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• Cuentos sin importancia, nº17:

• AUDIO:
Este relato, “El elefante que jugaba al ajedrez”, fue leído por el actor don José Francisco Díaz-Salado [@LaVozS], en su programa de radio “La Voz Silenciosa”.
Os recomiendo que escuchéis el audio, en:
http://www.ivoox.com/11399432

El elefante que jugaba al ajedrez.

En mi último viaje a Calcuta, una mañana asfixiante, agotado del barullo de la ciudad, decidí buscar algún rincón más tranquilo. Callejeando por las estrechas calles secundarias de la ciudad, encontré un pequeño callejón que prometía algo de silencio. Al girar por la primera callejuela me encontré en una minúscula plaza, y en ella a un anciano brahmán y a un elefante que jugaban al ajedrez. Con mi incipiente inglés y alguna palabra suelta en hindi le pregunté, intrigado, si realmente el elefante sabía jugar al ajedrez. El brahmán me miró sonriente y me respondió:
– Por supuesto.
– ¿Cómo es eso? – le volví a preguntar.
– El saber es misterioso. Tiene muchos senderos. – me respondió enigmático.
No conseguí que me dijera nada más. Me quedé un rato observándoles, intentando averiguar la verdad. El caso es que el elefante, efectivamente, sabía jugar al ajedrez, y nada mal, debo admitir. En cuanto el brahmán movía una de sus piezas, el elefante, tras un instante, casi diría pensativo, cogía una de las suyas delicadamente con la trompa, y la colocaba en su nueva posición. Así permanecieron jugando casi una hora. Pacientemente, sin prisas. De vez en cuando, el anciano le hablaba al elefante. ¡Cuánto me hubiera gustado saber qué le decía! A veces el elefante bramaba y el anciano se reía. Casi aseguraría que conversaban. Ante mi asombro, la partida quedó en tablas, y yo juraría que el brahmán no se dejó empatar. Increíble. Al final, el anciano y el elefante se levantaron del suelo y se dispusieron a marcharse. Justo antes de irse, le pregunté al brahmán:
– ¿Cómo es posible que el elefante sepa jugar al ajedrez?
El anciano brahmán me volvió a mirar sonriente, casi condescendiente, y me dijo:
– La vida está llena de milagros.
Entonces el anciano se acercó a mí y me entregó un pequeño colgante. No me dijo nada y se fue guiando al elefante. Les perdí de vista, entre la multitud, y no les volví a ver. Cuando regresé a casa, lo primero que le conté a mi familia fue “El Asombroso Caso Del Elefante Que Jugaba Al Ajedrez”, como me gustaba llamarlo. En ocasiones pienso si no fue todo un sueño. Entonces miro el colgante y me digo: La vida está llena de milagros.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso
#CuentosSinImportancia

Cuentos sin importancia 17 - El elefante que jugaba al ajedrez

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