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Hoy os propongo detenernos en un significativo fragmento del Evangelio según San Juan, en concreto en Jn 20,5: aquel en el que el evangelista describe lo que vio al entrar, el domingo de la Resurrección, en el sepulcro donde había sido enterrado Jesús.
Para ello os traigo un interesante fragmento del artículo publicado por D. José Ignacio Munilla el 25 de abril de 2004 (antes de ser nombrado obispo) en El Diario Vasco de San Sebastián, respondiendo al artículo que D. Juan José Tamayo había publicado el 18 de abril del mismo año. Es muy revelador:La Pasion de Cristo - 2004 (460)

• Escribe D. José Ignacio Munilla:

La forma con la que la reciente película de “La Pasión” describe la resurrección de Cristo merece un comentario final, ya que sintoniza perfectamente con lo que queremos expresar en este artículo. La piedra que tapa el sepulcro es corrida, entra la luz en el sepulcro y se deshinchan los lienzos en los que había estado envuelto el cadáver. Mel Gibson ha tenido sin duda una buena asistencia teológica y escriturística a la hora de elaborar el guión de esta escena y de otras muchos de su película.

Biblistas de gran prestigio como De la Potterie, Laurentin y otros muchos, hacen notar que en el evangelio de San Juan (Jn 20, 5) se narra con mucha precisión lo que el apóstol encontró al entrar en el sepulcro vacío. La traducción más frecuente de este versículo se suele expresar así:

“llegó primero al sepulcro, y habiéndose agachado, ve los lienzos en el suelo…”

Pero, sin embargo, los estudios bíblicos a los que hacemos referencia hacen notar que San Juan utiliza el término griego “kéimana” para especificar que los lienzos estaban “tendidos”, “aplanados”, “alisados” en el suelo. Tengamos en cuenta que es la misma palabra griega con la que se expresa la disminución de la inflamación de una parte del cuerpo humano. Pues bien, aplicado al texto bíblico, habría de interpretarse en el sentido de que las vendas y la sábana que estuvieron abultadas por contener dentro de ellas el cadáver de Cristo, fueron encontradas por el apóstol “deshinchadas”. No estaban desdobladas, como hubiese ocurrido en el caso de que alguien hubiese robado el cadáver, sino “desinfladas”.
Y aquellas huellas visibles de la resurrección, aunque no eran pruebas por sí solas, debieron de tener una gran fuerza en San Juan, ya que desencadenan su confesión de fe: “entró al sepulcro… vio y creyó”.

Fuente: http://www.enticonfio.org/enticonfio132.pdfLa Pasion de Cristo - 2004 (464)

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