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Bueno, espero que con las entradas anteriores podáis tener una idea de “como respiro”. Por tanto, con este post doy inagurado oficialmente este blog.
Espero que os guste.
Para empezar, os traigo unas cartas del escritor C.S.Lewis:

Estas cartas de C. S. Lewis fueron escritas a Sheldon Vanauken, que posteriormente escribiera el best-seller “A severe mercy”. Vanauken pidió a Lewis el permiso de utilizar las cartas en su texto “Encuentro con la luz” y Lewis accedió. Vanauken puso posteriormente las cartas en el dominio público.

CARTA 1:

” Estimado Sr. Vanauken:
Mi posición, en el umbral del cristianismo, era exactamente la contraria a la suya. Usted desea que sea verdad; yo ansiaba fuertemente que no lo fuera. Al menos, ese era mi deseo consciente: usted puede sospechar que existían en mí deseos inconscientes de tipo opuesto, y que fueron éstos los que finalmente me empujaron adentro. Bien: pero entonces yo también puedo sospechar que, bajo su deseo consciente de que el cristianismo sea verdad, existe al acecho un fuerte deseo inconsciente de que no lo sea. Así, solamente podemos concluir que el pensamiento moderno, por más que pueda ser útil para explicar el origen de un error (que uno sepa ya que es un error), es perfectamente inútil para decidir cuál de dos creencias es el error y cuál es la verdad. Porque
(a.) Uno nunca conoce todos sus deseos, y
(b.) En las grandes cuestiones, tales como estas, aún los deseos conscientes tienen su parte en los dos lados, casi siempre.
Lo que pienso que uno puede decir con certeza es ésto: La idea “Todos quisieran que el cristianismo fuera verdad, por lo tanto los ateos son los valientes que han afrontado la derrota de sus deseos más profundos” es un absurdo impúdico.
Imagine usted que gente como Stalin, Hitler, Haldane, Stapledon (…) despiertan una mañana y descubrien que ellos no son sus propios amos, que tienen un Señor y un Juez, que no existe nada, incluso en lo más profundo de sus pensamientos, sobre lo cual ello puedan decirle a Él: “¡Fuera de aquí! ¡Lugar privado! ¡Esto es asunto mío!” ¿Cree ud. que se sentirían contentos? Su primera reacción sería (como fue la mía) de ira y terror. Y dudo mucho que ud. mismo encontrara tal cosa simplemente placentera.
¿Acaso la verdad no es que eso gratificaría algunos de nuestros deseos (que muy esporádicamente sentimos) y que a la vez frustraría muchos otros? De modo que dejemos de lado el tema del deseo. Eso nunca ayudó a nadie a solucionar ningún problema.
No concuerdo con su visión de la historia de la religión: Cristo, Buda, Mahoma y otros, haciendo elaboraciones a partir de una simplicidad original. Creo, sí, que el budismo es una simplificación del hinduismo y el islamismo es una simplificación del cristianismo. Pero la religión clara, transparente, simple (el Tao con el agregado de un dios vago, ético en el fondo) es un desarrollo tardío, que se da generalmente entre la gente intelectual, en las ciudades. Con lo que uno realmente comienza es con ritual, mito, y misterio; la muerte y la vuelta de Osiris, las danzas, las iniciaciones, los sacrificios, los reyes divinos. En oposición a esto surgen los filósofos, Aristóteles, Confucio; pero esto apenas puede ser llamado religión. Los únicos dos sistemas en los cuales los misterios y las filosofías van juntos son hinduismo y cristianismo; allí usted tiene Metafísica y Culto.
Por eso, mi primer paso, fue asegurarme de que una de ambas (o ambas) tenía la respuesta. Porque la realidad no puede ser sólo para los salvajes ni sólo para las mentes elevadas. Las cosas verdaderas no son así (por ejemplo, la materia es la primera cosa más obvia que uno encuentra, en los chocolates, las manzanas, pero también es el objeto de la física cuántica).
No puede plantearse la cuestión de una multitud de religiones desconectadas. La opción está entre
(a.) La visión del mundo del materialista; que yo no puedo creer.
(b.) Las religiones primitivas arcaicas; que no son bastante morales.
(c.) La supuesta superación de ellas en el hiduismo
(d.) La supuesta superación de ellas en el cristianismo
Pero la debilidad de hinduismo es que en realidad no entrelaza los dos hilos. La religión salvaje sin redención funciona en la aldea; el ermitaño filosofa en el bosque: y ninguno realmente interactúa con el otro. Sólo el cristianismo obliga a un intelectual, como yo, a participar de un banquete ritual con sangre, y también obliga a un convertido del Africa Central a seguir un refinado código ético.
¿Ha intentado leer “El hombre eterno”, de Chesterton? Es la mejor apologética popular que conozco.
Mientras tanto, el intento de practicar el Tao es ciertamente la opción correcta.
¿Ha leído a Confucio? Termina diciendo: “Esto es el Tao. No sé si alguna persona alguna vez lo ha practicado.” Eso es significativo: en verdad, uno puede ir directamente de allí a la Epistola a los Romanos.
No sé si algo de esto le será útil. No dude ud. en escribirme otra vez, o llamarme, si piensa que puedo serle de ayuda.
Suyo
C.S. Lewis”

CARTA 2:

” 23 de diciembre de 1950
Estimado Sr. Vanauken:
La contradicción “Debes tener fe para creer, y debes creer para tener fe” pertenece a la misma clase de contradicciones que emplearon los filósofos eleatas para probar que todo movimiento es imposible. Y hay muchas otras. Uno no puede nadar sin sustentarse en el agua, y uno no puede sustentarse en el agua a menos que sepa nadar. O bien: dado un acto consciente (e.g. el levantarse por la mañana), ¿su primer origen es voluntario o involuntario? si es voluntario entonces uno debe haber querido hacerlo ..ya estaban dispuestos a él antes.. por lo que no es realmente el principio. Si es involuntario, entonces la continuación del acto (que es determinado por el primer movimiento) es involuntario también… pero el acto ES voluntario.
Y a pesar de estas contradicciones, nosotros nadamos, y nos levantamos de la cama.
No pienso que haya una prueba demostrativa (tipo Euclides) del cristianismo, como tampoco de la existencia de la materia, ni de la buena voluntad y la honradez de mis mejores amigos. Creo que las tres (excepto quizás el segundo) son por lejos más probables que sus contrarias.
El caso del Cristianismo en general está bien expuesto por Chesterton; e intenté hacer algo así en mis charlas radiales. En cuanto a por qué Dios no hace la cuestión claramente demostrable: ¿estamos seguros de que él está interesado en la clase de teísmo que se seguiría de un asentimiento lógico obligado a un argumento concluyente? Y nosotros mismos, ¿estamos interesados en eso, en lo que hace a cuestiones personales? Yo exijo de mi amigo una confianza en mi buena fe que sea segura, sin prueba demostrativa. No sería confianza en absoluto si él esperó una prueba rigurosa. Y, ¡vamos! los cuentos de hadas son los que contienen la verdad. Otelo creyó en la inocencia de Desdémona cuando tuvo la demostración: pero era demasiado tarde. Se nos pide la magnanimidad, la generosidad que se apoyará en una probabilidad razonable.
Pero, ¿y si uno cree y resulta que al final estaba equivocado? Entonces uno habría tributado al universo un elogio inmerececido. Y el error suyo sería así más interesante e importante que la misma realidad. ¿Pero cómo podría ser esto? ¿Cómo podría producir un universo imbécil criaturas cuyos sueños son tanto más fuertes, mejores, más sutiles que él mismo?
Observe ud. que el asunto de la vida después de la muerte, que todavía le parece a usted la cosa esencial, fue en sí una revelación tardía. Dios entrenó a los hebreos durante siglos para que creyeran en él sin la promesa de una vida futura; y, bendito sea, me entrenó a mí de la misma manera por alrededor de un año. Es como el príncipe disfrazado en un cuento de hadas que gana el amor de la bella antes de que ella sepa que él es cualquier cosa más que un leñador. Lo que sería un soborno si viniera primero, es mejor que llegue al final.
Está claro, por lo que me dice, que ud. tiene deseos conscientes de ambos lados. Y ahora, otra cuestión sobre los deseos. Un deseo puede conducir a la creencia falsa, es cierto. ¿Pero qué sugiere la existencia del deseo? En un tiempo me impresionó mucho la frase de Arnold: “El hecho de estar hambrientos no demuestra que tengamos pan”. Pero seguramente, si eso no demuestra que un determinado hombre conseguirá el alimento, ¡sí prueba que hay una cosa tal como el alimento! Es decir si fuésemos una especie que no come normalmente, y que no fue diseñada para comer, ¿acaso nos sentiríamos hambrientos? Usted dice que el universo del materialista es “feo”. Yo me pregunto cómo descubrió eso. Si usted es realmente un producto de un universo materialista, ¿cómo es que no se siente en su hogar allí? ¿Los peces se quejan de la humedad del mar? O si lo hicieran, el hecho en sí mismo ¿no sugeriría que no habían sido siempre, o no estaban llamados a ser siempre, criaturas puramente acuáticas? Note ud. cómo estamos sorprendidos siempre del tiempo. (“¡Cómo vuela el tiempo! Juancito tan grande, y casado! ¡Cuesta creerlo!”) En el nombre del cielo, ¿por qué? A menos que haya de hecho algo en nosotros que no es temporal.
La humildad total no está en el Tao, porque el Tao (como tal) no dice nada del Objeto sobre el cual él sería la respuesta correcta: así como no hay ley sobre ferrocarriles en las actas de la reina Elizabeth. Pero del grado de respecto que el Tao demanda para los antepasados, los padres, las ancianos, y los profesores, es absolutamente claro lo que el Tao prescribiría hacia un objeto tal como Dios.
¡Pero pienso que usted está ya atrapado en la red! El Espíritu Santo está tras suyo. Dudo que consiga escaparse.
Suyo
C.S. Lewis”

CARTA 3:

“17 de abril de 1951
Mi querido Vanauken
Mis oraciones son contestadas.
No: una vislumbre no es una visión. Pero para un hombre en un camino de la montaña en la noche, tener una vislumbre de los tres pies siguientes del camino puede importar más que una visión del horizonte. Y debe quizás existir siempre la justa carencia de certeza demostrativa para hacer posible la libre elección: pues ¿qué podríamos hacer sino aceptar, si la fe fuera como una tabla de multiplicar?
Sufrirá ud. un contra-ataque, lo sabe, así que no se alarme demasiado cuando venga.
El enemigo no lo mirará desaparecer en la compañía de Dios sin un esfuerzo por reclamarle.
Ocúpese en aprender a rezar y (si ha llegado a decidir el tema de la denominación cristiana) hágase confirmar.
Bendiciones y bienvenido, una y cien mil veces. Disponga de mí para lo que pueda servirle: y roguemos uno por el otro siempre.
Suyo
C.S. Lewis”

Biografia y obra: (De Wikipedia)

Clive Staples Lewis (Belfast, Irlanda del Norte, 29 de noviembre de 1898 – Oxford, Inglaterra, 22 de noviembre de 1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, y llamado Jack por sus amigos, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, académico, locutor de radio y ensayista británico. Es también conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica.
Lewis fue un amigo cercano de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Ambos autores fueron prominentes figuras de la facultad de Inglés de la Universidad de Oxford, y en el grupo literario informal de Oxford fueron conocidos como los “Inklings”. De acuerdo a sus memorias denominadas “Sorprendido por la alegría”, Lewis fue bautizado en la Iglesia de Irlanda cuando nació, pero durante su adolescencia se alejó de su fe. Debido a la influencia de Tolkien y otros amigos, cuando tenía cerca de 30 años, Lewis se reconvirtió al protestantismo, siendo “un participante muy ordinario de la Iglesia de Inglaterra”. Su conversión tuvo un profundo efecto en sus obras, y sus transmisiones radiofónicas en tiempo de guerra sobre temas relacionados con el cristianismo fueron aclamadas ampliamente. Tarde en su vida contrajo matrimonio con la escritora estadounidense Joy Gresham, quien falleció cuatro años después a causa de un cáncer de huesos, a la edad de 45 años.

Obras:
1. The Pilgrim’s Regress
2. Trilogía cósmica
• Más allá del Planeta Silencioso (1938)
• Perelandra, un viaje a Venus (1943)
• Esa horrible fortaleza (1946)
6. The Screwtape Letters (Cartas del diablo a su sobrino) (1942)
7. El gran divorcio (1945)
8. Las crónicas de Narnia
• El león, la bruja y el armario (1951)
• El príncipe Caspian (1951)
• La travesía del Viajero del Alba (1952)
• La silla de plata (1953)
• El caballo y el muchacho (1954)
• El sobrino del mago (1955)
• La última batalla (1956)
9. Mientras no tengamos rostro (1956)
10. Prayer: Letters to Malcolm (1963)

Otras obras:
1. The Allegory of Love (1936)
2. El problema del dolor (1940)
3. La abolición del hombre (1943)
4. Mero cristianismo (1952) Trilema de Lewis
5. English Literature In the Sixteenth Century Excluding Drama (1954)
6. Sorprendido por la alegría (1955) (Autobiografía)
7. Reflections on the Psalms (1958)
8. Studies in Words (1960)
9. Los cuatro amores (1960)
10. Una pena en observación (1961)
11. The Discarded Image
12. The Weight of Glory, and Other Addresses
13. They Asked for a Paper
14. Miracles

Frank Sheldon Vanauken (4 de agosto de 1914–18 de octubre de 1996) es un escritor estadounidense, conocido principalmente por su libro autobiográfico A Severe Mercy (1977), en el cual relata su amistad y la de su esposa con C.S. Lewis, así como la conversión de ambos al cristianismo. Vanauken publicó una secuela, Under the Mercy en 1985.

Foto de C.S.Lewis:

CS-Lewis[1]

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