Etiquetas

• (Csi100) – Mariposas de papel.

Érase una vez, en una pequeña ciudad costera, una singular juguetería, especializada, principalmente, en la fabricación y venta de cometas. Su dueño, un hombre de mediana edad, las construía, artesanalmente, con maestría y cariño. Los niños, y adultos, que pasaban ante su escaparate se detenían asombrados a contemplar los ejemplares expuestos. Las había de casi todas las formas y colores imaginables: grandes, pequeñas, para jugar los niños, para las competiciones profesionales…; cometas con forma de espectaculares dragones o grandes ballenas azules se mezclaban con globos aerostáticos y construcciones geométricas realmente llamativas. Todos los años se celebraba un concurso de vuelo de cometas, y todos los años salía ganadora alguna de las cometas fabricadas por el artesano.
Una mañana soleada de domingo, tras la salida de misa, una madre paseaba con su hija pequeña. Mientras la madre compraba en una frutería, la niña se acercó a la juguetería y se detuvo ante el escaparate. El dueño la vio desde dentro de la tienda; le gustaba ver cómo los pequeños contemplaban, con los ojos bien abiertos, las cometas. La niña observaba fijamente; parecía extrañada.
– Hola, pequeña, qué, ¿te gustan las cometas? –le preguntó el juguetero.
– ¿Vuelan las mariposas de papel entre nubes de colores? –le preguntó la niña.
– ¿A qué te refieres? –le preguntó el dueño, intrigado ante la extraña pregunta.
– Es que he visto que entre las cometas, no hay ninguna mariposa, y he pensado si no será porque están volando todas entre las nubes de colores. – respondió la niña señalando con el dedo a lo alto.
El hombre comprobó que, efectivamente, no tenía ninguna cometa con forma de mariposa en el escaparate.
– Es posible, niña, es posible –le respondió sonriente.
Mientras la niña se marchaba con su madre, el artesano levantó la mirada y vio, entre asombrado y gratamente sorprendido, el cielo todo algodonado de vivos colores; como si alguien hubiera pintado las nubes. Esa tarde, en el taller de la tienda, fabricó unas cuantas cometas: hermosas mariposas de vivos colores, que daban la impresión de tener vida propia y poder revolotear. Al día siguiente, por la tarde, el artesano se fue a la playa a probar algunas de sus cometas; le gustaba hacerlo siempre que construía algún nuevo diseño, como en este caso. Al llegar, comprobó que había algunas personas volando más cometas. Entre los niños que jugaban en la playa, el juguetero vio a la niña del día anterior; se acercó a ella.
– Toma, pequeña, una mariposa de papel –le dijo mientras la regalaba una preciosa cometa de alegres colores–. La fabriqué ayer; y gracias por fijarte en que me faltaban mariposas.
La niña se alegró mucho, y se fue corriendo a enseñársela a sus padres. Mientras, el fabricante de cometas se puso a probar sus nuevos diseños. Varias cometas volaban compartiendo el espacio; el cielo nunca estuvo más bello: eran cometas de papel, madera, plástico y metal, pero sugerían vida…, inspiraban magia…, insinuaban milagros; pájaros de colores, con largas alas verdes y extensas colas naranjas; grandes salmones de movimientos sincronizados surcaban las alturas como buscando; dragones de mirada furiosa acechando; largas serpientes zigzagueando y ballenas nadando entre nubes de algodón.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciacuentos-sin-importancia-100-mariposas-de-papel

________________________________________

Anuncios