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295. Secretos de familia.

Mi abuela siempre me contaba cuentos de hadas preciosos, repletos de emocionantes aventuras. Me los describía con vivos colores; escucharla era como habitar entre duendes y hadas, como volar a lomos de dragón, como correr descalzo sobre el musgo y nadar en lagos secretos en el corazón del bosque.
Pensaba que mi abuela se los inventaba, claro, hasta que un día, al preguntarle si realmente existían las hadas, me sorprendió al contestarme: «Ven, sígueme, ya tienes edad para conocer la verdad.» La acompañé hasta la catarata, más allá del torrente del río, y allí, ante mi sorpresa, mi abuela silbó con inusitada vitalidad. En eso sucedió algo a lo que no pude dar crédito: un grupo de hadas, no más grandes que pequeños colibríes, surgieron de entre las aguas, revoloteando alegremente. Miré sorprendido a mi abuela y ésta me dijo sonriente: «Sí, existen.» A partir de ese día vivo rodeado de hadas. Nadie lo sabe, claro; son las ventajas de vivir aislado en el bosque. ¡Ah, se me olvidaba!, no es que las hadas permitieran que un humano las pudiera ver, no, es que mi familia siempre ha sido algo especial; tan especial como que mi abuela es un hada, y mi madre también, por supuesto. Lo extraordinario, no obstante, fue que mi madre conoció a mi padre, un humano, y se fueron a vivir a la ciudad –para ello mi madre adoptó un aspecto humano, por supuesto–, hasta que, en un trágico accidente de aviación, murieron ambos: curioso, mi madre, un hada, falleció volando, pero son las cosas que tiene la vida, supongo. El caso es que yo seguí viviendo un tiempo en la ciudad, con unos tíos, hasta que recibí una invitación de mi abuela para ir a vivir con ella. Fue entonces cuando me contó la verdad, y supe que yo también era un hada, bueno, un hado. Reconozco que fue un shock para mí, pero también debo reconocer que hacía tiempo que intuía que algo se desarrollaba en mi interior, algo que me hacía sospechar de mis, digamos, especiales cualidades secretas…, cualidades que mi abuela y el resto de hadas me están enseñando a comprender y manejar. Porque, debéis saber que no es nada fácil ser un hada del bosque: hay aspectos inesperados y sorprendentes, y el dominar el proceso de transformación hada-humano, incluyendo el que te crezcan alas, no es el menor de ellos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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