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296. Inocente apariencia.

Algunas noches, la joven volvía a casa distraída; caminaba pensando en sus cosas, con la ropa toda ensangrentada; y es que no se fijaba en esos detalles. Además, si alguien la encontraba en la calle, se ponía a llorar y decía que un hombre la había atacado con un cuchillo, pero que había logrado huir. Y siempre la creían, con su aspecto frágil, tierno e indefenso; incluso la policía la acompañaba a su casa. Nadie, sin embargo, se fijaba en su sonrisa de satisfacción, ni en la nevera de la cocina, donde guardaba su despensa de sangre tras la caza nocturna, ni en sus afilados colmillos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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