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• (Csi82) – Un caso extraordinario.

Llegué a casa de mi amigo por la tarde. Me lo encontré recostado en el sofá, contemplando un cuadro.
– ¿Qué me puedes decir de esto? – me preguntó.
Tomé el cuadro y lo observé con detenimiento. Al cabo de unos instantes le contesté:
– Se trata de una acuarela. Representa una calle por la tarde; anocheciendo; quizás una plaza de la ciudad. El suelo está mojado; se ven los reflejos de las personas que caminan. Está nublado. Hace frio; todos van abrigados. Visten de negro con algo de rojo. Hay poco tráfico, solo un coche. Un excelente cuadro.
Se lo devolví a mi amigo, mientras le preguntaba qué le parecía mi análisis.
– No está mal; vas aprendiendo. – me contestó condescendiente.
– ¿Qué más se puede decir? – le pregunté algo molesto, he de reconocerlo; a veces mi amigo se pasaba de sincero.
– Tú has visto lo de afuera, yo necesito ver lo de dentro. ¿Qué son, qué piensan, a dónde van, de dónde vienen esas personas, por qué están ahí? – me contestó.
– ¿Por ejemplo? – le pregunté retador.
– Por ejemplo, ¿por qué van todos de negro? ¿por qué todos llevan algo de color rojo debajo del abrigo? El suelo está mojado; acaba de llover, pero nadie lleva paraguas, como si no les importara mojarse la ropa, como si no sintieran el agua en su piel. Van y vienen sin orden; no les afecta si andan por la acera o por la calzada, como si no conocieran las normas de circulación, como si no supieran ni de su existencia; como si no fueran de por aquí. A ninguno se le ve claramente la cara; como si la camuflaran a propósito. ¿Por qué? ¿qué ocultan?
– ¿Y qué deduces de todo eso? – le pregunté intrigado.
– Por ejemplo, que realmente no quieren que se les vea la cara; no quieren ser identificados, al menos por el momento. Que efectivamente no conocen las normas de circulación, ni siquiera saben qué son. Que no les importa mojarse o no, porque su piel es impermeable. Que van todos de negro y rojo, aunque no es porque todos lleven el abrigo de ese color, no, sino porque esa es su piel: poseen la capacidad de autotransformarse, y, cuando salen a la calle, su piel toma el aspecto de la ropa; una piel impermeable. Porque no son de por aquí. Porque no son humanos. Vinieron del espacio sin que nos diéramos cuenta y, ahora, están entre nosotros. No les vemos cuando sale el sol, porque solo salen los días de lluvia. Todavía no se han dado a conocer, y eso puede ser un peligro para nosotros. Se están preparando, nos están estudiando. Quizás decidan atacarnos o quizás no. Es temprano para saberlo aún. Debemos estar preparados. Tenemos una pequeña ventaja: desconocen que sabemos que están aquí. Es hora de prepararnos para lo peor.
– ¿Y estaremos preparados? – le pregunté a mi amigo Holmes.
– ¡Elemental, mi querido Watson! – me contestó alzando la pipa; con una radiante sonrisa.
Se le veía pletórico: volvía a tener un caso extraordinario entre sus manos.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciacuentos-sin-importancia-82-un-caso-extraordinario

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