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Como ya sabéis los que visitáis con cierta frecuencia este blog, de vez en cuando me da por escribir algún relato de ficción, que yo llamo “Hipótesis”. No es que sean grandes historias, pero a mi me gusta imaginarlas y escribirlas. Hoy publico otra de mis “Hipótesis”. La número 24. Se titula “El Tesoro Flêmänt”, y espero que os guste. ¿Me acompañáis?… ¿Si?… Pues vamos…hipotesis24-funda katana Nuwora

Todos los veranos íbamos a pasar las vacaciones a casa de mis abuelos. A mi me gustaba mucho. Era una casa grande, rodeada de un inmenso bosque…, bosque de inmensos árboles y profundos ríos, con enormes cataratas… ¡alucinantes…!
Lo que más me gustaba de la casa era su gran biblioteca. Una gran sala, con las paredes repletas de estanterías con libros increíbles. Había libros de papel…, otros de Plasma Holográficos, en sus tres principales variantes, p-22, p-4v y p-8×8…, incluso había alguno de los Neuronales clase Nawömi, con su efecto envolvente…, y todos ellos contaban grandes historias, llenas de increíbles emociones y aventuras. Libros que narraban historias de personas que habían vivido hacía mucho tiempo o no y que, según me contó un dia mi abuela, habían contribuido a expandir…, cómo dijo… ¡ha, si!…, a expandir el alma humana por toda la galaxia.
En la sala no solo había libros… ¡que va!…, había hiper-mapas…, mapas de nuevos planetas ya explorados y mapas de continentes enteros inexploradas en otros planetas…, ya…, ya se que técnicamente esas regiones también habían sido cartograficadas minuciosamente por los satélites y por alguna que otra nave de exploración droide…, pero para mis abuelos eso no era explorar…, para ellos explorar significaba ir uno mismo a recorrer personalmente esos territorios y sentir la emoción de descubrir nuevos lugares, espectaculares monstruos y fantásticas plantas e incluso, si llega el caso, seres inteligentes.
En la gran sala de la biblioteca no solo había libros y mapas… ¡ni mucho menos!…, había incluso algún esqueleto fosil completo de un par de grandes criaturas prehistóricas… y de algunos Dinosaurios Eodai y Dragones Zhallsul procedente de los Planetas del Anillo Exterior Nal’osy que mis abuelos y su equipo habían explorado cuando eran más jóvenes. Mis abuelos habían sido famosos exploradores. Mi abuelo era sobre todo astrobiólogo, aunque había trabajado también algo cómo arqueólogo, y mi abuela era arqueóloga y antropóloga. Habian explorado muchos planetas y más de una especie de grandes mamífero/ovíparo/hermafroditas llevaba sus nombres.
Otra de las aficiones de mis abuelos había sido el de buscar tesoros perdidos…, fabulosas piezas que habían sido…, como decía mi padre…, extraviadas… a lo largo de la historia, fueron encontradas por mis abuelos y su equipo de búsqueda.
A mi me gustaba entrar en la biblioteca cuando nadie me veía, sentarme en uno de los sillones, coger alguno de los libros y leerlo…, o ver alguna de las holo-películas-documentales que mis abuelos y su equipo grababan cuando exploraban alguno de los lejanos planetas… ¡era genial!… Gracias al sistema de proyección holográfica que estaba instalado, la sala se convertía en el propio planeta explorado… ¡era como estar ahí realmente!
En ocasiones, era mi abuelo el que me contaba alguna de sus increibles historias…, otras veces era mi abuela la que me las contaba… ¡eran historias increíbles!
Recuerdo que, en el verano del año 5824 d.C., una tarde, pensando que toda la familia estaba durmiendo la siesta, entré en la biblioteca y me puse a mirar los libros. Tan absorto estaba que no me dí cuenta de que mi abuelo entraba en la biblioteca.

– ¿Te gustan? – me preguntó.

Yo había subido a una escalera para poder alcanzar los libros de la estantería superior. Del susto que me dio, casi me caigo. Afortunadamente me pude agarrar y no me caí.

– Si…, mucho – logré responderle a mi abuelo.

Conseguí coger el libro que estaba buscando, y bajé de la escalera.

– Este libro ¿lo escribisteis la abuela y tú, verdad? – le pregunté mientras bajaba.
– A ver…, déjame que lo vea… – me respondió.

Mi abuelo cogió el libro y lo hojeó. El libro se titulaba “El Tesoro Flêmänt”.

– ¡Ah!… “El Tesoro Flêmänt”, si…, lo escribimos nosotros, bueno…, casi todo lo escribió tu abuela…, tiene mejor estilo que yo… ¡ja, ja, ja! – dijo mi abuelo, soltando una de sus grandes carcajadas.
– ¿Encontrasteis un tesoro? – le pregunté.
– Si… Lo cierto es que íbamos buscando otra cosa…, que al final no encontramos…, pero a cambio dimos con el tesoro Flêmänt…, que tampoco estaba mal. ¿quieres que te cuente la historia? – me preguntó.
– ¡Si! – le respondí, dando un grito de la emoción. – ¿Porqué se llama Flêmänt?
– Porque, a veces, la vida tiene un estraño sentido del humor. – Me respondió y, guiñando un ojo, me sonrió enigmáticamente.

En ese momento no entendí dónde estaba la gracia, sin embargo, cada vez que lo recuerdo no puedo menos que sonreir.

– Bien…, escucha. – me dijo mi abuelo.

Mi abuelo se sentó en un sillón y yo me senté a su lado. Entonces me contó la historia.

– Lo que te voy a contar sucedió hace bastantes años.
Por aquel entonces, tu abuela y yo trabajábamos en el Departamento de Arqueología y Antropología de la Universidad de Nayst, del planeta Quann.
Quann es un planeta importante, ya que se encuentra en una ruta comercial de especial relevancia. Su capital, Nayst, dispone de un complejo cultural francamente impresionante, y su museo de arqueología no tiene rival entre los planetas circundantes.
Como miembros del departamento de arqueología de la universidad, tu abuela y yo formámos parte de varias expediciones arqueológicas en busca de nuevos hallazgos…, de nuevos tesoros…
– ¡Waw… tesoros!… – dije yo emocionado.
– Si, tesoros… – me repondió mi abuelo. – Dichos hallazgos, una vez estudiados y analizados por nuestro departamento, podían ser admirados por el público en el museo.
Sin embargo, algunas de las piezas que se podían contemplar en el museo no eran fruto de dichas expediciones arqueológicas.
– ¿Ah, no? ¿Y de donde eran? – le pregunté curioso.
– Verás… – me dijo mi abuelo – como ya sabes, a lo largo de la historia las personas…, algunas personas…, han codiciado riquezas y objetos de valor que no son suyas.
– Si – le respondí muy serio – Los ladrones.
– Eso…, ladrones – me dijo sonriendo – Pues bien, cuando la policia se enteraba de que algún objeto de valor, que se creía perdido, lo tenia alguien, nos enviaba a tu abuela y a mi para intentar conseguirlo.
– ¿Robábais esos objetos, abuelo? – le pregunté muy preocupado.
– ¡No! – me respondió riendo – lo que hacíamos era enterarnos si la persona que tenia esos objetos era su verdadero dueño o no.
Si era su verdadero dueño, intentábamos convencerle para que nos vendiera el objeto. En caso contrario, llamábamos a la policía para que detuviera al ladrón. En ese caso, el objeto de valor era entregado al museo para su conservación y estudio o a su verdadero dueño.
Pues bien, un día, la universidad nos envió, a tu abuela y a mí, a la ciudad de Yorma, a visitar al dueño del Castillo de Enthgh, ya que la policía pensaba que allí podría estar la famosa “Cruz de San Agustín”.
– ¿La Cruz de San Agustín? – le pregunté a mi abuelo.
– Si…, la cruz era un objeto procedente de la Tierra y se decía que fue propiedad de San Agustín, que fue un obispo de la Iglesia Católica hace mucho tiempo. La cruz, según se decía, era de madera noble con incrustaciones de oro, de tamaño medio, de unos 50cm de largo por 30cm de ancho.
– ¿Y la encontrasteis? – le pregunté a mi abuelo.
– Pues no – me respondió – la cruz resultó ser una falsificación. Sin embargo, durante el viaje de vuelta a la universidad, nos sucedió algo curioso.
– ¿Qué fue, abuelo? – le pregunté.
– Pues resulta que encontramos la mano de Dios – me contestó mi abuelo sonriendo.
– ¿Eh…? No te entiendo abuelo – le dije, confundido.
– Escucha y verás. – me respondió. – La ciudad de Yorma dista bastante de la ciudad de Nayst, y como no teníamos prisa por volver ni teníamos ningún trabajo pendiente por hacer, tu abuela y yo decidimos que, en lugar de volver en hipervuelo, lo haríamos en transoceánico…, como se hacía antes…, sin prisa, disfrutando del viaje.
Durante la travesía, por lo visto unos tipos me confundieron con otra persona, un tal Flêmänt. Una mañana que estaba descansando sentado en la cubierta…, tu abuela había ido a alguna parte del barco a comprar no se qué…, una mujer se sentó a mi lado y, dándome un papel, me dijo:
– ¡Flêmänt, menuda tapadera más mala que te has montado! Pero bueno, ¡allá tú!… ¡La mano de Dios te espera! Date prisa y no falles.
– Yo no sabía a qué se refería. Sin embargo estaba tan asombrado que solo pude coger el papel. Ni siquiera le dije nada a la mujer…, ¡tampoco sabía que podía decirle!… en cuanto me dio el papel, la mujer se fue, y no volví a verla. Cuando me tranquilicé abrí el papel, que estaba doblado y lo leí. En él estaba escrito lo siguiente: “A las 12 en la bodega B65, contenedor C78”.
En cuanto llegó tu abuela le conté todo… El caso es que estábamos intrigadísimos por saber de qué iba todo eso, así que decidimos averiguarlo… Esperamos a que fueran las 12, bajamos a la bodega B65 y encontramos el contenedor C78. Se trataba de una caja de titanio…, era un cubo de aproximadamente 2 metros de lado, con una cerradura con contraseña molecular clase Emaldom-54.
– ¿Abristeis la caja, abuelo? – le pregunté.
– Si…, algún día te contaré cómo aprendí a abrir cajas fuertes… cuando seas un poco más mayor… si no tus padres se enfadarán conmigo. – me respondió… y soltó otra sonora carcajada de las suyas. – El caso es que dentro de la caja había una escultura en mármol…, después supimos que se trataba de “La Mano de Dios”, de un escultor…, Rodin se llamaba, que vivió en la Tierra hace mucho tiempo… de ahí lo que me dijo la mujer cuando me dio el papel de forma tan misteriosa.
– ¿Y qué hicisteis después, abuelo? – le pregunté.
– Pues se lo contamos a la policía del barco y detuvieron a los ladrones…, eran tres personas, dos hombres y una mujer, que traficaban con obras de arte para venderlas en el mercado negro.
– ¿Y cómo es que esas personas te habían confundido con el verdadero Flêmänt, abuelo?
– Eso es lo más curioso de todo…, ya sabes que yo tengo un pequeño tatuaje en el brazo derecho… – me respondió mi abuelo, mientras me lo mostraba…, se trataba de un extraño signo al que mi abuelo le tenía mucho aprecio.
– Si, ya te lo había visto antes – le respondí.
– Pues resulta que por una asombrosa casualidad, el verdadero Flêmänt, tenia el mismo tatuaje…, Por lo que supimos después, los tres ladrones no conocían personalmente al tal Flêmänt, sino que solo sabían que le tenían que dar el mensaje a alguien con un tatuaje como el mio, y por eso me lo dieron a mí.
– ¿Y como es que el verdadero Flêmänt no estaba en el transoceánico, abuelo?
– Porque la vida es realmente una concatenación de casualidades… La policía averiguó que el verdadero Flêmänt había tenido, el mismo día del embarque, un accidente y estuvo en coma durante algunos meses en un hospital, sin que nadie supiera quien era realmente, porque no llevaba documentación. Por eso no pudo avisar a los tres ladrones, y por eso los tres ladrones siguieron con el plan.
– Pero abuelo…, en el libro que escribisteis la abuela y tú no solo contáis la historia de “La Mano de Dios”, sino que también lo hacéis de muchas obras de arte más…, de un tesoro completo. ¿porqué, abuelo?
– Es que gracias a la detención de los ladrones se pudieron rescatar también un gran número de obras de arte que también habían sido robadas por ellos y sus compinches… por ejemplo, estaba el Anillo Uemi…, que había sido propiedad del Gran Lord Heenusk, del planeta Eosur, o el hipercuadro titulado “El sincronizador de emociones” del pintor Radch Fusirys…, o el Bastón de Mando Rogesy, una fabulosa arma ceremonial del planeta Renuk.
– ¿Porqué se llama el Tesoro Flêmänt, abuelo?
– Bueno, eso fue cosa de la holoprensa que dio la noticia…, supongo que pensaron que, dado que todo sucedió a partir de que los ladrones me confundieron con Flêmänt, sería gracioso que el tesoro encontrado llevara su nombre…, supongo.
– ¿Y habéis encontrado muchos tesoros más, abuelo? – le pregunté.
– Si…, unos cuantos – me dijo riendo – otro día te contaré cómo encontramos el “Ajedrez Ther’ver”, de oro y piedras preciosas…, fue una aventura realmente inquietante… Y cuando te enseñe la increíble Katana Nuwora, te quedarás asombrado. Y, ahora, creo que ya es hora de merendar ¿no te parece?… no se tú, pero yo me comería un dragón – y soltó otra sonora carcajada.

Dejamos el libro en la estantería y nos fuimos a la cocina. Mientras íbamos de camino le pregunté:

– Abuelo… ¿Me enseñarás a encontrar tesoros?

Mi abuelo me miró…, sonrió…, y me dijo:

Desde luego…, y no solo tesoros, también te diré cómo cazar monstruos en la Nebulosa Rawesi, más allá del Circulo Planetario de Arthëre…, y cómo cabalgar sobre los Dragones de Ojos Rojos de Honshy, en el confin del Sistema Stetny…, o cómo manejar las Espadas Aladas de Tyisur…, ya verás… será magnífico.hipotesis24-funda katana Nuwora2

INFORME: “Nyvesight72/A’irum-H24”
• Prioritario intensificar supra-analítica Rayit’u-726, Nivel Engeyv’y-7.
• Resultado de la desencriptación J’lorund/242y: Óptima.
• Intensifiquen protocolo Ech’ia-29/3.
• Sería conveniente realizar un análisis más exaustivo (Nivel A’toryer-9) de las actividades de los miembros de esta familia. En especial del nieto y de sus dos abuelos paternos:
• Emnd Arisaten Kawanu (5750 d.C. – 5845 d.C.): Abuelo. Astrobiólogo y arqueólogo.
Uena Aniwana Yamumin (5752 d.C. – 5851 d.C.): Abuela. Arqueóloga y antropóloga.
Cyw Arisaten Ironin (5816 d.C. – 5917 d.C.): Nieto.
• En el verano del año 5824 d.C. el abuelo tiene 74 años y su nieto 8 años.

Es importante encuadrar este relato en el marco histórico en el que se desarrolla:
En el año Año 2618 d.C. tuvo lugar el primer asentamiento permanente de la humanidad en un planeta externo al “Sistema Solar de la Tierra”. Dicho asentamiento tuvo lugar en el Planeta “Altair”, de la Constelación del Águila.
Durante los siguientes milenios, hasta el año 5100 d.C. aproximadamente según los historiadores, la humanidad se fue asentando por toda la galaxia Via Láctea, poblando los planetas, los cuales, a similitud de la “Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América”, paulatinamente fueron consiguiendo su independencia con respecto a la Tierra.
Entre el año 5100 d.C. y el 10.000 d.C. aproximadamente, la humanidad vivió un periodo de paz y prosperidad. Se dieron lugar una serie de asombrosos descubrimientos y espectaculares inventos, que consiguieron que el nivel de bienestar social alcanzara cotas nunca vistas en la historia de la humanidad.

“LA MANO DE DIOS o LA CREACIÓN” de AUGUSTE RODIN (1840 -1917):
1894 – Marmol – Alt. 94 cm; Anch. 82,5 cm; P. 54,9 cm –
(Ver post sobre “La mano de Dios”, en este blog. Click aquí.)
la mano de dios - rodin - 9

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N. del A.:
SI QUIERES LEER MIS PEQUEÑOS FRAGMENTOS DE FICCIÓN, ENTRA EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG: “HIPÓTEIS-RELATOS”. https://observandoelparaiso.wordpress.com/hipotesis-relatos/

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