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293. La tienda de figuritas de porcelana.

En un atardecer de otoño, en la tienda de figuritas de porcelana, la bella bailarina de la tercera estantería le dijo al joven estudiante situado sobre la mesita de té del escaparate:
―Hola. Eres nuevo, ¿verdad?
―Sí –le contestó tímidamente el muchacho.
―Me he dado cuenta por tu bufanda de colores; ¡sabes que provocas!… nadie que conozca por aquí llevaría una igual.
―No era mi intención… Lo siento… Fue idea del artesano que me creó…, siempre fue proclive a detalles como éste…; algo etéreo, ya lo sé, pero… qué quieres… al final te llega a gustar. Llegué ayer, me llamo Alberto; encantado. Aún estoy algo impresionado; nunca me habían puesto en un escaparate tan elegante.
Estimado lector, sí, ya sé, puede que la escena te parezca, cuanto menos, curiosa, pero esto no es nada, te lo puedo asegurar: hace casi tres meses la pareja de figuritas de huskies siberianos del rincón del aparador tuvieron una numerosa camada. El dueño de la tienda ya está acostumbrado. Todo lo achaca al campo magnético terrestre, o algo similar, así que tampoco le sorprendió comprobar, algunas semanas después, que la bailarina de la tercera estantería había quedado embarazada… de gemelos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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