Etiquetas

• (Csi68) – Búho.

Érase una vez, en un hermoso bosque de secuoyas de un lejano país, un búho que vivía en el interior de uno de esos gigantes, donde, desde lo alto, observaba desafiante la vida. No era un búho normal, ni de lejos, creedme. Era un búho que se sabía heredero de dragones y, cual transbordador espacial, volaba majestuoso; escrutando. Un búho blanco, como fantasma que sobrevolaba el espacio; cual ánima desbordante de pavoroso poderío ancestral. Un búho, hechicero de viento y aire, talismán de sabios augurios y esclarecedor de enigmas insondables. Un ángel de alas blancas, flecha en el cielo, que surcaba el infinito atroz en busca de paz. Un búho que debió haber pertenecido a algún poderoso mago de tiempos remotos. Una mañana que salí a cazar muy temprano, me lo encontré en el suelo, herido en un ala. Desconozco si fue debido a algún cazador o fue un simple accidente. Me lo llevé a casa y le curé. Era un ejemplar espectacular, de gran tamaño, y casi diría que era consciente de su grandeza física, e incluso moral, si entendéis lo que quiero decir. Una semana después, el búho ya podía volar. Sin embargo, el día que le dejé libre no se separó de casa. Simplemente se posó en una rama, en uno de los árboles cercanos, y me observaba. Así estuvo casi otra semana. Yo no sabía qué hacer, así que no hice nada. Deje al búho y seguí con mis tareas. Una noche, el búho se posó en la ventana del salón y, con un extraño ulular, me llamó. No sé cómo llegué a esa conclusión, pero os aseguro que fui consciente de que me estaba llamando. Era como si tuviese algún tipo de poder telepático. Sí, ya sé que resulta ridículo creerlo, pero no tenía otra explicación. Es más, supe que quería que le siguiera. Le seguí y, tras una larga jornada, a la luz de la luna, llegamos a una humilde cabaña al pie de la montaña. Me considero un buen cazador, y he recorrido todo este bosque varias veces, pero os confieso que nunca había visto esa cabaña. El búho me indicó que entrara en la casa y así lo hice. Dentro estaba todo desordenado, como si una batalla cruel y cósmica hubiera tenido lugar allí mismo. Curiosamente, la cabaña continuaba bajo la montaña. Al fondo encontré varias estancias, – la casa parecía no tener fin -, y en una de ellas, unas extrañas estanterías repletas de libros viejos, o más bien arcaicos. El resto no es conveniente que os lo cuente, si no queréis que vuestra vida peligre. Solo os diré que la cabaña había pertenecido al dueño del búho; ya os dije que debió ser un gran mago. En ocasiones incluso he llegado a pensar si el búho no será el propio mago convertido en ave por algún hechizo. Pero solo es una fantasiosa ocurrencia, ya que no puedo probarlo. Al menos por ahora. El caso es que gracias a esos libros y, sobre todo, a mi magnífico búho, me he convertido en mago, y uno no demasiado malo, creo yo, aunque no quisiera pecar de engreído; aunque siempre me he preguntado por qué el búho me eligió a mí. Supongo que algún día lo sabré. Desde entonces mi vida se ha convertido en una continua aventura; unas veces para bien, otras para mal, pero os aseguro que no me he aburrido nunca. Ya os contaré, ya.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 68 - Buho

________________________________________

Anuncios