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• Cuentos sin importancia, nº24:

Mis fantasmas y yo (16 – 25).

Continuación de Cuentos sin importancia, nº23 (“los fantasmas de mi ascensor”):

16. He heredado la hermosa casa de campo de mi abuela. He decidido invitar a vivir en ella a los fantasmas de mi ascensor.
17. Me han dicho que la casa de campo de mi abuela tiene un gran jardín embrujado. Se lo he contado a mis fantasmas. Están encantados.
18. Hoy me he mudado a mi nueva casa. Es amplia. Mis fantasmas vivirán en el desván. Alguno prefiere el sótano. Extrañan mi ascensor.
19. Les he comentado a mis fantasmas que me gustaría saber más cosas de ellos. Les he invitado a tomar algo. Ellos no toman nada, ya lo sé, pero yo me tomaré una tila, lo necesitaré. Siempre impresiona hablar con un fantasma.
20. Esta noche acudió a la cita un fantasma impresionante. Un viejo Almirante de Marina. Tenía un par de cuchillos clavados en el pecho, consecuencia de una batalla contra piratas. Allí murió a principios de siglo. No me dijo de cuál. Tenía una pinta horrorosa, claro, pero me llamó la atención su estrambótico toque de elegancia y distinción.
21. Le pregunté al fantasma por qué habían vivido en el ascensor de mi antigua casa. Me respondió que la torre había sido construida sobre un antiguo cementerio. Les distraía subir y bajar en el ascensor aterrando a los vecinos. Realmente me hizo falta la tila, aunque el espectro del Almirante es una buena persona o, al menos, lo fue.
22. El fantasma del Almirante me confesó que le gustaba la idea de vivir en el campo. Además mi nueva casa tenía mejores vistas que mi antiguo ascensor. Yo se lo agradecí. Le pregunté cuántos fantasmas eran en el antiguo cementerio. Me respondió que era difícil dar una cifra exacta. Suponía que unos 300, más o menos. Me dijo que, en la dimensión fantasmal, las matemáticas no son una ciencia exacta.
23. De todas formas, me dijo el Almirante, no todos los fantasmas aceptaron mi invitación de vivir en mi nueva casa de campo. Algunos, los peores y más cabrones, según me dijo, preferían seguir en el cementerio y usar mi antiguo ascensor. Aunque me aseguró que me visitarían de vez en cuando. No supe si agradecérselo o no.
24. El Almirante me preguntó si era cierta la leyenda de que el gran jardín de la casa estaba embrujado. Por lo visto, a mis fantasmas les hacía ilusión comprobarlo personalmente. Le respondí que no lo sabía con exactitud, pero que lo averiguaría.
25. Al marcharse, el Almirante se despidió elegantemente y me dijo que nos volveríamos a ver. Yo me estremecí ante tal previsión. De todas formas ya debería estar acostumbrado a ellos. Ya os dije que siempre impresiona hablar con un fantasma.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

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