Etiquetas

, ,

Siempre me han gustado las novelas de Sherlock Holmes; …quiero decir, las novelas que Watson escribió sobre los casos de Sherlock Holmes; perdón…, las novelas de Sir Arthur Conan Doyle sobre los casos de Sherlock Holmes.

Como escribió Borges:

“Sherlock Holmes”. Por Jorge Luis Borges

“No salió de una madre ni supo de mayores.
Idéntico es el caso de Adán y de Quijano.
Está hecho de azar. Inmediato o cercano
lo rigen los vaivenes de variables lectores.

No es un error pensar que nace en el momento
en que lo ve aquel otro que narrará su historia
y que muere en cada eclipse de la memoria
de quienes lo soñamos. Es más hueco que el viento.

Es casto. Nada sabe del amor. No ha querido.
Ese hombre tan viril ha renunciado al arte
de amar. En Baker Street vive solo y aparte.
Le es ajeno también ese otro arte, el olvido.

Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca
y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano.
El hombre solitario prosigue, lupa en mano,
su rara suerte discontinua de cosa trunca.

No tiene relaciones, pero no lo abandona
la devoción del otro, que fue su evangelista
y que de sus milagros ha dejado la lista.
Vive de un modo cómodo: en tercera persona.

No baja más al baño. Tampoco visitaba
ese retiro Hamlet, que muere en Dinamarca
que no sabe casi nada de esa comarca
de la espada y del mar, del arco y de la aljaba.

(Omnia sunt plena Jovis.[1] De análoga manera
diremos de aquel justo que da nombre a los versos
que su inconstante sombra recorre los diversos
dominios en que ha sido parcelada la esfera.)

Atiza en el hogar las encendidas ramas
o da muerte en los páramos a un perro del infierno.
Ese alto caballero no sabe que es eterno.
Resuelve naderías y repite epigramas.

Nos llega desde un Londres de gas y de neblina
un Londres que se sabe capital de un imperio
que le interesa poco, de un Londres de misterio
tranquilo, que no quiere sentir que ya declina.

No nos maravillemos. Después de la agonía,
el hado o el azar (que son la misma cosa)
depara a cada cual esa suerte curiosa
de ser ecos o formas que mueren cada día.

Que mueren hasta un día final en que el olvido,
que es la meta común, nos olvide del todo.
Antes que nos alcance juguemos con el lodo
de ser durante un tiempo, de ser y de haber sido.

Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una
de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte
y la siesta son otras. También es nuestra suerte
convalecer en un jardín o mirar la luna.”

[1]. Todas las cosas están llenas de Júpiter

Aquí os traigo un fragmento de “LA LIGA DE LOS PELIRROJOS”:

“Al visitar a mi amigo Sherlock Holmes un día de otoño del año pasado, lo encontré enzarzado en animada conversación con un caballero de edad provecta, rechoncho, de faz rubicunda y cabellos de un color rojo intenso. Excusándome por mi intrusión, me disponía a retirarme, pero Holmes me empujó bruscamente hacia dentro y cerró la puerta detrás de mí.
–No podía haber venido en mejor momento, mi querido Watson –me dijo cordialmente.
–Temía que estuviera trabajando.
–Así es. Y mucho, por cierto.
–Entonces puedo esperar en la habitación de al lado.
–Nada de eso. Este caballero, señor Wilson –dijo a su interlocutor, presentándome–, ha sido mi compañero y ayudante en muchos de mis casos más brillantes, y no me cabe duda de que también en el suyo me será de suma utilidad.
El rechoncho individuo se levantó a medias de su silla y saludó con la cabeza, con una breve mirada inquisitiva de sus ojillos rodeados de carne.
–Pruebe el sofá –dijo Holmes, repantigándose en su butaca y juntando las puntas de los dedos, como tenía por costumbre cuando meditaba–. Ya sé, mi querido Watson, que comparte mi afición a todo lo que es extraño y alejado de lo convencional y de la monótona rutina de la vida cotidiana.
Ha demostrado su inclinación al respecto con el entusiasmo que le ha movido a hacer la crónica y, si me permite decirlo, a embellecer tantas de mis pequeñas aventuras.
–Desde luego, sus casos siempre me han interesado mucho–observé.
–Recordará, Watson, que el otro día, poco antes de que ahondáramos en el problema presentado por la señorita Mary Sutherland, yo observaba que, cuando se trata de efectos extraños y combinaciones extraordinarias, debemos recurrir a la propia vida, que siempre es mucho más osada que cualquier esfuerzo de la imaginación.
–Proposición sobre la cual yo me tomé la libertad de expresar mis dudas.
–Así es, doctor, pero no obstante debe aceptar mi punto de vista, pues de lo contrario le expondré un hecho tras otro, hasta que su razón se doblegue y reconozca que yo estoy en lo cierto. Y hoy, el señor Jabez Wilson, aquí presente, ha tenido la amabilidad de visitarme esta mañana y comenzar una narración que promete ser una de las más singulares que yo haya escuchado en bastante tiempo. Usted me ha oído comentar que las cosas más extrañas y más insólitas a menudo están relacionadas, no con los grandes delitos, sino con los más pequeños. A veces, incluso, se dan allí donde hay motivos para dudar de que se haya cometido algún delito realmente. Por lo que he oído hasta el momento, me es imposible decir si el presente caso es o no un ejemplo delictivo, pero lo que sí es cierto es que el discurrir de los acontecimientos se cuenta entre las cosas más singulares que haya oído.[…]”Holmes_playing_violin

________________________________________

Anuncios