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• (Csi70) – El jardinero.

Hoy hace exactamente un año que me convertí en superhéroe. Pero no uno con superpoderes como Superman o Spiderman. No. No tengo supervelocidad, ni tengo vista de rayos láser, ni soy superfuerte, ni puedo andar por las pareces. Tampoco tengo supertecnología como Batman o Ironman. Lo mío es más bien, digamos… ecológico. Sucedió a las 10 y 25 de la mañana. Me acuerdo perfectamente porque casi me muero. Veréis, estaba jugando al futbol con unos amigos cuando nos sorprendió una tormenta; los rayos y truenos se nos vinieron encima. Ante la potencia del agua, nos refugiamos donde pudimos. Yo lo hice bajo un frondoso árbol. Sí, ya sé que no debí hacerlo, pero en ese momento no creí que fuera peligroso. El caso es que pasó lo lógico: un rayo me cazó. Yo me encontraba con las dos manos apoyadas en el tronco, recuperando el resuello, y entonces un rayo lo alcanzó de lleno: entró por la copa y bajó por el tronco; entró por mis manos y salió por mis pies. Caí fulminado. No sé cómo no morí al instante. Mis amigos me llevaron rápido al hospital más cercano y allí estuve unos 3 meses, entre la vida y la muerte. Cuando me dieron el alta, regresé a casa. Aún tenía quemaduras por todo el cuerpo; sobre todo en las palmas de las manos, pero se curaron con rapidez. Quizás con demasiada rapidez, como me dijo un día el médico. A la semana de salir del hospital me pude quitar las vendas y a las dos semanas las heridas cicatrizaron por completo. Como si mi cuerpo tuviera el poder de regenerarse a lo bestia. Sólo sentía un extraño hormigueo en las manos.
En la terraza de casa tengo unos tiestos con algunas plantas algo mustias. He de reconocer que nunca he sido un buen jardinero pues por más que las regaba y cuidaba éstas no mejoraban. Por eso me sorprendió tanto lo que sucedió esa mañana. Me puse a regar y cuidar las plantas como hago siempre y, al tocarlas, sentí cómo una chispa salía de mis manos y las alcanzaba. La chispa recorrió todos los tallos y hojas y se enterró en la tierra. Al principio pensé que era electricidad estática, aunque me extrañó que pudiera ocurrir por tocar unas plantas. Sin embargo, al instante sucedió algo asombroso: las plantas mustias de mis tiestos comenzaron a revivir. Crecieron y se tornaron verdes y exuberantes como nunca habían estado. Os aseguro que no daba crédito a mis ojos. Desde entonces mi cuerpo se ha convertido en una inagotable fuente de energía regenerativa para las plantas. He aprendido a controlar mi superpoder y ahora puedo hacer crecer plantas, árboles y cualquier tipo de vegetación siempre que me lo propongo. Basta con que toque con mis manos el terreno donde quiero que crezcan, y las diminutas, casi invisibles semillas que existan sobre ese terreno, crecen. Incluso soy capaz de retardar ese crecimiento el tiempo que considere necesario: No quiero que nadie me vea haciendo crecer flores y árboles junto a su casa, por ejemplo. Además, no quiero que la gente sepa quién soy, por lo que siempre que uso mi superpoder hago que las plantas tarden un rato en crecer: lo justo para poder irme del lugar y no ser descubierto. No tengo diseñado ningún traje de superhéroe; por el momento, prefiero no tenerlo: ya que no tengo supervelocidad, sería un engorro ponérmelo y quitármelo sin que nadie me viera. A lo sumo, me pongo un gorro y unas gafas negras.
Así que ya sabéis; si, algún día, os sorprende comprobar que han crecido plantas en un antiguo solar, o en vuestro parque más cercano los árboles parecen ser más numerosos que antes, o si, incluso, es noticia que la selva amazónica está recuperando, de forma inexplicable, el terreno que había perdido por la tala irracional de estos últimos años, sabed que el responsable es el nuevo jardinero.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 70 - El jardinero

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