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• (Csi109) – Cuando escribo (6): Las palabras son un tesoro.

Cuando escribo me gusta observar las palabras, sentir su tacto, saborear su significado. Las palabras son sorprendentes; casi se podría decir que hemos aprendido a contener, en ellas, el poder de Dios; y sin embargo, casi siempre, se nos quedan cortas para poder expresar, con ellas, lo que nuestro corazón siente: el verdadero poder de Dios.
En alguna ocasión, cuando estoy escribiendo un cuento y no encuentro las palabras adecuadas para expresar lo que quiero decir, me las invento, porque, después de todo, escribir es como explorar mundos, por lo que inventar palabras es lo más parecido que hay a descubrir mundos inexplorados. Una palabra, ya sea nueva o vieja, es la punta visible de un iceberg infinito; nosotros vemos la huella que deja al ser escrita sobre una hoja de papel, pero, bajo ella, se extiende todo un insondable océano, con toda su inmensa belleza. Porque… ¿qué es una palabra?: Una palabra es una realidad concebida, un sentimiento materializado; una palabra es el umbral entre dos universos.
Haced la prueba: Tomad papel y lápiz y escribid un cuento, uno pequeño; sólo unas pocas líneas… ¿Ya lo tenéis? Bien. Ahora miradlo con atención; leedlo detenidamente; contemplad su ortografía; pasead sobre su orografía. Vuestro cuento transmite una historia, y cada palabra que habéis escrito es un elemento de esa historia. Visto desde fuera, la estética de cada relato depende, inicialmente, de la caligrafía del escritor, y aunque eso puede determinar cómo afrontamos, como lector, el cuento, lo realmente importante radica en lo que nos hace sentir; y eso depende, por una parte, del significado de cada una de las palabras que hemos usado, pero también, y quizás lo más importante, de las palabras en sí mismas que hemos escrito para representar ese significado. Porque para expresar una misma idea se pueden utilizar múltiples palabras, de ahí la importancia de elegir la palabra adecuada.
Pero volvamos a vuestro cuento: Ya lo habéis leído y habéis entendido su argumento (espero). Llegamos, ahora, al umbral al que me refería antes: podríamos decir que acabamos de atravesar el universo gráfico, material, y nos preparamos para zambullirnos en el universo espiritual. Es decir, ¿qué has sentido al leerlo? ¿Te ha gustado? ¿Te parece interesante? Hemos llegado a la parte más personal del viaje. Porque una palabra no es sólo una grafía determinada, es también un significado; y aunque tengamos claro el argumento del cuento que queremos escribir, es imprescindible, para transmitir el sentimiento deseado, seleccionar las palabras adecuadas; porque un cuento es como una receta de cocina: para que un plato sea sabroso no sólo hace falta elegir los condimentos adecuados, sino usarlos en el orden y la medida apropiados: la sal, por ejemplo, es necesaria para dar sabor, pero demasiada sal estropea el plato; pues, de forma similar, sucede con las palabras: cada una de ellas transmite un sentimiento, y en función de las palabras y su combinación dentro del cuento, sentimos cosas distintas. Ahí radica la maestría del escritor.
Me temo que me he excedido: he empezado escribiendo una breve reflexión personal referente a cuando escribo, y he acabado escribiendo un tratado sobre escritura, ¡pobre de mí!… ¡Como si fuera un experto! De todas formas confío haberos transmitido lo que quería decir. Y ya sabéis: las palabras son un tesoro, ¡cuidadlas!

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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