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Entrevista al dinosaurio de Monterroso.

He tenido el inmenso honor de poder entrevistar al famoso dinosaurio del microcuento de Monterroso. Al igual que el genio de la lámpara, me ha concedido tres preguntas (también me permite que le tutee).
―Primera pregunta: Todos hemos leído el microcuento de Monterroso, o hemos oído hablar de él y de su famoso dinosaurio, pero realmente ¿quién eres; cuál es tu nombre?
―En realidad soy muchas cosas, y tengo muchos nombres. Soy un dinosaurio, sí, pero también soy la página en blanco a la que se enfrenta el escritor, o el lienzo vacío del pintor; soy el dictador que oprime a su pueblo, y el miedo o la indignación que se extiende por doquier ante su tiranía; soy el hambre de los pobres, mientras los ricos despilfarran la comida y la tiran a la basura; soy el corrupto que estafa, y el egoísmo y la codicia del usurero; soy la voracidad, el sinsentido de la contaminación y de la deforestación salvaje que destruye vuestro planeta y mata la vida que os sustenta, a vosotros humanos, provocada por quienes sólo quieren enriquecerse a toda costa. Pero también soy la esperanza en un mundo mejor, la ilusión en el mañana, la creencia, a pesar de todo, en la humanidad; soy el destino, soy vuestra conciencia.
―Segunda pregunta: ¿cuál es tu misión; qué sentido tiene tu presencia allí?
―En el microcuento permanezco simplemente allí, aparentemente sin hacer nada, pero mi cometido es más profundo, tiene un sentido más oculto, más trascendente: Soy el faro que ilumina la noche, y la luz que alumbra vuestras noches de angustia, de incertidumbre, pero también quien guía vuestra esperanza, vuestra ilusión… Soy vuestro custodio; mi sola presencia agita vuestra conciencia. Mi trabajo es ser «la voz que grita en el desierto» ante la indiferencia de quienes se dejan llevar por el desdén o el egoísmo y la ambición desmedida; soy el niño del cuento que grita «¡el emperador está desnudo!».
―Tercera y última pregunta: En el microcuento aparece alguien que se «despertó». ¿Quién es ese alguien?
―Es cada uno de vosotros: niño, adulto, anciano, hombre, mujer, incluso la humanidad entera. Todo el que se levanta y, al verme, se da cuenta que debe lucha por sus creencias; todo el que tiene ilusión y no se deja abatir por la desidia; todo el que vive para ayudar a los demás, incluso el que muere por ello. Pero también es todo aquél que se acuesta –que se esconde– con la creencia de que sus problemas estarán resueltos, como por arte de magia, cuando despierte y descubre perplejo que, «cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
Me despido del dinosaurio, agradeciéndole la deferencia que ha tenido conmigo, y con la esperanza de que ésta no sea la última vez que pueda conversar con él.

[FIN]

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia