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• (Csi95) – El visitante.

El visitante viaja buscando vida; viaja despacio, a la velocidad de la luz. Lleva recorridas muchas galaxias desde su salida, hace ya millones de ciclos, según su reloj interno. Sus creadores le dijeron: busca señales de vida, clasifícalas; infórmanos de todas sus peculiaridades, avísanos en caso de alarma o peligro; si encuentras vida inteligente observa pero no interactúes con ella. La vida es algo escasa y extremadamente valiosa; en todo este tiempo el visitante no ha detectado demasiados sistemas que tuvieran vida y, menos aún, que fuera inteligente, al menos según sus patrones estándar. El viajero se dispone a visitar el último sistema solar de la galaxia antes de dar el salto a la galaxia siguiente. Es un sistema pequeño: solo una estrella joven rodeada por 9 planetas. Dada su gran experiencia, lograda a lo largo de toda su existencia como explorador espacial, el visitante analiza y descarta rápidamente los planetas que no pueden acoger vida: sabe que solo planetas con una serie de características muy determinadas son los únicos candidatos a albergar vida, y más aún, vida inteligente. En este caso, el tercer planeta parece un buen candidato: tamaño adecuado, situado a la distancia apropiada de la estrella más cercana, a la que circunda para recibir su calor y radiación, con atmósfera protectora y, sobre todo, con agua, según se desprende de los primeros escáneres que el viajero realiza sobre el planeta azul. El visitante desacelera y se coloca en órbita próxima al planeta. Su primera impresión fue acertada; efectivamente, el planeta alberga vida y en abundancia. Es más, en el planeta habita vida inteligente, dado los niveles de radiación, no natural, que el planeta desprende. Además, el visitante ha detectado dispositivos electrónicos en órbita: los habitantes del planeta disponen de la inteligencia suficiente para poder manejar satélites artificiales. El viajero detecta que dichos satélites le han localizado, pero mantiene su posición y continúa con sus análisis. Durante semanas, el visitante recoge toda la información a su alcance sobre el planeta y la vida inteligente que él hospeda, incluyendo la capacidad de ésta para crear bombas, aun nucleares, y su ilógica determinación para usar dicho armamento en guerras sin sentido e incluso para autodestruirse; hasta que el viajero detecta que una nave despega del planeta en dirección suya: los seres inteligentes envían algún tipo de artefacto con intención de estudiarle o, incluso, de atacarle. Cuando la nave robot se coloca cerca del visitante, éste, consciente de las indicaciones de sus creadores, reactiva sus sistemas y pone rumbo a la siguiente galaxia: su misión aquí ha concluido. Sin embargo, mientras se aleja del sistema solar, el visitante, lanza un mensaje de aviso a su planeta de origen: «Detectado planeta con vida cuasi inteligente, clase Nysr-673. Coordenadas 176287.299876.65765.254654. Precaución, especie altamente violenta, aún en los primeros estadios de la evolución. Disponen de armamento altamente peligroso, nivel Täsld-765, y síntomas evidentes de locura, nivel Tëes-192. Aún hacen guerras. Recomiendo mantenerles en observación y en asilamiento hasta comprobar evolución. Hasta entonces, aconsejo no introducirles en el canon de las especies inteligentes.»
Mientras, los seres cuasi inteligentes del pequeño planeta azul, observan perplejos al extraño asteroide reanudar su marcha hacia el espacio profundo y se preguntan, sin comprender, qué es lo que acaban de ver…; y por eso es por lo que el visitante viaja camuflado como asteroide, para que el que lo ve no detecte su insondable complejidad, su inaccesible perfección, su esencia.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciacuentos-sin-importancia-95-el-visitante

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