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723. Más cerca de las estrellas

Me ciega la luz del cielo, mas mi mirada no puedo apartar del deseo sin fondo de conquistar un nuevo amanecer, allá, más cerca de las estrellas que de mi propio mundo incierto. Quizá sea por eso que busco sin desfallecer un nuevo hogar, porque el que ahora tenemos, ya marchito, se acaba; y allá, donde me lleve el viaje, puede que encuentre un lugar mejor, un rincón que nos permita ser mejores de lo que nunca fuimos, incluso de lo que nunca seremos. Eso espero, por mi bien y el futuro de la humanidad que aguarda, con anhelos de inocencia rejuvenecida, mi regreso, con el trofeo de la tarea encomendada de encontrar un nuevo planeta donde podamos volver a crear una sociedad más limpia, más generosa, más humana.

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724. Cena en la costa

En un pequeño restaurante costero cenan algunas familias. En una de las mesas celebran el cumpleaños de la hija mayor. El hijo pequeño, sin embargo, ha cogido una rabieta y no para de llorar.
―¡Pues yo sí creo que existen las sirenas y los seres mágicos del mar! –grita el niño mientras se sorbe los mocos y se frota los ojos inundados de lágrimas.
―No, hijo, no, esos seres no existen –le intenta explicar su madre.
De segundo han pedido una fuente de cangrejos; es la especialidad de la casa. El camarero, mientras los pesca de la pecera que está en el escaparate del restaurante, les asegura que han sido capturados esa misma mañana.
―¡Que sí!, que parecen peces, o pulpos, o gambas, pero no lo son, ¡que he leído libros…! que viven en el fondo del mar, junto a las sirenas –repite obstinado el niño.
―Pero esos son cuentos de hadas, no son de verdad –le responde su padre.
El alboroto que arma el niño con su berrinche comienza a ser la atracción del restaurante; y quizá sea por eso que, mientras el camarero se lleva los cangrejos para cocerlos, nadie se fija en los aspaviento de uno de aquellos crustáceos –uno de los diminuto seres mágicos que habita el fondo marino y que había sido capturado esa misma mañana– que, suplicante, implora muda misericordia.

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725. Un despertar

Un bostezo, un desentumecimiento, un rayo de sol que incide y deslumbra sus aún entornados ojos; la nieve ya no parece tan fría, la templada primavera le saluda al amanecer; el oso se espabila y asoma el hocico fuera de su cueva; el invierno ha terminado, el rey del bosque vuelve a su trono.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia