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299. El hada del árbol.

Mi abuela me contó que hace mucho tiempo, cuando era niña, una tarde de verano se sentó bajo un árbol. De repente oyó una risa, miró a todos lados pero sólo vio un pequeño pajarillo que cantaba alegre en una rama. «Hola, pequeño» –le dijo mi abuela, y le ofreció unas migas del pan del bocadillo que se estaba comiendo. De repente el pajarillo echó a volar pero no se fue lejos; se quedó a los pies de mi abuela, y mientras volaba se convirtió en una preciosa hada. «Gracias» –le dijo sonriente a mi abuela que, sorprendida, no daba crédito a lo que veía. Y a cambio de las migas, el hada le regaló un libro. «Espero que te guste, son cuentos de hadas» –le dijo a mi abuela, y emprendió el vuelo y se desvaneció entre la floresta. Aún conserva mi abuela el libro. No es un libro como los demás, ¡qué va!, los demás libros siempre terminan, éste no; siempre que lo abro para leerlo me encuentro con un cuento nuevo. Y cuando mi abuela me lee uno de esos cuentos antes de dormir sucede algo extraordinario: la habitación se transforma en un bosque y miles de hadas revolotean a nuestro alrededor cantando y riendo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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