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Una gran historia.

Me han invitado a participar en esta iniciativa de Marifa. Consiste en escribir un relato de siete líneas, continuación del de quien te invita, e invitar a alguien para que lo siga.
Muchas gracias a Luna por incluirme. A continuación podéis leer los textos anteriores; el mío es el último:

Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito. Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable. El paladar hace fiesta para recibir cuantiosos ingredientes desconocidos hasta entonces y dentro del delgado túnel de los sueños retenidos, emociones encontradas hacen fiesta hasta llegar a su destino.

Marifa

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Et voilà! Así explicaba en mi libro de cocina, cómo detectar el sabor perfecto. Una mezcla entre lo tradicional y lo exótico; lo conocido y lo desconocido; la comodidad y la explosión de sensaciones. Y todo, con solo probar. Es la magia de la cocina, y la magia que quise transmitir cuando abrí mi restaurante. Sin embargo, algo falló y no sé el qué. Estoy en la ruina, y todo lo que aposté por este negocio lo he perdido. No me gusta pedir ayuda, pero esta vez te necesito. Espero tu respuesta.
“”Chef”” Castelle.

ragdoll54

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No esperaba para nada esta petición tan desesperada del “Chef” Castelle, tan afamado en la costa sur francesa. Y mucho menos que viniese dirigida a mí. Aquello era como si el maestro se dirigiese a la desesperada a su alumno, pero no me dejé llevar por mi inseguridad, como de costumbre. Si el gran “Chef” precisaba de mi ayuda, no sería yo quien cuestionase mi capacidad para facilitársela. Así que dejé en mis mejores manos mi propio negocio y tomé el primer tren hacia Marsella. En cualquier caso, aquello resultaría toda una experiencia para mí.

Ana Centellas

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En cuanto llegué a Marsella el Chef Castelle me esperaba en la estación. Su aspecto decrépito y desaliñado me impactó. Nada tenía que ver con las fotos que antaño llenaran las primeras planas de las revistas gastronómicas más prestigiosas.
Aparté ese pensamiento de mi cabeza, pues por fin averiguaría el propósito de su demanda. Era algo que me inquietaba bastante, pues no entendía qué querría un gran chef venido a menos de mí, un humilde zapatero.

Lidia Castro

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Una exquisita limpieza imperaba en la cocina. La atravesamos sin parar hasta alcanzar el interior de la cámara frigorífica. Allí un cocodrilo eviscerado colgaba del único gancho disponible. Era la única oportunidad del Chef para impresionar a los quince afamados críticos gastronómicos que se sentarían en el comedor para degustar de su última creación. Había fracasado en cien intentos anteriores para contener el relleno en el interior del asado durante las catorce horas de horneado. Conteniendo las lágrimas suplicaba: Cose como sólo tú sabes. Aferré la lezna y mirándole a los ojos, la hundí tres veces en su pecho sudoroso.

Carlos Feijoo

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El viejo cocinero observaba el blanco techo de la cámara con los ojos vacíos. Su cuerpo inerte, que había caído de espaldas, ocupaba todo el ancho de la pequeña estancia, a la que en unos minutos había tintado de una sangre densa y oscura. El cocodrilo esbozó una sonrisa de agradecimiento desde su gancho de tortura, o al menos eso fue lo que creí ver en aquel momento de locura transitoria. Hacía tiempo que Castelle y yo no nos veíamos. Y no podía imaginarse que me había convertido en un comprometido activista contra el asesinato animal.

Mayte Blasco

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Había vengado a aquel pobre reptil pero no me sentía satisfecho. Le observaba balancearse cuando se me ocurrió una manera de darle utilidad a su injusta muerte. Puse mi maletín en la encimera, lo abrí e hice lo que mejor se me daba. En dos horas y a falta de comprar y poner hebillas había realizado: unas botas para mi hija mayor, un chaleco para la pequeña, un cinturón para el mediano y un bolso para mi mujer. Me esmeré mucho en este último, tenía la esperanza de que un regalo tan especial le haría perdonarme y retirar la demanda de divorcio.

Luna Paniagua

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«Todo esto no puede ser cierto, es demasiado absurdo», pensé y entonces sonó el despertador: había sido un sueño. «Tengo que dejar de cenar tanto; después se me mezclan las ideas y tengo pesadillas», me dije mientras volvía a leer el mensaje de móvil que recibí ayer. Decía así: «Su próxima misión: Contactar con nuestra agente infiltrada en el Complejo Moonlight. Deberá traernos el nuevo prototipo de chip, con información vital para nuestros intereses, que ella le dará. Su contraseña: «Es preciso tomar de a pasito cuando el contenido es denso, finito.» Ella le contestará: «Se conjugan mejor los sabores en la misteriosa cueva de lo inimaginable.»

Luis J. Goróstegui

Me gustaría invitar para que continúe la historia a mi amiga Patricia, que es una estupenda escritora y muy creativa.
(La información sobre el reto se puede leer aquí.)

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