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• Cuentos sin importancia, nº33:

La inscripción.

El turista, becario de filología clásica, entró en la gran sala del Panteón Romano. Un imponente rayo de luz descendía por el único óculo del techo hasta proyectarse en uno de los casetones de la espectacular bóveda interior. El resto de la sala permanecía en semipenumbra. El turista miró el reloj. Había quedado con unos amigos en la plaza en una hora, así que aún tenía tiempo de sobra para admirar en detalle el formidable edificio. Al cabo de un rato de mirar fijamente la bóveda, algo le llamó la atención. Precisamente en el casetón iluminado por el rayo de sol. Sin embargo, a esa distancia resultaba imposible determinar lo que era. El turista sacó de su mochila unos potentes prismáticos y observó con paciencia. No podía dar crédito a lo que estaba viendo. El caprichoso rayo de luz hizo aparecer una inscripción. En las guías turísticas no aparecía ninguna referencia a tal texto. El turista, con su máquina fotográfica, sacó una foto. Al ampliarla en la pantalla, comprobó que el texto estaba escrito en latín. Se podía leer lo siguiente:
Templum hoc Septem Superum Sedes Cosmicam Globe Universalis Matrix Cœlum et Terram Supra ita Inferius ut Infra ita Supra rationibus aeternis atque incommutabilibus regitur qui intelligunt eius virtutes assumere sibi Vitrubio dixit
Lo cual se podría traducir como:
Este Santuario, morada de los Siete Dioses Celestes, Globo Cósmico, Matriz Universal, del Cielo y de la Tierra, como Arriba es Abajo; como Abajo es Arriba, regida por principios eternos e inmutables; quien la comprenda que asimile sus virtudes. Vitrubio (lo) dijo.
El joven no sabía qué hacer, dada la evidente importancia del descubrimiento. Había leído sobre Vitrubio, pero ahí había algo de mayor alcance. Era necesario descifrar el texto con mayor exactitud. El Panteón guardaba algún secreto. Finalmente decidió no decir nada a nadie por ahora. Cuando llegara a Madrid se lo mostraría a su tutor de filología clásica. Él decidiría. En todo caso, pensó el joven becario, sería un excelente asunto para su tesis doctoral.
Cuando el joven salió a la Piazza della Rotonda ya le estaban esperando sus amigos.
– ¿Dónde te habías metido? – le preguntaron.
– Ahí dentro. – les respondió señalando al Panteón. – ¿Qué, nos vamos a ver la Fontana di Trevi?
Los jóvenes se encaminaron por las estrechas calles romanas mientras seguían decidiendo por dónde ir. El joven becario se giró para un último vistazo, pensando cuál sería el secreto que guardaba el Panteón.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 33 - La inscripción

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