[Un #microcuento, de Luis J. Goróstegui, para el #ddp224 @M4627C]

―¿Café? –preguntó el camarero al atender al cliente.
―ⱦ₩₡₲⃝₪₮Ⅎₔ₇⅟ⱦ –repitió el turista intentando vocalizar mejor.
El extranjero vestía y actuaba raro, pero el camarero no quería echarlo del bar, para un cliente que entraba a consumir…; con lo de la pandemia no estaban como para desperdiciar clientes, así que insistió.
―¡Manolo, échame un cable, a ver si le entiendes tú que sabes idiomas!
―Good morning, bonjour, buenos días, caballero, ¿qué desea tomar el señor? –preguntó Manolo con su mejor sonrisa.
El turista levantó la mano como pidiendo paciencia, y, leyendo en lo que parecía ser una tablet, dijo vocalizando lentamente: «Watashi no sen’yō no ionka purazumakyaburetā wa arimasu ka?»
―¿Eso es japonés? –se dijeron alucinados los dos camareros.
El extranjero sonreía bobalicón.
―¡Esto, España; nosotros no japonés! –dijo Manolo elevando el volumen de voz.
El cliente volvió a pedir paciencia y tecleó en su tablet.
―Disculpen, soy… perdido. ¿Tener… vos… carburador de plasma ionizado para nave? –dijo esta vez el cliente en español señalando al cielo.
―¡Eso quizá en una gasolinera… ga-so-li-ne-ra!… ¡a-quí-no!
Y el extranjero hizo una mueca y se marchó. Manolo, decepcionado, tachó de su libreta el «café con bollos» que había apuntado con un lapicero.

Luis J. Goróstegui