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Aquí tenéis el siguiente de mis relatos (Hipótesis). Espero que os guste:hipotesis23-libro 6b

12 de Septiembre de 7523 d.C.

Mi querido Aywën:

Hijo mío, desde que eras muy joven me has preguntado en varias ocasiones porqué teníamos nuestra tienda de libros…, porqué de libros y no de otra cosa…, libros de papel y no de otro tipo… Y siempre te contestaba que cuando fueras más mayor te lo contaría… Que había una razón para ello…, una razón importante, y que cuando fuese el momento adecuado la sabrías. Durante todo este tiempo he compartido contigo mi pasión por los libros… porque era importante que comprendieras el gran tesoro escondido en ellos…
Hoy ha llegado ese momento… Hoy quiero contarte un secreto…, nuestro gran secreto… que juramos proteger. Es el momento…, ya tienes edad para conocerlo… Un secreto que consiguió que me enamorara de los libros cuando era joven, y que dura desde entonces. Un secreto que me llevó por media galaxia, y que finalmente me trajo hasta esta tienda de libros antiguos y clásicos que tenemos, en la que moriré feliz… Libros que han llenado mi vida de emoción y alegría. Pero no cualquier tipo de libro…, no…, Libros clásicos… ¡libros de papel!
Si, ya sé que los libros de papel no están de moda…, hace mucho tiempo que fueron sustituidos por otros tipos de libros: primero fueron los electrónicos…, luego los de plasma…, los holográficos…, después los de agua-55…, más tarde los de Cydari-43, tanto en formato plano como 3D…, naturalmente…, y los neuronales clase Nawömi vinieron después, con sus espectaculares efectos especiales…, y así uno tras otro, hasta hoy día.
Sin embargo, los libros de papel no han desaparecido… ¡siguen existiendo!
Solo unos pocos se han preguntado cómo es posible que aun persistan…, cómo han podido aguantar la avalancha de nuevos modelos sin desaparecer definitivamente… ¡es increíble! Y muchos menos somos los que sabemos la verdad…, solo algunos privilegiados sabemos realmente el secreto. Y ese es el secreto que te voy a contar. Es necesario que lo conozcas…, yo ya empiezo a ser mayor y quiero proponerte que entres a formar parte de la Compañía y recites el Juramento.
Por eso has estado formándote durante todos estos años. Tu madre y yo decidimos que era lo mejor para ti, para que cuando llegara este momento estuvieras lo mejor preparado posible. Ahora, cuando vuelvas de estudiar en la Universidad te contaré personalmente toda la historia, y te enseñaré lo que durante estos años hemos ido guardando. Pero ahora es bueno que ponga todo por escrito…
Sé que tú también les tienes un gran aprecio a los libros… Además los estudios en Metalingüística y Etimología que actualmente cursas te serán muy útiles en el futuro. Escucha atentamente…
Cuando yo era un chaval, tu abuelo era profesor de Literatura Clásica y tu abuela de Lingüística en la Universidad de Hiröh.
Vivíamos en una bonita casa, cercana al Campus universitario, con una gran biblioteca llena de libros. Me encantaba la biblioteca, con tantos libros por todas partes… bueno, tu madre diría que hacía falta que los libros estuvieran algo mejor ordenados, ya que, además de llenar las estanterías, había pilas enteras de libros diseminados por distintos rincones de la sala, por el suelo, encima de las mesas e incluso sobre alguna silla…, dando a la biblioteca la apariencia de que acababa de pasar un tifón por ella…, pero a mí me gustaba.
Tus abuelos sentían un especial cariño por los libros… Libros de todo tipo…, de aventuras, de ciencia, de historia, filosofía, metafísica…, y desde muy joven me inculcaron su pasión por los libros. Pasión que, como verás más adelante, me sirvió de gran ayuda…, incluso diría que estaba predestinado para ello.
Una vez a la semana, tus abuelos, organizaban en la biblioteca de nuestra casa lo que llamaban “Reuniones Literarias Sin Ánimo de Lucro”, o cómo a ellos les gustaba decir, “Conventibus Litterarum Nonprofit”, a las que asistían algunos de sus colegas de la universidad, la mayoría de los cuales también eran profesores de su mismo departamento.
En muchas de dichas reuniones los amigos de mis padres traían también a sus hijos, con los que entablé una firme amistad…, amistad que perdura hoy día. Nosotros, como no podía ser de otra forma, formábamos nuestras propias reuniones literarias, a imagen de las de nuestros padres.
Generalmente, en las reuniones, se limitaban a leer los relatos que ellos mismos escribían, y que en ocasiones publicaban en la revista literaria de la Universidad e incluso en ediciones destinadas al público en general…, esa parte era la que más nos gustaba escuchar.., cuando el relato era de aventuras o de misterio… Una vez leído, se ponían a analizarlo…, esa parte era la más aburrida.
Al comenzar las reuniones, yo le preguntaba a tu abuelo qué relato iban a leer y analizar. Si nos decía que era de aventuras o algo parecido, nos quedábamos a escucharlo…, pero si era de algún otro tema más adulto…, nos íbamos a mi habitación donde hacíamos nuestras propias reuniones, y en las que leíamos nuestros propios relatos…, esta vez siempre eran de aventuras y misterio… ¡claro!
Una de las cosas que les encantabas hacer a tus abuelos, era ir de tienda en tienda buscando viejos libros. Incluso realizaban viajes a otros países, o a otros planetas, para buscarlos. Cuando encontraban algún libro viejo que les parecía interesante, lo exponía en la “Conventibus Litterarum Nonprofit” de esa semana, y lo diseccionaban…, literariamente hablando, claro, y también sometían al libro a análisis técnicos especiales. En esas ocasiones, no leían ninguno de sus propios relatos, sino que se dedicaban exclusivamente a analizar el libro viejo recién encontrado. Eran reuniones especiales. A esas reuniones no nos dejaban asistir a mis amigos ni a mí…, decían que eran cosas de mayores, y nos echaban fuera de la biblioteca.
En ocasiones, si la tienda donde iban a buscar libros no estaba muy lejos, les acompañaba. Un día les pregunté por qué los buscaba:

– Existen muchos libros que ya no se publican…, que se han perdido…, y que son muy interesantes… – me contestaron – Esos libros solo se pueden encontrar en estas viejas tiendas, llenas de estanterías repletas de libros viejos. Por eso venimos aquí a buscarlos… Esos libros… ¡Guardan secretos!
– ¿Secretos? ¿Qué secretos, papa? – les pregunté todo emocionado.
– Secretos de todo tipo…, secretos sobre otros mundos…, secretos sobre otras lenguas, habladas por habitantes de otros países…, de otros planetas…, secretos sobre ciencias olvidadas…, secretos sobre culturas antiguas…, sobre códigos indescifrados…, son secretos que solo los conocen los habitantes de los libros perdidos.
– ¿Quiénes son los habitantes de los libros perdidos? – les pregunté intrigado.
– Cuenta la leyenda que existen algunos libros especiales. Libros vivos…, cuyos personajes cobran vida si son leídos bajo unas condiciones muy concretas y, sobre todo, por las personas adecuadas. – Me respondió mi padre.
– ¡Oh! – dije asombrado.
– ¡Pero no vale cualquier libro!… ¡no!… solo valen si cumplen una serie de condiciones, y la más importante es que deben ser… ¡libros de papel!
– ¿Por qué, papa? – le pregunté.
– Bueno, hijo – me dijo – el papel es un material muy especial, es muy importante ¡Es materia viva! Se fabrica de la madera de los árboles, y los árboles son seres vivos. Seres vivos llenos de magia y nobleza. Los árboles son los guardianes de la naturaleza. ¡Son la memoria del planeta!… y mucho más. Algunos árboles están vivos, pero no vivos como el resto de árboles… !no!…, están realmente vivos, y cuando un libro se fabrica con madera de uno de esos árboles vivos, el libro está vivo, y todo lo que se escriba en él también está vivo…, eso al menos dice la leyenda…
– ¿Cómo se sabe si un libro se ha fabricado con madera de un árbol vivo? – le pregunté a tu abuela.
– ¡Oh!…, es muy difícil averiguarlo… – me dijo – Según la leyenda, los libros vivos no tienen ninguna señal externa que los identifique. Solo se puede encontrar un libro vivo si el propio libro lo quiere, ya que el libro conoce a su lector, y solo un lector especial es capaz de revivirlos y descubrir sus secretos.
– Entonces, ¿si es tan difícil, porqué seguís buscándolos?
– Porque también cuenta la leyenda que si se descubre uno solo de esos libros vivos y se es capaz de despertar a sus habitantes, no solo se tendrá acceso al secreto que guarda ese libro en concreto, sino que se podrá acceder a todos los secretos guardados por todos los libros vivos que existen en el universo. – me respondió mi padre – Al igual que todos los Árboles Vivos están conectados entre sí, también los Libros Vivos lo están, y sus habitantes conocen todos los secretos.
– ¿Cómo sabes todo eso, papa? – le pregunté.
– Me lo contó tu abuelo cuando era pequeño – me respondió tu abuelo. – y a él se lo contó el suyo…, es una leyenda muy antigua.

Un día, nos fuimos mi padre y yo en busca de nuevos ejemplares de estudio. Le habían dicho a mi padre que había una nueva tienda de libros antiguos al otro extremo de la ciudad. Era una tienda pequeña…, abarrotada de libros. Al principio yo iba al lado de tu abuelo, observándole mientras analizaba los libros que más le llamaban la atención. Sin embargo, como veía que me aburría de seguirle, me dijo:

– ¿Por qué no buscas tú algún libro que te parezca interesante? Así tendremos cada uno un ejemplar para analizar en casa. Puedes empezar a buscar por este pasillo de la derecha.

La idea me pareció fantástica… Era la primera vez que buscaba mi propio libro. Los que había leído hasta entonces siempre me los habían dado o regalado tus abuelos o algún amigo o pariente, y además eran todos nuevos…, sin embargo siempre me habían parecido más interesantes los antiguos…, no sé muy bien por qué…, tenían algo especial. El caso es que empecé a pasear por el pasillo, observando con detenimiento todos los libros. ¡Era genial!… Había libros grandes…, pequeños…, finos…, gordos…, de tapas finas, o duras… ¡pero todos eran de papel! Al principio no me di cuenta, pero según pasaba el tiempo, empecé a sentir algo raro…, como un rumor lejano. Al pasar suavemente mi mano sobre el cantos de los libros, según andaba por el pasillo, noté como un pequeño cosquilleo…, muy tenue…, aunque no le di importancia.
Después de un rato, seguía sin decidirme por ningún libro en particular… y no era porque no me gustaran, sino por todo lo contrario… ¡había tantos que no sabía por cual decidirme! Entonces algo me llamó la atención. Uno de los libros de la tercera estantería brilló, o eso me pareció, cuando lo toqué suavemente al pasar. Se trataba de un ejemplar de la segunda edición del libro “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carroll. Yo ya había oído hablar del libro, aunque no lo había leído aun…, pero lo que realmente me gustó fue el libro en sí…, a pesar de su antigüedad estaba bien conservado… Además, y eso fue lo más raro, tuve la sensación como si hubiera sido el propio libro quien me hubiese elegido a mí. Evidentemente descarté esa idea, y lo achaqué a mi emoción por encontrar mi primer libro antiguo.
Entonces se lo enseñe corriendo a tu abuelo, todo ilusionado. Él lo miró y me dijo:

– ¡Enhorabuena!… Es un buen ejemplar. Lo analizaremos juntos ¡a ver que sorpresas trae!
– ¡Genial!… – dije – ¿Has encontrado alguno interesante, papa? – le pregunté
– Sí. Uno muy especial…, se pensaba que ya no existía ninguno. Se trata del “Misal de Constanza”, el primer libro tipográfico del mundo, una primera edición del año 1449 d.C. – me respondió, mientras me enseñaba un libro muy antiguo. – Es un ejemplar muy raro. He tenido mucha suerte en encontrarlo… Bien…, ya podemos irnos a casa…, tu madre nos estará esperando.

Como ya te he dicho, en estos casos era costumbre que en la reunión semanal de tus abuelos y sus colegas se analizarán los libros antiguos conseguidos recientemente. El día de la reunión, en lugar de empezar estudiando el libro de mi padre, tuvieron el detalle de pedirme permiso para empezar a estudiar el ejemplar que yo había traído.
Ese día, además de tu abuelo y tu abuela, y yo, claro, estaban en la reunión tres colegas de mis padres, con los que tenían más confianza, y sus dos hijos, que, por tratarse del libro mío, les dejaron estar presentes también. Nombraré ahora todos los presentes ese día para que quede constancia y porque es importante que los conozcas. Éramos los siguientes:

• Tu abuelo: Aidan Ahiwän Omani
• Tu abuela: Ursula Kehöni Ewarü
• Yo: Seilet Ahiwän Kehöni
Atori Cheveser Keithcer: profesor de psicolingüística y neurolingüística.
Lauw Viastat Iroldril: profesor de sociolingüística y la dialectología.
• Su esposa, Irasia Yentur Taenen: profesora de antropología lingüística.
• Y sus dos hijos: la mayor Eärwen, que con el tiempo sería tu madre, y su hermano pequeño Brenin.

Bien, continuaré…, que ahora llega la parte más increíble…
Comenzó tu abuelo leyendo algunos párrafos de mi libro, y lo largo de algo más de un par de horas, realizaron toda una serie de análisis… al papel, la tinta de las letras, el cuero de las tapas…, comprobaron la autenticidad del libro…, es decir, todo lo que se podía analizar tanto física como lingüísticamente. Finalmente, me dijo tu abuela:

– Es un libro muy interesante… ¿quieres hacerle tu alguna prueba más?

Yo me quedé callado. Lo cierto es que no se me ocurría nada. Al final, casi por que no me echaran en cara mi falta de imaginación, le respondí:

– Sí. Me gustaría leer algo.
– De acuerdo – me dijo tu abuela sonriendo – y me dio el libro.

Abrí el libro por la primera página y comencé a leerlo… Entonces sucedió algo extraordinario… ¡Las hojas de papel empezaron a brillar!… ¡del libro surgió un torbellino de luz!… yo me quedé paralizado, y del susto se me cayó el libro al suelo. El torbellino continuó aun unos pocos segundos más girando sobre el libro… hasta que desapareció. Entonces, la tapa se abrió y surgieron, uno tras otro, los personajes del libro. Era como si personas diminutas salieran del sombrero de un mago…: Alicia…, el Sombrerero loco…, la Liebre…, el Conejo Blanco con su reloj…, el Gato de Cheshire con su enigmática sonrisa…, Humpty Dumpty…, la Oruga Azul…, la Reina Roja y la Reina de Corazones…, Tweedledum y Tweedledee…, el Dodo…, y toda la serie de seres mágicos que pueblan las páginas del libro…, Las Ostras, las Rosas Rojas, las Flores con vida, Las cartas, los Flamencos, la madre Pájaro, el Pájaro Espejo, el Pájaro Gafas, los Pájaros Paraguas, los Pájaros Lápices, los Pelícanos, las Mariposas Pan de molde,…
Lo veíamos pero no podíamos creérnoslo… ¡era increíble!…, tu abuelo no paraba de decir:

– ¡Era cierta…! ¡la leyenda era cierta…! ¡Es un libro vivo!… ¡vivo!

Mientras tanto, los personajes del libro nos miraban desconcertados…, temerosos de nosotros… Sin embargo, antes de que pudiéramos reaccionar salieron corriendo por toda la biblioteca para esconderse… hasta que, finalmente, cada uno de los personajes logró sumergirse dentro de alguno de los libros que había apilados por el suelo de la sala… Alicia se metió en el Hamlet de Shakespeare…, el Sombrerero Loco dentro de El Quijote de Cervantes…, buena elección, si lo pienso bien ahora…, el Conejo Blanco se zambulló entre las páginas de El Fin de la Eternidad de Asimov…, la Oruga Azul en el Diálogos, volumen V, de Platón…, el Gato de Cheshire en el Metafísica de Aristóteles…, y así cada uno de ellos.
Desgraciadamente, cuando abríamos los libros en los que acababan de meterse alguno de los personajes, no encontrábamos nada raro, salvo que el personaje en cuestión ya no aparecía aunque sacudiéramos el libro… ¡había desaparecido entre sus páginas!
Sin embargo aún nos quedaba por ser testigos de lo más asombroso. Cuando ya pensábamos que todo había terminado, el libro de “Alicia en el País de las Maravillas”, que seguía en el suelo, se elevó suavemente. Se detuvo cuando estaba a una altura de unos 2 metros, y comenzó a girar sobre sí mismo velozmente. Una luz cegadora lo envolvía mientras giraba. La luz era tan brillante que tuvimos que protegernos los ojos y apartar la vista de él. Cuando terminó de girar y pudimos abrir los ojos, vimos, asombrados, que en medio de la biblioteca había una persona. Era una mujer joven…, alta…, bella. Vestida con una túnica blanca que le llegaba a los pies, con un cinturón en la cintura y el pelo largo, suelto sobre los hombros.

No temáis – nos dijo con un tono de voz suave pero firme.

Nos quedamos de piedra…, como paralizados de la sorpresa, sin decir palabra.

No temáis – repitió – Acabáis de ser testigos de algo que no sucede desde hace mucho…, mucho tiempo. Habéis contemplado el resurgir transdimensional de espíritus muy puros, los Asëry, materializados en los personajes del libro. Los seres que acabáis de ver son criaturas mágicas, procedentes del Reino de la Vida del que proceden todas las cosas. Este libro fue fabricado con madera de los Árboles Vivos, portales…, puertas de conexión entre ambos universos, y es, por tanto, una ventana por la que quien lo lee, puede conectarse a la Vida.
– ¿Quién eres? ¿Por qué nos cuentas todo esto? – logró preguntarle tu abuelo.
Mi nombre es Sônhä. Soy un mensajero. Os cuento esto porque muy poca gente puede hacer lo que has logrado hacer. – dijo mirándome a los ojos. Con esos ojos que nunca olvidaré…, grandes…, profundos…, nobles…, sinceros…, de un color que me recordó el color del sol al atardecer, en verano.

Sônhä se acercó a mí y me tocó la frente…, levemente. Sin embargo, sentí cómo mi corazón ardía…, fue como si una lanza incandescente atravesara mi ser. Me sentí morir, y, sin embargo, nunca he estado más vivo… Esa indescriptible sensación me ha acompañado el resto de mi vida, y estoy inmensamente agradecido por ello.

– ¿Qué quieres de nosotros? – le preguntó tu abuela.
– Habéis sido elegidos… para una Misión. Muy pocos seres han sido bendecidos con tal gracia.
– ¿Misión? ¿Qué misión? ¿Y por qué nosotros? – preguntó Irasia.
– Vosotros no. Él. – dijo Sônhä mirándome con una leve sonrisa, como cuando miras a alguien con admiración y respeto. – Vosotros seréis su apoyo, su equipo. Juntos buscaréis el resto de Libros Vivos dispersos por la galaxia.

Tardamos unos momentos en captar realmente lo que nos decía…, menos mal que tu abuelo reaccionó rápido. Fue el primero en hacerle a Sônhä las preguntas que nos hacíamos todos internamente, aunque sin ser totalmente consciente de ello.

– Pero…, no sabemos cuántos libros hay, ni donde están… ¿Acaso no podéis buscarlos tú, o los tuyos?

Sônhä le miró maternalmente y le respondió:

– Nosotros no estamos capacitados para ello…, las cosas no funcionan así. Los libros Vivos son materia de vuestro universo, y solo seres de vuestro universo pueden hacerlo…, solo personas como tu hijo, capaces de establecer un Vínculo Shyeih’e, pueden encontrarlos y revivirlos.
– ¿Pero somos muy pocos? Además Seilet no podrá hacerlo solo. Es demasiado trabajo para una sola persona. – le reprochó mi padre.
– Existen más personas como tu hijo – le dijo Sônhä. – Y a lo largo del tiempo existirán más. Personas especiales, bendecidas con el Don de revivir los Libros Vivos. Deberéis buscarlas también.
– Pero… ¿por qué son tan importantes esos Libros? – le preguntó mi padre.
– No es conveniente que los Libros Vivos estén perdidos…, pueden ser usados incorrectamente por seres peligrosos…, peligrosos para nosotros y para vosotros.
La materia de la que están hechos, la madera de los Árboles Vivos, es muy potente y debe ser vigilada y cuidada.
Antes de los primeros libros fabricados por la humanidad, los Árboles Vivos existían como portales entre nuestros universos. Cuando la humanidad comenzó a usar su madera, aunque sin saberlo, para fabricar los Libros, no nos preocupó porque controlábamos cada nuevo libro nuevo. Aunque en aquél entonces ya existían personas con el don de revivirlos, en muy raras ocasiones se producía, por lo que nuestras intervenciones eran muy escasas.
Con el tiempo el número de Libros Vivos aumentó y, debido a las intervenciones del Enemigo, nuestro control sobre los Libros desapareció.
A partir de entonces todo nuestro esfuerzo está encaminado a volver a reunir y controlar los Libros Vivos. Cuando encontramos a alguien con el don, intentamos convencerle para que nos ayude en la misión. No sois los primeros y no seréis los últimos…, pero vuestra ayuda es imprescindible…, para que el Orden Natural vuelva a estabilizarse.
– ¿Pero cómo lo haremos? – le preguntó Lauw.
– Formaréis una Compañía…, y realizaréis un juramento. Un juramento que impedirá que reveléis lo que sabéis y lo que hacéis a personas extrañas, a personas dañinas para la Misión. Un juramento que solo permitirá que las personas adecuadas formen parte de vuestra Compañía. Un juramento que os protegerá del Enemigo.

Mis padres me miraron, sobrecogidos por lo que estaba pasando.

– ¿Estás de acuerdo? – Me preguntó Sônhä.
– Pero mis padres me deberán dar permiso – le dije a Sônhä.
– Esta vez no. – Me contestó – Esta vez depende solo de ti. Ellos serán tu apoyo, tu refugio en momentos de peligro o de apuro, pero solo el Indicado puede tomar la decisión de llevar a cabo la Misión. ¿Qué decides?

Miré a tus abuelos. Miré a mis amigos y a los profesores amigos de tus abuelos. Miré a Sônhä. Mi corazón en llamas me decía que sí, pero mi mente me decía que era muy joven. Trece años son pocos para tomar ese tipo de decisiones. Sin embargo sentía que debía hacerlo… así que, finalmente le dije a Sônhä que sí.

– ¡Sí! Estoy de acuerdo. Lo haremos – casi lo dije gritando.

Sônhä nos hizo recitar un juramento en una lengua extraña. Un juramento que, cuando lo recitamos todos a una sola voz, hizo que las paredes de la biblioteca de casa retemblaran y un sonido brillante nos envolviera a todos. Durante unos instantes sentimos como nuestros cuerpos levitaban y un nexo de unión se asentó entre nosotros. Ya no éramos personas individuales…, ahora éramos una Compañía. Una Compañía con una Misión.

– Bien – dijo Sônhä – Mi misión ha terminado. Ya puedo irme. Es posible que nos volvamos a ver. En todo caso sabed que vuestra labor es fundamental. Os doy las gracias. Adiós.
– Una cosa más – le preguntó mi padre – ¿Qué haremos con los Libros Vivos cuando los encontremos…, si es que lo logramos?
– No os preocupéis – dijo Sônhä – cuando eso suceda nosotros nos pondremos en contacto con vosotros. Mientras tanto, guardarlos bien y aprended de ellos. Adiós de nuevo.

En cuanto Sônhä dijo eso, un resplandor brillante la envolvió, levitó durante unos segundos y se desvaneció hasta desaparecer.
Desde entonces han pasado varios años. Durante todos ellos hemos ido recorriendo la galaxia en busca de más personas capaces de establecer un Vínculo con los Libros Vivos, personas con el Don Shyeih’e, lo llamamos nosotros. Y, desde entonces, la Compañía, nuestra “Company Litterarum Nonprofit”, como nos gusta llamarla cariñosamente, ha aumentado de tamaño. Hemos encontrado algunas personas con el Don…, tenemos varios Libros Vivos y hemos aprendido muchas cosas de ellos. Hemos aprendido también a comunicarnos con los Asëry, y nos han trasmitido algunos de sus conocimientos antiguos… Por ahora solo podemos comunicarnos con ellos cuando se muestran materializados como los personajes de los libros que habitan, pero confiamos que, en algún momento en el futuro, seamos capaces de verlos tal cual son realmente…, como espíritus muy puros, como nos dijo Sônhä. Los Asëry son seres muy interesantes ¡Ya verás! Hemos comprobado que son capaces de acceder al mundo interior de cualquier otro libro, aunque no sea el suyo original y también aunque el otro libro no sea un Libro Vivo…, por lo que parece, todos los libros tienen su propio mundo interno… ¡Es increíble!… Tenemos los Libros Vivos guardados y bien protegidos. Para ello, la Compañía decidió que el mejor sitio para guardar un libro sería entre otros muchos libros, y por eso abrimos la tienda de libros antiguos y clásicos que tenemos.
De todo ello, y de muchas cosas más, te hablaré cuando vengas a casa y, si decides formar parte de todo esto, leerás el Juramento y serás uno más de nosotros.
Eso es todo…, por ahora… Tu madre, y yo, te echamos de menos…, estudia mucho y pórtate bien… ¡Te espera un mundo de increíbles maravillas, te lo aseguro!

Tu padre, que te quiere.
Seilet Ahiwän Kehöni

INFORME: “Oneäc’u-667/Yd’örm4-H23”
• Prioritario intensificar supra-analítica I’ineeng-33, Nivel I’voror28-7.
• Resultado de la desencriptación Nal’ina/12×6: Óptima.
• Intensifiquen protocolo Isseeb’h9-21/1.

La carta que escribió Seilet a su hijo Aywën está fechada el 12 de Septiembre del 7523 d.C. y fue descubierta durante unas excavaciones arqueológicas realizadas en el año 22.251 d.C. en el planeta Tierra, en el lugar donde se sospecha que estaba situada la tienda de libros antiguos y clásicos, propiedad de la Company Litterarum Nonprofit. Junto a la carta arriba mencionada fueron encontrados también algunos libros de papel. Se sospecha que dichos libros pudieran ser algunos de los llamados Libros Vivos que Seilet menciona en su carta. Sin embargo, actualmente no se tienen pruebas de la existencia real de los Asëry, salvo algunas representaciones gráficas que están siendo sometidas al Protocolo Nyünt-33. A pesar de los múltiples análisis realizados a los libros, éstos no presentaron ninguna anomalía o característica especial, salvo las propias de los libros de papel. No obstante, las investigaciones continúan según lo establecido por el Alto Consejo Inter-Galáctico.
Actualmente, no se tiene constancia de la existencia de la Company Litterarum Nonprofit y los escasos documentos encontrados donde se hace mención a dicha organización no aportan suficiente información sobre su verdadero objetivo y finalidad. Hasta la fecha, la carta de Seilet es la prueba más esclarecedora sobre dicha Compañía.
Sin embargo, aunque no existen pruebas que lo confirmen, es probable que existiera alguna relación entre la Company Litterarum Nonprofit y el Concilio Universal, creado en el 22.652 d.C. Se considera imprescindible acceder a los Archivos Secretos del Concilio para profundizar en las investigaciones.

Aidan Ahiwän Omani: Profesor de Literatura Clásica en la Universidad de Hiröh.
Ursula Kehöni Ewarü: Profesora de Lingüística en la Universidad de Hiröh. Esposa de Aidan.
Seilet Ahiwän Kehöni: Hijo de Aidan y Ursula. Poseedor del Don Shyeih’e.
Aywën Ahiwän Viastat: Hijo de Seilet y Eärwen.
Atori Cheveser Keithcer: Profesor de psicolingüística y neurolingüística en la Universidad de Hiröh.
Lauw Viastat Iroldril: Profesor de sociolingüística y la dialectología en la Universidad de Hiröh.
Irasia Yentur Taenen: Profesora de antropología lingüística en la Universidad de Hiröh. Esposa de Lauw.
Eärwen Viastat Yentur: Hija de Lauw e Irasia, y esposa de Seilet
Brenin: Hermano de Eärwen.
Sônhä: Mensajera del Reino de la Vida.

Librería de libros antiguos y clásicos, similar a la perteneciente a la Company Litterarum Nonprofit:hipotesis23-libro 8

Algunas de las representaciones gráficas encontradas y que pueden estar relacionadas con la existencia de los Libros Vivos y los Asëry:hipotesis23-libro 13hipotesis23-libro 14

• La siguiente representación gráfica es, hasta el momento, el único intento convincente de mostrar cómo podrían ser los Asëry, como materialización de los personajes de los libros que habitan. Es necesario aclarar que se trata solo de una suposición, ya que no se han encontrado aún fotografías u hologramas reales de ellos, ni, por el momento, ningún espécimen físicamente real. Se confía que las investigaciones actualmente en curso aporten más y mejores pruebas al respecto:hipotesis23 - seres Asëry 1

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N. del A.:
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