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Santa Teresita - detalle3

“Quisiera ser misionero no sólo durante algunos años,
sino haberlo sido desde la creación del mundo
y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos…”
Santa Teresa de Lisieux. [MsB3rº].

¿Cómo comprender el alma de Santa Teresa de Lisieux? Una “pequeña alma”, como ella decía, pero insondable y profunda a la vez. ¿Cómo adentrarnos en su rebosante amor y no sufrir vértigo?… Quizás es que no hay que querer comprenderlo, sino que basta con amarlo… Lo mejor es dejar que la propia Teresa nos lo explique.

Continuando con su Manuscrito B, quizás donde mejor describe su alma rebosante de amor, hoy os traigo otro fragmento. En concreto sus dos terceras páginas (3rº y 3vº).
Santa Teresa de Lisieux escribió tres manuscritos autobiográficos: el Manuscrito A, el Manuscrito B y el Manuscrito C. Santa Teresita los escribió a petición de dos de sus hermanas mayores, Paulina (sor Inés de Jesús) y María (Sor María del Sagrado Corazón), y de la priora del convento M. María de Gonzaga.
• El Manuscrito A es el relato de su infancia.
• El Manuscrito B es la “Doctrinita” de santa Teresita.
• El Manuscrito C es la historia de su vida religiosa.
Juntos forman el libro “Historia de un alma”. Si teneis ocasión, no perdáis la oportunidad de leerlo. Os gustará.

• Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, Santa Teresa de Lisieux, o simplemente, Santa Teresita (Alençon 2 de enero de 1873 – Lisieux 30 de septiembre de 1897) carmelita descalza y Doctora de la Iglesia Católica.Santa Teresita - estampa3

• Manuscrito B: [3rº]Santa Teresita - MsB3r

“¿Cómo convertir en realidad los deseos de mi pobrecita alma? Sí, a pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores.

Tengo vocación de apóstol… Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre y plantar tu cruz gloriosa en suelo infiel. Pero Amado mío, una sola misión no sería suficiente para mí. Quisiera anunciar el Evangelio al mismo tiempo en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas…

Quisiera ser misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguirlo siendo hasta la consumación de los siglos… Pero, sobre todo y por encima de todo, amado Salvador mío, quisiera derramar por ti hasta la última gota de mi sangre…

¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo… Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio… Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos… Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada… Quisiera morir desollada, como san Bartolomé… Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo… Quisiera sufrir todos los suplicios infligidos a los mártires… Con santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús… Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí… Jesús, Jesús, si quisiera poner por escrito todos mis deseos, necesitaría que me prestaras tu libro de la vida, donde están consignadas las hazañas de todos los santos, y todas esas hazañas quisiera realizarlas yo por ti…

Jesús mío, ¿y tú qué responderás a todas mis locuras…? ¿Existe acaso un alma pequeña y más impotente que la mía…? Sin embargo, Señor, precisamente a causa de mi debilidad, tú has querido colmar mis pequeños deseos infantiles, y hoy quieres colmar otros deseos míos más grandes que el universo…

Como estos mis deseos me hacían sufrir durante la oración un verdadero martirio, abrí las cartas de san Pablo con el fin de buscar una respuesta. Y mis ojos se encontraron con los capítulos 12 y 13 de la primera carta a los Corintios… Leí en el primero que no todos pueden ser apóstoles, o profetas, o doctores, etc…; que la Iglesia está compuesta de diferentes miembros, y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. … La respuesta estaba clara, pero no colmaba mis deseos ni me daba la paz…

Al igual que Magdalena, inclinándose sin cesar sobre la tumba vacía, acabó por encontrar

• Manuscrito B: [3vº]Santa Teresita - MsB3v

lo que buscaba, así también yo, abajándome hasta las profundidades de mi nada, subí tan alto que logré alcanzar mi intento…

Seguí leyendo, sin desanimarme, y esta frase me reconfortó: «Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino inigualable». Y el apóstol va explicando cómo los mejores carismas nada son sin el amor… Y que la caridad es ese camino inigualable que conduce a Dios con total seguridad.

Podía, por fin, descansar… Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos… La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…

Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor… Así lo seré todo… ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!! ¿Por qué hablar de alegría delirante? No, no es ésta la expresión justa. Es, más bien, la paz tranquila y serena del navegante al divisar el faro que ha de conducirle al puerto… ¡Oh, faro luminoso del amor, yo sé cómo llegar hasta ti! He encontrado el secreto para apropiarme tu llama.

No soy más que una niña, impotente y débil. Sin embargo, es precisamente mi debilidad lo que me da la audacia para ofrecerme como víctima a tu amor, ¡oh Jesús! Antiguamente, sólo las hostias puras y sin mancha eran aceptadas por el Dios fuerte y poderoso. Para satisfacer a la justicia divina, se necesitaban víctimas perfectas. Pero a la ley del temor le ha sucedido la ley del amor, y el amor me ha escogido a mí, débil e imperfecta criatura, como holocausto… ¿No es ésta una elección digna del amor…? Sí, para que el amor quede plenamente satisfecho, es preciso que se abaje hasta la nada y que transforme en fuego esa nada…”Santa Teresita - mosaico3

Continuará…

Más información:
• Manuscrito B: Texto original en francés. Click aquí.
http://www.archives-carmel-lisieux.fr/carmel/index.php/oeuvres-de-therese/manuscrits-autobiographiques/manuscrit-b-ms-b/
• Os recomiendo que visitéis la página de “El archivo del Carmelo de Lisieux – Web oficial”. Es la más completa información sobre Santa Teresa de Lisieux: http://www.archives-carmel-lisieux.fr/
Además:
• Biografia, fotos y el resto de artículos sobre Santa Teresa de Lisieux, en este mismo blog:
https://observandoelparaiso.wordpress.com/tag/santa-teresa-de-lisieux/

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