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714. La fe en el mañana

Evoco el amor con que conservaba los recuerdos de un pasado ya remoto, donde la nostalgia se confunde con la ilusión de una fantasía desbordante, incluso desconcertante. Quizá el sueño se torne realidad y el rumbo que una vez perdí entre las estrellas del cielo me guíe de nuevo al sendero cierto que lleva al paraíso anhelado. Nada se ha perdido aún si perdura la fe en el mañana certero, pues todas las pruebas pasadas incrementan la recompensa prometida.

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715. Lo que tenemos

Retratemos el sol desde lo alto de la atalaya, caminando en pos de la luz de un nuevo amanecer; comamos una rosquilla de miel y azúcar, rozando con nuestros pies descalzos aquella flor recién nacida que anuncia la llegada de la primavera; cuidemos la Tierra con todo nuestro esfuerzo, sabiendo que no encontraremos un lugar mejor donde vivir; seamos conscientes de lo que tenemos, no sea que, si lo perdemos por nuestra insensatez, sólo nos quede llorar por todo aquello que no volveremos a tener.

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716. Odisea

Recorres el frío universo, viajando de estrella en estrella, a la búsqueda de aquel amor incierto que la nieve cubrió un amanecer sin nubes, anhelando que esté a la vuelta de la esquina, sin ni siquiera sospechar que la luz del cercano sol camufla aquel hogar que te aguarda paciente.

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717. Romance

El canto que mi amor sublima, entre tu cuerpo y mis labios, surca el cielo en un suspiro que a la deriva nos lleva; mas de tu risa sincera, que a mis ojos obnubila, no pretendo liberarme –te lo aseguro–. ¿Recuerdas cuándo nos conocimos? Fue una mañana de verano, en el parque; te escuché reír y te miré, tú me miraste; yo tenía casi diez años, tu ocho y pico.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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