Etiquetas

, , , ,

Aquí tenéis el siguiente de mis breves fragmentos de ficción (Hipótesis). Espero que os guste:

Fragmento de la transcripción de la 17ª clase de “Introducción a la Robótica”, impartida por el profesor Harkin Galve Foavarno, en la Universidad Sailon del planeta Astaldë, de la Galaxia Vía Láctea. Curso de 1er grado. Primer trimestre del año 30.126 d.C.:

[…]
– …!Tened cuidado con el exo-esqueleto!… bien… así… despacio… ahora el Generador de Campo Vor’tur… ¡eh! ¡eh!… Silvia, ¡con los guantes de Iruhita!… no lo toques sin ellos… ya sabes lo que pasó el otro día… ¡no queremos que se repita! ¿verdad?… a tu madre no le gustaría que llegaras a casa sin manos…
Bien…, volved a vuestros puestos. Y ahora…, para relajarnos, pensemos un poco – dice el profesor Harkin con una sonrisa.
Ya hemos visto algunas de las ventajas de los robots frente al ser humano – continúa Harkin – … fuerza, agilidad…, si pudierais elegir… ¿qué querríais ser?… ¿humanos?…, ¿robots?…, ¡mitad y mitad!…
– Yo, robot. – responde Arwain – ¡Para poder ganar en las próximas Olimpiadas todas las carreras!
– Yo humano – dice Shiräi – para poder ir al cielo cuando muera.
– ¡ya!… ¡o al infierno! – le suelta una compañera desde tres filas detrás.
– Yo también humana – grita Nyelia.
– ¡Mitad y mitad! – ríe Chaylia.
– ¡Vale, vale! – corta Harkin – ha quedado claro (…se ríe el profesor…). Ahora en serio. Una pregunta… y pensarla antes de contestar… ¿es mejor ser robot o humano?…poneros de acuerdo y dadme una respuesta…

Los alumnos se quedan callados, pensando…, cuchicheando entre ellos… Finalmente Luyeb levanta la mano…
– ¿si…? – pregunta Harkin.
– Es mejor ser humano – responde Luyeb.
– ¿Por qué? – le retó el profesor.
– Porque nosotros tenemos sentimientos. Los robots solo son máquinas.
– ¿Seguro?… ¿es bueno tener sentimientos? – vuelve a preguntar Harkin – Vale… no me respondáis…, pensarlo. A cuento de esto, quiero contaros otra de mis historias…, a ver si después de oírla seguís pensando lo mismo…hipotesis16 - lluvia1

Nuestra historia comienza una húmeda mañana de otoño. Hace tres años. Issania Dynis’u Loonper tiene 71 años. Vive, junto a su esposo, Perl Lelldar Issirold, en la planta 139 de un complejo urbanístico de amplios pisos. Cuatro habitaciones, espacioso salón central de alto techo, cocina con terraza, dos servicios, trastero y jardín interior. El salón tiene terraza con vistas al pequeño bosque cercano…, ellos tienen suerte, porque los pisos de otro lado del complejo dan a la mega-autopista que circunda la ciudad. En casa trabajan dos robots, ambos de clase Tyz: Shyb-51 para ella y Stayth-97 para su marido. A ciertas edades es bueno tener ayuda, y ellos ya no son jóvenes…, ella sufre del corazón…y se medíca. Tienen tres hijos, dos chicos y una chica, pero ya no viven con ellos…, cada uno tiene su familia, y aunque se visitan con cierta frecuencia, están solos el resto del tiempo. Issania sale poco a la calle porque se cansa, pero hoy le apetece que le dé un poco el aire.
– Shyb, acompañame – dice Issania – vamos a comprar la comida, y de paso veré si hay alguna oferta de ropa en los grandes almacenes Stormagasiner.
– Si señora – responde el robot – coja el paraguas que está empezando a llover.
– Gracias Shyb…, Perl…, volveremos pronto – le dice a su esposo.
– De acuerdo cariño – le responde él desde el sillón donde lee el periódico. – ¡Tened cuidado!

Salen a la calle y Shyb abre el paraguas. Issania se agarra al brazo del robot para no caerse, ya que el suelo empieza a estar algo resbaladizo por el agua de la lluvia. No llevan andando más que unos cinco minutos y, de repente, a Issania le da un pinchazo de dolor a la altura del pecho. El corazón. Tranquila – se dice ella misma – …no es la primera vez que te da… – Busca en su bolso las pastillas que toma para eso, pero se da cuenta que se las ha olvidado en casa.
– Shyb, por favor, corre a casa y coge las pastillas que están en la mesilla de mi cuarto… Las que tomo para el corazón… Hjerteanfald, se llaman. Perl te podrá decir donde están si no las encuentras ahí. ¡rápido! – dice Issania mientras se sienta en un banco con una mueca de dolor en la cara. – yo te espero aquí… ¡corre!

El robot sale corriendo. Gracias a su fuerte constitución física, tarda menos de un minuto en llegar a casa, coger las pastillas y volver a bajar a la calle. Perl ni siquiera se ha dado cuenta, ya que está en el jardín.
Shyb corre, pero al girar una esquina…
– ¡Menudo día asqueroso!… – dice Vilken Äcklig Dag, al salir de su casa – y encima se me ha olvidado el paraguas, y tengo el aerodeslizador aparcado en el fin del mundo…, me voy a poner como una sopa, ¡joder!

Sin embargo Vilken no sube a casa a por el paraguas…, tiene prisa. Así que se pone como puede el abrigo sobre la cabeza y sale corriendo hacia el aerodeslizador. El abrigo le tapa mal, y no le deja ver bien por donde va. Entonces gira una esquina y…
El robot no puede evitarlo…, va demasiado deprisa para poder parar o esquivarle. Del choque, Vilken sale rebotado y cae al suelo. Shyb reconoce inmediatamente a Vilken…, su señora le ha hablado alguna vez de él a su marido, y el robot la ha oído. Vilken es desgraciadamente famoso en el barrio…, siempre está de mal humor, y los vecinos no le soportan. Sin embargo, Shyb intenta sujetarlo para que no se haga daño, pero solo alcanza a agarrar la manga del abrigo, y ésta se rompe.
– ¡¡¡Cacho de pedazo de trozo de chatarra!!! – le dice Vilken al robot desde el suelo – ¡mira por donde andas! … y encima…. ¡oh, no! ¡el abrigo!…, lo acababa de estrenar… ¡joder!
– Lo siento mucho, señor… no pude evitarlo, mi señora me espera urgentemente y… – le intenta responder el robot, pero Vilken ni le escucha.
– ¡A mí que me importa! – le chilla al robot – ¿Y mi abrigo qué?…

Shyb no puede esperar más y sale corriendo. Necesita llegar a tiempo donde le espera su señora. Su señora se está muriendo y él no lo puede permitir. Oye como Vilken le sigue insultando mientras él corre, pero no le importa. La salud de su señora es su máxima prioridad. Llega donde está su señora y le da las pastillas… Issania se toma una y respira profundamente… A los pocos segundos se encuentra mejor. Se levanta del banco y sujetándose de nuevo al brazo de Shyb regresan a casa…
– ¡Maldito robot! ¡Como me lo vuelva a encontrar me va a oír! – se queja Vilken, mientras tanto.

Como ya está muy cerca del aerodeslizador no quiere volver a casa para dejar el abrigo roto y coger su paraguas, así que decide ir directamente a la oficina. Vilken trabaja de jefe de departamento en la Gestoría Gorzki, Wściekły & Bezwzględny-Dranie, abogados.
Llega a la oficina y, de camino a su despacho, se cruza con Yack Suisser Geyerrad, uno de los becarios de la empresa.
– ¡Oye, Yack! – le dice Vilken de malos modos – ¿tienes ya el Informe Kalss que ayer tarde te mandé tener para primera hora de hoy?
– Aun no – le responde Yack – mi hijo se puso enfermo y le tuve que llevar a urgencias. Lo tendrá mañana…
– ¡No puedo esperar hasta mañana! – le corta Vilken – lo necesito hoy. ¡tendrás que quedarte esta tarde hasta que lo tengas terminado!
– ¡Pero…! – le intenta convencer Yack
– ¡Nada de peros!…, ¡lo tengo que tener hoy en mi despacho… sin falta!
– De acuerdo…, lo tendrá hoy – dice finalmente Yack

Al cabo de un rato, entra en el despacho de Vilken su jefe…
– Una cosa Vilken… ¿algún problema con el Informe Kalss que te mandé tener para la próxima semana? – le pregunta su jefe.
– Ninguna, señor…, lo tendrá sin falta encima de su mesa la semana próxima.

Ese es Vilken…, necesita un informe para la semana próxima, pero se lo exige a sus empleados para mañana temprano…, solo por fastidiar. Es amargado, despiadado…, y siempre un furibundo cabreado. Nada le parecía bien hecho, siempre se está quejando por todo…, nadie le soporta…, pero es el jefe del departamento, así que… sus empleados se aguantan y tragan.
Cinco minutos antes del final de la jornada, Yack entra en el despacho de Vilken y le entrega el Informe Kalss. Vilken ni siquiera le da las gracias. Cuando sale el becario de su despacho, Vilken se levanta, coge el abrigo y se marcha a casa. Al llegar al aparcamiento contempla su vehículo… ¡Está orgulloso de su flamante aerodeslizador!, un modelo Vanysser despampanante… con un propulsor anti-gravitatorio innovador…, que le ha costado un ojo de la cara y que estará pagándolo el resto de su vida…, pero no le importa… con tal de fardar ante la gente… Circula a toda velocidad por la carretera…, adelanta al resto de aerodeslizadores sin guardas las más mínimas medidas de seguridad.
– ¿Dónde vas, kamikaze? – le gritan desde otro vehículo – ¡te vas a matar si conduces así!
– ¡Que te jo…! – le espeta Vilken.

Al cruzar el puente cercano a su casa, un camión enorme hace un mal movimiento…, gira…, y choca con el Vanysser de Vilken, que en ese momento estaba intentando adelantarlo de forma temeraria. El vehículo sale rebotado, da una vuelta de campana… dos…, y se precipita al rio…
Shyb-51 está de regreso…, su señora le ha mandado que le compre las nuevas medicinas que le ha recetado el médico que la ha atendido en casa, cuando llegaron tras el ataque al corazón. Lleva las medicinas guardadas en su compartimento de la pierna derecha, bien protegidas. Está caminando por el puente que cruza el rio Slinlye, cerca de casa. En eso ve como un vehículo da una…, dos vueltas de campana y se precipita al agua. Reconoce al conductor… Es Vilken… con el que chocó por la mañana. La gente que rodea al robot corre para apartarse del accidente. Sin pensarlo dos veces Shyb corre hacia el coche…, salta la barandilla y se zambulle en el agua. El coche ya está algo profundo. Vilken ha perdido el conocimiento con el choque. Shyb bucea hasta el vehículo, rompe la ventanilla del conductor, consigue abrir la puerta del aerodeslizador, coge a Vilken por los brazos y le saca fuera del vehículo…, es una suerte que los robots no tengan necesidad de respirar…, si no… Shyb consigue salir a la superficie… la gente que lo está viendo desde la orilla le ayuda a salir del agua. Alguien ha llamado a una ambulancia y ya se oye la sirena. Pocos minutos después Vilken es trasladado al hospital. No se acuerda muy bien de lo que ha pasado…, le cuentan lo que sucedió…, pero él sigue pensando que la culpa fue del conductor del camión…, ni siquiera se le cruza por la cabeza agradecerle al robot el haberle salvado la vida…, al fin y al cabo… ¡solo es una maquina!…

– Bien… ¿qué os ha parecido? – les pregunta Harkin a sus alumnos. – ¿seguís pensando que, por el simple hecho de tener sentimientos, es mejor ser un humano que un robot? Como veis en esta historia, Vilken tiene sentimientos, aunque éstos sean de odio y esté siempre cabreado, y ni perdona al becario, y le obliga hacer el informe, aunque no lo necesita realmente para hoy, ni le agradece al robot el haberle salvado la vida. Sin embargo, el robot Shyb, aunque solo es una máquina sin sentimientos, no tiene en cuenta el mal comportamiento de Vilken con él y le salva la vida. Parece que es mejor ser un robot ¿no?
– Ya… – le responde Laris desde la quinta fila – pero es solo una historia, no quiere decir que sea verdad.
– En eso te equivocas, la historia es verdadera…, sucedió de verdad. De hecho, Issania y Perl son vecinos míos. Yo les ayudé a elegir sus robots.

Los alumnos se quedaron callados…, sabían que era mejor ser un ser humano que ser un robot, pero no daban con la respuesta definitiva a la pregunta del profesor Harkin.

– Veamos…, os intentaré ayudar en vuestros razonamientos… – les dice Harkin. – Si el tener sentimientos no parece, por sí solo, ser suficiente para que ser un humano sea mejor que ser un robot, y, sin embargo, en vuestro fuero interno ¡sabéis! que sí es mejor ser un humano… ¿en qué radica la ventaja del humano frente al robot?

Los alumnos lo pensaron…, lo discutieron entre ellos…, y al final Issania, se puso en pie…

– En tu historia, Vilken podía haber elegido comportarse de otra forma…, podía haber elegido ser mejor persona con el becario…, con el resto de compañeros del trabajo y de vecinos del barrio. Podía haberle dado las gracias al robot Shyb-51. Él es mala persona, seguramente, por alguna mala experiencia sufrida hace tiempo, pero no es malo por sí. Sin embargo, Shyb no tenía otra opción más que comportarse como lo hizo…, está hecho así…, es un robot…, una máquina, tiene implantadas las Tres Leyes de la robótica que le obligan a ser como es, y no puede elegir ser de otra manera…
– Sí… Issania…, entonces… ¿Cuál es el motivo principal por el que ser un humano es mejor que ser un robot…?
– Porque el ser humano goza de libre albedrío.
[…]

INFORME: “KOY-9951/Hinv-44/Zh’skelia-H16”
Harkin Galve Foavarno (30.091 d.C. – 30.178 d.C.): Ingeniero de Robótica e Inteligencia Artificial, imparte el curso “Introducción a la robótica” en el 30.126 d.C., en la Universidad Sailon del planeta Astaldë, de la Galaxia Vía Láctea.
Issania Dynis’u Loonper: Vecina del profesor Harkin.
Shyb-51: Robot clase Tyz.
Perl Lelldar Issirold: Esposo de Issania.
Vilken Äcklig Dag: Jefe de departamento en la Gestoría Gorzki, Wściekły & Bezwzględny-Dranie, abogados.
Yack Suisser Geyerrad: Becario de la Gestoría.
Arwain, Shiräi, Nyelia, Chaylia, Luyeb e Issania: Alumnos del profesor Harkin.

Resultado de la desencriptación-Rynyr’o2: correcta.
Tramitada supra-analítica Erihmü: Nivel R’achit.
Intensifiquen protocolo Ang’ir-23YHB.

Las Tres Leyes de la Robótica:
• 1ª ley: Un robot no puede causar daño a un ser humano ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daños.
• 2ª ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
• 3ª ley: Un robot ha de proteger su existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Libre albedrío: m. Potestad de obrar por reflexión y elección.

Aerodeslizador modelo Shark:hipotesis16 - aerodeslizador1

————
N. del A.:
SI QUIERES LEER MIS PEQUEÑOS FRAGMENTOS DE FICCIÓN, ENTRA EN LA PÁGINA DE ESTE BLOG: “HIPÓTEIS-RELATOS”. 

________________________________________

Anuncios