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Como ya sabéis los que visitáis con cierta frecuencia este blog, de vez en cuando me da por escribir algún relato de ficción, que yo llamo “Hipótesis”. Hoy publico la siguiente. La número 32. Se titula “Tragicomedia de Eustaquia y Clodomiro”, y espero que os guste. ¿Me acompañáis?… Pues vamos…hipotesis32-beso1

Ayer fui al teatro. Representaban una obra nueva, del escritor novel Nyosio Trinoalto Capitolino, y tenía ganas de verla. Me habían dicho que estaba muy bien, así que allí que fui. Había mucho público…, muy almidonados ellos, muy emperifolladas ellas… ¡Nunca entenderé estas nuevas modas!… Entré en la sala y el acomodador me condujo, muy servicial, a mi asiento. Me entregó un pequeño panfleto con el reparto, el argumento de la obra y una breve entrevista con el autor en la que, naturalmente, se alababa la excelencia de la obra… ¡naturalmente!… Sin embargo algo me decía que la entrevista era falsa… No quise leer el argumento porque prefería que la propia obra me sorprendiera conforme la viera… ¡Manias mias!… Era un buen asiento…, se veía muy bien el escenario.

– Veré muy bien la obra – pensé contento.

No sé cómo se me ocurrió pensar eso. A los pocos minutos, una señora muy gorda, con un sombrero de alas de avestruz enorme, se me sentó justo delante. Como no quería discutir, me levanté, se lo comenté al acomodador y, muy amablemente, me buscó otro asiento libre, aunque este no estaba tan bien situado como el anterior.
Dieron el aviso y se apagaron las luces. La gente tardó un rato en guardar silencio. Se levantó el telón y comenzó la obra.

• Acto I – Escena 1ª

Se ve un gran jardín. A lo lejos un castillo con una alta torre en el ala norte. Se ve luz en la ventana de la habitación situada en lo más alto de dicha torre. En el rincón del escecnario, a mano izquierda, unos matorrales. Tras ellos dos personas: Clodomiro y Osvaldo. Son dos jóvenes amigos…, amigos de la juerga y el despiporren.

Osvaldo: – ¿Estás seguro de que es aquí, Clodomiro?
Clodomiro: – Seguro, Osvaldo. Tengo su carta en la que ella me cita en este lugar. Ese es el castillo de su familia, y aquella la habitación donde ella me espera. – dijo señalando a la torre del castillo.
Osvaldo: – No me fio. Ya sabes lo que dicen de Eustaquia las malas lenguas. ¡Andate con ojo!… ¡Esa solo va a lo que va!… ya me entiendes.
Clodomiro: Tranquilo amigo. Se lo que me hago. Pero por estar con ella seria capaz de todo. Es joven, guapa no… ¡guapísima!… y tiene un cuerpo… ¡para comérselo! Ya te dije que nos conocimos hace un par de días en la fiesta que dio Armando en su chalet de la playa. ¡Fue un flechazo!… te lo aseguro. Y ella siente lo mismo por mí… ¡me lo ha asegurado! Mira, lee tu mismo la carta que me envió ayer.

Osvaldo coje la carta y la lee:

“Mi apasionado Clodomiro:
Desde que te ví solo puedo pensar en ti.
Todo mi cuerpo se estremece de pasión.
¡Mi amor! ¡Quiero estar contigo!
No puedo esperar. ¡Hazme tuya!
¡Mis perjúmenes se suliviantan por ti! ¡Amor mio!
¡Quiero tocarte! ¡Tenerte!…
Ven mañana, a media noche, al Castillo de EstirpeNoble,
calle del Alceburlón, nº 529bis.
Mi habitación está en la torre del ala norte.
No te preocupes, mi padre estará durmiendo,
y la servidumbre vive en el otro extremo del castillo.
Sube a mi habitación con la escala que colgaré de la ventana.
Te estaré esperando con ansiedad.
Toda tuya.
Tu apasionada Eustaquia”

Osvaldo devuelve la carta a Clodomiro, aunque no está del todo convencido.

Osvaldo: – Bueno… si tu lo dices… Pero, por si las moscas, llevate esto. – y le dio un pequeño chisme. – tenlo activado todo el rato.
Clodomiro: – Todo saldrá bien, Osvaldo. ¡Pienso ponerme las botas!… Tu vigila hasta que suba a su habitación, por si viene alguien, y después marcha a tu casa, que la noche arrecia y hace frio. Ya te contaré mañana. Adios.

Se ve a Clodomiro marchar hacia el castillo. Desde la ventada de la habitación de la torre una escala cae por la pared de la torre. Clodomiro comienza a escalarla.

Cae el telón.

• Acto I – Escena 2ª

Inmediatamente, el telón vuelve a subir. El escenario ha cambiado.
Se ve el interior de una gran habitación. En la ventana se ve el garfio de una escala. En la habitación hay una gran cama y sobre ella una bella joven en camisón… muy pequeño y transparente, leyendo un libro. Junto a la cama un mueble tocador y una silla. En la pared un armario doble y un par de posters de unos trovadores melenudos.
Por la ventana surje Clodomiro. En cuanto Eustaquia le ve, corre a abrazarle.

Eustaquia: – ¡Clodomiro!
Clodomiro: – ¡Eustaquia!
Eustaquia: – ¡Por fin has llegado!… No te habrá visto nadie ¿verdad?
Clodomiro: – Nadie. He tenido mucho cuidado. Mi amigo Osvaldo está vigilando. Le he dicho que se fuera en cuanto me viera entrar en tu habitación.
Eustaquia: – Bien. No lo debe saber nadie…, aun. Mi padre me mataría si nos viera juntos… sobre todo si supiera lo que vamos a hacer.
Clodomiro: – Por cierto… Tu habitación está demasiado alta. ¿No podríamos habernos visto en otra más baja? ¡Estoy derrengado de subir por la escala!… ¡y casi me caigo!
Eustaquia: – ¡No seas quejica! Ya verás como hago que lo olvides… ¡cariño!… Ven.

Sin cruzar una palabra más, los dos fogosos jóvenes se fueron a la cama. Entonces comenzó lo bueno… besos…, camisa fuera…, arañazos apasionados…, camisón fuera…, más besos…, calzones fuera…, más arañazos,… triki, traca…, que si boca arriba…, que si boca abajo… es decir, ¡la repanocha madre!
Entonces se oyeron ruidos de pisadas subiendo las escaleras de la torre. Eustaquia, que no era tonta, adivina que vienen su padre y algunos de los sirvientes. Se oyen voces. Y por lo que se oye, sabe que su padre está muy cabreado. Eustaquia no sabe cómo, pero su padre ha averigüado que está donde está, y está haciendo lo que está haciendo. Como sabe lo que la espera si la descubren, Eustaquia reacciona rápido. Comienza a dar gritos, pide socorro, se desgarra la poca ropa que le queda encima. Comienza a simular que Clodomiro está abusando de ella. Clodomiro no sale de su asombro…, el pobre es un poco corto, y no entiende el cambio de actitud de su amada.

Eustaquia: – ¡Socorro!… ¡Déjame, bribón!… ¡No me toques, abusón!… ¡Socorro!… ¡A mí… auxilio… a mi! ¡que alguien me ayude! ¡que me deshonran!… ¡socorro!…
Clodomiro: – ¿Pero que dices, Eustaquia!… ¿porqué gritas?… ¡¡Si eres tu la que llevas la voz cantante. Yo solo estoy haciendo lo que dices que haga!!… ¡No seas bruta… !y no te rompas la ropa!…

Entonces se abre la puerta de la habitación, y como un torbellino entra su padre, don Alustio Floridagrande y Vialáctea, Conde de EstirpeNoble, seguido de sus acompañantes: su tia Edelmira, la hermana menor del Conde, y su marido Hierónides. Incluso estaban sus hermanos menores Eleuteria y el pequeño Wenceslao, que no sabía exactamente lo que estaba pasando, pero había subido porque todo esto le parecía muy divertido. Tambien estaba su prima Crescencia, aunque esta solo había subido para burlarse de Esutaquia. Por último estaban algunos de los sirvientes del castillo… El conde está rojo de ira…, azul de desesperación…, verde de vergüenza…, amarillo de ira…

Alustio: – ¡Estoy rojo de ira!…, ¡azul de desesperación!…, ¡verde de vergüenza!…, ¡amarillo de ira!… (si, ya sé que también estaba rojo de ira, pero es que la ira es una policromía)… ¿Qué está pasando aquí? ¡Suelta a mi hija, desgraciado!

En cuanto Eustaquia le ve, salta de la cama y corre a abrazarle, hecha un mar de lágrimas… (de cocodrilo…, pero de eso su padre no se dio cuenta, claro).

Eustaquia: – ¡Oh, padre…, papá!… Ese malnacido ha querido abusar de mí…, tu hijita. ¡Menos mal que me habeis oído perdir socorro!… si no, no sé lo que hubiera pasado…
(…En un aparte exclama Eustaquia: ¡Maldita sea!… ¿Cómo se habrán enterado?… ¡Con lo fetén que lo estaba pasando!… Pero debo seguir fingiendo, o mi padre me matará. ¡Aunque Clodomiro deba morir por salvar mi honor!…)
Alustio: – ¡Guardias!… !Guardias!… ¡Arresten a este alfeñique!
Clodomiro: – Pero…, pero…
Eustaquia: – ¡Matad a este desalmado!… ¡matadlo!… Ha querido mancillar mi honor, y debe morir sin dilación.
Clodomiro: – ¡Pero Eustaquia!… ¿Qué dices?… ¿Te has vuelto loca?
Alustio: – ¡Silencio, greñudo!, y da gracias que no te mate aquí mismo. ¡Llevároslo! ¡Deprisa! Bajadlo a las mazmorras. Mañana habrá un juicio…, juicio justo y equitativo…, ¡y será ejecutado!… ¡Como me llamo Alustio!

Se ve como se llevan a Clodomiro encadenado, mientras Eutaquia sonríe alivida.

(En un aparte exclama Eustaquia: – Mi honor será salvado… ¡Aunque muera Clodomiro!)
(En un aparte exclama Clodomiro: – ¡Qué bruta es Eustaquia!… Esta me quiere… ¡Muerto!)

Cae el telón.

• Intermedio

Se encienden las luces del teatro. Se oye una agradable voz que anuncia un intermedio de 15 minutos. Tambien se recuerda al respetable público que en el bar del teatro se ofrecen unos canapés y bebidas totalmente gratis. Galantería de los patrocinadores del evento: Electrodomésticos Robóticos El Mirlo Blanco, los más listos del mercado, y Lejia La Alondra Blanca, la mejor lejía del planeta y parte del Sector Galactico, que deja la ropa tan blanca que más que limpiar, quita el cacho.
Como en todas estas ocaciones, en las que se anuncia comida gratis, los asistentes perdieron el culo por bajar al bar y arramplar con toda la comida y la bebida.
Tras los 15 minutos anunciados, se avisa al público que la función va a continuar. El público, tras dejar vacio el bar, volvió a sus asientos elegantemente.
Tras el tercer aviso de rigor, las luces se apagaron. Comienza el segundo y definitivo acto.

• Acto II

Sube el telón y vemos una gran sala. En ella se va a celebrar el juicio…, juicio justo y equitativo en el que Clodomiro será declarado culpable y condenado a morir, aunque aun no se ha decidido la forma en que morirá…, para eso se celebra el juicio…
En la sala hay mucho público, ansioso de contemplar como se condena a un inocente. Entre el público está también Osvaldo, algo nervioso. Sabe que su amigo es inocente, y espera que Clodomiro haga uso de su as de la manga para salir airoso del juicio y demostrar su inocencia. A su lado está su hermana, Eunice, que está enamorada de Clodomiro.

Osvaldo: – Esto está a rebosar, Eunice ¡Como le gusta a la gente el morbo de un juicio injusto!
Eunice: – Tienes razón, Osval.
Osvaldo: ¡Te he dicho mil veces que no me llames Osval!… ¡Euni!
Eunice: – ¡Vale, vale! No te sulfures… Osvaldo.
Osvaldo: – Mira, Eunice, ahí está en banquillo de la acusación, con el gran abogado don Nicasio Sauceflorido y Silvestre y sus tres ayudantes, contratados por el Conde para la ocasión. Mira, tambien están Eustaquia, muy compunjida, ¡la muy mentirosa!; su padre, el Conde, tan cabreado que parece que va a estallar; la marquesa del Fresnoaliñado, Doña Edelmira, tia de Eustaquia y hermana menor del Conde, totalmente fuera de sí; Eleuteria, hermana menor de Eustaquia, que conoce de sobra a su hermana, y sabe que es más pu… que las gallinas, pero que, sin embargo, no ha salido en defensa de Clodomiro por dos motivos: Primero, porque Clodomiro prefirió a su hermana antes que a ella para “eso”… (no hace falta aclarar qué es “eso”, ¿verdad?)
Eunice: – No, no hace falta. Y no me recuerdes esas cosas, que ya sabes lo que siento por Clodomiro… ¿vale?
Osvaldo: – Perdona, no me acordaba… Además, aunque saliera en defensa de Clodomiro, su padre no le haría el menor caso… Y segundo, porque cualquiera lleva la contraria a su querido padre, el Conde… ¡ni que estuviera loca!… según me dijo hace un rato al entrar en el juzgado; Tambien está Wenceslao, hermano pequeño de Eustaquia y Eleuteria, que no sabe muy bien aun porqué está allí, pero que parece que se está divirtiendo mucho viendo como han venido vestidas algunas de las señoras de la ciudad…, sobre todo aquella gorda de la segunda fila del público y la de la quinta fila, butaca tercera por la derecha, que incluso se ha traido al juicio a su masota: una cria de Isseching de Ala Roja…, mira como se rie Wenceslao y las señala con el dedo; ahí está tambien Hierónides, marqués de Nuezalmizclera y esposo de doña Edelmira…, exactamente es ese orden…, ¡con eso está dicho todo!; y por último Crescencia, hija de doña Edelmira y don Hierónides, que, según me ha dicho, sería infinitamente feliz si su prima Eustaquia se rompiera una pierna… Sin embargo, en el banquillo de la defensa solo está ese delgaducho abogado, Teójenes del Riobravo Seco, sin apenas experiencia judicial, que ha sido contratado in extremis para la defensa de Clodomiro, más por cumplir el expediente que por justicia, pero que no ha tenido tiempo para preparar la defensa… ¡así ya se puede ganar un juicio!
Eunice: – No te preocupes, Osvaldo. Clodomiro es listo y sabrá lo que tiene que hacer… ¡ya verás!
Osvaldo: – Esperemos que así sea, hermanita.

En eso entra el juez. Se sienta en su sillón. Los guardias hacen entrar a Clodomiro en la sala y le sientan en el banquillo. El juicio da comienzo.

Secretario del juzgado: Todos en pie. Da comienzo el juicio. Caso nº 735/1275. El reino contra don Clodomiro Cascoalado del Bosque. Pueden sentarse.
Juez: – Señor Clodomiro, se le acusa de abuso con violencia y nocturnidad e intento de violación y deshonra manifiesta contra la persona de la señorita Eustaquia Floridagrande y Vialáctea. ¿Cómo se declara el acusado?
Teójenes: – Inocente, señoría.
Juez: Bien, entonces… puede comenzar la acusación.

El abogado de la acusación se acerca al estrado.

Nicasio: – Señoria. Dada la delicada naturaleza del caso, y para no alargar inútilmente el sufrimiento de la señorita Eustaquia, solo voy a llamar a una persona al estrado, a pesar de que existe un considerable número de testigos que podrían destificar en contra del acusado y su inexcusable comportamiento en la noche de autos. – dijo el abogado señalando al banquillo de la acusación donde estaban sentados todos los parientes de Eustaquia.
Juez: – De acuerdo, letrado. Dé comienzo.
Nicasio: – Gracias, señoría. ¡Llamo al estrado a la señorita Eustaquia!

El público, expectante, contempla como la hija del Conde se sienta en el estrado. Lleva un precioso vestido de hilo de plata que realza su fina figura… ¡Todo el público alaba el buen gusto de su nueva heroína! (se oyen comentarios: ¡realmente le queda muy bien!…, ¡está guapísima!…, ¡A ver cuando matan ya a ese cabezabote de Clodomiro!… y cosas por el estilo.)

Secretario del juzgado: – Levante la mano derecha. Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Diga lo juro.
Eustaquia: – Lo juro.
Secretario del juzgado: – Diga su nombre y domicilio.
Eustaquia: – Eustaquia Floridagrande y Vialáctea. Castillo de EstirpeNoble, calle del Alceburlón, nº 529bis.
Nicasio: – Señorita Eustaquia, ¿podría indicarnos qué paso en la noche de ayer en su habitación?
Eustaquia: – Si señor. Verá. Estaba yo tranquilamente echada en mi cama leyendo un libro…, un precioso libro que mi queridísimo papá me había regalado por mi cumpleaños, cuando, de repente, veo como entra una persona por la ventana.
Nicasio: – Perdone, ¿Por qué tenia echada la escala por la ventana?
Eustaquia: Verá, señor abogado. Ya se que no debo hacerlo, pero, en ocasiones, en lugar de bajar por las escaleras de la torre, me gusta hacer un poco de ejercicio y utilizo la escala para bajar y subir por ella. ¿Es un delito eso?
Osvaldo: ¡Será mentirosa la muy…! ¡Si nunca ha hecho más ejercicio que llamar por holoteléfono!
Eunice: Calla hermano, no sea que te expulsen de la sala.
Nicasio: – Nada de eso, señorita. Por favor, siga con la explicación de los hechos.
Eustaquia: – Pues bien, vi como entraba alguien. Despues supe que se trataba de Clodomiro. Yo no le había visto en mi vida ¡lo juro!. Me pilló por sorpresa. Se avalanzó sobre mi y… (gimotea), y… (vuelve a gimotear más fuerte)…
Osvaldo: – ¡Está fingiendo la muy sinvergüenza!
Nicasio: – ¿Se encuentra bien? ¿Desea que aplacemos el juicio?
Eustaquia: – No… Puedo continuar… Todo sea por hacer justicia y condenar a ese malnacido de Clodomiro… Se avalanzóme y forzóme… desnudarme quiso ¡Deshonrarme se propuso! Yo con todas mis fuerzas me opuse, pero él más fuerte que yo era mucho…
Osvaldo: ¡Eso es mentira! – gritó el muchacho.
Juez: – ¡Silencio!… No permitiré otra interrupción. ¡Silencio!
Nicasio: – ¿Se Encuentra bien, señorita?… como se ha puesto a hablar al revés…
Eustaquia: – Perdón, señor abogado…, es que cuando me pongo nerviosa me sale la forma de hablar de mi madre, ¡que en paz descanse!… Era de las Tierras Altas del Este ¿sabe?
Nicasio: – Bien. Continúe, por favor.
Eustaquia: – Como decía, yo intenté defenderme. Grité todo lo que pude. Él me arañaba y estuvimos forcejeando. Afortunadamente mi padre, y traws él mi querida famila, junto con algunos de nuestros sirvientes, entraron en mi habitación antes de que pasase nada peor… Y eso fue todo (vuelve a gimotear).
Nicasio: – Muchas gracias. Solo una última pregunta. ¿Tiene alguna prueba que corrobore lo que nos acaba de decir?
Eustaquia: – Si señor. (Eustaquia se arremangó la manga del vestido y mostró al juez los arañazos que Clodomiro le había provocado).
Nicasio: – Eso es todo. Muchas gracias.
Juez: – Su turno, abogado defensor.
Teójenes: – No…, no haré preguntas, Señoría.
Juez: – De acuerdo. Señorita Eustaquia, puede volver a su asiento.

Juez: – Pasaremos ahora al turno del abogado de la defensa. Cuando quiera letrado.
Teójenes: Gracias, señoría. Con su venia, llamo a declarar al acusado, don Clodomiro Cascoalado del Bosque.

El público observa impaciente como Clodomiro sube al estrado. Se oyen algunos insultos… que no voy a repetir aquí por respeto.

Secretario del juzgado: – Levante la mano derecha. Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Diga lo juro.
Clodomiro: – Lo juro.
Secretario del juzgado: – Diga su nombre y domicilio.
Clodomiro: – Clodomiro Cascoalado del Bosque. Calle del Racimojugoso, nº 33, 2ºB.
Teójenes: Señor Clodomiro Cascoalado, puede contar a esta sala lo que, según usted, sucedió en la habitación de la señorita Eustaquia en la noche de ayer.
Clodomiro: – Por supuesto.

Clodomiro narra lo mejor que puede, el pobre, lo que sucedió ayer noche: lee al juez la carta que le envió Eustaquia…, como subió por la escala que Eustaquia le había dejado caer por la ventana…, como le estaba esperando Eustaquia toda ansiosa ella por… por… ¡por hacer eso con él, vamos!

Teójenes: – Bien. Díganos. Cuando entró el señor Conde y sus acompañantes en la habitación ¿porqué no se defendió exponiendo lo que nos acaba de contar?
Clodomiro: – ¡Pero si no me dejaron hablar!… Yo no hacía más que intentar razonar con el Conde, pero estaba hecho un energúmeno, y no pude ni abrir la boca… Todo fue tan rápido…
Nicasio: – ¡Protesto, señoria! El acusado está injuriando el buen nombre del Conde y su hija.
Juez: – Protesta aceptada. En adelante, el acusado se abstendrá de realizar tales tipos de afirmaciones.

Osvaldo: – ¡Joder!… ¡Este juez está comprado!… Así ya podrán…
Eunice: – Tranquilo, hermano, aun no ha terminado esto.

Teójenes: – ¿Tiene alguna prueba que corrobore lo que acaba de decir?
Clodomiro: – Sí, señor abogado.

Entonces Clodomiro sacó del bolsillo derecho de su chaqueta un pequeño chisme. El silencio se cortaba en la sala. Clodomiro entrega el aparato a su abogado.

Teójenes: – Señoría. Presento esto como prueba de la defensa.
Juez: – Bien. Pero espero que no sea ningún subterfugio para alterar el buen curso de este juicio, abogado. ¿De que se trata?
Teójenes: – Lo cierto es que no lo sé, señoria. El acusado no quiso decírmelo cuando hablé con él esta mañana temprano. Pero le aseguro que es crucial para este juicio… por lo que me ha dicho el acusado.
Juez: – Bien. Continue, pero si veo algo raro corto esto por lo sano ¿entendido?
Teójenes: – Si, señoria. Señor Clodomiro, ¿puede explicarnos qué es esto?
Clodomiro: – Se trata de un GHP3D…, un Grabaproyector Holográfico Panorámico 3D, modelo Lewec-58… Ayer grabé TODO lo que pasó.

Sin dejar que nadie de la sala, sobre todo el juez y el abogado de la acusación pudiera reaccionar, Clodomiro accionó el pequeño chisme. Lo lanzó al aire. Entonces algo asombroso sucedió. El GHP3D, suspendido en el aire en medio de la sala, comenzó la proyección holográfica y ésta se transformó, al menos visualmente, en la habitación de Eustaquia.

Osvaldo: – ¡Si!… Al menos me hizo caso y usó el chisme que le di… ¡Ahora verás, hermana!… Ya no podemos perder el juicio… ¡Mira como se ha quedado Eustaquia!… muda de pánico.

Entonces en medio de la sala, ahora convertida en el lugar de los hechos, se vió como Clodomiro aparecía por la ventana, cómo Eustaquia corría a abrazarle, se vio y oyó lo que ambos jóvenes se dijeron en la noche de autos…

[…]
Eustaquia: – ¡Por fin has llegado!… No te habrá visto nadie ¿verdad?…[…]
Clodomiro: – Nadie. He tenido mucho cuidado…[…]
Eustaquia: – Bien. No lo debe saber nadie…, aun. Mi padre me mataría si nos viera juntos… […]
[…]

… Se vió cómo Eustaquia, pérfida serpiente mentirosa, engañaba a todos simulando que Clodomiro la estaba atacando, y cual fue la inocente reacción de Clodomiro…

[…]
Eustaquia: – ¡Socorro!… ¡Déjame, bribón!… ¡No me toques, abusón!… ¡Socorro!… ¡A mí… auxilio… a mi! ¡que alguien me ayude! ¡que me violan!… ¡socorro!…
Clodomiro: – ¿Pero que dices, Eustaquia!… ¿porqué gritas?… ¡¡Si eres tu la que llevas la voz cantante. Yo solo estoy haciendo lo que dices que haga!!… ¡No seas bruta…, no te rompas la ropa!…
[…]

Cuando la grabación holográfica finalizó nadie se movió. Todos estaban como hipnotizados. Los abogados de la acusación no hacían más que mirarse entre ellos y al juez… No podían hacer nada. Sabian que habían perdido el juicio.

Teójenes: – No hay más preguntas, señoría.

El juez no tuvo más remedio que declarar inocente a Clodomiro.

Juez: – Ante esta nueva y sorprendente prueba no creo que haga falta seguir con el juicio. Declaro inocente al acusado Don Clodomiro Cascoalado del Bosque. En cuanto a la actitud de la señorita Eustaquia,… lo dejo en manos de su padre…, el sabrá ejercer justicia.
Alustio: – ¡Voto a Brios!… ¡Por supuesto que haré justicia!… ¡La mandaré a nuestros campos de labranza… hasta que se haga una mujer decente!… ¡Como me llamo Alustio!

Clodomiro bajó del estrado. Cuando pasó delante de donde estaba sentado el Conde, éste le dijo:

Alustio: – ¡Perdona, hijo!
Clodomiro: – No se preocupe. Yo también tengo parte de culpa. No debimos hacerlo. De todas formas… tiene una hija de cuidado ¿sabe?

Se ve como Clodomiro sale de la sala acompañado de su amigo Osvaldo y su hermana Eunice.

Osvaldo: – ¡Felicidades, Clodomiro! Ni por un minuto he dudado de ti.
Clodomiro: – Gracias Osvaldo, pero todo ha sido gracias a ti. Si no me llegas a dar el Grabador Holográfico hubiera estado perdido… Por cierto Eunice ¡Estás hecha toda una mujer!… ¿Sabes que estás muy guapa?
Eunice: – ¿De veras, Clodomiro? Muchas gracias – (y se sonroja).

Cae el telón. FIN.

Se encienden las luces del teatro. El público se levanta de sus butacas. La gente comenta sobre la obra.
Yo pemanecí sentado aun un rato más. Me gusta oir los comentarios del público sobre si les ha gustado la obra o no. Delante de mí un matrimonio parecía discutir:
– No ha estado mal, pero… ¡sigo sin entender cómo supo el Conde que su hija estaba con Clodomiro en la habitación! – dijo la esposa.
– Pero cariño – le dijo su marido – qué mas te dá cómo lo supo… ¡disfruta de la obra y no hagas preguntas tontas!… Se dio cuenta… porque se dio cuenta… ¡y nada más!
– ¡Pero eso no es lógico!… – oí a la mujer replicar a su marido mientras su voz se perdían entre la multitud que salía a la calle.
En la butaca de atrás, un chiquillo de unos 8 años le preguntaba a su madre, todo intrigado:
– Mamá, ¿Qué es un Isseching de Ala Roja?
– Creo que es una especie de dragón volador enano. – respondió su madre.
– ¿Me comprarás uno, mamá?
– No… No los tenemos en nuestro planeta, y los pocos que hay son carísimos, y no podemos permitirnos el lujo de comprar uno de importación interplanetario.
– ¡Jo, mamá! ¡Yo quiero un Isseching de Ala Roja!… ¡Yo lo quiero!…
Ví como la madre intentaba sacar a su hijo del teatro a rastras mientras el chico luchaba y lloraba porque seguía queriendo uno de esos bichejos.
Finalmente, me dirijí fuera del teatro. Quedaba poco público en la calle. Ya se habían ido a sus casas. Unos en aerotaxi o en hiperbus, otros en turbosubway, algunos en sus vehículos aerodeslizadores particulares.
Vi un par de viejetes que comentaban la obra. Parecian no tener prisa. Me recordaban a esos viejos gruñones de la holoTV que, desde uno de los balcones del teatro, criticaban la obra. ¡Si, hombre!… ¿no recordais aquella serie de holoTV de humor de hace un tiempo en el que aparecían dos viejos gruñones, que siempre decían la última crítica sarcástica sobre lo que acabábamos de ver en el capítulo de TV?,… pues estos eran de ese tipo.
– ¿Qué te ha parecido la obra, Desidónio? – preguntó uno de ellos al otro.
– ¿Qué obra dices, Sínforo? – le respondió.
– ¿Cómo que qué obra?…, pues la que acabamos de ver… ¿para qué has venido si nó, viejo chivo?
– Yo, no se tú, pero… ¡yo he venido por los canapés gratis!hipotesis32-dragon_fruit-Isseching de Ala Roja1

INFORME: “Maephis251/Ur’nqueris98-H32”
Año: 1.275 (Calendario Local)
Planeta: Ageranthia
Ciudad: Daracia
Teatro Nacional de Daracia.

El presente informe es la fiel transcripción de la retransmisión holográfica de la obra de hiperteatro del escritor Nyosio Trinoalto Capitolino, “Tragicomedia de Eustaquia y Clodomiro”, narrada por el Subsecretario Tercero del 497º Sumo Soh•ferím del Concilio Universal.
Estudios histógráficos posteriores indican que Nyosio Trinoalto Capitolino es un pseudónimo. Las últimas investigaciones hacen suponer que el verdadero autor podría ser el propio Subsecretario Tercero, Dearrny Saminäthan Tartight.

En el año 33.775 d.C., según Cronología Estándar Galáctica (CEG), la humanidad colonizó el planeta Ageranthia. Por tanto, el año 1.275 del Calendario Local, corresponde con el año 35.050 d.C. CEG.

Nyosio Trinoalto Capitolino: Pseudónimo del autor de la obra de hiperteatro “Tragicomedia de Eustaquia y Clodomiro”.
Dearrny Saminäthan Tartight: Subsecretario Tercero del 497º Sumo Soh•ferím del Concilio Universal.
Lunsor-Sisath Diherôth Taramarë (35.006 d.C. – 35.103 d.C.): 497º Sumo Soh•ferím del Concilio Universal.

Personajes de la obra de hiperteatro:
Clodomiro Cascoalado del Bosque.
Eustaquia Floridagrande y Vialáctea.
Osvaldo: Amigo de Clodomiro.
Eunice: Hermana pequeña de Osvaldo.
Alustio Floridagrande y Vialáctea: Conde de Estirpenoble y padre de Eustaquia.
Eleuteria: Hermana menor de Eustaquia.
Wenceslao: Hermano pequeño de Eustaquia y Eleuteria.
Edelmira: Marquesa del Fresnoaliñado, tia de Eustaquia y hermana menor del Conde.
Hierónides: Marqués de Nuezalmizclera y esposo de doña Edelmira.
Crescencia: Hija de doña Edelmira y don Hierónides.
Nicasio Sauceflorido y Silvestre: Abogado de la acusación.
Teójenes del Riobravo Seco: Abogado de la defensa.

Otros personajes:
Juez.
Secretario del juzgado.
Sirvientes del castillo.
Público en la sala del Juzgado.

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N. del A.:
SI QUIERES LEER MIS PEQUEÑOS RELATOS DE FICCIÓN, ENTRA EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG: “HIPÓTESIS-RELATOS”. https://observandoelparaiso.wordpress.com/hipotesis-relatos/

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