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Como ya sabéis los que visitais con cierta frecuencia este blog, de vez en cuando me da por escribir algún relato de ficción, que yo llamo “Hipótesis”. Hoy publico la siguiente. La número 31. Se titula “Volando entre dragones”, y espero que os guste. ¿Me acompañáis?… ¿Sí?… Pues vamos…hipotesis31 - dragon1

Planeta: Fuwän – Ciudad: Thrüson – Año: 33.305 d.C.

¿!Te imaginas volando a lomos de un impresionante Dragón Escupefuego de Essgärtas, del recóndito planeta Aghëk, más allá de la Nebulosa Iwarëne!?… ¿Quieres explorar el remoto planeta Sondast, y sobrevolar las Heladas Llanuras de Ther’ale sobre un Dragón Rojoazul de E’tiack?… ¿Te gustaría lanzarte en picado desde lo alto de las Cataratas Kin’em, en el planeta Sohvän, montado sobre un Fumixtaico Dragón Kivyk de Alas Verdefuego?… ¿Alguna vez te habrías imaginado poder observar el asombroso Valle BlancoArdiente de Zhiricäl, del planeta Zaimäld, volando en un Chroveris Libelhat de Dientes de Sable Toshi?… ¿O atravesar las Nubes C’Hyrth del planeta Ihoshi, más allá del Circulo de Fuego Ashnt, en el misterioso Sector Galáctico 7G54?…

– Ya puedes apagar el holovisor, Seyd. – dijo la joven Naomi.

El robot apuntó el sensor a distancia y lo apagó. Justo en el momento en que se desvanecia la imagen, se podía ver a Dewin Youmald en el holovisor, junto a un hermoso ejemplar de Dragón Tyaesur de Alas Azulhielo, anunciando su empresa de viajes y vuelos sobre dragones…, Dragonflying…, la única del planeta que garantizaba que sus dragones eran de verdad y no reproducciones robocuánticas tan de moda últimamente…, no en vano Dewin y su equipo de trabajo se encargaban de cazar y amestrar sus propios dragones.

– ¿Seguro que Dewin es la persona idónea para la misión? – preguntó Naomi al robot.
– Seguro. – Respondió el androide. – Según las últimas investigaciones que he realizado su experiencia como explorador en planetas remotos es impresionante…, y su destreza como cazador/domador de dragones no tiene igual en todo el Sector… Antes era agente de policía, pero lo dejó por agotamiento. Entonces montó, junto a unos amigos, la empresa de viajes y dragones actual…, además es valiente… y ¡está como un tren!

Naomi se quedó mirando al robot con cara de asombro…

– ¡Pero Seyd!… ¡no sabía que te interesaban esas cosas en los humanos! – dijo riendo.
– Y no me interesan…, solo he utilizado gerga humana…, lo he dicho por si te interesan a ti. – Respondió Seyd, sin sonreir, pero con un tono de voz muy elocuente.

Aunque Seyd tenia apariencia semi-humana…, femenina…, seguía siendo un robot, y por tanto, carente de sentimientos. Disponía de un cerebro cuántico de última generación, que garantizaba su óptimo funcionamiento, y tenía implantadas en él las Tres Leyes, que convertían al robot en un ayudante y protector excelente para Naomi.

– Bien, entonces, vayamos a verle. – dijo Naomi. – A ver si nos quiere ayudar…

Naomi y Seyd llegaron a la sede de Dragonflying, que además era donde vivía Dewin y su equipo. Era una gran mansión, a las afueras de la ciudad, rodeada de un gran bosque, próximo a un caudaloso rio… Se podía oir caer el agua en las cataratas cercanas. Las instalaciones de la empresa estaban formadas por la propia mansión y un recinto cercano donde había cuatro dragones adultos Y’ustkim de Lomo Azulfuego, dos machos y dos hembras, junto a cinco crias. Además disponían de una plataforma para el aterrizaje y despegue de una espectacular nave espacial, Clase Eóthelis, que se usaba para trasportar a los clientes y los dragones a aquellos planetas donde se realizaban las expediciones.

Naomi y Seyd se apearon del vehículo, un funcional y práctico modelo Ilossan-35, capaz de utilizar el campo magnético del planeta para deslizarse un palmo por encima de la carretera a gran velocidad, y entraron en la casa.

Naomi preguntó por Dewin en recepción.

– Motivo de la visita. – preguntó la recepcionista.
– Negocios. – respondió Naomi.

Dewin llegó al cabo de cinco minutos.

– Disculpen que haya tardado, pero estaba en clase con una de las crias de dragón. – les dijo Dewin.
– No se preocupe. – respondió Naomi – ¿En clase, dice?
– Si. Cuando antes se empiecen las clases para amaestrar a los dragones, más dóciles serán de mayor. Tengan en cuenta que, cuando tengan la edad adecuada, los clientes podrán volar a lomos suyos, por lo que es imprescindible que para entonces estén totalmente domesticados… ¡No queremos que ningún cliente nos ponga una denuncia por daños y perjuicios! ¿verdad? … Mis animales tienen unos enormes y afilados dientes y no queremos que nadie resulte mordido, o se caiga en pleno vuelo por culpa de uno de mis queridos dragones. – les dijo Dewin con una gran sonrisa.
– Naturalmente. – dijo Naomi.
– Bien. Vengan a mi despacho. – dijo Dewin – ¿En que puedo servirles?

Entonces Naomi le contó el motivo de su visita. Evidentemente, yo no estaba presente cuando eso ocurrió, pero la propia Naomi me lo contó todo más tarde. Permitidme que os haga un resumen:

La exploración espacial permitió contactar a los humanos con otras civilizaciones inteligentes en otros planetas de la GECM, demostrando que no estábamos solos en el universo. Sin embargo, las ventajas que todo ello provocó no solo se referían al avance inherente a dicho contacto intercivilizaciones, como avances en ciencia y nuevas tecnologías, en ética y moral, o a un mejor conocimento de la expansión de la propia vida en el universo, o cosas por el estilo. No. Existian también muchos aspectos, que podríamos llamar de menor trascendencia, que también se vieron afectados por la nueva situación provocada por dicha exploración espacial.
Uno de dicho aspectos, y que es el que nos interesa en esta historia, es el descubrimiento, en diversos planetas, de nuevas especies de animales, y entre todas ellas, la que más nos afectó a los humanos, fue el descubrimiento de los Dragones… Curiosamente casi todos ellos localizados en el Sector 346B de la GECM… Si… ¡Dragones!… Dragones como los que aparecían en las leyendas de la antigüedad, aunque de una variedad mucho mayor… Dragones de mil y una clases: voladores…, escupefuego…, submarinos…, grandes, pequeños…, absolutamente increíbles. Unos con el cuello largo, otros corto…, unos con grandes alas como los aviones, otros sin alas pero con el cuerpo largo como serpientes gigantes…, unos podían escupir fuego, otros incluso ácido…, algunos eran muy venenosos, otros no. Algunas especies vivian en planetas deshabitados, sin vida inteligente…, otros vivian en planetas habitados por civilizaciones inteligentes. Éstos últimos, generalmente, habían sido eficazmente amaestrados por los habitantes de dichas civilizaciones, y eran utilizados tanto como medio de transporte como para tareas lúdicas.
Sin embargo, todos los dragones tenían algo en común. Todos, independientemente del planeta en el que vivieran, lo hacían cerca de ricos llacimientos de minerales y piedras preciosas.
Evidentemente, el descubrimiento de los dragones provocó, en los humanos, un gran desconcierto inicial. ¿Qué relación había entre los dragones encontrados en lo planetas de la GECM y los descritos en las leyendas humanas? Inmedietamente proliferaron asociaciones encargadas del estudio de los dragones… ¡Imaginense!…, era como encontrar dinosaurios vivos… ¡más aun!… ¡era como encontrar seres mitológicos vivos!
Todas esas investigaciones permitieron, en cierto modo, desmitificar a los dragones, de cara a los humanos. Claro está, muchas de las investigaciones realizadas por los humanos se vieron enriquecidas por el amplio conocimiento que tenían de ellos aquellas civilizaciones inteligentes que convivían con ellos en sus planetas.
Uno de los primeros descubrimientos realizados por los humanos fue la confirmación de que los dragones vivian cerca de llacimientos de minerales y piedras preciosas no porque, tal como aseguraban las leyendas humanas, los dragones fueran avaros de riquezas, sino porque se alimentaban de ellos, o mejor dicho, necesitaban su ración diaria de minerales y piedras preciosas para poder metabolizarlos y ser capaces de escupir fuego y ácido, e incluso, ser capaces de volar.
¿Y para qué todo esta explicacion? Os preguntareis… Bien, el caso es que además de su lado amable, el descubrimiento de los dragones, por parte de los humanos, provocó que la avaricia, esta vez real de los humanos y de alguna que otra civilización inteligente de la GECM, hiciera acto de presencia. Os lo explicaré.
Se realizaron expediciones por parte de empresas con pocos o ningún escrúpulo, con el objeto de apropiarse de las riquezas existentes en las zonas donde vivian los dragones… y si para eso tenían que acabar con los dragones que allí vivian, pues se hacía y punto. De todas formas, aunque no se mataran a los dragones directamente, el simple hecho de acabar con los llacimientos provocaba la muerte de éstos, ya que sin sus raciones diarias de minerales y piedras preciosas, los dragones no podían vivir mucho tiempo.
Afortunadamente, en aquellos planetas habitados por civilizaciones inteligentes, dicha expoliación de recursos minerales no se llegó a realizar, por lo que los dragones que allí vivian estaban a salvo. Sin embargo, en los planetas deshabitados pronto enpezaron a escasear los dragones.
A la vista del desastre ecológico que se estaba produciendo, algunas organizaciones públicas y privadas de diversos planetas buscaron una solución a la situación.
Aquí es donde, realmente, empieza nuestra historia. Vereis…
El profesor Garth Del’bur formaba parte de una de esas organizaciones. Participaba en una importante expedición. La idea era catalogar los planetas en los que los dragones estaban amenzados de muerte y obtener pruebas para poder promover una Ley Galactica que declarase intocables los entornos naturales donde vivian dichos dragones.

– El caso, señor Dewin, es que mi padre ha desaparecido. – dijo Naomi. – Necesito que nos ayude a buscarlo.

Dewin se quedó en silencio. Comprendía la situación por la que estaba pasando Naomi y lo angustiada que debía estar.

– Pero, mi querida Naomi… ¿me permite que la llame Naomi?… sin más información es como buscar una aguja en un pajar. – le dijo Dewin amablemente.
– Bueno. – dijo Naomi – Es que sí hay más información. Seyd, dale el cuaderno a Dewin.

La robot sacó un viejo cuaderno de su maletín, y se lo entregó a Dewin.

– Por lo visto, mi padre halló este cuaderno cuando se encontraba en la ciudad Alaru, en el planeta Herakess. – dijo Naomi – Es el Cuaderno de Bitácora del agente de una antigua estación de avanzada en FortConger del planeta Ellesmëre, más allá del Anillo de Akawa, en la Nebulosa Ohön. No sabemos cómo llegó el cuaderno hasta el planeta Herakess. Lo único que sabemos es que por alguna razón se debió trasladar el material de la estación de un planeta a otro, incluyendo las pertenencias del agente, y entre ellas este cuaderno.
Mi padre se lo había dejado al jefe de la expedición para que se lo guardara, mientras él se iba en busca de… Dragones. Como mi padre no volvió, el jefe de la expedición me lo envió a mí… Dentro del cuaderno encontrará una página vieja del diario de la Nurunan’s Bay Company. – dijo Naomi señalando una página del cuaderno que tenia Dewin en sus manos. – Observe la entrada del 15 de enero del 33.185 d.C.

Dewin hizo lo que Naomi le decía. La página decía así:

“A esta estación de avanzada llegó hoy John Marcusson con sus mercenarios, nativos del planeta Xanej, cazadores de Gikis Blancos más allá del fin del universo.
Dijo haber estado en un planeta solitario… Inänd lo llamaba…, en el Sector 35G2 de la GECM. Dijo haberlo encontrado casualmente, porque estaba oculto en una extraña nebulosa color verdemar con un inusual índice de radiación Lyeaw-65. Allí cazaban criaturas bestiales. Dijo también haber visto allí una nube solitaria, como si estuviera sobre hielo. Y detrás, oculta, una isla grande… como un continente. Quiso explorar esa isla, pero sus mercenarios se negaron. Decian que estaba custodiada por espíritus malignos, porque era el lugar adonde los dragones iban a morir.”

– Y tú quieres que busquemos a tu padre en ese planeta… Inänd…, ¿verdad? – le preguntó Dewin a Naomi. – ¿Cuál es el problema?
– Que nadie quiere ir. Dicen que en el Sector 35G2 no hay nada…, ningún planeta habitable.
– ¿Y tienen razón? – preguntó Dewin.
– No lo sé. – respondió Naomi.
– Además, Naomi, el cementerio de dragones es un mito…, no exite. Los dragones no van a morir a ningún sitio en particular. Lo sé. Durante todos los años que llevo trabajando con ellos, en ningún momento he visto que los dragones hagan algo así. Simplemente mueren, como todos los animales, cuando les llega el momento. – le intentó explicar Dewin.
– Eso no me importa, Dewin. – le dijo Naomi – Lo único que sé es que mi padre fue allí para buscar dragones. Siempre sintió un especial interés por los dragones. Y eso es lo que quiero hacer…, encontrar a mi padre.
– Naomi, me temo que no puedo hacer mucho. – le dijo Dewin. – Me gustaría ayudarte si pudiera, sé lo mucho que significa para ti. Pero aspiras a lo imposible… Intentar encontrar un planeta tan solo con la ayuda de una página de un viejo diario…
– Pero es que tengo algo más. – dijo Naomi – Mi padre también se lo dejó al jefe de la expedición con la que viajaba. Pensé que quizás supieras lo que es.

Naomi le entregó a Dewin un pequeño objeto. Dewin lo observó con cierta admiración.

– Es un Cuadrante Ewänan. Y uno de los mejores, parece. Es una especie de mapa.
– ¿Un mapa? – preguntó Naomi. – ¿Y como funciona?

Dewin conectó el Cuadrante a un Sensor Inegh. Entonces, una imagen holográfica se materializó en medio del despacho. Era como si la sala se convirtiera en un sector de la GECM, y en medio de él, se podía ver un pequeño planeta.

– ¿Y este planeta se supone que es Inänd? – preguntó Naomi.
– Eso parece. Aunque no sabemos si es cierto o solo una ilusión. – respondió Dewin. – La galaxia está llena de mapas del tesoro falsos. Según me has dicho, todo el mundo asegura que ese planeta no existe.
– ¿Y tú que dices, Dewin? – le preguntó Naomi.
– Yo no soy un experto en cartografia espacial… – le dijo Dewin.
– Yo no estoy de acuerdo con eso. – dijo Naomi – Antes de venir a verte te hemos investigado.
– ¿Ah, si? – preguntó Dewin.
– Si. Y sabemos que has realizado varias peligrosas expediciones, en remotos planetas, en busca de nuevos ejemplares de dragones. Además, en tu etapa de policía eras famoso por no amilanarte ante el peligro. – respondió Naomi.
– Eso era en los viejos tiempos. Ahora… – dijo Dewin.
– Ahora… ¿Qué opinas?… ¿Es posible que exista Inänd? – le retó Naomi.
– El Sector 35G2 es una región muy amplia. Todavia queda mucho por explorar… pero si existiera dicho planeta… si el cementerio de dragones existiera… – dijo Dewin cada vez más interesado.
– El mundo nunca lo sabrá a no ser que lo descubramos. – le animó Naomi.
– Naomi, eres una mujer muy astuta. – dijo Dewin totalmente convencido.
– Sí, ¿verdad? – respondió Naomi mostrando una amplia sonrisa.

El caso es que finalmente, Dewin accedió. Organizaron la expedición, y al cabo de unos 10 días comenzaron el viaje.
Dewin aportó su nave espacial y su equipo de ayudantes, compuesto por seis experimentados exploradores, expertos en doma de dragones y con profundos conocimientos en diversas disciplinas científicas, desde biología hasta en geomagnetismo planetario, mientras que Naomi aportó todo el material necesario para el viaje: alimentos, instrumentos científicos, equipos de superviviencia, etc.
Además de Seyd, también había en el equipo otros tres robots especializados en exploraciones espaciales: dos clase Yeët y uno clase Loërt.

Como primera escala del viaje decidieron ir al planeta Ellesmëre, ya que de allí era el Cuaderno de bitácora que encontró el padre de Naomi, e intentarían ir a FortConger, para poder averiguar algo más sobre ese tal John Marcusson. Despues emprenderían marcha hacia el planeta Inänd.

Lo cierto es que el viaje hasta el planeta Ellesmëre fue rápido y sin inconvenientes. Era un planeta que se encontraba en una ruta comercial que había alcanzado cierta importancia últimamente. FortConger ya no era solo una estación de avanzada, sino que se podía considerar una pequeña ciudad. Su principal atractivo era el puerto espacial en el que se podían ver todo tipo de naves cargando y descargando mercancías procedentes de los planetas circundantes, y su población estaba compuesto por individuos de distintas civilizaciones de la galaxia.

Aquí es donde yo entro en escena. Permítanme que me presente. Me llamo Thyl Baworat Rackque. Profesor retirado de Arqueología Planetaria y director de la Biblioteca de Ellermëre. Conocí a Naomi y Dewin cuando vinieron a la biblioteca buscando información sobre la historia de la ciudad. Tengo que confesar que me autoinvité a su expedición… Si… Lo reconozco. Cuando me contaron el motivo de su viaje quise acompañarles. Siempre había sido mi ilusión participar en alguna expedición en busca de… algo extraordinario, y no sé porqué intuí que su expedición era la adecuada para ello… Nos caimos bien nada más conocernos. Les convencí argumentando que les podrían ser necesarios mis conocimientos arqueológicos. Y así fue… aunque no adelantemos acontecimientos…
El caso es que, tras reponer el material necesario en la nave, proseguimos el viaje… Por cierto ¡que nave!… era una nave increíble… Con todos los adelantos técnicos. La Kawasën, la llamaban. Una nave Clase Zen de última generación. Rápida, amplia y muy cómoda, con un gran almacén inferior donde estaba todo el material y las dos naves de aproximación de menor tamaño, la Akari-1 y la Akari-2, que se usaban cuando había que explorar más de cerca algún terreno, ya que la Kawasën era demasiado grande para ello.

El viaje a Inänd fue más lento. Entre otras cosas porque no sabíamos exactamente donde se encontraba el planeta. Únicamente disponíamos de los datos que nos proporcionaba el Cuadrante Ewänan, lo cual, dicho sea de paso, no eran demasiado. Sin embargo, finalmente tuvimos suerte. Encontramos la nebulosa color verdemar con su inusual índice de radiación Lyeaw-65, tal como decía la página del diario de la Nurunan’s Bay Company encontrado por el padre de Naomi. Con mucha precaución entramos en la nebulosa y encontramos el planeta Inänd.
Descendimos en la Kawasën al planeta. Equipamos la Akari-1 con lo necesario y comenzamos la exploración en busca de algo que nos indicara si el padre de Naomi estuvo allí. Sin embargo por nada del mundo imaginamos encontrar nada tal increíble.
Durante los siguientes días recorrimos increíbles regiones del planeta… ríos fabulosos, cataratas alucinantes,… Hallamos diversos tipos de plantas y animales autóctonos verdaderamente espectaculares, y también encontramos dragones, y, aunque eran hermosos, no se diferenciaban mucho de otros tipos de dragones de otros planetas. Sin embargo no encontramos nada que nos indicara alguna pista para localizar al profesor Garth… Hasta que encontramos la isla. Veréis…
No lo olvidaré nunca. Durante una de nuestras exploraciones por la costa norte, una mañana especialmente clara, muy temprano, pudimos observar, a lo lejos, una considerable cantidad de dragones volando en manada. Era la primera vez que habíamos visto tantos dragones volando todos juntos y dirigiéndose en la misma dirección. Sin embargo, lo más increíble fue cuando nos dimos cuenta de hacia dónde se dirigían. Vimos una nube solitaria en medio del océano…, enorme. Era como contemplar un continente. El reflejo del sol convertía el agua del mar en un espejo de hielo. Era hermoso. Entonces es cuando empezamos a pensar que íbamos en la dirección correcta… Era posible que el profesor estuviese allí. Y allí nos dirigimos.

Sin embargo, cuando nos acercamos a la nube, comprobamos que lo que nos parecía una simple nube, pudimos ver que estaba producida por una increíblemente violenta tormenta eléctrica. Una barrera formada por una inmensa cordillera de picos nevados. Dado que nuestra Akari-1 no estaba preparada para sobrevolar las montañas, y menos con esa tormenta, regresamos donde estaba la Kawasën. Con ella pudimos atravesarla con más seguridad, aunque yo estaba temblando…, os lo aseguro.

En cuanto pudimos, aterrizamos. Intentamos esconder la nave lo mejor que pudimos, pues no sabíamos lo que nos podíamos encontrar y era mejor que nadie ni nada la encontrara. Volvimos a subirnos a bordo de la Akira-1 e iniciamos la exploración. Para no dejar la nave sola, tres de nuestro equipo permaneció en su interior a la espera de que le s avisaramos para reunirse con nosotros. A pesar que el viento arreciaba con fuerza, la Akira-1 nos permitía avanzar con seguridad.

Entonces fue cuando la vimos. La gran ciudad, y digo gran, porque toda el país era una ciudad. Creo que ahora es un buen momento para explicaros cómo estaba organizado el planeta Inänd. El planeta estaba compuestode dos continentes. Uno más grande, inhabitado prácticamente en su totalidad, salvo algunas pequeñas ciudades costeras. Fue en este primer gran continente donde inicialmente aterrizamos con la Kawasën cuando llegamos al planeta.Y otro segundo continente más pequeño. Es en este segundo continente donde se encuentra la gran ciudad…, bueno sería más correcto decir que casi todo el continente es la ciudad, pues los límites de la ciudad abarcan buena parte del continente. Esta ciudad, recibe el mismo nombre que el planeta: Inänd.

Las montañas rodeaban la ciudad como guardianes protectores. Era como si las cordilleras montañosas formaran un cráter, y en el centro de éste se encontraba la ciudad. Una asombrosa ciudad. Grande. Elegante. Sobrenatural. No podíamos creer lo que nuestros ojos nos monstraban.

Decidimos seguir la exploración a pie. Dejamos la Akira-1 en una cueva cercana y nos dirigimos hacia la ciudad. Naomi, Dewin, Seyd, y tres del equipo de exploración avanzaban decidimos. Yo también me apunté. No podía perder la oportunidad de investigar in situ esa fantástica ciudad.
Sin embargo no pudimos disfrutar del trayecto durante mucho tiempo. Al poco de iniciarlo un grupo de Inändianos nos atacaron. A pesar de que inicialmente pusimos cierta resistencia, comprendimos que no podíamos ganarles, así que decidimos rendirnos. Fue en ese momento cuando pude observar con mayor detalle a nuestros atacantes. Eran diez. Siete hombres y tres mujeres. Tenian aspecto semi-humano. Altos. Elegantes. Muy fuertes. No sé si fue sugestión mia, pero me dio la sensación que tenían rasgos comunes con los dragones. Entre ellos hablaban una lengua estraña pero elegante.
Nos ataron las manos. Uno de los que nos atacó llamo por radio y a los pocos minutos apareció en el cielo una aeronave con forma de barco suspendida en el aire por un enorme globo e impulsado por un propulsor de aire a presión increíblemente ingenioso, como pudimos comprobar durante los siguientes días en los que permanecimos en la ciudad…, pero no quiero adelantar acontecimientos.
Aunque nuestra situación no era la más adecuada para disfrutar del paisaje, no podíamos menos que admirarlo. Llegamos a la entrada de la ciudad sin más contratiempos. Realmente era hermosa. Era una gran ciudad, con grandes edificios de estilo elegante. La principal zona de la ciudad estaba situada en la costa del continente, y en ella se encontraban los edificios oficiales. Estaba rodeado por una enorme muralla defensiva circular. Se podía considerar una ciudad dentro de la propia ciudad. En el interior de la gran muralla, la ciudad estaba construida en diversos círculos concéntricos separados por grandes canales con agua procedente del océano. Recoraba a la legendaria Atlántida, aunque era distinta…, no sé si me explico adecuadamente.hipotesis31-ciudad-atlantida4

Sin embargo una de las cosas que más nos llamó la atención era la gran cantidad de dragones que había dentro de la ciudad. Sus gentes los utilizaban tanto como animales de carga como para toda clase de actividades lúdicas, como pudimos comprobar en los próximos días.

Finalmente llegamos donde se encontraba el principal edificio de la ciudad. Donde se encontraba el presidente del planeta…, o algo por el estilo. Nos apeamos de la aeronave y nos condujeron al gran salón central.
Se reunió el Tribunal Supremo de Inänd. En cuando llegamos, los miembros del tribunal mantuvieron una intensa conversación. Lamentablemente no entendimos nada de lo que decían. Nosotros estábamos inquietos, ya que no sabíamos la suerte que podíamos esperar de todo estó. Era posible que nos consideraran invasores y decidieran matarnos allí mismo. Sin embargo, pronto nos enteramos, y no os podeis dar cuenta de la alegría que nos llevamos…, ya veréis el motivo.
El tribunal dio orden a los guardias y estos salieron de la sala de inmediato. A los pocos minutos volvieron a entrar y con ellos venia Garth Del’bur, el padre de Naomi. En cuanto le vimos, Naomi salió corriendo a abrazarse con su padre.

– ¡Papá! – grito Naomi, dándole un montón de besos. – ¡estás vivo!
– ¡Hija! – exclamó Garth. – ¿Cómo habeis llegado hasta aquí?
– Hemos venido a buscarte. Estaba muy preocupada por ti. No sabía si estabas muerto ni lo que te había podido pasar. Por eso he organizado esta expedición para buscarte. Papá, te presento a Dewin, el jefe de la expedición, y a sus ayudantes. Sin ellos no habría podido legar hasta aquí.

En ese momento, el presidente del tribunal nos interrumpió. Como no entendíamos el idioma, Garth hizo de traductor. Esto es lo que nos dijo:

– Profesor Garth. Cuando hace casi dos años llegó a nuestra ciudad nos aseguró que venia en son de paz, que sus intenciones eran pacíficas y que solo le interesaba poder estudiar a nuestros dragones. Como sabe, nosotros temiamos que su presencia fuese solo la avanzada de una invasión a mayor escala por parte de sus congéneres de la galaxia. Nos aseguró que esa suposición nuestra estaba infundada, que usted venia solo y que no tenía intención de invadirnos. Nosotros le dimos la bienvenida, confiamos en usted y le acogimos como a un amigo. Sin embargo, la llegada de sus amigos nos vuelve a colocar en una encrucijada. ¿Qué tiene que decirnos en esta ocasión?

Garth tomó la palabra y dijo al tribunal:

¡Honorable Consejo de Inänd!, no deben temer nada. Este grupo de personas han venido en mi busca. Se trata de mi hija y de sus amigos. Mi hija estaba preocupada por mí. Hacía mucho tiempo que no sabía de mí. Debo confesar que la culpa es mía. No debí asustarla de esta manera. Debo confesar que como padre no soy todo lo bueno que debía.
– Pero ¡papá!, yo no te echo la culpa de nada. – intentó decirle su hija. Naomi era consicente de que su padre la quería y hacía mucho tiempo que aceptaba a su padre tal como era.
– Dejame terminar, hija. Es importante. Cuando terminemos tengo que disculparme contigo…, y con tus amigos por venir a buscarme. – le respondió su padre.

Garth continuó dirigiéndose al Consejo:

– Honorable Consejo… Pido clemencia para todos nosotros. Les aseguramos que la existencia de su excelente pueblo está asegurada por nuestra parte. No deben temer ninguna indiscreción nuestra. La galaxia no sabrá de su existencia, si eso es lo que ustedes desean. ¡Se lo aseguramos!

El Consejo de Inänd escuchó educadamente a Garth. Mantuvieron una breve conversación entre ellos y tras ponerse de acuerdo dijeron:

– Profesor Garth. Hemos decidido reflexionar sobre lo que nos ha dicho. Durante todo el tiempo que ha estado con nosotros ha demostrado ser una persona digna de confianza. Por esa razón le daremos un voto de confianza. Permanecerán todos ustedes en nuestra ciudad durante un periodo de dos meses. Para entonces habremos tomado una decisión con respecto a todos ustedes, celebraremos otra reunión del Consejo y os comunicaremos nuestro fallo.

Durante los dos siguientes meses permanecimos en la ciudad. Teniamos libertad de movimientos, aunque siempre estábamos vigilados. Sin embargo, los Inändianos nos trataron muy amablemente durante todo ese tiempo.
Naomi y su padre tuvieron tiempo para hablar, y Garth pudo disculparse con su hija por su forma de actuar y no avisarla de su viaje a Inänd.
Dewin y su equipo pudieron estudiar de cerca los increíbles dragones de Inänd, y aprendieron muchas cosas nuevas que, estaban seguros, le servirían mucho cuando volvieran a casa y continuases con su negocio. Incluso pudimos, todos nosotros, visitar el lugar donde van a morir los dragones en Inänd…
Por otra parte, entre Naomi y Dewin surgió una gran amistad que se fue convirtiendo en amor con el transcurso de los días.
Por mi parte yo pude, gracias a la guía del profesor Garth, estudiar la fabulosa riqueza arquitectónica que se escondia en la ciudad. Los Inändianos poseían una increíble historia, y su ciudad conservaba aun muchos restos de épocas muy antiguas. Incluso pude comprobar que los propios Inädianos conservaban muchas antiguas tradiciones ancestrales, a la vez que poseían grandes conocimientos, muy actuales e incluso increíblemente innovadores desde el punto de vista tecnológico… Pudimos visitar grandes templos y con gran cantidad de inscripciones en lenguajes muy antiguos. Gracias a los conocimientos de Garth, pude comenzar a aprender la lengua Inändiana, lo cual me seria finalmente de inmensa ayuda.
Gracias a estos dos meses, y teniendo en cuenta todo lo vivido anteriormente por todos los miembros del equipo, lo que realmente sirvió la expedición fue para que los lazos de amistad entre todos nosotros se afianzaran y robustecieran. Ya no éramos solo miembros de un equipo de exploración, sino verdaderos amigos, casi miembros de una familia, lo cual dificultó más, si cabe, poder aceptar la decisión final del Consejo. Ya veréis porqué lo digo.

De todas formas, dos meses pasan rápidos, y, cuando nos quisimos dar cuenta, llegó la fecha en la que se celebraría la reunión del Consejo y nos dirían su decisión final. Esta fue la inesperada decisión del Consejo:

– Finalmente hemos llegado a una decisión final. Entendemos y compartimos que su visita entre nosotros, profesor Garth, se debió, inicialmente, a motivos científicos pacíficos, los cuales apreciamos y respetamos. Comprendemos, por otra parte, el motivo por el que su hija y su equipo emprendieron la expedición en su busca, que les trajo hasta nuestro planeta. Sin embargo, tras mucha deliberación por nuestra parte hemos decidido, por nuestra seguridad, permitirles volver a su planeta natal solo con una condición. Esta condición no es negociable. Solo podrán volver a casa si uno de ustedes permanece en nuestro planeta indefinidamente, como garantía de que el resto de ustedes mantendrán nuestra existencia en secreto para las civilizaciones de las galaxias.

Todo el equipo se quedó mudo…, sorprendido…, sin saber qué decir. Garth y Dewin intentaron convencer al Consejo de que esa condición era inaceptable. El Consejo nos dio una semana para poder aceptar su condición y poder decidir quien se quedaba en Inänd… Finalmente, encontré la mejor solución posible a nuestro problema.

– No podemos aceptar esa condición. – dijo Garth.
– Existe una opción. – dije yo. – Acabo de hablar con el presidente del Consejo y hemos encontrado una solución satisfactoria para todos… Me quedo yo.

Todos se quedaron mirándome sin decir nada.

– ¿Está seguro de que es lo que quiere? – me preguntó Garth. – ¿Está seguro de que quiere quedarse atrás?
– Seguro. Un arqueólogo no puede rechazar una oportunidad así. – respondí. – No sólo para estudiar el pasado, sino para vivirlo. Los Inändianos es un pueblo de hoy, pero que viven manteniendo las costumbres de sus antepasados… Es como poder vivir hoy en una ciudad del siglo XXI, y revivir sus legendarias costumbres. ¿Quién dice que me quedo atrás? Los arqueólogos tenemos una perspectiva más amplia. A lo largo de los tiempos han desaparecido miles de civilizaciones. Sin embargo Inänd sigue aquí. Si algún día la humanidad es tan estúpida como para destruirse a sí misma, lugares como Inänd pueden llegar a ser el último refugio de la humanidad.

Una vez tomada la decisión, en pocos días organizamos la partida del equipo. Todos se despidieron de mí, y yo les aseguré que era lo mejor para todos. Siempre quise vivir algo extraordinario, y ¡qué mejor ocasión que esta!

– ¿A qué os dedicareis tu y tu hija a partir de ahora? – pregunté al profesor Garth.
– Seguiré intentando proteger a los dragones en el resto de los planetas. Todo el tiempo que he estado en Inänd me han hecho ver con mayor claridad, si cabe, la importancia de proteger unos animales tan excepcionales.
– Buena suerte. – le desee al profesor, y nos abrazamos.

Vi como la Kawasën despegaba y se alejaba del planeta. Yo me volví y, acompañado del presidente del Consejo y otros Inändianos, regresamos a la ciudad… Me esperaba un futuro lleno se extraordinarios descubrimientos, y mucho trabajo por hacer… ¡Por fin había encontrado algo extraordinario!hipotesis31 - nave Akiari-1

INFORME: “Anguim’ll-644/Ina’ash’aen53-H31”
Seyd: Robot clase Isck. Ayudante y protector de Naomi.
Naomi Del’bur Leurem (33.280 d.C. – 33.367 d.C.): Joven hija del famoso explorador y buscador de tesoros, el profesor Garth Del’bur.
Dewin Youmald Vesris (33.272 d.C. – 33.367 d.C.): Explorador, cazador/domador de dragones. Ex-agente de policía.
Garth Del’bur Rienrak (33.250 d.C. – 33.334 d.C.): Padre de Naomi. Profesor en Exo-Biología, experto en biosistemas naturales. Especializado en Dragones.
Thyl Baworat Rackque (33.242 d.C. – 33.345 d.C.): Profesor retirado de arqueología planetaria y director de la Biblioteca de Ellermëre.

El presente relato forma parte de uno de los cuadernos de campo que el profesor Thyl Baworat Rackque escribió a lo largo de su vida referente al planeta Inänd. En ellos, el profesor relata sus vivencias ocurridas durante su estancia entre los Inändianos, desde el momento en que llegarón allí, él y sus amigos en busca del padre de Naomi Del’bur, y la fecha de su muerte, a muy avanzada edad. El profesor cumplió su promesa dada a los Inändianos de no abandonar el planeta. A cambio, los Inändianos le permitieron estudiar en profundidad la civilización de Inänd y toda su inmensa y rica cultura. Dichos cuadernos están siendo analizados en profundidad según protocolos de estudio Sasaytai-54.

Sin embargo, merece la pena relatar cómo llegaron estos cuadernos de campo del profesor a nuestras manos, aquí, en la ciudad de Fuwän, en el planeta Thrüson, de donde eran originarios el profesor Garth, su hija Naomi y el explorador Dewin.
En el 33.402 d.C., 57 años después de la muerte del profesor Thyl y 35 del fallecimiento de Naomi y Dewin, se presentó en la sede del Alto Consejo Inter-Galactico de Civilizaciones Galacticas de Fuwän, Rhas Baworat Rhioldar. Dijo ser hijo del profesor Thyl, fruto de la unión entre su padre y su madre, hija del pueblo Inänd. Se presentó como el embajador de los Inändianos ante el Alto Consejo Inter-Galactico. Dijo que su padre había conseguido que la natural reserva de su pueblo para darse a conocer en la galaxia fuera abandonada. Como prueba de que lo que decía era cierto, entregó los Cuadernos de Campo de su padre al Alto Consejo.
Durante los siguientes años, las relaciones diplomáticas entre el planeta Inänd y el resto de las civilizaciones inteligentes, miembros del Alto Consejo Inter-galactico, observaron un incremento considerable. Fruto de estas nuevas y frutíferas relaciones, así como del intenso trabajo realizado, entre otras personas, por el profesor Garth a favor de la protección de los dragones, se consiguió finalmente, entre otras cosas, que los dragones fueran declarados especies protegidas.
Poco tiempo después, el 27 de noviembre del 33.417 d.C., el planeta Inänd fue añadido como miembro de pleno derecho del Alto Consejo Inter-Galactico, y firmó la Resolucion 103592-W (XIX) de la Declaracion de Derechos y Obligaciones Universales (leer Hipótesis 30), como la 17ª civilización miembro.

• Las 17 civilizaciones miembros del Alto Consejo Inter-Galactico, y firmantes de la Resolucion 103592-W (XIX) de la Declaracion de Derechos y Obligaciones Universales, son las siguientes:

En la GVL:
1. Humanos.

En la GECM:
2. Senhaëth.
3. Sasricäl.
4. A’ethëru.
5. Soröd.
6. Nyboläm.
7. Nuhimäron.
8. Wanëen.
9. Nikürn.
10. Këyu.
11. E’shinün.
12. Unëwa.
13. Narähi.
14. Arutätsu.
15. O’nysäth.
16. Waküme.

Para obtener más datos sobre estas primeras 16 civilizaciones, acudir a la Declaracion Universal Stryntäld – Hipótesis 30.

17. Inändianos: Procedentes del planeta Inänd. Civilización pacífica, de morfología semi-humana, fuerte, alta y elegante, con algunos rasgos físicos comunes con los dragones. Se sospecha que poseen ciertas facultades psíquicas telepáticas.

• GVL: Galaxia Via Láctea.
• GECM: Galaxia Enana Canis Mayor.

Las Tres Leyes de la Robótica:
• 1ª ley: Un robot no puede causar daño a un ser humano ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daños.
• 2ª ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
• 3ª ley: Un robot ha de proteger su existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

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N. del A.:
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