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• Cuentos sin importancia, nº32:

El posadero.

En una encrucijada de caminos, en las Tierras Salvajes del Noreste, una antigua posada ofrecía comida y hospedaje a los viajeros. Por la noche, se contaban historias y leyendas portentosas. Fornidos pescadores mostraban sus cicatrices y asombraban contando cómo capturaron espantosas criaturas míticas de las profundidades marinas. Un leñador mostró orgulloso su collar de dientes de sable de un oso gigante del Eleëre. Un explorador de las Colinas Blancas, entre cerveza y cerveza, narró detalladamente su encuentro con un Ardkëllor de garras de machete. Sin embargo, lo que más deseaban escuchar los clientes eran las increíbles historias del dueño de la posada. Decían que era un antiguo cazador de dragones. Aunque, claro, tenía una ayuda esencial para ilustrar sus historias. En la pared de la posada, sobre la gran chimenea, había una espectacular cabeza disecada de un Dragón Escupefuego de Essgärtas. Era el último ejemplar que cazó el posadero, decían. Cuando se miraba a la bestia a los ojos, parecía que iba a saltar de la pared y te iba a comer de un bocado. Mas el verdadero misterio de la posada era su propio dueño. Nadie conoce la historia del posadero. Por qué dejó de cazar dragones. Nadie se atreve a preguntárselo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 32 - el posadero

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