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• (Csi62) – La máquina de escribir.

Hace unos días estuve curioseando entre las cajas que están en el desván y, dentro de una de ellas, encontré una máquina de escribir muy antigua. Mi padre me dijo que había pertenecido a la familia desde hacía mucho tiempo. Era una máquina preciosa. Se trataba de una Remington de finales del siglo XIX, aunque no pudimos identificar el modelo. Estaba muy sucia pero parecía estar en buen estado. La limpié, la engrasé, la puse una cinta entintada y coloqué una hoja de papel blanco. En ese momento mi madre me llamó y bajé a la cocina. Como no quería que nadie tocara la máquina de escribir, cerré la puerta del desván con llave. Mi madre nos tiene prohibido hacerlo, pero me pareció lo más acertado en ese momento. Al poco rato regresé al desván, abrí la puerta con la llave y observé perplejo que la hoja de papel estaba escrita. Esto es lo que leí en ella:
“Érase una vez, en una ciudad de un país muy lejano, un joven herrero que quería ser caballero andante, para poder rescatar damas de las garras de enormes dragones. El joven era querido por todos sus vecinos que le consideraban un magnífico herrero y, sobre todo, una excelente persona, siempre preocupado por ayudar a los que lo necesitaban, sin esperar recompensa alguna. Resultó que se iba a celebrar un torneo de lanceros en la ciudad y el conde Laess de Ágavor ordenó al herrero que le hiciera una nueva armadura. Si quedaba satisfecho le nombraría caballero, si no sería hecho prisionero y perdería su herrería. El joven era consciente que no había tiempo suficiente para hacer una nueva armadura antes del torneo, pero ante la amenaza del conde, aceptó el encargo. Trabajó día y noche durante todos los días para intentar satisfacer al conde, sin embargo, dos días antes del torneo aun le quedaba mucho por hacer. Entonces sucedió lo inevitable. Esa noche el joven se quedó dormido; no podía más. Sorprendentemente, en ese momento unas hadas aparecieron iluminando toda la herrería y, haciendo uso de su magia ancestral, continuaron el trabajo. Al día siguiente, llegó el conde y vio la armadura terminada. Era mejor de lo que nunca hubiera imaginado. Sin embargo el joven herrero no salía de su asombro pues era consciente de que él no la había terminado. El conde, agradecido y deslumbrado por la imponente armadura, cumplió su palabra y le nombró caballero. Desde entonces el joven lucha ferozmente contra gigantes y ogros, libera a damas de las garras de despiadados dragones, rescata sirenas de las fauces de bestias marinas y se enfrenta sin temor a cualquier ser malvado que cometa crueldades.”
Todos los días pongo una nueva hoja en blanco y al día siguiente, sin falta, aparece un nuevo cuento escrito a máquina en ella. Desconozco cómo es posible que suceda. He comprobado que si estoy presente, la máquina no escribe. Solo sé que la hoja esta en blanco y que después no. Y nadie entra en el desván. Si no fuera tan increíble pensaría que la máquina está hechizada. Temo que esto se acabe alguna vez, por eso cada mañana subo al desván y compruebo, feliz, que tengo una máquina de escribir muy antigua que crea cuentos de hadas ella sola. Todos comienzan por: “Érase una vez…”.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 62 - La máquina de escribir

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