excelente menú, y ese sabor tan sabroso del guiso de carne. «Pues tengo la nevera llena; si queréis repetir…», les respondió con una sonrisa mientras, con disimulo, limpiaba de restos de sangre el machete con el que había descuartizado a su marido harta de sus maltratos.

Cuentos sin importancia 228-La nevera llena

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229. La partida de ajedrez.

Para el jugador sólo eran figuras de madera que movía por el tablero; pero cada pieza del ajedrez se veía forzada, por el insondable destino, a moverse sin saber el motivo de sus acciones, en ese mundo cuadriculado en el que le había tocado vivir.

Cuentos sin importancia 229-La partida de ajedrez

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230. El violinista.

La música sonaba suave, melodiosa, rítmica, con algún toque virtuoso entremezclado, pero nadie le miraba; pasaban a su lado sin hacerle caso, ni el más mínimo; en cualquier teatro hubieran tenido que pagar un elevado precio por poder escuchar una música tan excepcional y, sin embargo, nadie se detenía. Y el mendigo seguía tocando con maestría en su esquina de siempre, mientras recordaba sus años de primer violín en la filarmónica hace ya… mucho tiempo…, demasiado tiempo.

Cuentos sin importancia 230-El violinista

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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• Haiku 480 – 484

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• Haiku 480 – 484

[480]

El búho vuela
las noches de verano;
luna brumosa.

El búho vuela las noches de verano; luna brumosa.

[481]

Sudan las nubes
llovizna que refresca;
¡con tanto calor!

Sudan las nubes llovizna que refresca; ¡con tanto calor!

[482]

Como las flores
en la cima del monte;
las mariposas.

Como las flores en la cima del monte; las mariposas.

[483]

Tras la nevada
surge el cielo estrellado;
¡mira allí, Venus!

Tras la nevada surge el cielo estrellado; ¡mira allí, Venus!

[484]

Al amanecer
golpetea la lluvia;
y me despierta.

Al amanecer golpetea la lluvia; y me despierta.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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226. Juguetes olvidados.

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226. Juguetes olvidados.

Los viajeros del tiempo controlan la historia; van dejando por ahí –por donde la fluctuación temporal alcanza cimas críticas sin previo aviso–, sensores calibrantes regulatorios con los que ajustan de forma indetectable el gradiente de eventos equidistantes; pero lo hacen disimuladamente para que no nos demos cuenta, pues de lo contrario no sería posible la compaginación de sucesos. Por ello diseñaron sus sensores con apariencia de viejos juguetes olvidados. Así que ya sabes, la próxima vez que encuentres en algún rincón perdido de tu casa un juguete del que no tienes ningún recuerdo, ten la seguridad que se trata de uno de sus artefactos temporales. Y, por favor, no lo rompas; vuélvelo a colocar donde lo encontraste y olvídate de él: la historia te lo agradecerá. ¿Qué quién soy yo?… pues soy el tú del futuro, y mejor que no sepas nada más por tu bien… y el de la humanidad.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 226-Juguetes olvidados

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225. La poesía profética de los ensueños.

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225. La poesía profética de los ensueños.

Más allá del arcoíris, donde los sueños se hacen realidad, el joven duende se dirige hacia la luna de otoño en busca del alado hipogrifo blanco, único conocedor de la senda que le debe llevar a traspasar las lejanas murallas de Khronen hasta llegar al legendario santuario de los guardianes de la verdad. Lleva en su zurrón el papiro que le dio su anciano padre antes de marchar al más allá; en él está escrito la poesía profética de los ensueños, donde los ancianos dejaron constancia de la sabiduría ancestral del sagrado clan Ooma que sólo los guardianes de la verdad saben descifrar, y que, según la leyenda, vaticina la victoria de un valiente guerrero que ha de devolver la luz al bosque, y con él la serenidad al universo. Y el caso es que el valiente duende se ha ofrecido voluntario para tan peligrosa misión sin saber que él es el predestinado para cumplir la sagrada profecía.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 225-La poesía profética de los ensueños

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• Haiku 475 – 479

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• Haiku 475 – 479

[475]

Llega el sofoco
y evoco el frío invernal;
un viejo amigo.

Llega el sofoco y evoco el frío invernal; un viejo amigo.

[476]

Cierra los ojos
al caminar descalzo;
sobre el rocío.

Cierra los ojos al caminar descalzo; sobre el rocío.

[477]

Flor de cerezo;
se va la primavera
y aún queda una.

Flor de cerezo; se va la primavera y aún queda una.

[478]

El frío sol
atempera la niebla;
al amanecer.

El frío sol atempera la niebla; al amanecer.

[479]

El sol se filtra
a través de las hojas;
cierro los ojos.

El sol se filtra a través de las hojas; cierro los ojos.

Luis J. Goróstegui
#haiku

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Owea’koo

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Como colofón al reto #NefeRetoMarzo (marzo 2019) de @jardindebonsais [consistente en escribir relatos en Twitter utilizando cada día la palabra propuesta], he escrito este cuento, «OWEA’KOO», en el que incluyo TODAS las palabras (las 31 palabras) propuestas en el reto (ver su significado al final del cuento):

 

Owea’koo.

Éranse una vez dos reinos enfrentados. De un lado el de los oweu’a, del otro el de los o’okoo. Su enemistad no tiene un principio fáctico pues procede del brumoso origen de los tiempos, de una época ya olvidada. ¿El germen?, nadie puede decirlo, pues ya nadie lo recuerda, ni siquiera los más ancianos. Tampoco los escritos de los antepasados hablan de aquello. Sólo se sabe que existe, y si existe es porque hay algún motivo para ello, arguyen. Con eso tienen suficiente para mantener vivo el odio ancestral y cada cierto tiempo el campo de batalla se cubre del denso crúor de los muertos de ambos bandos, lo cual hace que el anhelo de ultriz revancha vuelva a rearmar el aborrecimiento y el rencor mutuos; es una animadversión realimentada. Sí, son tiempos flébiles. Existe, no obstante, una leyenda arcana que habla de un oráculo que afirma que llegará un tiempo en el que la paz alcanzará a aquellos reinos, pero ya nadie cree que aquella profecía llegue a cumplirse.
Eothenu es un joven intrépido al que le preocupa el sinsentido del continuo estado de guerra en el que viven y ansía la paz. Su padre, A’enadil, rey de los oweu’a, a pesar de que lo quiere con todo el alma, lo considera, sin embargo, idealista, utópico y algo nefelibata –en el peor sentido de la palabra–, y le duele, como herida urente de espada, que su hijo no considere a los o’okoo su enemigo mortal.
Un occiduo atardecer de cielo abigarrado, en un nemoroso paraje feérico, junto a una colina sáxea, cabalgando un ecuestre éhalo de colmillos de sable y piel azulverdosa por la cencida orilla del río Nei’e –frontera con el reino enemigo–, entre canoros cantos de los traviesos deneck’ii, Eothenu coincide con una joven. Ella está en la otra orilla. La reconoce nada más verla: es la hija de Ukune, la reina de los o’okoo, y se llama Saelora. Viste una elegante túnica inconsútil de tejido azul y cuero, tiene unos hermosos ojos color rosicler y porta un arco y un carcaj con flechas. Ella también ha salido a cazar. Saelora también reconoce a Eothenu, y, al igual que él, también ansía la paz entre los dos reinos.
―Hola –le saluda Eothenu.
―Hola –le responde Saelora.
Y así fue como llegaron a conocerse. Y, como es de prever, sus respectivos padres se enteraron y, claro, les prohibieron volverse a ver. Pero sabiendo cómo son los jóvenes, y a pesar de la severa prohibición, no os sorprenderá enteraros de que durante los siguientes días se siguieron citando a escondidas, y, así, como os podéis imaginar, se enamoraron. Era inevitable. Y eso que hay ciertas cosas que no les acaban de gustar uno del otro, sí. Por ejemplo, Saelora opina que sería urgente que Eothenu se lavara con más frecuencia pues su catinga es tal que logra atravesar su reino y entrar por la ventana de su habitación, emponzoñando todo el castillo con su hediondo olor corporal; a lo que Eothenu le responde que más valdría que ella se desasnara primero; y ella le acusa de heredípeta, y su forma de decirlo da a entender que le achaca el usar métodos no del todo legales en sus negocios; y él le culpa de ser ojienjuta, como queriendo sugerir su falta de empatía y sensibilidad ante la desgracia ajena; ella le incrimina por muflir sin recato, por comer sin educación; él de tener un vergonzoso carácter desopilante en exceso; y así podríamos seguir ad infinitum, pero no merece la pena porque no queda muy claro si lo dicen en serio o sólo son exageraciones para pincharse entre ellos, pues todo ello no impide que se amen –ya sabéis, cosas de jóvenes–, pero me estoy desviando de la historia. Por dónde iba, ah sí, ahora os cuento lo del secuestro.
Keuho es un corsario con mala fama, un viejo lobo de mar de los bajos fondos, alguien oscuro y sin piedad, un licnobio acostumbrado a la canallada, la traición y la felonía, de mirada oblicua y rostro surcado de infinitas cacarañas, recuerdos de sus pérfidos pillajes, robos y saqueos. Una noche de tormenta, iluminada por terribles rayos y fucilazos, en un tugurio de mala muerte, le ofrecen un negocio. «Recibirás el resto cuando lleves a cabo tu cometido», le dicen un par de sombras que se ocultan en una esquina de aquella sucia cantina. «De acuerdo, no habrá problemas, yo me encargaré», les contesta Keuho queriendo abemolar su agrio tono de voz de ultratumba; y, sin despedirse, se levanta y se marcha. Afuera el corsario cazcalea mientras recuenta avaricioso el dinero de la bolsa, y en eso alguien arroja por la ventana el agua de una palangana y le alcanza y Keuho se vuelve y para sus adentros exclama «¡maldito disantero, mal rayo te parta!» pero no se detiene y se pierde en la oscuridad del clivoso callejón.
A la noche siguiente Eothenu y Saelora pasean por el puerto y un par de sombras les atacan por la espalda y les cubren la cabeza con un saco. Mientras, oculto en un callejón oscuro, Keuho observa complacido cómo sus dos esbirros raptan a los jóvenes. Está satisfecho, sin duda; ha sido un trabajo limpio y sin complicaciones. Un dinero fácil. Y, sin que nadie se entere, se los llevan a un navío amarrado en el puerto y éste eleva anclas y zarpa velívolo rumbo a su guarida.
A la mañana siguiente el rey A’enadil recibe un mensaje que reza así: «O alcanzas la paz permanente con los o’okoo o tu hijo morirá. Tienes una semana de plazo». Casi a la misma hora la reina Ukune recibe otro mensaje semejante: «O alcanzas la paz permanente con los oweu’a o tu hija morirá. Tienes una semana de plazo». Ninguno de los dos mensajes está firmado, pero cada uno de ellos lleva consigo un mechón de los respectivos cabellos de los príncipes.
―¡Le han secuestrado los o’okoo! –gritan enfurecidos los oweu’a.
―¡La han secuestrado los oweu’a! –gritan exaltados los o’okoo.
Sin perder tiempo los reyes ordenan de inmediato a sus ejércitos iniciar la búsqueda. Pero tras días de intenso rastreo nadie da con los secuestrados. No hay ninguna pista de ellos ni de sus secuestradores. Sus padres están desesperados. De modo que al séptimo día no tienen otro remedio, a su pesar, que pactar la paz entre ambos reinos.
A la mañana siguiente Eothenu y Saelora aparecen liberados sanos y salvos. Y esa misma noche Keuho recibe, en el mismo tugurio que la vez anterior, el resto del pago acordado por sus servicios, pero en esta ocasión, cuando el codicioso corsario se marcha, la luz de una lámpara ilumina a sus pagadores: se trata de Eothenu y Saelora que se sonríen satisfechos. Sí, se habían propuesto conseguir a toda costa que sus reinos alcanzaran la paz, y para ello no dudaron incluso en simular su propio secuestro; y no fue una operación carente de riesgo, ni mucho menos, pues para ello tuvieron que relacionarse y llegar a acuerdos con gentes indeseables –y ahí dieron muestra, sin duda, de poseer ambos un marcado agibílibus–, poniendo en peligro su propia vida. Ahora sí, con la tan ansiada reconciliación eran libres –es más, libérrimos– de casarse sin la oposición de sus padres ni el rechazo de sus conciudadanos. Aquella noche ambos lo celebraron sacalípticamente.
Es de justicia apuntar, no obstante, que aunque la paz entre los oweu’a y los o’okoo fue sincera y efectiva durante los últimos años de los reinados de A’enadil y Ukune, eso no fue óbice para que, de vez en cuando, se siguieran produciendo algunos enfrentamientos –no era lógico pensar que una enemistad de tantos años se pudiera acabar de la noche a la mañana–, pero también es cierto que eran enfrentamientos… digamos… de poco calado. Fue por esa situación aún algo inestable que Eothenu y Saelora no les explicaran a sus padres la verdad de su secuestro simulado, pues temían que, en caso de saberlo, aquella paz primeriza pudiera echarse a perder y que volviera, por tanto, la antigua hostilidad entre ambos reinos.
Poco tiempo después sucedieron al unísono tres acontecimientos de suma importancia para la feliz conclusión de esta historia: en primer lugar Eothenu y Saelora se casaron, y en ambos reinos se celebró con grandes fiestas; en segundo lugar los reyes del reino de Oweu’a y los del reino de O’okoo, ya mayores, decidieron abdicar en favor de sus hijos; y en tercer lugar, y como consecuencia natural de los dos primeros, ambos reinos se constituyeron en uno solo, y le llamaron el reino de Owea’koo. Fue a partir de aquel momento que la total y completa paz de la que hablaba la leyenda llegó a su plenitud. Ahora sí, la profecía de antaño se había cumplido. Y todos fueron felices y comieron perdices, bueno… hasta que sucedió la invasión de los sanguinarios höonlt procedentes de las salvajes tierras del norte, al mando de Throor, el Terrible, pero esa es otra historia.

Luis J. Goróstegui
Mi Twitter: @ObservaParaiso

Cuentos sin importancia 980-FACEBOOK-Owea’koo

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NOTA:
Éstas son las 31 palabras propuestas, para el reto #NefeRetoMarzo (marzo 2019), por @jardindebonsais:

Día 1: Nefelibata: Persona soñadora.
Día 2: Flébil: adj. poét. Digno de ser llorado.
Día 3: Urente: adj. Que escuece, ardiente, abrasador.
Día 4: Nemoroso/a: adj. poét. Perteneciente o relativo al bosque. Cubierto de bosques.
Día 5: Desasnar: tr. coloq. Hacer perder a alguien la rudeza, o quitarle la rusticidad por medio de la enseñanza.
Día 6: Sáxeo/a: adj. De piedra.
Día 7: Desopilante: adj. Festivo, divertido, que produce mucha risa.
Día 8: Ultriz: adj. desus. Vengadora. (adj. Que venga o se venga.)
Día 9: Inconsútil: adj. Sin costura.
Día 10: Occiduo/a: adj. Perteneciente o relativo al ocaso.
Día 11: Crúor: m. poét. Sangre.
Día 12: Cencido/a: adj. Dicho de la hierba, de una dehesa o de un terreno: Que aún no ha sido hollado.
Día 13: Canoro/a: adj. Dicho de la voz de las aves y de las personas: Grata y melodiosa.
Día 14: Heredípeta: m. y f. p. us. Persona que con astucias procura proporcionarse herencias o legados.
Día 15: Ojienjuto/a: adj. coloq. Que tiene dificultad para llorar.
Día 16: Licnobio/a: adj. sust. Dicho de una persona: Que vive con luz artificial, haciendo de la noche día.
Día 17: Disantero/a: adj. p. us. Dominguero.
Día 18: Catinga: f. Olor que algunas personas exhalan al transpirar.
Día 19: Cacaraña: f. Cada una de las señales que hay en el rostro de una persona debida a la viruela o a otras causas.
Día 20: Rosicler: 1. m. Geol. Plata roja; 2. adj. poét. Dicho de un color: Rosa claro y suave, semejante al de la aurora.
Día 21: Muflir: tr. germ. Comer a dos carrillos.
Día 22: Agibílibus: m. coloq. Habilidad, ingenio, a veces pícaro, para desenvolverse en la vida.
Día 23: Libérrimo/a: adj. Superlativo de libre.
Día 24: Fucilazo: m. Relámpago que ilumina la atmósfera en el horizonte por la noche.
Día 25: Velívolo/a: adj. poét. Velero, que navega a toda vela.
Día 26: Clivoso/a: adj. poét. Que está en cuesta.
Día 27: Cazcalear: intr. coloq. Andar de una parte a otra fingiendo hacer algo útil.
Día 28: Sacalíptico/a: adj. Perteneciente o relativo a la sicalipsis. (Sicalipsis: f. Malicia sexual, picardía erótica.)
Día 29: Abigarrado/a: 1. adj. De varios colores, especialmente si están mal combinados.
Día 30: Feérico/a: adj. Perteneciente o relativo a las hadas.
Día 31: Abemolar: tr. Suavizar, dulcificar la voz.

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224. Algo muy natural.

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224. Algo muy natural.

Hoy es noche de luna llena y la emoción me embarga. En desvelo aguardo el momento esperado. Me provoca un insomnio permanente que me resulta casi imposible de sofocar. En casa mis padres me dicen que no me preocupe, que es normal; al fin y al cabo el proceso de transformación en hombre-lobo es algo muy natural.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 224-Algo muy natural

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223. Otra mascota.

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223. Otra mascota.

―¡Mamá, me he encontrado un animal!… ¿puedo quedármelo?… ¡por favor!… Yo le daré de comer y le sacaré a pasear… ¡por favor, mamá!… Es muy bueno y no dará ningún problema… ¡por favor, mamá! –le gritó la niña desde el jardín, mientras su madre, sentada en el salón, intentaba imaginar un final original para su novela.
―¡Otra mascota!… ¿qué será esta vez? –pensó su madre.
Ésta era la cuarta mascota de la pequeña Alicia: primero fue un precioso perrito de sedoso pelo negro y blanco, llamado Pícaro, que sus padres le compraron cuando llegaron a vivir a su nueva casa, hacía tres meses; después fueron llegando Lucero –un pequeño roedor–, y Saltarín –una cría de antílope–, que la pequeña había encontrado en la pradera –aunque en el caso de Saltarín sus padres sólo aceptaron con la condición de que nunca entrara en casa, que siempre estuviera en la granja y que Alicia se encargara de cuidarle y darle de comer–. Alicia aceptó encantada.
Su madre hizo un esfuerzo y se levantó de la mesa –eran demasiadas interrupciones, así nunca terminaría su novela, pensó–; se dirigió a la ventana pensando que vería a su hija junto a algún tipo de hurón o algo similar, o incluso algún puercoespín… aunque rezaba para que no fuera otra clase de animal.
Cuando los padres de Alicia decidieron venir a vivir aquí sabían que tendrían que adaptarse al nuevo entorno, pero era una oportunidad que no podían dejar pasar: la empresa de su marido le había ofrecido un buen puesto en la nueva sucursal y ella aprovecharía la ocasión para ambientar sus siguientes novelas en este nuevo lugar; las posibilidades eran demasiado sugestivas.
Sin embargo cuando asomó la cabeza por la ventana no daba crédito a lo que veía: Alicia estaba junto a un enorme elefante…, grande…, realmente espectacular. Y es que esos eran los riesgos de venir a vivir a África.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 223-Otra mascota

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• Haiku 470 – 474

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• Haiku 470 – 474

[470]

En primavera
el frío pasajero;
hiela el rocío.

En primavera el frío pasajero; hiela el rocío.

[471]

Caen las hojas
como copos de nieve;
unas sobre otras.

Caen las hojas como copos de nieve; unas sobre otras.

[472]

Todos aguardan
junto a la chimenea;
al frío invernal.

Todos aguardan junto a la chimenea; al frío invernal.

[473]

Entre amapolas
en el dorado trigal;
el sol asoma.

Entre amapolas en el dorado trigal; el sol asoma.

[474]

En sofocantes
mañanas de verano;
la lluvia asombra.

En sofocantes mañanas de verano; la lluvia asombra.

 

Luis J. Goróstegui
#haiku

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222. En ocasiones veo sirenas.

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222. En ocasiones veo sirenas.

26-agosto-2016.

De crucero por el océano, donde el atardecer luce espléndido, me acabo de asomar desde la cubierta y una suave brisa me ha dado la bienvenida. En eso veo dos bellas sirenas nadando junto al barco; me saludan con una sonrisa; me froto los ojos para cerciorarme de que no es un sueño. Se sumergen en las profundidades y no las vuelvo a ver. Por eso escribo este mensaje y lo echo al mar dentro de una botella: para constatarlo. Supongo que nadie me creerá, pero yo sé que es cierto.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 222-En ocasiones veo sirenas

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221. Buenos días, cariño.

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221. Buenos días, cariño.

Amanece. La quietud invade el recoleto rincón del valle con un silencio sagrado. Sólo los trinos lejanos rompen el alba. El joven regresa de los montes cercanos con algunos troncos a sus espaldas. La puerta de su casa está abierta y hasta él llega el delicioso aroma a pan recién hecho. Corriendo sale a recibirle su pequeño hijo; riendo se abraza a su padre. «¿Dónde está mamá, hijo?», le pregunta mientras deja los troncos en el suelo. «Se está duchando», le contesta el niño mientras le ayuda a meter algunos troncos en casa. «Anda, vete a jugar mientras se termina de hacer la comida», le dice su padre. Y mientras el pequeño corre a jugar con el perro, su padre entra en casa, llega al baño donde se está bañando su esposa y entra en él. «Buenos días, cariño», le dice mientras entra en la ducha. Se oyen risas cómplices.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 221-BUENOS DÍAS, CARIÑO

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• Haiku 465 – 469

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• Haiku 465 – 469

[465]

Quién sabe cuándo
caerá la avalancha;
y ni le importa.

Quién sabe cuándo caerá la avalancha; y ni le importa.

[466]

Con el sol alto
corren sobre la arena;
la mar reposa.

Con el sol alto corren sobre la arena; la mar reposa.

[467]

Tras el verano
el suelo se tapiza;
de hojas caídas.

Tras el verano el suelo se tapiza; de hojas caídas.

[468]

La mariposa
no quiere maremotos;
sólo aletea.

La mariposa no quiere maremotos; sólo aletea.

[469]

Ves desde lo alto
un punto en el espacio;
este planeta.

Ves desde lo alto un punto en el espacio; este planeta.

 

Luis J. Goróstegui
#haiku

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220. La biblioteca.

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220. La biblioteca.

Se hace de noche y todo se queda vacío; el silencio invade la gran sala de libros. En eso un anciano caballero con el pelo algo descuidado y aspecto de no haber dormido bien, como surgiendo de entre las sombras, se sienta en el sillón y contempla la biblioteca, y, mientras enciende su pipa, saluda al capitán Ahab que conversa con la reina de Corazones, que está indignada por no sé qué niña entrometida que no hace más que molestarla a todas horas. En cinco minutos la sala se llena de infinidad de personas que parecen provenir de épocas distintas y usan variopintas vestimentas: aventureros, espadachines, viajeros del espacio, detectives, asesinos, vagabundos, caballeros andantes, duendes, elfos, príncipes y princesas, guerreros, incluso ogros y dragones; translúcidos seres toman forma y surgen de entre los libros, y parecen disfrutar de unos valiosos minutos de asueto nocturno, descansando de sus ajetreados y, en ocasiones, peligrosos quehaceres cotidianos: son los personajes de los libros que todas las noches, cuando nadie les ve, salen de sus páginas y deambulan por la biblioteca respirando ese aroma a papel y cuero viejos tan evocadores, o viven por unas horas –visitando otros libros– otras vidas; unas horas para recuperar fuerzas y volver a morar cuando sale el sol, con renovadas energías, sus apasionantes vidas.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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Cuentos sin importancia 220-La biblioteca

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219. Anonimato.

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219. Anonimato.

Se celebraba un campeonato de salto de trampolín en el colegio. La saltadora subió al tablón, se concentró y saltó. Mientras descendía su cuerpo se contorsionaba realizando portentosas acrobacias; realizó un salto perfecto, elegante, preciso. Abajo la observaban sus contrincantes y todo el público contenía la respiración expectante. Pero justo en el instante en que tocó el agua con las puntas de sus dedos tanto el agua de la piscina como la saltadora quedaron congelados como el hielo: el agua un espejo; ella una estatua de cristal, vertical, perfecta. El público no salía de su asombro. Sin embargo un hombre del público, que lo vio todo, actuó con la máxima rapidez, ejecutó un conjuro y detuvo el tiempo. Con otro hechizo doble descongeló la piscina y a la saltadora y modificó la percepción sensorial del público de manera que no pudieran percatarse de lo que realmente acababa de suceder. A continuación volvió a activar el tiempo: la saltadora entró en el agua y el público aplaudió el magnífico salto. Todo sucedió en unos pocos segundos. El hombre salió disimuladamente y logró capturar a la causante del suceso. Mientras tanto los organizadores, bajo los efectos del conjuro, achacaron todo a un problema técnico –aunque no les quedó muy claro a cuál realmente–; también el público pensó lo mismo, o quizá el reflejo del agua les había hecho ver una ilusión. Afuera del recinto de la piscina la acusada confesó entre lágrimas de arrepentimiento: tenía envidia de la saltadora; era mejor que ella y seguro que ganaba el concurso de salto a menos que ella la detuviera, y no se le ocurrió nada mejor que congelarla; no quería provocar ningún problema, lo hizo sin pensar –repetía una y otra vez–. Como era su primer delito, el hombre sólo la castigó a realizar trabajos sociales durante un mes y a no volver a hacer nada parecido delante del público.
―La próxima vez no seré tan benévolo y te llevaré ante un juez del Ministerio de Magia. ¡Sabes perfectamente que está terminantemente prohibido realizar conjuros mágicos delante de los no-magos!
Y la dejó marchar. El hombre, inspector de policía mágica, la vio irse y pensó: Cada vez es más complicado mantener nuestro anonimato entre los no-magos; quizá sea el momento de darnos a conocer. Al fin y al cabo, ¿Por qué deberíamos mantener nuestra naturaleza mágica en secreto?, se preguntó mientras regresaba a la comisaría.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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Cuentos sin importancia 219-Anonimato

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• Haiku 460 – 464

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• Haiku 460 – 464

[460]

Cuida los pasos
si andas sobre la nieve;
es traicionera.

Cuida los pasos si andas sobre la nieve; es traicionera.

[461]

Entre las flores
el agua se almacena;
cuando no llueve.

Entre las flores el agua se almacena; cuando no llueve.

[462]

Alzan el vuelo
desde el acantilado;
se pone el sol.

Alzan el vuelo desde el acantilado; se pone el sol.

[463]

Caen al suelo
los valientes polluelos;
mas logran volar.

Caen al suelo los valientes polluelos; mas logran volar.

[464]

El magma ardiente
fluye por la ladera;
la noche brilla.

El magma ardiente fluye por la ladera; la noche brilla.

 

Luis J. Goróstegui
#haiku

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