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• Cuentos sin importancia, nº10:

Nadie debería estar solo.

En un hueco de la pared de mi casa, un pequeño gorrioncillo ha hecho su nido. Con esmero y paciencia lo ha acondicionado con infinidad de ramitas y paja. Sin embargo, está solo. Todos los días, desde muy temprano, se coloca a la puerta del nido y se pone a piar. Es un piar especial, incesante, infinito: está llamando a su pareja. La fuerza de la naturaleza hace que el gorrioncillo persevere en su canto. Llama y no se cansa. Busca y espera incesantemente que alguna gorrioncilla se acerque a él. Su instinto le insta a querer criar a su descendencia. Sin embargo ningún gorrión le hace caso, todos pasan de largo. Pero el gorrioncillo no desespera. No sabe desesperar. Él llama y espera. Desde la ventana de mi cuarto le oigo piar todos los días. Al final no pude aguantar más. Me fui a una pajarería y compré un gorrión hembra. Una mañana, muy temprano, aprovechando que el pequeño gorrioncillo estaba lejos del nido buscando comida, coloqué al gorrión hembra que había comprado en el hueco de la pared que servía de nido. Al poco rato regresó el gorrioncillo. Desde entonces el pequeño gorrioncillo ya no pía buscando pareja.
De todo ello hace ya casi tres semanas. Hoy me he llevado una inmensa alegría. Asomados al nido, he visto tres polluelos piar desesperadamente esperando que sus padres le trajeran la comida. No lo he podido remediar y una lágrima de felicidad ha resbalado por mi mejilla. Confieso que me alegro de lo que hice. Y es que nadie debería estar solo.

©Luis Jesús Goróstegui Ubierna
@ObservaParaiso

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Cuentos sin importancia 10 - Nadie debería estar solo

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