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(Csi38) – Concierto nocturno.

Trabajo en el servicio de limpieza del Conservatorio de Música, en el turno de noche. Cuando entro en el edificio, unos minutos antes de comenzar mi turno, aun se oye el sonido de varios instrumentos. En alguna clase, los alumnos siguen practicando. Me gusta disfrutar de esos momentos. La música me encanta. Por eso, principalmente, elegí trabajar allí. Poco a poco los alumnos se van, y el edificio se queda mudo. Ayer, sin embargo, sucedió algo que me tiene impresionado. Veréis. Todo se estaba desarrollando como siempre. El edificio en silencio; mis compañeros limpiando en distintas aulas y despachos; todo normal. Yo estaba solo en el tercer piso, ala norte, en el pasillo cercano al aula de música clásica del profesor Robles. Un aula grande, con espacio para una orquesta completa. Impresionante. Es la que más me gusta, pero eso es otra historia. El caso es que, de repente, oí música. Un violín tocando algo delicioso, delicado, precioso. No supe identificar qué música era pero me dejó paralizado. A esas horas de la noche no había ningún alumno o profesor en el conservatorio. A los pocos segundos sonó un flautín, agudo, penetrante, no tengo palabras. Lo curioso es que la música del flautín encajaba a la perfección con la música del violín. No era música al azar. Era el fragmento de algún concierto. Disculpadme que no os diga de cuál, pero mis conocimientos en música son muy escasos, por no decir casi nulos. Entonces sucedió. La orquesta entera comenzó a tocar. Fue algo sensacional, alucinante. Nunca en mi vida he oído algo tan extraordinario. Nunca. Fue sobrecogedor. En ese momento me acerqué a la puerta del aula y los vi. Los instrumentos estaban tocando solos. Lo juro por lo más sagrado. Era como si una orquesta de Ángeles hubiera bajado a la tierra y estuvieran tocando la más maravillosa música que jamás haya escuchado. La visión duró unos 15 minutos. O quizás más, no lo sé. Solo sé que tuve la carne de gallina las siguientes dos horas. El corazón se me encogió o quizás se me expandió, no lo sé. Finalmente, tal como había comenzado, se terminó. Los instrumentos volvieron a sus estuches y el silencio se adueñó de nuevo del aula. Yo volví como pude a mis tareas. Por el pasillo me encontré a Estefanía, una de mis compañeras, y la pregunté si había escuchado algo raro. Ella me miró algo extrañada y me aseguró que no. Todo estaba como siempre. No le he dicho nada a nadie. Además, no creo que me creyeran. Desde entonces no ha vuelto a suceder ninguna noche. Sin embargo, todos los días espero que vuelva a suceder. Quiero que vuelva a suceder, y, sobre todo, quiero saber por qué sucedió. Espero poder averiguarlo. No pierdo la esperanza.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 38 - Concierto nocturno

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