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Aquí tenéis el siguiente de mis breves fragmentos de ficción (Hipótesis). Espero que os guste:hipotesis21-los colores de dios2

El abuelo Íriwë llevaba unos días inquieto…, algo le preocupaba. Se pasaba todo el tiempo encerrado en el laboratorio de su despacho y solo salía para comer algo cuando mi abuela le traía la comida. Incluso dormía en él…, casi no le veíamos. Además de Cónsul, como miembro de varios comités científicos del Alto Consejo Inter-Galáctico, no era la primera vez que mi abuelo trabajaba hasta altas horas de la noche, pero esta vez era diferente… ¡incluso dejó de contarnos historias a mis primos ya a mí, antes de ir a dormir!
Una noche, cuando yo estaba en la cama, me despertó un ruido que procedía del laboratorio de mi abuelo. Después supe que se trató de una explosión Cörden-51, provocada por una inestabilidad sub-cuántica clase Zhëd-88 en el núcleo del convertidor Threild-32.
Aunque la explosión no fue muy potente, evidentemente despertó también el resto de la familia. Cuando llegué corriendo a la puerta del laboratorio ya habían llegado mi abuela Alyamär y alguno de mis tíos y primos. Todos se encontraban algo nerviosos y no hacían más que echarle en cara a mi abuelo lo peligroso que era que hiciera esa clase de pruebas en su laboratorio…, que debía hacerlas en las instalaciones que tenía el Alto Consejo Inter-Galáctico, que para eso estaban…, que era un cabezota…, y cosas por el estilo.
Lo cierto es que la explosión no fue para tanto… Mi abuelo se encontraba perfectamente.

– ¡!Vale, vale!! – decía Íriwë – ¿queréis calmaros de una vez? ¡solo ha sido una pequeña explosión! … ¡nada más!

Yo no estaba preocupado por mi abuelo…, sabía que hacía falta algo más que una leve explosión para acabar con él. Sin embargo lo que si llamó mi atención fue lo que vi dentro de su despacho. Era una sala enorme. Sus cuatro paredes estaban recubiertas de altas estanterías repletas de una inmensa cantidad de libros. ¡Era magnífico!
Al otro extremo de la sala, el laboratorio propiamente dicho, había un artefacto…, bueno, mejor dicho, lo que quedaba de él tras la explosión. Mi abuelo trabaja en él cuando estalló.
Cuando todo se hubo calmado, y mi familia se fue a dormir de nuevo, yo me acerqué a mi abuelo.

– ¿Te encuentras bien, abuelo? ¿Qué ha pasado? – le pregunté.

Mi abuelo me miró, con esa mirada suya tan especial, y me dijo con una sonrisa:

– Si, Alcarohtar, estoy bien…, no ha sido nada…, vuelve a la cama.

Sin embargo yo tenía curiosidad y le volví a preguntar:

– ¿Qué estabas haciendo?… ¿Para qué sirven los experimentos que haces?… Últimamente estás algo raro, abuelo, ya ni siquiera nos cuentas historias… ¿Puedo ayudarte en algo?… Debes descansar. La abuela dice que duermes poco, y eso no es bueno.

Mi abuelo me volvió a mirar. Sonrió. Puso sus enormes manos sobre mis hombros y, con una voz profunda, como quien dice un gran secreto, me dijo:

– Tienes razón…, mucha razón…, evidentemente…

De repente se quedó callado, pensando, y mirando al horizonte dijo:

– Claro… debo replantearme el protocolo…

Lo cierto es que entonces no entendí lo que quiso decir con eso, pero no le dije nada…, mi abuelo era así.

– Gracias hijo… – continuó mi abuelo – y no te preocupes…, ahora vamos a dormir…, mañana os contaré porqué llevo unos días raros…, os gustará la historia.

Esa noche no pude dormir bien. Estaba impaciente por escuchar la historia. Al día siguiente, sin embargo, parecía que mi abuelo se había olvidado de lo que me había prometido…, se pasó todo el día, de nuevo, en su laboratorio, y no le vimos hasta por la noche. Pero, después de cenar, nos tenía guardado una sorpresa. Mi abuelo nos había dicho muchas veces que no le molestáramos cuando estuviera trabajando y, salvo muy raras ocasiones, nunca nos permitía entrar en su despacho, y mucho menos tocar alguno de los aparatos de su laboratorio.
Sin embargo, en esa ocasión, cuando finalmente nos llamó para que nos pudiera contar una historia, vimos sorprendidos que, en vez de sentarse en el sillón del salón, donde tenía la costumbre de contar sus historias, entraba en su amplio despacho.

– ¡Venid! Entrad – nos dijo – pero no toquéis nada ¿vale?

Nosotros entramos en la sala casi como si lo hiciéramos en un lugar sagrado. ¡Era un lugar maravilloso! Lleno de libros y cientos de aparatos alucinantes. No sabíamos a donde mirar. En todos los lugares había objetos magníficos: un proyector holográfico-multidimensional mostraba el sector Thatmos-74 de la galaxia Vía Láctea… ¡era tan real!… ¡daba vértigo!… era como una enorme ventana donde poder asomarse al infinito. ¡Era increíble!… ¡Un modelo robot ¡a tamaño real! de un Dragón Chegar, del planeta Shyul, se movía libremente por la sala!… ¡parecía vivo! A una orden de mi abuelo, el Chegar fue a sentarse dócilmente a un rincón de la sala, para no molestarnos y que el abuelo pudiera contarnos su historia sin interrupciones… En un rincón, en el techo, había un gran nido y sobre él, un magnífico Isseching de Ala Roja, aunque no sabría decir si era real u otro robot, ya que no tuvimos ocasión de poder tocarlo. En cuanto entramos, dio un par de vuelos sobre nuestras cabezas y salió por una de las puertas que comunicaban la sala con el jardín de nuestra casa.
Mi abuelo había colocado un gran sillón en el centro del despacho, y un montón de almadones estaban colocados a su alrededor, para que pudiéramos sentarnos.

– Bien… ¡iros sentando en los almadones!… pero no tocad ninguno de los aparatos que veis ¿vale?… ¡por favor!… Issacia…, Ushy… ¡estaros quietos!… bien… Supongo que os estaréis preguntando qué pasó anoche ¿verdad? – nos dijo el abuelo, mientras se sentaba en el sillón.
– ¡Siii! – contestamos todos.
– Lo cierto es que tenéis razón…, llevo unos días algo raro…, bueno…, más que raro, lo que pasa es que estoy muy ocupado, porque estoy liado con un experimento, y no encuentro la solución a un problema.
– ¿Qué experimento es, abuelo? – preguntó mi primo Aarush.
¿Sabéis lo que es la teletransportación? – nos preguntó.
– Si – le respondió mi primo Esteban – en las películas de ciencia-ficción se usa para ir de un planeta a otro, o de una nave espacial a un planeta, instantáneamente…
– Tienes razón Esteban… sin embargo, aunque aparece en las películas, en la realidad aun no podemos teletransportarnos…, en eso es en lo que estamos trabajando… ¡mi equipo y yo estamos intentando construir un prototipo de teletransportador!
– ¡!!Waw!!!… eso es genial… – respondimos todos a la vez – ¿y cuál es el problema que tenéis?
– Bueno…, para que podáis entenderlo fácilmente…: un teletransportador lo que hace, básicamente, es crear una especie de túnel por el que transmite materia de un lugar a otro. Os pondré un ejemplo… suponer que viajamos en una nave espacial…, de esas que viajan de un planeta a otro…, y cuando pasa cerca de un planeta, una de las personas que viajan en la nave quiere ir al planeta… ¡sin que la nave se pare, ni tener que tomar otra nave que le lleve al planeta! … ¡sería fantástico! ¿verdad?
– ¡Siii! – gritamos todos.
– Pues con un teletransportador, se podría usar ese túnel para transportar a esa persona. Se haría átomo a átomo, pero como el proceso sería muy rápido, tardaría muy poco. ¿Verdad que no estará mal?
– ¡Sería alucinante! – dijo mi primo Ushy, abriendo mucho los ojos.
– Pero para poder hacer eso necesitamos, entre otras cosas, una especie de gafas que nos permitan crear dicho túnel por el que puedan transportarse las personas, o mejor dicho, sus átomos.
¿Por qué unas gafas? – pregunté yo.
– Bueno…, para crear el túnel, antes necesitamos, en cierta forma, ver el lugar a donde vamos a transportar a la persona, por eso las llamo gafas. Además, dicho túnel debe ser lo suficientemente estable como para que soporte el peso magnético-gravitatorio transdimensional de lo que se quiera transportar… ¿lo entendéis?
– Más a menos, abuelo – le dijimos… aunque realmente nos sonaba a chino.
– ¿Ya habéis construido esas gafas, abuelo? – le preguntó Issacia.
– Casi, casi… tenemos algo parecido, pero solo lo hemos podido probar con átomos sueltos, ya que nuestro problema es que el túnel no es estable, es decir, se nos rompe enseguida… ¡Ese es nuestro problema!… y por eso estoy tan ocupado todos los días.
– ¡Qué pena, abuelo! Pero no te preocupes, cuando menos te lo esperes dais con la solución evidente al problema… ¡ya verás! – le dijimos para animarle.
– ¡Así me gusta…, que seáis optimistas! – dijo mi abuelo soltando una gran carcajada. – Bien, y después de todo este royo que os he soltado… ¡vamos a lo importante!… ¿queréis que os cuente una historia?
– ¡Siiii! – gritamos todos llenos de alegría.
Bien…, escuchad atentos…, pero antes decidme: ¿Por qué las cosas tienen cada una sus propios colores? … es decir, ¿por qué el mar es azul?…, o… – entonces mi abuelo se levantó del sillón y se acercó a la puerta que daba al jardín – ¿por qué esta margarita tiene los pétalos blancos? – nos preguntó mientras cogía una flor del jardín – ¿por qué pétalos blancos y no rojos, o violetas, o a rayas verde y azules…?
– ¿Por qué, abuelo? – le preguntamos curiosos.
– Pues porque el Pintor de Dios usa gafas. – nos respondió el abuelo, con una enorme y enigmática sonrisa.
– ¿El pintor de Dios? ¿y quién es el pintor de Dios, abuelo?
Para saberlo tendréis que escuchar mi historia…veréis… En el principio estaba Dios. Y Dios fue creando todas las cosas del universo. Al principio, como las cosas creadas eran pocas, con cada cosa que creaba tenía tiempo en hacerlas con todo tipo de detalles…,!imaginad la cantidad de detalles que tiene, por ejemplo, una simple mariposa! La próxima vez que cojáis una de ellas, mirad con atención la infinidad de detalles que tienen…, sus diminutas alas, e intentad imaginad sus diminutas venas por las que circula su sangre…, cada uno de sus diminutos ojos y su boca tan rara ¿verdad?… ¿verdad que es un trabajo enorme?… ¡Dios, incluso, les pone colores fantásticos! … Con el tiempo, la cantidad de cosas que Dios creaba era mayor, y cada vez tenía menos tiempo para dedicarse, Él mismo, a ponerles todos los detalles. Sin embargo, como Dios quería que todas las cosas que creaba estuvieran terminadas hasta el más mínimo detalle, se le ocurrió encargar a uno de sus ayudantes la tarea de colorear cuidadosamente cada una de esas cosas que Él creaba… De esa manera tendría más tiempo para crear más cosas… ¡que listo es Dios! ¿verdad?
De esta manera, mientras su ayudante…, el Pintor de Dios…, pintaba, Dios tenía tiempo para crear todas las estrellas…, todos los planetas…, todos los agujeros negros…, todos los agujeros de gusano…, todas las nebulosas…, todos los animales…, todos los insectos…, todas las plantas…, todos los seres inteligentes del universo…, todas las montañas…, los ríos…, los peces…, con todos sus infinitos e increíbles detalles.
El pintor de Dios realizaba un trabajo genial, ¡maravilloso! Sus colores eran soberbios, espectaculares, ¡fantásticos! Y les daban a las cosas una presencia magnífica… Dios estaba muy contento con él.
Sin embargo, según fue pasando el tiempo, fue sucediendo algo raro… Dios se empezó a dar cuenta que el color de las cosas iba empeorando, incluso se podría decir que era un color feo. Dios sabía lo que le sucedía al pintor…, ¡porque Dios lo sabe todo!… Pero quería que el pintor se lo dijera. Un día le preguntó Dios al pintor:
– ¿Te encuentras bien, pintor? Veo que tus colores van perdiendo belleza. ¿Qué te sucede?
El pintor, temeroso de que Dios, al saber la verdad, le privara del placer que sentía al pintar todas las cosas, y no le permitiese seguir con su magnífico trabajo, no le dijo la verdad. En su lugar le dijo:
– No es nada. Un dolor de cabeza pasajero. En cuanto se me pase volveré a pintar como antes… No te preocupes.
Sin embargo, el problema no se pasó, y el pintor cada vez pintaba peor. Dios le dio otra oportunidad y le dijo:
– Pintor, no tienes porqué mentirme…, sabes que pase lo que pase seguirás pudiendo pintar mis creaciones…, pero tienes que decirme qué te pasa. ¡Confía en MÍ!
Entonces, el Pintor le dijo:
– Dios…, lo que me sucede es que cada vez veo peor, y por eso mis colores son feos. ¡Creo que necesito gafas! No te lo dije antes por miedo…, ¡perdóname!
Entonces, Dios, lo miró con cariño y le dijo:
– ¡!Ay!! Pintor…, pintor. El hecho de necesitar gafas no es causa suficiente para que te quite tu trabajo, sin embargo, el mentirme si podía haber supuesto el final a tu magnífico quehacer.
Y alargando la mano, Dios le dio al pintor unas magníficas gafas graduadas, ¡con visor celestial incluido!, de manera que el pintor pudo seguir pintando las nuevas creaciones de Dios…, ¡incluso tuvo tiempo para repintar nuevamente todas aquellas cosas que había pintado tan mal anteriormente!
Y por eso cada cosa tiene su color particular…, el magnífico color que el Pintor le ha dado a cada cosa creada por Dios.
– Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… – dijo mi abuelo dando un par de sonoras palmadas al aire que hicieron que saliéramos del trance en el que habíamos caído escuchando la historia. ¡Nos encantaban sus historias!
– ¡Otra…, cuéntanos otra historia! – le suplicábamos al abuelo – ¡porfa! ¡porfa!… ¡please!
– Por hoy ya está bien…, que mañana os tenéis que levantar temprano y, si no, vuestra abuela se enfada conmigo. ¡Recordad que mañana os vais de excursión a los montes Envhërar! ¿Tenéis todo preparado?
– ¡Siii, abuelo! – le gritamos entusiasmados – ¡incluso tenemos preparados los bocadillos en la nevera, para que se conserven mejor y no se estropeen con el calor…!
– ¡Estupendo! – nos respondió el abuelo – en la nevera…

Entonces sucedió algo extraordinario… Mi abuelo empezó a dar saltos de alegría y a gritar…

– ¡En la nevera!… ja, ja, ja… ¡En la nevera!… ¡Eso es!… ¡No es problema de las gafas!… ¡para que se mantenga el túnel estable debemos generarlo aplicando frío, pero no demasiado… ¡solo el justo para que el flujo Segbëlth-74 se estabilice!… ¡gracias hijos!… ¡muchas gracias!… ¡Me acabáis de dar la solución evidente!hipotesis21-teletransportador1

INFORME: “Blucy’er-807/Reehs’ess-H21”
• Prioritario intensificar supra-analítica S’woechys-64, Nivel Yqdar8-67.
• Resultado de la desencriptación Zhoirtur/2b4: Óptima.
• Intensifiquen protocolo Sterodrak99-42x/5.

Íriwë Vanövath Fionngall (34.972 d.C. – 35.069 d.C.): Científico y Cónsul del Alto Consejo Inter-Galáctico.
Alyamär Daëaren Avesy (34.970 d.C. – 35.071 d.C.): Su esposa. Miembro del Alto Consejo Inter-Galáctico.
Alguno de sus nietos:
Alcarohtar-Túlier Vanövath Venkerhaë (35.039 – ¿35.146? d.C.).
Issacia Säyndad Vanövath (35.034 d.C. – 35.125 d.C.).
Esteban Säyndad Vanövath (35.038 d.C. – 35.131 d.C.).
Aarush Säyndad Vanövath (35.041 d.C. – 35.0136 d.C.).
Ushy Vanövath Osenryn (35.042 d.C. – 35.137 d.C.).

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N. del A.:
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