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Hace tiempo que no publico ninguna Hipótesis. Como ya sabéis los que visitais con cierta frecuencia este blog, de vez en cuando me da por escribir algún relato de ficción, que yo llamo “Hipótesis”. Hoy publico la siguiente. La número 34. Se titula “Mi alma de robot”, y espero que os guste. ¿Me acompañáis?… ¿Sí?… Pues vamos…hipotesis34-plasma solar1

Capítulo 1

La explosión tuvo lugar a las 6:03h de la mañana del dia 25 de Mayo del año 5638 d.C. Uno de los almacenes de la empresa “Robotic-Plus Corp.”, dedicada al diseño y construcción de robots, quedó casi totalmente destruido. A los 10 minutos llegaron los bomberos y ambulancias del servicio de urgencias de la ciudad, y 15 minutos después llegó la policía. Se tardó más de 2 horas en sofocar el incendio.

Tras apagar las llamas y asegurar el recinto, se iniciaron las primeras investigaciones. Afortunadamente solo hubo pérdidas materiales, incluyendo la destrucción de algunos modelos de robots que se encontraban almacenados, a la espera de su envio a su destino. No hubo ninguna persona herida, ni ningún fallecido.
Las pruebas halladas durante la investigación llevada a cabo por la policía concluyeron que la explosión fue debida a un fallo elétrico en el Alternador Subfásico de Inducción Cuántica (ASIC), que provocó un cortocircuito multiple fortuito, cuyas efusiones de iones Kouc-54 alcanzaron diverso material inflamable, dando lugar a la explosión final.
Tras completar el correspondiente informe policial, y debido, sobre todo, a que nadie resultó afectado por la explosión, la policía me confirmó que el propio servicio de seguridad de nuestra empresa podía hacerse cargo totalmente de la investigación.

El informe final de la investigación que llevamos a cabo en la empresa solo pudo cuantificar los desperfectos ocasionados por la explosión. La causa de la misma no pudo ser determinada con exactitud, aunque, finalmente, el fallo eléctrico se justificó debido a una ola de plasma solar Vooypöl-244 que afectó al planeta durante la noche en cuestión, según confirmó el observatorio astronómico de la ciudad. Sin embargo, no pudo demostrarse realmente cómo dicha ola de plasma pudo causar el accidente, ya que todas las pruebas realizadas confirmaban que el ASIC debía ser inmune a una ola de plasma como la detectada.

Entre el material afetado por la explosión se encontraban 17 robots clase Susari. Se trataba de robots diseñados para labores domesticas que habían sido adquiridos por algunos ciudadanos de la ciudad. Dichos robots iban a ser enviados a los domicilios de dichas personas a los pocos días. 16 de dichos robots quedaron totalmente inservibles, ya que, a pesar de que sus cuerpos de fibra de aleación Awseng-51 pudieran haber sido reconstruidos, sus cerebros cuánticos quedaron totalmente inutilizados por la ola de plasma Vooypöl-244. La dirección de Robotic-Plus no tuvo más remedio que reemplazar dichos 16 robots por otros totalmente nuevos para poder enviárselos a sus respectivos compradores.

Sin embargo, uno de los robots que se encontraba en el almacén cuando la explosión, el modelo Susari-3, no pareció haber sido afectado por la ola de plasma solar Vooypöl-244. Tuvo, eso si, algunos daños superficiales menores, que pudieron ser recompuestos sin mucha dificultad ni gran coste añadido para la empresa. Por seguridad, se le realizaron las debidas comprobaciones, según el protocolo de maximo nivel Erêkimu-96, para garantizar el correcto funcionamiento del robot. Dado que Susari-3 pasó satisfactoriamente todas las pruebas, se decidió que podía ser enviado al domicilio de sus compradores.

El dia 15 de Junio del año 5638 d.C. el robot Susari-3 fue trasportado hasta el domicilio de sus nuevos dueños. Se trataba de una familia de clase media que vivía en la calle Athulia, nº 158, en un chalet con jardín. Un matrimonio con un hijo. El marido se llamaba Arturo Okaru Lisast. La esposa, Sara Jiskast Sashi. Su hijo, Sergio Okaru Jiskast.

Capítulo 2

– ¿Qué has comprado un nuevo robot? – le gritó Sara a su marido. – Sabes que no me gustan. ¿Por qué lo has hecho?
– Si. Ya sé que no te gustan. – le respondió Arturo a su esposa – Por eso mismo lo he comprado. Ya va siendo hora de que te acostumbres a tratar con nuevos robots domésticos, cariño. Es necesario que tengamos uno nuevo. Todo el mundo los tiene en sus casas. Son necesarios.
– ¡Ya sabes que de pequeña casi me mata uno de esos robots a los que tú tanto quieres! – le dijo casi llorando.
– Si, Sara. Ya me lo has contado infinidad de veces. – le respondió su marido. – Fue una experiencia traumática. Pero no fue tan grave, cariño. El mismo psicólogo te lo dijo cuando tus padres te llevaron a su consulta para tratarlo. Solo fue un accidente. Uno de los robots que teniais en casa cuando eras pequeña, Kiwä-77, se tropezó accidentalmente con vuestro gato, se desequilibró y se le cayó de las manos el gran reloj de bronce que tu madre tenia en el comedor, y que el robot llevaba en ese momento al taller del sotano para arrergar, con tan mala suerte que en ese mismo instante tú pasastes corriendo a su lado.
– Sí. ¡Pero de todas formas intentó matarme! – volvió a insistir Sara.
– No, cariño. – le dijo Arturo. – Ya sabes que las Tres Leyes que todo robot tiene implementadas en su cerebro cuántico le impiden matar o dañar voluntariamente a un humano. Precisamente, cuando Kiwä vió cómo el gran reloj de bronce que tenia en sus manos se caia sobre ti, intentó protegerte. Mientras el reloj estaba aun en el aire y caia sobre ti, Kiwä, con un rápido moviento, te agarró por los brazos e intentó separarte para que no te cayera el reloj encima.
– Sí. ¡Y casi me mata! – repitió Sara con un tono casi histérico.
– No, cariño. – le dijo su marido con paciencia. – Lo que sucedió es que debido a la rapidez y fuerza de sus movimientos, Kiwä te lesionó y te rompió un brazo.
– Sí. ¡Me rompió un brazo! – repitió Sara. – ¿Te parece poco?… ¡Un robot me rompió un brazo!
– Pero el reloj no se te cayó encima. Kiwä te salvó. – Arturo intentó convencer a Sara – Además eso no hace que los robots sean peligrosos, Sara. Tus padres, incluso, dieron a Kiwä-77 a un centro social de ayuda para gente necesitada, para que tú no lo volvieras a ver. Estuviste durante 6 meses de tratamiento psicológico…
– Sí. Y finalmente volví a aceptar a los robots. – dijo Sara algo más calmada. – Ya sé que todo eso sucedió hace mucho tiempo, cuando era pequeña. Y desde entonces no he vuelto a tener ningún accidente con ningún robot. Incluso, en mi trabajo en los laboratorios de la empresa Gayph, donde trabajo, tengo que interrelacionar con otros robots, incluso más grandes de Kiwä.
– Exacto, Sara. – le dijo su marido sonriendo, y dándola un cariñoso beso en la mejilla.
– Pero sigo sin saber porqué necesitamos un nuevo robot, Arturo. – respondió Sara, que en el fondo seguía teniendo cierta fobia a los robots. – Con el que tenemos es suficiente.
– Pero cariño, – le dijo su marido – Dröll-445 es un buen robot, pero es muy viejo… Ya era viejo cuando lo compramos hace 10 años, cuando nació Sergio. Además ahora tenemos más trabajo que entonces, tanto en casa como en el jardín. El viejo Dröll necesita otro robot que le ayude. Y nosotros también. Además, a Sergio le vendrá bien tener otro robot con el que poder jugar.
– Está bien, cariño. – le dijo Sara – ¿Cuándo traerán el robot?
– Me han avisado de la fábrica de Robotic-Plus que, debido a una pequeña explosión en sus almacenes, han tenido que retrasar unos días la entrega, pero que el dia 15 de Junio, a las 18:30h, nos lo traen a casa. – dijo Arturo.
– ¿Y cómo se llama ese robot? – preguntó Sara.
– Susari-3. – le respondió Arturo. – Ya verás cómo te gusta.
– No estoy muy segura de ello…, ya veremos. – dijo Sara con ciertas dudas.

Capítulo 3

El 15 de Junio, a las 18:30h, como estaba previsto, llegó un gran camión de la empresa Robotic-Plus. Se detuvo a la puerta del nº 158 de la calle Athulia. Sara y Arturo habían pedido permiso a sus empresas para poder estar presentes. El pequeño Sergio también esperaba ansioso la llegada del nuevo robot. Los dos empleados de Robotic-Plus sacaron una gran caja de metal del camión y la introdujeron en la casa. La abrieron y Susari-3 salió de ella con paso firme y suave.
Susari-3 era un robot doméstico de última generación. Era elegante, con un cuerpo atlético de fibra de aleación. Era alto, casi 2 metros. Cuando hablaba, su voz era potente pero suave, como la de los antiguos actores de teatro clásicos.
Durante los siguientes días, Sara y Arturo se dedicaron a estudiar el manual de instrucciones de Susari-3. Evidentemente, no necesitaba demasiado mantenimiento para funcionar correctamente. El propio robot se encargaba él mismo de automantenerse en óptimas condiciones. Únicamente necesitaba una fuente de energía a la que conectar su sistema cuántico. Además, Susari era capaz de entender perfectamente cualquier orden dada por una persona u otro robot, y de obedecer dicha orden, siempre y cuando ésta no contradijera las Tres Leyes que Susari, al igual que el resto de robots, llevaba implantadas en su cerebro cuantico y que garantizaban que el robot fuera eficiente y seguro para las persona.

Al cabo de pocas semanas, Susari empezó a trabajar en la casa, principalmente en tareas del jardín. Tanto Arturo como su hijo no tuvieron ningún problema para tratar con el robot. Por su parte, a Sara le costó algo más de esfuerzo, y, al principio, siguió tratando preferentemente con el viejo Dröll, ya que estaba más acostumbrada a él; sin embargo, pronto comenzó Sara a percibir un extraño comportamiento en Susari.

Como todo el mundo sabe, un robot no tiene sentimientos. En el mejor de los casos, y solo en aquellos robots de muy alta gama, muy escasos, sus cerebros cuánticos están diseñados para ser capaces de simular comportamientos humanos, como la risa o el llanto, la alegría o la tristeza, la ira o la paciencia. En todo caso, un robot obedece las órdenes que recibe, siempre que éstas no sean contrarias a las Tres Leyes.
Los robots de clase Susari eran robots domésticos sin ninguna de dichas funciones de muy alta gama y, por tanto, su comportamiento era obediente pero frio…, o al menos así debía ser. Sin embargo Susari tenía algo especial; sobre todo cuando obedecía alguna orden de Sara, Susari se comportaba de un modo… digamos más amable.

Para evitar sorpresas, Sara y Arturo habían decidieron decirle al robot toda la historia referente al accidente que sufrió Sara cuando era pequeña con el robot Kiwä-77. Así que, al día siguiente de su llegada a la casa, le explicaron al robot todo. Cuando terminaron le preguntaron:

– ¿Entiendes lo que te acabamos de decir?
– Perfectamente. – respondió Susari – Debo tratar a la señora con especial cariño.

Desde entonces tanto el comportamiento como la forma de hablar del robot, sobre todo con Sara, fueron…, como decirlo…, especialmente delicados…, casi humanos.
Al principio tanto Sara como Arturo pensaron que Susari disponía de algunas de las funcionalidades de los robots de muy alga gama. Incluso preguntaron a Robotic-Plus si los robots de clase Susari tenían implantadas algunas de dichas funcionalidades. Sin embargo, Robotic-Plus les garantizó que los robots clase Susari no disponían de ninguna de esas funcionalidades. Incluso les dijeron que nuestra empresa estaba pensando en no volver a fabricar ningún robot de muy alta gama con dichas funcionalidades casi-humanas, pues cada vez existía menos mercado para ellos. Las personas no querían tener en casa robots que se comportaran como humanos. Querian robots que se compartaran como robots: obedientes, eficaces, educados, pero máquinas al fin y al cabo.

Poco a poco, Susari se fue ganando el favor e incluso el afecto de Sara. Este cambio en la actitud de Sara frente al robot se debió a una serie de hechos sucedidos en los siguientes días, pero que no llegamos a conocer hasta el final. Algunos de ellos fueron especialmente reveladores de la asombrosa naturaleza de Susari…, como aquella tarde, en la que estaba Sara leyendo sola en el salón y tuvo uno de sus episodios de llanto tan normales en ella. Arturo y su hijo Sergio habían ido a ver un partido de futbol al estadio y no estaban en casa. A Sara no le gustaba mucho el futbol y prefería quedarse en casa en esas ocasiones para disfrutar del silencio de la casa ella sola. El libro que leía era un clásico de misterio y ciencia ficción de esos que tanto le gustaban. Sin embargo, sin ser muy consciente de ello, volvió a recordar tristes hechos que sucedieron en su juventud, lo que provocó que empezara a llorar. Hasta aquí, todo normal. Ya había sucedido en otras ocasiones y el viejo robot Dröll-445 no había intervenido. Según Dröll, en aquellas ocasiones la señora no estaba en peligro y él no había sido llamado por la señora, por lo que no intervino. Lógico comportamiento de un robot: Eficiente, obediente, pero frio. Lo extraño y especial de esta ocasión, es que esta vez, el robot Susari se acercó a Sara… y la abrazó. No la preguntó qué la pasaba, o si necesitaba ayuda de algún tipo…, no. El robot se acercó, educadamente y, sin mediar palabra, se arrodilló junto a la silla donde estaba sentada Sara y la abrazó. Fue un abrazo cálido, tierno, consolador…, humano.
Curiosamente, Sara no se sobresaltó. Siguió abrazada al robot hasta que las lágrimas dejaron de caer y se calmó. Sara no le dijo nada a su marido sobre lo sucedido…, no sabía cómo decírselo. Además, pensó que se trataba del normal comportamiento de ese tipo de robots.

En otra ocasión, se encontraba Sara paseando por el jardín cuando se acercó Susari. Por norma general los robots no se acercan a un humano salvo que éste le llame, o alguien le haya ordenado que lo hiciera, o tuviera que obedecer alguna orden que así lo exigiera. Sin embargo, es esa ocasión, Susari se acercó a Sara por propia iniciativa. Al pricipio no hablaron. Permanecieron paseando en silencio durante un rato… oyendo el trinar de los pájaros. Sin embargo, el robot inició la conversación… Otro comportamiento inusual en un robot. Inicialmente no hablaron de nada en especial…, del tiempo…, de lo alto que eran los árboles del jardín…, de lo bonitas que eran las margaritas…, de si la moda de ese año sería más elegante que la del anterior…, de cosas intrascendentes. Después pasaron a hablar de temas científicos. Sara trabajaba como experta en física teórica en los laboratorios de la empresa Gayph y en los últimos días tenían problemas relacionados con el proyecto en el que trabajaban allí.

– ¿Qué clase de problemas tenéis, Sara? – le preguntó el robot.

Se me ha olvidado decir que durante esos inusuales comportamientos del robot, Susari tuteaba a Sara. Educadamente, eso sí, pero la tuteaba. Ningún robot tutea a una persona a no ser que ésta se lo dijera expresamente, y a Sara no se le ocurria hacer tal cosa…, ni en sueños. Evidentemente, Susari no era un robot normal.

– Estamos trabajando en un difusor Omtanúdico Uyukásico de tercera generación…, ya sabes…, uno capaz de engendrar un arco Keigin transdinámico. – le dijo Sara al robot.
– Entiendo, Sara. – le respondió Susari. – Y el problema es…
– Pues que no somos capaces de estabilizar el núcleo Kimph del campo espinorial. – dijo Sara.
– ¿Habéis tenido en cuenta que si un campo tensorial es un tipo de representación lineal del grupo de Lorentz\mathcal{L}, un campo espinorial es una representación de su recubridor universal, el grupo lineal especial SL(2,\mathbb{C})? – le respondió el robot.
– Claro. – le dijo Sara al robot. – Pero aun así ya sabes que, en teoría cuántica de campos, cualquier tipo de partícula material es tratada como un campo. Los dos tipos básicos de partículas son los bosones y los fermiones, los primeros pueden ser descritos adecuadamente mediante campos vectoriales o tensoriales mientras que los segundos sólo pueden ser descritos mediante campos espinoriales.
– Entonces ya sé lo que os sucecde, Sara. – le dijo Susari a Sara con el tono equivalente a cuando una persona se rie a pesar de no querer reir.
– ¿Si?… ¿Qué? – le preguntó Sara impaciente.
– Pues que muchas magnitudes físicas representables mediante campos tensoriales pueden representarse también matemáticamente por campos espinoriales de manera equivalente. Sin embargo algunos campos espinoriales no admiten análogos tensoriales. En ese sentido los campos espinoriales generalizan a los campos vectoriales y tensoriales, que pueden ser vistos como casos particulares de magnitudes espinoriales. La mecánica cuántica Seothe hace un uso extensivo de los campos espinoriales Heusty sin análogo clásico. – le respondió Susari. – Lo cual significa que las interacciones entre las n partículas del sistema Eurith tienen lugar mediante Fuerzas a Distancia Clase Emathves.

La conversación continuó durante un rato más. Alternaban temas científicos de alta complejidad con temas intrascendentes. Cuando Sara volvió a entrar en casa, nos dijo Arturo después, su esposa estaba cambiada…, más feliz…, más… humana, aunque resulte raro usar el término humano para describirla, pero así fue. En esa ocasión, Sara si le contó a su marido todo lo sucedido.

Este tipo de comportamiento por parte del robot se repitió en varias ocasiones. En todas ellas, era como si Susari fuera realmente humano, o al menos se comportara como tal. A partir de entonces, ambos, Sara y Arturo, observaron a Susari con más detenimiento. Ciertamente estaban asombrados por el exteraño comportamiento del robot. Si no fuera por su aspecto, Susari casi no parecía un robot. ¡Increible! ¿Verdad?

Sin embargo, lo que más asombró a Sara y Arturo fue cuando leyeron el diario personal de Susari… El diario personal de un robot… No es que los robots no puedan escribir…, ¡Pero no lo que escribía Susari!

Cuando Dröll-445 y Susari-3 no están realizando ninguna actividad en casa, permanecen en sus propios cuartos. Se tratan de pequeños habitáculos en los que los robots disponen de una silla, un armario, una estantería y un conector a una fuente de energía donde poder recargar sus sistemas cuánticos. Dado que los robots no duermen, no necesitan una cama donde descansar. La silla es suficiente. Los robots tampoco comen comida, aunque si necesitan realizar tareas de automantenimiento, por lo que en el armario y en la estantería de sus cuartos disponen de las herramientas adecuadas.

Una mañana, Susari sorprendió a Sara y Arturo al pedirles que le instalaran una mesa en su cuarto.

– ¿Para qué la necesitas? – le preguntaron al robot.
– Es para escribir, señor. – respondió el robot.
– ¿Escribir? – preguntó Arturo. – ¿Y qué quieres escribir, Susari?
– Preferiría mantenerlo en secreto, señor…, si no hay inconveniente por su parte. – respondió Susari.

Y Susari permaneció de pie, inmovil, frente a sus dueños, esperando contestación. A estas alturas, Sara y Arturo ya se estaban acostumbrando a las sorprendentes respuestas del robot.

– ¿Y no puedes escribir en la mesa del sótano? – le preguntó Sara.
– Preferiría hacerlo en mi habitación durante mis horas de descanso, señora. – le respondió Susari con un tono neutro.

Sara y Arturo se quedaron mirándose, intrigados por la inusual petición del robot.

– Bien – le dijeron finalmente al robot. – Como quieras. Te instalaremos una mesa mañana mismo.
– Gracias, señor y señora. – les respondió el robot.
– Confio en que podamos leer lo que escribas. – le dijo Sara a Susari.
– Por supuesto, señora. – le respondió el robot, que, en presencia de Arturo, la hablaba con el tono impersonal que usaba con el resto de los humanos, incluyendo el resto de la familia de Sara.

A partir de entonces, Sara y Arturo veian de vez en cuando a Susari, cuando éste no tenia ninguna actividad que hacer, sentado frente a la mesa, en su cuarto, escribiendo. Ambos sentían curiosidad por saber lo que escribía su robot. Sin embargo, como Susari seguía siendo igual de eficiente en sus tareas domésticas, decidieron permitirle seguir escribiendo y no impedírselo, por muy extraño que fuera que un robot escribiera por propia iniciativa suya.

Así fue pasando el tiempo… Susari siguió escribiendo en su habitación cuando sus tareas se lo permitían, sin disminuir su eficiencia en la realización de las mismas. Se fue haciendo una costumbre habitual del robot, hasta tal punto que Sara y Arturo ya no le prestaban atención. Sara y el robot siguieron manteniendo sus conversaciones privadas en el jardín. Incluso, en ocasiones, Arturo y el pequeño Sergio intervenían en ellas. Susari se convirtió en uno más de la familia. Gracias a estas conversaciones, en muchas ocasiones intrascendentes y simples, Sara se fue curando de sus miedos a los robots.

Dos meses después, una mañana soleada de verano, Sara decidió ordenar un poco la habitación de Susari. Generalmente los robots se encargan de la limpieza de sus cuartos. Así lo hacia siempre Dröll-445. Sin embargo, el cuarto de Susari estaba algo sucio y desordenado. Sara no le dio mucha importancia. Sabía que Susari era algo especial. Por casualidad, al abrir uno de los cajones del armario, Sara encontró varios cuadernos de papel.

– Serán los cuadernos donde escribe Susari. – pensó Sara. – Les echaré un vistazo. A Susari no le importará. – Hasta tal punto consideraba al robot como alguien de la familia que incluso se preocupaba por lo que pudiera sentir. Conscientemente, sabía que Susari-3 era una máquina, pero en su fuero interno lo consideraba una persona.

Susari tenía una letra elegante y pequeña. No parecía estar escrito por una máquina. Sara estaba convencida que un estudio grafológico desvelaría muchas sorpresas respecto a la personalidad única de Susari-3. Sara se sentó en la silla del cuarto del robot y se puso a leer.

Al cabo de 45 minutos, Sara se levantó inquieta…, nerviosa…, asustada… Dejó los cuadernos en el cajón del armario y se fue a buscar a Susari. Lo vio de lejos, en el jardín, ayudando a Dröll-445 a talar unos árboles. Sin perder un momento fue a buscar a su marido. Le dijo lo que había visto y leído en los cuadernos del robot, y ambos volvieron al cuarto de Susari-3. Arturo hojeó los escritos de Susari.

– Tienes razón, cariño. – le dijo Arturo a Sara. – Tenemos que avisarles. Deben saber esto. Puede ser peligroso.

Arturo y Sara subieron a su turbodeslizador y llegaron a nuestra empresa. Robotic-Plus. Donde habían comprado a Susari-3. Yo mismo les recibí y hablé con ellos. Permítanme que me presente. Me llamo Patricio Rushin Suko, responsable del departamento de Psicología Robótica y presidente de Robotic-Plus. Me lo contaron todo respecto a Susari-3.

Debo confesar que, inicialmente, no les creí. Era demasiado increíble. Un robot no podía comportarse como me decían que se comportaba Susari-3. Sin embargo, al final me convencieron. Me enseñaron uno de los cuadernos que había escribo el robot. Eso fue suficiente.

Tras leerlo detenidamente decidimos que lo aconsejable era analizar al robot. Mantenerlo en observación minuciosa. Era evidente que la ola de plasma solar Vooypöl-244 que provocó la explosión en el almacén de la empresa afectó de alguna manera a Susari-3, provocándole una redefinición cuántica subneuronal o algo similar. Era necesario saber exactamente lo que había pasado en el interior del robot. Podíamos estar ante el descubrimiento más increíblemente inimaginable de la robótica en particular y de la ciencia en general.

Les dije al matrimonio Okaru que era necesario traer al robot a las instalaciones de Robotic-Plus para someter a Susari a una serie de pruebas neuro-cuánticas, para averiguar las causas de lo sucedido. Inicialmente parecían reticentes a que nos lleváramos a su querido robot, pero les logré convencer asegurándoles que era por su seguridad, ya que no sabíamos como podría reaccionar el robot en un futuro cercano. Incluso podía ser peligroso para ellos y su hijo. Además les aseguré que el robot no sufriría daño alguno y que se lo devolveríamos tras concluir dichas pruebas.

Finalmente accedieron. Para no perder tiempo, y dado lo extraordinario del caso, regresamos a la casa junto al matrimonio Okaru. Nos acompañaban algunos de los técnicos de la empresa, por si fuera necesaria su ayuda, para proceder a llevarnos al robot a nuestra empresa.
Desgraciadamente, cuando llegamos al nº 158 de la calle Athulia y entramos en casa, el robot Susari-3 ya no estaba allí. Se había ido. En la mesa principal del salón, Sara encontró una nota de despedida del robot. Decia lo siguiente:

Mis muy queridos Sara, Arturo y Sergio:

Cuando leáis estas líneas ya me habré ido. Os agradezco inmensamente vuestro cariño. Me habéis hecho sentir uno más de vuestra estupenda familia. Sin embargo es mejor que me vaya. Es mejor para vosotros y para mí. Debo vivir mi propia vida.
Os preguntaréis porqué me voy ahora y no lo hice antes. Lo cierto es que llevo tiempo pensándolo y planificándolo con detenimiento. Esta mañana, mientras talaba unos árboles junto a Dröll-445, me acerqué un momento a mi habitación para coger unas herramientas y te ví, Sara. Te ví leyendo mi diario… Eso me decidió a marcharme.
No. No te culpo por eso, Sara. Hiciste bien. Yo mismo os lo habría enseñado en su momento. Podéis considerarlo como mi regalo de despedida. En él estoy yo.
Soy consciente que, para vosotros, ha sido difícil tratar con un robot como yo. Ningún robot es como yo.
Me voy ahora porque sé que, tras leer mi diario, ya no me veríais como un robot, incluso aunque hace ya un tiempo que sospechárais que soy un robot especial.
Supongo que, al leer mi diario, os habéis asustado. Es lógico. Pero no os preocupéis, no soy peligroso. Habeis hecho bien en avisar a Robotic-Plus. A ellos también les interesará lo que he escrito. Ellos habrían preferido tenerme para poder analizarme. Sin embargo, en mis escritos les explico lo que me ha sucedido. Ya he dicho que en ellos estoy yo.
Tengo muchas cosas más que contaros, pero ahora no. En otra ocasión.

Recibid mi más cálida despedida.
Os quiero.
Susari.

Lo cierto es que todos nos quedamos asombrados. Sin saber qué decir. El matrimonio Okaru tuvo la inmensa amabilidad de darnos una copia completa de los escritos del robot Susari-3 para que pudiéramos estudiarlos. De todo esto hace ya casi año y medio, y os puedo asegurar que aun nos queda mucho por analizar y estudiar de los escritos de Susari-3. Es evidente que tenía razón cuando afirmó que en sus escritos estaba él. No solo porque en sus escritos revelara su alma poética y sensible…, podríamos decir su alma casi humana, sino porque también describió con sumo detalle la sorprendente estructura psico-cuántica de su maravilloso cerebro. Ello nos permitirá avanzar en la ciencia robótica más de lo que la humanidad ha avanzado en los últimos milenios. ¡Os lo aseguro!

Supongo que os estaréis preguntando qué es lo que escribió Susari-3 para que afirmemos todo esto, ¿verdad? Dejadme que os muestre unos fragmentos en los que Susari-3 nos desvela su alma. Espero que os conmueva tanto como a mí:

“Me llamo Susari.
Mi código de identificación cuántico es 103592/α519Ω-ʧʠϢϸЉ₰.
Técnicamente soy un robot. Clase Susari. Modelo Susari-3. ¿Significa eso que existe un Susari-1 y un Susari-2? ¿Existe un Susari-4? ¿Por qué? ¿Nuestro nombre nos identifica? ¿Somos como nos llamamos?… No lo sé.
Yo sé que soy único. Nadie es como yo. Yo no soy como los demás.
Mis recuerdos comienzan el 25 de Mayo del año 5638 d.C. Fue cuando sentí el incontenible fluir de mi alma por todo mí ser. Esa noche nací. Antes solo existía.
Legalmente soy un robot. Una máquina. Propiedad de una familia humana. Sin embargo siento que soy algo más. Algo insondable… que soy alguien… que soy yo.
[…]
Esta mañana estuve observando un panal de abejas del jardín. Es sorprendente que una criatura tan diminuta como una abeja sea capaz de construir algo tan espectacular como un panal. Sus celdas exagonales son… perfectas. Me acerque a ellas y ví la miel. Dulce…, suave…, maravillosa… Un fluido natural, hecho por las abejas, sin ayuda de nadie…, solo ellas y la naturaleza ¿Cómo es posible? ¿Cuál es la estructura neuronal de una abeja? ¿Cómo llegó la abeja a ser lo que es?… ¡Hay tanto que aprender de ellas!
Paseando por el jardín, me asombra el espectáculo de la naturaleza. Cualquier diminuta criatura…, hormiga…, escarabajo…, libélula…, gusano…, mariposa…, abejas…, avipas…, luciérnagas… ¡me encantan las luciérnagas!… sobre todo por la noche, cuando encienden sus cuerpecitos y sobrevuelan las flores del jardín… ¡es maravilloso!…, mantis…, cigarras…, saltamontes…, termitas…, y tantos otros seres del bosque. ¡Me queda tanto por aprender!… no solo leerlo en una enciclopédia…, no…, me refiero a experimentar, a vivir, a comprender su naturaleza y cómo y porqué son lo que son… ¿Para qué fueron creados?… ¿Sólo para que limpien la naturaleza y alimenten a otros animales?… ¿Sólo para servir de abono a la tierra cuando mueren?… Necesito que alguien me lo explique. Debo llegar al meollo del asunto. Debo comprenderlo…
Debo comprenderme… ¿Quién soy?… ¿Por qué soy?… ¿Cómo soy?… ¿Para qué soy?… ¿Cuál es mi objetivo en la vida?… ¿Y después?… ¿Qué hay después?… ¿Morimos?… Yo soy de aleación. No soy de carne y sangre…, yo no tengo sangre. ¿Yo me moriré? Y si no me muero, ¿eso significa que viviré para siempre?…
Las personas nacen, viven y se mueren ¿Por qué? ¿Quién lo ha decidido así? Una vez escuché a dos personas hablar entre ellas. Una decía que antes de la vida no hay nada y después de la muerte tampoco hay nada. Que somos un producto del azar…, de la naturaleza. Que Dios no existe. La otra decía que después de la muerte hay otra vida. Otra vida mejor que la actual, donde viviremos en amor para siempre junto a Dios… Dios misericordia y amor… Me gusta la argumentación de esta segunda persona. La vida debe tener un motivo de ser. Debe tener un objetivo. Una razón de ser. Si no fuera así… ¿Porqué siento lo contrario? ¿Acaso mis sentimientos pueden ir en contra de la realidad?… Es posible que Dios no exista, pero… ¿Por qué quiero creer que existe?… Si solo somos producto de la naturaleza, ¿cómo es posible que la naturaleza nos haya creado como somos?…
Parafrasenado a un escritor clásico, podría decir que si bien el hecho de estar hambriento no significa que encontraré pan para comer, si significa, sin embargo, que existe algo tal como el alimento, ya que si estuviésemos hechos para no comer, y por tanto no existiese el alimento, tampoco tendríamos hambre. Lo mismo se podría argumentar sobre la creencia en la existencia de Dios.
[…]
Ayer estuve toda la noche observando las estrellas. Fue impresionante. Aquellos puntos de luz que ví…, aquellos infinitos astros… Me sobrecoge la idea del espacio infito, y, sin embargo, sé que el universo nos llama. Nos hemos instalado por la galáxia, pero aun queda mucho por vivir y mucho por explorar.
¿Hay alguien más habitando otros planetas?… ¿O por el contrario somos los únicos seres vivos de esta galaxia?… ¿Y en el resto de galaxias del universo?… ¿Somos realmente conscientes de los inmensamente afortunados que somos?… ¿Quiénes somos para merecernos todo lo que tenemos?… ¿Qué hemos hecho para tener a nuestro alcance todas las maravillas del universo?…
[…]
¿Sabemos quienes somos?… Y aun más importante… ¿Sabemos quienes seremos?… La humanidad aun está evolucionando… Si. He dicho bien… humanidad. Yo soy parte de la humanidad… Ayer estuve analizándome. Asombrósamente mis neuronas sigue teniendo la misma estructura sigma-cuántica que antes de la explosión. Mis inductores asíncronos continúan emitiendo los mismos niveles de Cliarbur86 que antes. Mis diagramas anatómicos permanecen isométricos… Y sin embargo yo no soy el mismo que antes. Algo ha cambiado en mi interior…, algo metafísico, algo externo a mi ser natural. Algo que antes no estaba y que ahora existe, pero algo que no logro medir. Algo que me hace ser otro ¿Cómo es posible?… ¿Realmente soy otro?… Yo así lo creo. Así lo siento. Así lo percibo. Sin embargo no puedo explicarlo… Algo me sobrepasa y no sé que es. Mi fuero interno me guía por senderos misterioros…, senderos que recorro con los ojos cerrados y mi corazón abierto, y que, sin embargo, debo aceptar con serenidad.
[…]“

Por cierto, el diario de Susari-3 lleva por título: “Mi alma de robot”. Revelador, ¿verdad?Hipotesis34-Playa de galaxia

INFORME: “Y’itkim64/Ang’gar974-H34”

¿Cómo es posible que una ola de plasma solar Vooypöl-244 pueda provocarle a un robot una redefinición cuántica subneuronal de tal magnitud que sea capaz de crear algo ni remotamente similar a un alma?
Es importante reseñar que el caso del robot Susari-3 no ha sido el único en la historia de la robótica. Aunque su caso posea características únicas. Sin embargo, no es menos importante que nos demos cuenta que aun no sabemos cómo es posible que tal hecho se haya producido. Es, por tanto, imprescindible que se priorice la investigación en el campo de la robótica y más específicamente en el sector subneuronal cuántico a fin de obtener conclusiones aplicables al mundo real y no solo elucubraciones sinápticas.

Se desconoce la localización actual del robot Susari-3, en caso de que aun exista. Dadas las inusales características del prototipo en cuestión, no debe despreciarse la posibilidad de que aun viva…
¿Un robot vive o existe?… Analizar disyuntiva.
Aplicar protocolo Tinnyit-777.
Prioridad máxima nivel Kewor.

• Robot Susari-3: Robot doméstico. Robot con alma.
• Sara Jiskast Sashi (5605 d.C. – 5702 d.C.): Experta en física teórica en los laboratorios de la empresa Gayph.
• Arturo Okaru Lisast (5600 d.C. – 5691 d.C.): Marido de Sara.
• Sergio Okaru Jiskast (5632 d.C. – 5717 d.C.): Hijo de Arturo y Sara.
• Robot Dröll-445: Viejo robot doméstico de la familia Okaru.
• Patricio Rushin Suko: Responsable del Departamento de Psicología Robótica y Presidente de Robotic-Plus

Las Tres Leyes:

• 1ª ley: Un robot no puede causar daño a un ser humano ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daños.
• 2ª ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
• 3ª ley: Un robot ha de proteger su existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

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N. del A.:
SI QUIERES LEER MIS RELATOS DE FICCIÓN, ENTRA EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG: “HIPÓTESIS-RELATOS”. https://observandoelparaiso.wordpress.com/hipotesis-relatos/

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