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Serie: El fantasma de mi desván.
Día 8:

38. He sabido, a través de una amiga, que el fantasma que vive en mi desván sigue disfrutando de sus vacaciones en Noruega. Como ya os conté, el fantasma se ha ido a visitar a otro espectro, viejo amigo suyo, que trabaja en un hotel en Oppheim. Me comenta que aun no ha llegado al hotel, aunque se le espera pronto, porque, por motivos desconocidos, un contratiempo lo retuvo en Oslo. Confío que no fuera nada grave aunque no dudo que sabrá arreglárselas bien; al fin y al cabo es un fantasma experimentado. Lo más seguro es que se haya ido a visitar a alguna otra ánima de algún castillo encantado de la ciudad. Conociéndole, fijo que no se ha aburrido por las noches. Cuando quiere puede ser aterrador. Esperaré a que vuelva y me cuente qué tal le ha ido. Mientras tanto yo sigo intentando contactar con los seres mágicos que dice la leyenda que habitan el jardín de mi casa. Por el momento solo he conseguido leves indicios de su presencia, pero confío en que, cuando se percaten de mis buenas intenciones, me permitirán comunicarme con ellos.

Serie: El fantasma de mi desván.
Día 9:

39. Aprovecharé que el fantasma está de vacaciones para contaros algunas cosas de él. No quiero que se entere que os lo digo. No le gusta que comente sobre su aspecto ni costumbres. Un día intenté explicárselo a unos amigos (muy poca gente sabe que en mi casa habita un fantasma; no es conveniente; sobre todo para mí), y nos dio un susto aterrador. En situaciones así es mejor no cabrearle, de verdad. Ya os dije que es difícil tratar con un espectro. En cierto modo es como tener un tigre en casa (en este caso un gato se me queda corto), puede que esté acostumbrado a ti, pero cuando menos te lo esperes te puede dar un zarpazo; a veces incluso mortal. Veamos. Lo primero que llama la atención cuando lo ves es su forma de ir vestido. Es curioso, pero solo en una ocasión le he visto con la típica sábana blanca. Una vez me dijo que eso ya está muy visto y que los vivos no nos asustábamos cuando se aparecía así vestido. Por eso viste normal. Bueno, normal para un espectro. Generalmente lleva ropas de siglos pasados, preferentemente, aunque no exclusivamente, del siglo XVI o XVII. Eso sí, siempre con un toque siniestro realmente espeluznante, creedme. Lo que no consigo es identificar a qué país pertenecen. Es, más bien, una mezcla. Unas veces parece un tercio de Flandes, otras veces, incluso, un samurái japonés. Ropa moderna lleva poca. Dice que así no aterroriza a nadie. Cuando está asustando a los vivos generalmente no suele hacerlo mostrando su propia cara, en cambio suele realizar sus apariciones bajo las apariencias más sobrecogedoras que te puedas imaginar, dice que así da más miedo. De todas formas cuando hablamos en el desván, y le miro a la cara, me cuesta mantenerle la mirada. Lleva unas cicatrices impresionantes y su mirada es inquietante. Realmente da miedo. Es difícil determinar el color de sus ojos. Cuando estuvo vivo debió ser alto. Como buen fantasma, es capaz de las materializaciones ectoplásmicas más pavorosas, os lo digo por experiencia. Además sus psicofonías paranormales y metamorfosis son realmente dantescas. Desconozco los detalles exactos de su muerte física, aunque lleva también algunos agujeros de bala en su cuerpo. No me atrevo a preguntárselo; sé que no le gusta hablar de ello.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
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