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• Cuentos sin importancia, nº30:

La negociación.

En los tiempos antiguos, se celebró, en la corte del rey Lutgardo una importante asamblea. Las delegaciones de siete países se reunieron con el propósito de alcanzar un gran acuerdo político-económico para unir sus fuerzas ante la inminente amenaza de los países del sureste. Sin embargo surgieron más problemas de los esperados. Las conversaciones se alargaban y no se llegaba a ningún acuerdo. Nadie daba su brazo a torcer. Sin saber qué hacer, el rey Lutgardo bajó una noche a la cocina. Allí trabajaba el único de la corte con quien el rey tenía plena confianza. Se trataba del anciano cocinero jefe. El rey le contó todo lo que pasaba y lo urgente y necesario que era un acuerdo entre todas las delegaciones. Le contó también cual era el principal defecto de cada una de las delegaciones: envidia, tozudez, mal carácter, codicia, etc.… El anciano cocinero le dijo que lo pensaría. A la noche siguiente, el cocinero le dijo al rey que tenía la solución. A petición del propio cocinero al día siguiente se organizó una gran cena. A todos los comensales se les informó que, a petición del rey Lutgardo, las delegaciones serían agasajadas con un menú especial, hecho exprofeso para cada una de ellas. Previo a la gran cena, y siguiendo instrucciones del anciano cocinero, el rey Lutgardo tuvo una conversación en privado con cada una de las delegaciones. En ellas, el rey alabó, ensalzó y magnificó, pero sin resultar adulador ni dar demasiada coba, las cualidades de sus invitados siguiendo un antiguo protocolo, que el anciano cocinero también había proporcionado al rey. Durante la gran cena, cada delegación fue agasajada con unos platos de excepcional calidad, o, al menos, eso les dijeron a los comensales. El menú pareció hacer efecto. Todos los comensales estuvieron alegres y amables. El rey se quedó asombrado ante el súbito cambio en la actitud de las delegaciones. Tal fue que, esa misma noche, todas las delegaciones alcanzaron los acuerdos previstos y algunos más imprevistos. Una vez que se fueron todas las delegaciones a sus respectivos países, el rey preguntó al anciano cocinero en qué consistieron esos maravillosos menús. El cocinero le entregó la lista al rey. En ella se indicaban los platos especiales que comieron cada delegación. El rey la leyó con lógica incredulidad.
– Pero, estos platos, no tiene nada de especial ¿Por qué han surtido tal efecto? – preguntó el rey.
– Bueno, lo importante no son los platos en sí, sino la parafernalia de su presentación y lo sugestionados que estén los comensales. Eso al menos me dijo mi abuela cuando me enseñó a cocinarlos. –respondió el cocinero. – En todo caso no hay nada como tratar con amabilidad y simpatía a las personas para conseguir lo que se necesita. Ya se sabe: trata bien a la vida y la vida te tratará bien.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportanciaCuentos sin importancia 30 - la negociación

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