Navegando por ahí, encontré esta joya:

“Virgo se sentó en el banco marmolino. Observó la planicie que se mostraba ante ella.
Orión se acercó por detrás y se sentó a su lado, y también observó.
Infinidad de pináculos de metal y cristal roto surgían y rompían la uniformidad.
-Bien, y me dices que esto que queda aquí son los restos de una gran civilización. –inició Virgo una conversación esperada.
-Para ser más precisos, todo eso fue una gran ciudad de rascacielos, de acero y vidrio.
-¿Y cómo es que ahora está todo así? Quiero decir, ¿qué pasó para que se destruyera todo?
-Se destruyeron a sí mismos- contestó Orión a su alba discípula, bastante amargo.
-¿Se inmolaron por algún motivo? –preguntó gravemente Virgo, fijándose en los oscuros ojos de su maestro.
-No, no se inmolaron. Se mataron entre ellos. –dijo Orión, dejando lo dicho suspenso en la atmósfera, esperando una respuesta o una cuestión de su alumna.
-¿Qué se mataron entre ellos? Entiendo que una raza alienígena quiera exterminar a otra, como sucedía antes, y como nos has enseñado, maestro, pero esto no lo entiendo.
-Sí –contestó finalmente Orión, y comenzó a relatar la lección de historia.- Esto sucedió hace cerca de mil años. Era una civilización saliendo de su época industrial. La civilización estaba fragmentada en miles de prejuicios llamados etnias, religiones y razas diferentes. De hecho, competían entre ellos. No sólo comercialmente, sino en todo, para mostrar superioridad entre ellos. Una banalidad. Además, ya contaminaban su tierra, sus aguas, todo, como efecto de su carrera industrial, para ver quien llegaba antes a la meta… Si es que la tenían. Y esto no es todo. La atmósfera que nos rodea, compuesta ahora de dióxido de carbono, antes era respirable, llena de oxígeno. Y en vez de esta desolación, también coexistían ecosistemas completos y hermosos.
-Pero dudo que fuera solamente sus emisiones de dióxido las que mataron todo.
-Tienes razón. No fue el dióxido lo que lo mató todo. Fue una última guerra, en la que usaron todos, como seres primitivos, su innovador armamento. Acabaron con todo con unas potentes bombas nucleares que, además, llenaron este planeta de una radiactividad nociva durante largo tiempo. –Orión silenció su historia y continuó observando la planicie gris.
Virgo continuó divagando en sus pensamientos y le preguntó a Orión: -Maestro, perdona que te irrumpa, pero, ¿esta historia la he de aprender como Historia Galáctica, si es que es algún punto importante, o esta explicación tiene otra finalidad?
-Ja, ja –rió el noble Orión.- Este planeta es un ejemplo de la época industrial de la Tierra. Luego todos lo veremos mejor cuando bajemos a la planicie de Nachquad, que es como se llamaba esta ciudad, y estudiaremos mejor esa época.
-Ah, vale, ya me temía que este planeta guardaba alguna clave histórica más oscura para la galaxia…
-No, menos mal. Apenas llegaron a salir al espacio… En este planeta los arqueólogos han hecho un buen trabajo. Gracias a ello podemos entender mejor nuestro pasado.
-¿Fuimos así, los humanos? –apareció otra alumna humana que también estuvo escuchando.
-Sí. –Aunque Orión sabía que todos lo escuchaban, finalmente dio media vuelta sobre su trasero y se dirigió visualmente a la resta de sus alumnos. Pocos más eran humanos como Virgo y Orión, pues provenían todos de una Facultad de Historia de una región claridiana, unos humanoides amantes de las historias y bastante pacífica.
Inició así pues, la clase de Historia de la Edad Industrial: – Ahora bajaremos todos, aseguraos que tenéis las máscaras y los trajes bien colocados. Bien. La humanidad estuvo al borde de la extinción en una situación similar a la de este planeta, en una edad bastante caótica…
Salieron todos de la estación, y abandonaron el banco marmolino y el bello ventanal por el que se veía el vasto yacimiento gris de pináculos.”

Fuente: http://cosechademundos.blogspot.com.es/2008/07/clase-de-historia-la-extincion-de-una.html

La ilustración no tiene desperdicio: genial ¿verdad?:

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