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300. Haciendo amigos.

Todos me aconsejaban que no entrara en aquella casa abandonada. Contaba la leyenda que estaba encantada; que, por las noches, los fantasmas rondaban por sus habitaciones y mataban a todo aquel que osara entrar. Por eso se sorprendieron tanto cuando me vieron salir a la mañana siguiente, después de haber pasado toda la noche en ella. Yo sabía que estaban equivocados. Los fantasmas de esa antigua mansión nunca hubieran matado a nadie, y mucho menos a mí, que era uno de ellos. A partir de aquel día, mis compañeros de clase ya no me tomaron por un cobardica.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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