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• (Csi66) – Planeta azul.

Hace mucho tiempo, existió un pequeño planeta azul, repleto de vida. Tanto los mares como las tierras rebosaban de animales y vegetación de infinidad de clases diferentes. Era un planeta único, excepcional. Un verdadero paraíso en medio del desolado y frío espacio. Incluso crecieron en él unos seres inteligentes. Al principio todo fue bien. Los seres inteligentes cuidaban del planeta, cultivaban las plantas y protegían a los animales; el agua era clara y pura, y el aire sano. Sin embargo los seres inteligentes comenzaron a demostrar que no eran tan inteligentes como aparentaban. Eran envidiosos y muy soberbios. Nunca consideraban que tenían suficiente y, sobre todo, eran capaces de hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos: incluso destruir su propio planeta. Irónicamente, ellos se consideraban sabios. Comenzaron matando animales, más de los que necesitaban para comer, y talando árboles, más de los que necesitaban para vivir. Con el tiempo desarrollaron tecnologías que mataban la vida del planeta, incluso se mataban entre ellos mismos. Algunos de esos seres fueron conscientes de que, si seguían por ese camino, la vida, también la suya, corría peligro de muerte. Intentaron dar la voz de alarma, pero fue inútil. El resto de seres no les hicieron caso: decían que estaban exagerando; que, al fin y al cabo, tampoco eran tantos los animales y plantas que se mataban; que era necesario para que pudieran seguir viviendo; que el planeta lo resistiría. Sin embargo, llegó un día en que sobrepasaron el límite permitido. Al final desaparecieron todos los árboles; todas las plantas. El último animal que vivía en el planeta murió; los veterinarios del zoo no pudieron hacer nada para salvarle. Aún en esa situación, los seres inteligentes no fueron conscientes del peligro que les amenazaba. Intentaron, sin éxito, purificar el agua. Los mares y océanos se secaron. Intentaron volver a plantar y cultivar, pero era demasiado tarde: el planeta estaba agotado. La contaminación y la nefasta gestión de los recursos naturales impidieron volver a regenerar vida. Ni siquiera la manipulación genética dio frutos estables. Incluso inventaron tecnologías para fabricar comida a partir de la propia tierra del planeta. Todo fue en vano. Finalmente, tras siglos de vida inútil y estéril, incluso los seres inteligentes se extinguieron. El antaño hermoso planeta azul se convirtió en otra roca seca y muerta en medio del espacio.
– ¿Entonces fue cuando llegamos nosotros, señorita? – preguntó una sonriente niña pequeña de hermosos ojos azules, con una preciosa piel de color naranja-azulado y cuatro brazos que no hacían más que agitarse para llamar la atención de su maestra.
– Bueno, no fue exactamente entonces. Para ser exactos fueron unos 3000 años después, pero tienes razón, Adelain: llegamos nosotros. –respondió la profesora– Como sabéis, nuestro planeta de origen ya no existe, fue destruido por nuestra estrella cuando ésta se convirtió en una inmensa gigante roja. Afortunadamente hacía mucho tiempo que lo habíamos previsto y tuvimos tiempo suficiente para desarrollar la tecnología adecuada y construir las naves necesarias para salir al espacio. Entre los planetas que seleccionamos como posibles candidatos a convertirse en nuestra nueva casa, observamos este pequeño planeta. Tenía algo especial; seguía siendo único. Hay muy pocos planetas que contengan vida.
– ¿Pero no era una roca seca y muerta, profesora? – le preguntó un niño situado en la última fila de la clase.
– Verás, Naëm, eso fue hace mucho tiempo. Cuando llegamos nosotros el planeta empezaba a volver a ser habitable. Las plantas y árboles comenzaban a crecer, el agua y el aire eran de nuevo limpios y puros, y la vida animal volvía a dar sus primeros pasos. Al no existir ya los seres no tan inteligentes que destruyeron el planeta, los niveles de habitabilidad volvieron a aumentar. Como ya sabéis, conocimos la historia del planeta a través de los archivos históricos de esos seres. Y ahora, ¿alguien sabría decirme cual es la moraleja de esta historia?
– Que el planeta es nuestra casa y que, si no lo cuidamos, moriremos. – dijo una niña de la primera fila.
– Exacto. Por eso nosotros siempre hemos cuidado tanto los planetas, porque de eso depende nuestra supervivencia. – dijo la maestra.
– Profesora, ¿cómo llamaban a este planeta los seres inteligentes cuando vivían en él? – preguntó un niño.
– Lo llamaban la Tierra.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 66 - Planeta azul

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